CAPÍTULO 41
Torn de Natalie Imbruglia empieza como cabecera de mi lista de aleatorio. Llegar a casa no solo me habia regresado al cálido sentimiento de hogar, sino que esto también implicaba volver a escuchar mis pensamientos, donde mi existencia muestra la tristeza por un hombre que simplemente se ha desvanecido.
Esto es lo que sucede cuando dejas de seguir el consejo del psicólogo, distraerse podía servir a superar sucesos de tu vida. Pero ¿Qué sucede cuando debes volver a la soledad?.
Mis horas sobre el sillón han quedado atrás como el programa en el que intente concentrarme. Las fotos de los lados me distrajeron tanto al tratarse de un castaño llamado Nathaniel. Hay una foto en especial, su primer juego, el día que me pidió ser su novia. Él acababa de ganar su primer partido para Hasting y no sé cómo pero supo que lo haría y sus compañeros fueron cómplices en lo que sucedería después. Las camisetas que llevaban cada uno mostraban una letra de la tan esperada pregunta. ¿M I N O V I A ? Ese día habia sido uno de los mejores de mi vida. Nathaniel confeso sus sentimientos y me tomo por completa sorpresa. Sin duda dije que si, y me aventé a sus brazos para besarlo. El momento fue capturado en una foto de victoria y orgullo.
Me levanto dejando caer la manta de mis pies y camino descalza por mi departamento. Necesito una caja muy grande si quiero dejar de recordarlo. Tengo cuidado al guardar cada retrato de mis muebles, luego continuo con los de mi habitación. Está repleta de fotos instantáneas en una pared, eran una decoración bonita. Despego cada una y en algún momento me quedo viendo a una esquina. Teddy, el peluche del día del hospital me ve con los ojos más tristes del mundo. Si soy sincera este peluche solo es uno de los tantos que guardo dentro de mi armario. Nate siempre fue un chico detallista, sus regalos siempre fueron bien conservados. El timbre de la puerta me hace despegar los ojos de Teddy.
—¿Torn?— pregunta Sky con los brazos cruzados. La puerta de su departamento está abierta por lo que logro ver a Justin colocándose sus zapatillas en el sofá. —Ya me lo ha dicho. ¿Por qué no me lo dijiste?— relaja su postura.
—No quería preocuparte de nuevo— sabía que ella se encargaría de que estuviera bien como la última vez. El problema es que no me gusta ser algo con lo que carga la gente. —Estoy bien.
—Eres mi hermana. Eres la única que puede preocuparme— parpadeo apretando la mandíbula para no cristalizar mis ojos. Sky abre los brazos y me da un apretón que solo dura unos segundos. —Tu departamento o el mío.
—¿Qué pasa con Justin?
—Él ya se va— comenta. —Espera traeré helado.
Ella regresa por su puerta y entonces veo al rubio de su novio acercarse un poco más.
—Hola— saludo de la misma forma. Justin se balancea en sus pies y yo resisto de abrir la boca. —Perdón por interponerme. Yo creí que tú engañabas a mi amigo y eso me hizo juzgarte— niego con la cabeza para que sepa que eso no importa ahora. —Quiero que sepas que estoy tan molesto con él ahora. Lo que hizo fue una pendejada y tu no merecías eso— baje la cabeza viendo como mis dedos de mis pies se levantan y bajan.
—Creo que ambos cometimos errores— confieso logrando que este de acuerdo conmigo. —Pero hoy alguien me dijo... las cosas pasan por algo— repito las palabras de una morena amigable.
Justin inclina la cabeza a un lado, sus ojos no son los mismos de siempre. —Espero que este no sea el fin de ustedes.
Exhalo fuerte. —El fin es el comienzo de algo nuevo.
—¿Realmente sales con el chico Logde?
—¿Que pasa?— Sky interfiere justo a tiempo.
—Nada. Ya me iba— contesta su novio dandole un beso en la mejilla. —Nos vemos.
—¿Lo has echado tu verdad?— la acuso sabiendo que puede insistirme a mi.
—Si. Pero lo va superar— niego dejándola entrar a mi ahora no tan sola morada. —¿Qué hacias aparte de escuchar la lista más deprimente de la vida?.
—Que sea música antigua no quiere decir que sea deprimente— ella tiene gustos mas actualizados.
—Si, eso dices siempre— su mirada va a revisar sin disimulo.
—¿Aquí faltan cosas no?
—Estuve guardando algunas.
—¿Que se relacionen a un castaño deportista quizás?
Prefiero ir a mi habitación con ella siguiendo los pasos.
—Entonces si es serio— dice echando un ojo a la caja lleno de cosas. —¿No prefieres ir a un deshuesadero y romper todo?
La idea suena bien pero no es enojo lo que siento. —No.
—Aburrida. Vamos te ayudo con esta tortura— me anima abriendo una vez por todas las puertas del armario. Hay varios percheros colgados en lo alto. —¿Esto no es tuyo verdad?.
Entonces me doy cuenta que tengo poleras de Nathaniel. En mi opinión es de los mas normal que la novia cuente con las poleras de su novio, ellos suelen prestarlo... que el que nunca se devuelva es otra cosa. La cuestión es si debería devolvérselo.
—Caja— señalo sin ganas de recordar en que ocasionan me la dio.
—¿Hablaron?— pregunta la Sky curiosa que conozco.
Me mantengo viendo la comoda que lleva mis accesorios y maquillaje. Hay un cofre muy bonito que Nathaniel me regalo en nuestro primer año.
—Si pero no resulto muy bien.
—No lo entiendo. Llevamos educación sexual desde niños, como pudo...—mis ganas de apreciar el regalo se desvanecen por lo que suelto el cofre y lo dejo dentro de la caja.
—Eso ya no importa— el silencio que se forma en la habitación me deja entender que he logrado que deje de hablar sobre eso.
—Perdón— le doy una mirada.
Ella ha vuelto a buscar en mi armario. —¿Amber destruyo algo?.
—No. Ni siquiera estaba cuando regrese.
—Seguro se la llevo Katherine— después de que yo se lo dijera.
—Lo dudo. Recepción me notifico que la vieron irse sola— que extraño, creí que vendria por ella. —Acabe por aquí.
Miro sobre mi hombro. Las puertas del armario son cerradas, Sky me sonríe de un lado y pasa a ver mi trabajo.
—Recuerdo eso— señala la foto de tres niños. —No sabia que la tenias.
Lo cierto es que esa foto hace poco estaba en mi poder, nonna la habia traido y dejado antes de irse. Eramos Sky, Nate y yo de niños, era mi cumpleaños número once. Yo tengo el cabello amarrado en una coleta alta y el vestido que nonna se habia encargado de comprar para mi. Sky y Nate era mis invitados especiales, cada uno a mi lado con la mejor sonrisa a minutos de soplar las velas del pastel. Ese día pedi el mismo deseo de los últimos tres años, que mi padre volviera a casa.
—Ese día di mi primer beso— me siento al borde de mi cama. Sky se deja caer a mi lado inclinandose a verla mejor.
—¿El juego de la botella?— asiento.
Lejos de los adultos festejabamos haber conseguido una de las tantas botellas de vino, vacía nos servia para jugar el popular juego de la botella. Eramos siete niños entre los cuales formamos un círculo pequeño, todos sabian de que se trataba. Nate fue la persona que me toco a mi. Éramos pequeños, la unión de nuestras bocas era todo, un pico que solo duro medio segundo, sin embargo fue suficiente para ponerme tan roja como un tomate. —El mío fue asqueroso— rio al saber a que se refiere. Había niños más atrevidos. —Travis intento meter su lengua.
Lo que ella no sabe es que esa misma noche di mi segundo beso. Tras unos rounds de picos graciosos, tímidos y otros asquerosos, nuestra zona de juego fue descubierto por lo que todos atinaron a huir. Nosotros tomamos el mismo camino, y del susto que teniamos caimos al tropezarnos. Nathaniel cayo encima de mi, pero logro apoyarse de los codos para no aplastarme, en ese momento no sabia lo que haria pero cuando junto nuestros labios por segunda vez en la noche olvide hasta mi nombre. Fue un beso tierno y delicado, de esos que aun recuerdo.
—Entonces ¿Ira a la caja?— la pregunta de Sky me regresa a la realidad.
—No. Conservare esta— después de todo estamos los tres.
—Creo que hemos acabado. Echa un vistazo— regreso la fotografía a mi velador y voy hacia ella.
Cada cosa dentro me traen recuerdos, bonitos y únicos. No puedo negar que aun siento esa resistencia y ganas de devolver todo a su lugar, pero no puedo hacer eso. No si quiero avanzar.
—Dejalo— susurra Sky sobando parte de mi brazo. Con una sonrisa triste termino de cerrar la caja y Sky procede a sellarla con cinta adhesiva.
(...)
—Hora de levantarse— gruño ocultando mi cara con un brazo.
—Sky no llevo clases por favor dejame dormir.
—Y que le digo al chico que te espera en la sala— mis ojos se abren tan rápido que no pense en la posibilidad de quedar ciegas por la emanante luz que ingresan por las ventanas.
—¿Quién esta en la sala?— pregunto entre asustada y ciega.
—Miralo tu misma— y se va.
¿Nate vino a verme? O... Aunque casi este con un solo ojo abierto me levanto para ir a los servicios. Solo paso un poco de agua por mi cabellos rebeldes y lo que siguiente que hago es continuar con mi aseo personal. Después salgo y me aproximo a la sala.
Hay demasiado silencio. —¿Dónde esta?—cuestiono a mi amiga.
Sky mete un trozo de papaya en su boca y mastica con una sonrisa malvada. Los tapers que veo en frente de mi lo dice todo. Desayuno.
—Dos minutos— mira su muñeca con su costoso reloj. —Me pregunto quién creías qué era— si mi sueño no se hubiera ido por el fregadero ahora mismo estaría regresando a esa cómoda posición .
—Voy a matarte— la señaló con sigilo. Ya que estoy levantada y presentable paso a coger un tenedor.
Sky alza los hombros y pasa a echar la miel sobre mi ensalada.
—¿Sabes que moririas de hambre si hay un apocalisis?— miro mi despensa detrás de ella. Pues si, no hice las compras. Y ya paso como... Ya perdí la cuenta.
—Mi reserva la encuentro al frente— le saco la lengua.
Su teléfono empieza a vibrar y se que es una buena noticia cuando se le escapa una sonrisa del rostro.
—Hoy hay...olvidalo.
—No. Dime.
Sky hace un gesto sabiendo que tendrá que decirme. —Hoy habrá entrenamiento corto.
Entiendo, eso significa que los chicos saldrían antes y podríamos hacer algo. Antes. Ella juega con su tenedor esperando que diga algo. Entonces, el timbre suena.
—Voy yo. Pedí batido— se alza mientras yo sigo digiriendo fruta picada. —Oh. Tu no eres batido— la escucho decir desde la puerta.
—¿Que pasa?
—¡Es para ti!
—¿Así? ¿Otro chico talves?— digo con sarcasmo.
—Pues si. Tatuado, pelinegro, alto y...
Conociendo a Sky intenta alivianar el ambiente con una broma. —No voy a caer de nuevo.
—¿De nuevo?— el erizamiento de mi nuca me hace erguir al instante que escucho esa voz.
—¿Caleb?— giro confirmando mi sospechas.
El chico está ahí. De pie junto a mi amiga, las manos la tiene en sus bolsillo y su ojos curiosos tienen una pizca de diversión.
—Hola loca.
111221
Atte. ASP
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