CAPÍTULO 44
Entrar al comedor nunca antes habia sido tarea difícil. No hasta que mi relación con Nathaniel Archer termino. Técnicamente, todo sigue igual, los chicos en sus mesas, los grupos de amigos charlando y la comida que podría considerarse poco saludable a veces.
Aquí estoy yo, con la vista fija en la mesa que solía usar, marcada por recuerdos con Nate. Es ahora ocupada por el mencionado y su ex, de nuevo novia. Katherine. Sky está con ellos y por ende Justin también. La pequeña charla que mantienen las personas con la que solía comer se basa en gestos y movimientos de manos.
—Jovencita, no tengo todo el día— mis manos sujetan fuertemente la bandeja, ha recibido un peso encima. La mujer con una malla en la cabeza me lanza una mirada severa. —Si no eliges tú, lo haré yo— el pure de papa me hace ver que su advertencia ya llego tarde. Doy un vistazo a las papas fritas, la bandeja que rápidamente se acaban, son mucho... Pero mucho mejores.
Es un milagro que no se me caiga al suelo. De todas formas no sé que haré con él, ya no tengo apetito ni encuentro lugar como para consumirlo. Me hago a un lado al ver a otros esperando, las barritas nutritivas de la canasta me dan una idea para sobrevivir. Tomo una y me muevo segura de esperar mi próxima clase en otro lugar.
—Fíjate gorda— la voz y el empujón que recibo vienen al mismo tiempo que no puedo evitarlo. Un golpe fuerte y un silencio se forma, mis segundos de procesar lo que está sucediendo llegan a una sola conclusión, Katherine me ha tirado la bandeja encima y se las ha ingeniado para hacernos el centro de atención. Empiezo a sentir las consecuencias cuando mi blusa se me pega en el cuerpo. Levanto la cabeza completamente incómoda y molesta, ella sonríe a la vez que hace un puchero con los labios.
—Lo hiciste apropósito.
—Yo creo que te hice un favor.
Las risas que se escuchan me hacen ver más allá de su vestido costoso, algunos estudiantes se llevan las manos a sus bocas mientras sus ojos se achican, signo de burlas. —¿No vas a llorar o si?— susurra para las dos.
Mi subconsciente, esa parte que no controlo hacen que busque algo que sé que lamentaré. Ayuda. Nate, está sentado y apenas mis ojos hacen contactos con los suyos los aparta. En mi interior aparecen sentimientos que no quiero permitir que me dominen, no ahora.
—¿Por qué haces esto?— no lo entiendo. Ya tiene a Nate.
La sonrisa se le desaparece. —¿Y por qué no?
Despegó mi ropa húmeda de mi abdomen y doy un paso atrás. No seguiré intentando hablar con ella. Al fondo veo a Sky quejarse porque Justin la sostiene de los brazos, se que ella vendrá por mí. Así que optó por adelantarme.
Me veo en el espejo. Mi ropa es un desastre. Refriego la mancha con agua.
—Harriet...— es Sky quien entra cerrando la puerta tras de ella. Me mira con pena.
—Estoy bien— digo levantando la quijada. —Pero esto se ve mal
Sky suspira. —Lo huelo hasta aquí— frunzo la nariz. —Pero puedo conseguirte algo. Espera aquí.
Dejo caer mi blusa pero regreso a sostenerla al sentir el exceso de humedad. No creo que esto pueda empeorar.
De pronto, la puerta de uno de los servicios rechina provocando que salte en mi lugar.
Es Amber, no la habia vuelto a ver desde la fiesta de Halloween. Ella se ve diferente, se ha cortado el cabello y ahora lleva pantalones anchos, un nuevo estilo para ella. Todos quienes la hubiéramos visto antes lo sabríamos.
Me hago a un lado viendo como pasa a lavarse las manos con cuidado. Miro hacia el cubículo desocupado. Podría meterme y esperarla ahí.
—¿Lo hizo Katherine?
Esperaba un insulto. Pero si quiere agregar algo a mi blusa puedo abrir los brazos. No respondo. Cierra el grifo. Y rebusca en su bolso.
—No respondas si no quieres— la escucho esperando que Sky vuelva pronto. Ya tengo suficiente de las hermanas Collin. —Toma.
Miró la prenda.
No sé cómo ver lo que está haciendo, es decir, ella me odia. Su misma hermana es la que me hizo esto. —¿Cuál es la trampa?— quizás tenga polvo pica pica.
Rueda los ojos. —No hay ninguna.
Como se supone que debo creer eso.
—¿Por qué lo harías?
—Considéralo un agradecimiento— si mi cerebro no estuviera tan apagado hubiera recordado de que habla antes. —Bueno ¿Lo quieres o no?
—Si— digo entre confundida y alerta.
Ella asiente con la cabeza y pienso que va a decir algo más, pero termina dando media vuelta. Eso ha sido muy raro.
—Las opciones no son tan buenas. Tengo...— Sky ingresa de nuevo. Me muestra una sudadera violeta, con solo verla me causa calor. — Y mi camiseta de deporte... pero está sudada— dice ocultándola. —¿Quién te dio eso?
—Amber— Sky abre los ojos.
—¿Le lavaron el cerebro o algo así?— si supiera que reaccione como algo parecido.
—Dijo que era su forma de agradecerme.
—Le lavaron el cerebro— asegura esta vez. Entró al cubículo dispuesta a colocarme lo de Amber. —¿Quieres que te traiga algo de comer?.
—No gracias— digo detrás de la puerta.
—Es un idiota— sé de quien habla. No digo nada. —¿Segura que no quieres nada?— niego de nuevo.
El top es corto y a tiras, se siente apretado y es así porque no acostumbro a este tipo de cosas. Salgo.
—Imagino que no tenía algo más decente.
Sonrió forzadamente.—Tengo clase.
Sky ve la hora, por si lo había olvidado seguimos en Hasting. Y yo tengo más tiempo libre del que le diría.
Empiezo a escapar de los pasillos en el momento que los alumnos se me quedan viendo. No sé qué traigo en la cara, pero estoy segura que se encuentra limpia. Me termino mi barrita energética y tiro la bolsa sobrante. Es cuando cae en el basurero de afuera que encuentro a Caleb sentado en el césped, apoyado en el tronco de un árbol grueso. Muchos alumnos suelen venir aquí, algunos prefieren las bibliotecas y otros el aire libre.
Sus piernas están una sobre la otra mientras que sostiene un cuadernillo. Me ve con una invitación a acercarme. —¿Nuevo estilo?— pregunta viendo mi vientre. El top se me ha subido y debo jalarlo al sentirme observada.
—Es de Amber— Caleb cierra su pequeña libreta, señal de una mejor atención o interés.
—¿Qué pasó?
—Un percance en la cafetería— miro a su lado. —¿Puedo?
Caleb se hace a un lado, decido sentarme en modo indio viendo como sigue su repaso, su mirada me hace sentir aún más desnuda. Pero antes de que pueda decirle algo él se levanta.
—Oye tu libreta— digo desconcertada, pero no me hace caso.
Él me muestra la palma sin voltear a verme, lo sigo viendo mientras sale del campo al estacionamiento de un lado, se detiene y reconozco su motocicleta. Doy una mirada cuando una brisa amenaza con abrir las hojas de ese lomo negro. Para cuando vuelvo a fijarme en él ya está regresando con algo entre sus dedos.
—Ten— me tiende una camisa.
—No es necesario.
Caleb agarra mi muñeca y la gira. —Lo es.
Me lo coloco encima sin chistar, puedo sentirme cómoda ahora que más tela cubre mi cuerpo.
—Te queda mejor que a mí.
—No acabas de decir eso.
—¿Muy tonto?— alzo una ceja y empiezo a reír. Caleb resiste y sonríe conmigo. Pero en segundos nos quedamos en silencio. Él se ha quedado con una rodilla flexionada y la otra estirada.
—¿Qué estabas haciendo?
—Practicando— toma el cuadernillo abriéndolo sobre el césped verde, son gráficos musicales.
—No entiendo nada— confieso. He llevado clases de música pero esto es muy confuso.
Caleb gira las páginas y empieza a dibujar en el.
—¿Qué haces?— pregunto. Levanta la mirada, pero su mano sigue moviéndose.—Dime que haces.
Insistir no es algo que suela hacer. Pero sospecho que me está dibujando y eso me está poniendo muy avergonzada. Estoy un desastre.
—Muéstrame— le digo intentando atrapar su cuaderno.
—Que mandona— dice de nuevo bajándolo sobre el césped.
Mi rostro se transforma en asombro al ver que es la simulación de un piano. Las teclas. Me siento tonta al creer que pudo estar dibujándome.
—Está— señala la hoja de papel anterior. —Es esta— señala el dibujo de teclas.
Recuerdo la manera en que sus dedos se movían en la tienda de discos. Ni siquiera era necesario que viera las teclas, él sabía donde presionar.
—Luego solo debes seguir la secuencia— empieza a simular. —¿Quieres intentarlo?
La verdad es que el querer hacer lo mismo traería un nuevo fracaso a mi lista de fracasos.
—No creo que logré recordar todo eso.
—La práctica ayuda.
—Por eso lo haces.
—Debo entretenerme si no puedo fumar.
Mi mirada se clava en el. Casi lo había olvidado. —Es bueno que busques otras forma de distraerte.
Caleb tira de una sonrisa perversa. —Lose.
—Que bonita clase— mis instintos quedan en alto. —El aire libre siempre es bueno— remueve la mano tomando asiento al frente de nosotros. Sus piernas más largas que las mías quedan completamente extendidas sobre el césped.
Caleb sonríe amigable y yo intento no atorarme con mi propia saliva.
—¿Das clases a mi tan honesta amiga chico misterio?— mis labios tientan en soltar un jadeo.
—¿Chico misterio?—pregunta él.
Sky me da un guiño antes de responderle. —Me das ese aire— dice pasando las manos en forma circular por su rostro.
Caleb suelta una risa y aunque eso me haga sentir algo bien no quita el hecho de que Sky este aquí. —No creo tener nada de misterioso.
—Déjame determinar eso— bien, si este era mi castigo por haberle mentido ya tuvo suficiente.
—Sky— tomo el tono de advertencia. Ella estira el cuello hacia mí, lamentablemente esto no pasa por mucho tiempo.
—¿Cuáles son tus intenciones?— la mirada que da al chico de mi lado me hace sentir como en una reunión con nonna. Sin embargo, la respuesta que obtiene es la que menos habria esperado.
—¿Las buenas o malas?.
Mi quijada se desencaja. Debe bromear. —¡Me agradas! ¿Harriet porque no me dijiste que era divertido?
Caleb me da una mirada con una sonrisa abierta. Se ve tan bien. Concéntrate.
Rio falsamente—¿Podemos hablar un minuto?— no dejo que responda y la tomo de su brazo alejándonos un poco.
—Ese chico esta que arde— mi ceño debe estar muy fruncido ahora. —¿Viste sus brazos?— ¡Por supuesto que los vi!
—¿Le acabas de quitar las preguntas a nonna o me parece?— Sky rueda los ojos.
—Solo hago el proceso ya sabes.
—¡Pero no debes hacerlo con él!
Quizás estoy exagerando un poco. Sea como sea Sky lo nota. —Está bien, perdón solamente era broma. Pero fue porque mentiste.
—No quería volver a la cafetería— puedo verlo desde mi lugar, sigue apuntando cosas en su libreta. Su cabello negro se remueve al sentir las brisas que corren por todo el campo.
—¿Eres consciente que has venido con el chico que supuestamente no te interesa?
Decaigo segundos en los que comprendo y doy razón.
—No significa que me guste.
—¿Y que significa?
—Que lo veo como un amigo— si soy sincera entonces diría que es lo primero que se me ha venido a la cabeza.
—Puede ser...— suspiro aliviada. —pero solo habría un problema. Tus ojos no dicen eso.
Balbuceo anonadada de sus palabras. Entonces su teléfono irrumpe dejándome de lado.
—Mama...— la escucho decir.
Decido escapar de la conversación acercándome a mi anterior sitio. Caleb no se incomoda de mi presencia cuando veo que sigue escribiendo acordes.
—¿Qué canción es?— pregunto al notar que no lo hizo antes.
—Si quieres saberlo tendrás que venir al Black Day
Parpadeo. —¿Cómo tienes tiempo para seguir trabajando ahí?
—Ayudo en mis tiempos libres— La Editorial podia consumir gran partes de sus tardes.
—Devi debe estar ajetreada— su única ayuda era él.
—George la ayuda— cierto. Su esposo.
—¿Tocarás hoy?.
Caleb suelta aire por la nariz. —Esta no, pero quizas puedo tocar otra.
—¿Y cantar?
—No abuses— niega. —En público no.
080122
Atte. ASP
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