CAPÍTULO 51

—¿Qué hacemos aquí?— suspiro aliviada. El supermercado aún se encuentra abierto.

—Debe tener hambre y necesitaremos algunas cosas— quito mi cinturón de seguridad. —¿Verdad amigo?— miro la parte trasera. El mueve la colita mostrando que se encuentra bien ahí.

—Bien. Hagamoslo rápido.

—Quedate aquí. No podemos dejarlo solo en el auto.

—Es un perro.

—Si— digo con obviedad. No dejo que se queje mas y salgo del auto.

Voy directa a la zona de mascotas. Me lo pienso un rato entre la comida de mediano o cachorro, yo creo que es un cachorro pero no estoy segura, ¿Se trata de la edad o del tamaño?. Llevare ambos. Luego aseo, el champu canino, un cepillo y... un collar con correa. 

Azul o Gris. Por supuesto que gris.

—¿Harriet?— volteo con las manos llenas. No crei que llevaria tantas cosas hasta que las vi. Hago un esfuerzo pero se me cae el cepillo. Nate me ayuda a levantalo. —¿Tienes un perro?

—Ah. Si.

—No se permiten perros en el edificio— me recuerda.

Por supuesto que se eso. Solo que aun no se lo digo a alguien.

—Si, es temporal y no se quedara conmigo.

Nate asiente. Seguro sabe a quien me refiero. —¿Tienes un minuto? Me gustaria hablar contigo.

—Ahora no es el mejor...

—Por favor.

No lleva nada en las manos, pero trae su traje común del trabajo. No esta ebrio y por su cara creo que no a dormido muy bien. Ojeras y una fina barba, algo descuidado.

—En unas horas estare en mi departamento. Si quieres podemos hablar ahi— Nate asiente. —Ahora debo irme.

—Te veo en un rato.

—Ok. ¿Podrias?— miro el cepillo de sus manos. El se disculpa y me lo coloca en encima. Solo espero que nada se me caiga de nuevo.

Empujo las puertas viendo a Caleb afuera. Esta apoyado en el auto, con los brazos cruzados en la puerta del copiloto. Detrás de él, dentro del auto, el cachorro ladra sin parar. 

—No vuelvas a dejarme con el— paso por su lado y entro como el.

Acaricio su cabeza susurrando que todo esta bien. Un minuto después ya no emite ningún sonido.

—Bullicioso— doy una mirada triste a la parte trasera. Enserio no se llevan bien. —¿Qué pasa?

—No te he dicho algo— comienzo sabiendo que es momento de que lo sepa. —En mi departamento no estan permitidas las mascotas.

—Y porque...— ya se dio cuenta. —No. Es un no. Rotundo.

—Por favor— suplico. —Caleb...— el mira al frente e intento que me mire. —Porfavorcito.

—Es muy ruidoso— lo veo. Su patita cubre su nariz de una manera tierna. No puedo dejarlo en la calle.

—Es porque sabe que no te agrada. Acaricialo un poco.

—No. Esta sucio.

—Hare lo que quieras—digo como última opción. —Pero deja que se quede contigo.

—¿Lo que quiera?.

—No sobrepases los límites.

—Haras lo que pida un día entero— lo miro con cuidado. —No sera nada malo.

—Hecho.

Caleb se inclina a mirar detrás. —Mas te vale que te comportes— el amigo de cuatro patas ladra haciendo que Caleb vuelva a su postura normal. 

Arranco el auto directo a la calle Hudson 510. Ya le he dicho que tengo champu y comida. Mañana temprano podremos bañarlo y sacar una foto para los carteles de perdido. Aún asi bajo para asegurarme que todo este bien.

—Tu cama— le señala el suelo a un lado de la cocina. 

—Solo le has puesto un camiseta sucia.

—El esta sucio.¿Cuál es la diferencia?.

Niego y acomodo unos de los cojines que hemos usado con Alessia. Se puede lavar y no tengo problemas. El cachorro le da una olida y después de dar unos giros sobre ellos se acuesta. A mi parecer es muy inteligente.

—Quédate a dormir— vuelve a insistir cuando llegamos a la puerta.

—El día empieza mañana— le recuerdo. Todo lo que pueda pedir.

—¿Por qué no hoy?— no puedo decirle que vere a Nate.

—¿Mañana si?.

Tomo sus hombros y me coloco de puntillas intentando alcanzarlo. Lo único que logro es que ría.

—Eres muy bajita— golpeo su pecho.

Me asomo por su lado para ver a su invitado. —Adiós bonito.

—Lo conociste hace unas horas y ya le pusiste un apodo. A mí me conoces meses, soy tu novio y no tengo ninguno— lo vuelvo a ver.

—¿Te estás quejando?

—Estoy reclamando.

—Te tengo uno— arquea su ceja, interesado. —Tonto.

—Que romántica.

—Tú me dices loca.

—Porque lo estás— se encorva. —Por mi— guiña un ojo.

(...)

Cuando llegó a mi edificio no veo el auto de Nate, puede que se arrepintiera y no viniera. De todas formas subo con la cabeza en Caleb y su nuevo inquilino. Debo hacer algo para que se lleven bien o puede que termine echandolo a la calle.

—¿Necesitas ayuda?— encuentro a Nate en mi puerta.

—Estoy bien— digo. Solo son pocas cosas que use en la sorpresa.

—¿Tuviste un picnic?.

—No— no hablaré sobre la madre de Caleb. —No vi tu auto abajo.

—Si— se rasca la nuca. Lo dejo entrar. —Lo están buscando.

—Supongo que fue ese día.

—Lo siento. ¿Te metí en problemas?

Lo dejo pasar. Dejo las llaves a un lado y las cosas encima de la encimera.

—No. Pero tú si pudiste meterte en problemas— agacha la cabeza. Al menos hoy parece estable. —¿Qué es lo que quieres hablar?.

—¿Podemos sentarnos?.

Ha sido un día agotador pero supongo que puedo dar un último esfuerzo. Me siento al frente de él porque no creo que pueda hacerlo a su lado.

—Has tirado todo— se ha percatado. En realidad lo guardé todo. No respondo. —Entiendo.

—Nate— presiono.

—Puede que Kat este embarazada— suelta sin más.

No estoy preparada para esta conversación. Como se atreve. Y como es que ella no tomo alguna de sus pastillas. Hasta donde puede llegar por él.

—¿Has venido a decirme que es probable que embarazaras a tu novia?

—No. Yo he venido a pedir ayuda.

—Yo no soy doctora.

—No esa clase de ayuda. Harriet por favor eres la única persona con la que puedo hablar.

—No es cierto. Tienes a Katherine.

Se pasa una mano por su nuca. —Estoy desesperado por favor.

—Es que aún no se como puedo ayudarte.

—¡No lo quiero Harriet! ¡No quiero ser papá!— sus ojos muestran terror absoluto. Nunca lo vi así.

Tiene miedo... Mucho miedo. Entonces oculta su rostro y se que ha empezado a llorar.

No soy consciente de lo que hago hasta que me veo abrazándolo. Me duele verlo así. Aún duele.

—Tranquilízate. Estoy aquí— susurro para que me oiga.

—Lo siento tanto— niego.

—Esta bien. Todo está bien— paso una mano por su espalda. Es una caricia.

—¿Qué voy a hacer?

—¿No ha tomado todas sus pastillas?

Nate niega con la cabeza. Ya se ha recuperado. —Estaba tomando otro medicamento. Cuando lo comentó a la ginecóloga está nos dijo que ese tratamiento altera los anticonceptivos. Los anula casi por completo.

—Nunca oí algo así— confieso completamente extrañada.

—Es cierto. Me pasé horas en google— sus manos se entrelazan y empieza a moverlas junto con su pierna.

—¿Qué ha dicho ella?

—Está asustada.

—La responsabilidad es de ambos Nate. Solo les queda esperar a una prueba.

—Mañana— lo veo con duda. —Mañana le harán la prueba.

Eso explica su ansiedad. Mañana se definirá su nuevo destino.

—Debes mostrarle tu apoyo. Ella no debe pasar por nada de eso sola.

Estoy aconsejando el bien de una chica que me odia. Si, eso hago.

—Estaré allá. Solo no se como reaccionar a un... Positivo.

—¿Estás pensando en...

—No. No puedo imaginarme hacer eso a un ser inocente— la calma regresa a mi. Nate puede ser un idiota pero no es esa clase de persona. Ahora está confundido y es comprensible.

—¿Te preocupa no ser bueno para él o ella?

Lo conozco demasiado tiempo. Sus ojos verdes me lo confirman. Sonrío.

—Nate los niños te aman. Siempre has sido considerado y atento con los menores. ¿O como es que querías ser coach? Te gusta enseñar y eres muy bueno en eso. Tienes paciencia, dedicación y un enorme corazón— es una locura lo que voy a decir. —En mi opinión, serías un buen padre.

Su rostro se ilumina por mi honestidad. No se esperaba eso y yo tampoco. Nate es mas que un deportista recluido por su padre. Es inteligente y lo he visto enloquecer por niños antes. No mentiré, lo imaginé siendo padre... solo que no ahora y no con Katherine. De una alguna forma llegue a creer que seria conmigo y eso me entristeció un día.

—Cometí el peor error en dejarte ir— eso me incomoda.

—Nate...

—Pero te prometo que si mañana sale negativo vendré por ti. Y lucharé...

—Basta Nate— me levanto para que vea que no está bien lo que dice.

—Aún te amo Harriet— camino hacia la puerta.

—Debes irte— abro.

Nate se levanta. Se que esta mejor por la forma en que anda y mira.

—Quizás podamos...

—Es tarde— suelto. Nate intenta decir algo más pero lo detengo. —Estoy con Caleb.

—Apenas lo conoces.

—Aun así— estoy segura. —Estoy enamorada de él.

—No lo dices en serio.

—Por favor vete— señaló el pasillo.

—No me voy a...

—Te ha dicho que te vayas— la puerta de al frente se abre sorprendiéndonos a ambos.

Sky aparece en pijama. Nos estuvo espiando y Nate sabe perfectamente que ella es capas de sacarlo a rastras.

—Mañana— recalca como si solo yo lo entendiera.

Esperamos que las puertas del ascensor se cierren.

—¿Estás bien?— me pregunta Sky.

—Si— no se si aún estoy molesta con ella. La forma en que hablo con Caleb me crearon incógnitas y me hicieron sentir de alguna forma insegura.

—Lo siento. No sabía que de verdad sentías algo por él— sonrío.

—Siempre me cuesta admitir las cosas. No fue del todo tu culpa.

—¿Estamos bien?— asiento. —¿Quieres contarme de que hablaron?.

Sky Jhonson nunca pierde el chisme.

—Ve a dormir— ordeno.

—¡Bien! ¡Pero mañana si me cuentas!— grita antes de que cierre la puerta.

Me quedo dormida apenas mi cuerpo toca el colchón. No quiero atormentar mi cabeza con Nate o Katherine. Sinceramente, creo que no es un asunto que me corresponde, pero resulte lo que resulte espero sea por el bien de ambos. Como dijo Alessia, la vida es dura, pero no por eso vamos a dejar de luchar.

A la mañana siguiente me levanto con mis energías al cien por ciento. Me doy una ducha bastante larga y salgo directamente a mi destino de cuarenta minutos.

—¿Dónde está?— entro buscando al pequeño amigo.

—¿Yo? Amanecí muy mal gracias por preguntar— su mano en el pecho dramatiza la situación.

Sin embargo, los ladridos de mi pequeño amigo me distraen. El viene a mis pies y se impulsa hacia arriba con ambas patitas juntas. Es adorable.

—Buenos días pequeño— me pongo a su altura y el se acuesta, quiere que lo rasque y eso hago.

—Panzón— miro hacia arriba.

—¿En serio?.

Caleb arquea una ceja y alza su camiseta. Me es claramente imposible no ver su abdomen tonificado, no es mucho pero ahí está la V marcada que termina por cubrir su short deportivo.

—Si— dice con altivez.

—Presumido— regreso a jugar. Paso los dedos por su lomo imaginando lo bonito que puede quedar aseado. —Empecemos. Debemos bañarlo e ir a colocar carteles— Caleb se muestra molesto. Arruiné sus planes. —A menos que quieras un huésped de largo plazo.

—Cuanto más rápido se vaya mejor.

—¿Aún no se llevan bien?

—No me dejo dormir. Aulló a la ventana toda la madrugada, está loco— pero si lo deje acostado. —No eres un lobo — lo apunta. El ladra una vez.

—Es un nuevo lugar para el— voy por las bolsas con el canino siguiendo mis pasos, necesitaremos champú, peine y...—¿Tienes una toalla extra?

—No— le hago una mala cara. Claro que tiene si me la presto una vez. —Bien— va por el.

—¿Crees que haya problema si lo bañamos arriba?— la azotea ayudaría a secarlo y tendríamos espacio libre, el baño de Caleb es muy pequeño y creo estar segura que se armaría un desastre.

—¿Por qué no aquí?— pregunta volviendo con la toalla.

—Pues... haremos desorden. ¿Todo está bien?

Él repasa su baño y el resto del lugar, está batallando con algo en su mente.

—Caleb— llamo. Él me mira y luego a mi lado. El cachorro espera olfateando nuestros pies.

—Bien. Vamos— me invita pero se que algo anda mal.

—Si hay algo que deba saber...

Sus ojos vuelven a verme y no se que es lo que ve en mi, pero las comisuras de sus labios se alzan. —Dame tu mano loca.  

✨9K✨250122

Atte.ASP

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