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"─¿Qué te han hecho? Alba... ¿Qué te han hecho?"
Y tengo que agarrar otra servilleta para secarme las lágrimas. No consigo impedirlo, no puedo evitar que esas preguntas que me hizo Eli sigan resonando en mi cabeza: "¿Qué te han hecho?". Ni recordar que me las hizo dos veces. Hace dos años, cuando escapé la primera vez de ese viejo, y hace apenas un par de meses, cuando Olga y yo sobrevivimos por los pelos en la mierda de almacén industrial.
Ni que la primera vez ella y José me ayudaron sin ni plantearse que podían arriesgar su propia vida. Ni que la segunda... ooh Dios... ¡Eli ya estaba embarazada! ¿Qué os han hecho a vosotros? ¿Os han matado?
Pero no puedo. Me da muchísima rabia que a ratos mi cerebro me diga que están muertos, y tener que cerrar los ojos para alejar esa idea. Me niego a aceptarlo. Yo he sobrevivido. ¡Mierda! ¡Me da igual cómo, ellos también tienen que estar vivos...!
Vuelvo a levantar la vista para mirar alrededor. Estoy en un bar abarrotado de gente, en el centro comercial. Es un centro enorme con tres niveles, y el de abajo tiene una gran avenida central ancha y larguísima. Y ahí está el bar donde me he metido. También es largo y tiene tres puertas, si tengo que salir corriendo puedo hacerlo por tres sitios distintos.
Me he sentado en la mesa más al fondo que he visto y he pedido una ensalada de frutas, pero apenas la pruebo. Aún me siento débil y sé que necesito comer algo, pero sigo igual de asustada que en el otro bar donde me metí, tras recorrer tanto rato esas calles desconocidas después de salir del hospital. Pedí un zumo y sólo tomé un sorbo, antes de ver a un hombre que creía que me seguía y salir corriendo otra vez.
Pero al menos ya tengo el móvil, lo único que puedo hacer de momento. A ver... dos Wifis libres. La segunda sin tener que ver ninguna Web con publicidad. ¿Será una de esas que decía José, con trampa? ¿de algún pirata?
Da igual. Conecto con ésa, le doy al navegador de Internet y voy a la Web con la hora oficial de Londres... catorce de octubre, las 17:41... pongamos las 17:45... Inicio la calculadora y con esos números: 14 10 2014 17 45 00, empiezo a hacer las operaciones que me enseñó José. Son bastante simples, y con los resultados monto una IP. Venga, otra vez al navegador... Uf, qué justo... cuando veo las 17:45:00 abro otra pestaña y escribo la IP que he montado... Ya está: Conectado. Veo la flechita arriba... ya está descargando...
Vaya con las neuras de José. ¿Por qué tenía que hacerlo todo tan complicado? Pero él insistió mucho en explicármelo. Dijo que aunque alguien viera lo que tecleo esa IP cambia cada poco tiempo, y desde el momento en que yo he conectado ya no es accesible. Tarda bastante, pero al final ya puedo desactivar la Wifi, ir al archivo descargado y ejecutarlo. Me pide la clave que sé de memoria y la tecleo, y el móvil se apaga y vuelve a encenderse... Ya está: Instalando... Y esto tarda aún más, pero cuando se reinicia ya tengo un sistema que nadie más tiene. En teoría ya nadie podrá identificar lo que transmita este móvil...
Y lo siguiente, volver a conectar y llamar. Me cuesta un poco, pero abro la aplicación que José siempre deja preinstalada para llamar por Internet, y marco su número. Y después el de Olga, y luego el de Eli. Y la vista se me nubla por las lágrimas al ver que no contestan... Por favor, por favor tenéis que seguir vivos... Quizá perdieron el móvil en el accidente... Quizá están en otro hospital y no pueden responder...
Y estoy tan desesperada que cometo el error: cierro la aplicación e intento llamarles por la red telefónica normal. Y a los tres. Y al oír tres veces la jodida vocecita: "Éste móvil está apagado o fuera de cobertura", vuelvo a sentir ese miedo y arranco otra vez la aplicación de José.
Finalmente marco el único número que me queda, pero tardo bastante en darle al botón verde.
Pedro. El espía que apareció en nuestra vida hace apenas un par de meses. El que se enamoró de ella... Joder, Alba, no llores más. Hace poco que lo conozco pero sé que es un buen tío, y es el único que queda. Un desconocido con el que apenas he tenido trato, pero el único que queda de...
─"¿Hola?"
─Soy Alba.
─"¡Alba! ¿Cómo estás? ¿Cómo está Olga?" ─Exclama.
Y yo me pongo a llorar otra vez. Y no quería decirlo, no quiero decirlo ni creerlo, pero mi cerebro vuelve a traicionarme:
─Los han matado... los han matado a todos...
Y Pedro calla. Un silencio largo. Pero al final dice:
─"Alba ¿Dónde estás?"
─No sé... He tenido que salir del hospital... me buscan...
─"Escucha..."
─Lo siento, Pedro... Yo no sé si... Olga... ─Y ya no puedo seguir. Las lágrimas no me dejan. Y él se queda callado otra vez. Y cuando vuelve a hablar, aunque no la mencione a ella, creo que no está bien.
─"Escúchame bien."
─Qué...
─"No estás sola ¿Entiendes? Yo te voy a ayudar. Pero si dices que te buscan mejor escóndete ¿Tienes el pasaporte falso?"
─Sí...
─"Pues tranquila que es seguro, yo se lo di a José. Pero no lo utilices ¿Me oyes? Enséñalo sólo si no hay más remedio. Si no haces nada ilegal no pueden retenerte. Tú no hagas nada y no te vayas con nadie. Ni con la policía ¿Me entiendes?"
─Pedro, ¿Qué pasa?
─"No lo sé, Alba. Aquí nadie sabe nada. Pero hay algo seguro... Tú escóndete, y llámame cada noche a las doce ¿Lo has oído?. "
Asiento con la cabeza, aunque él no puede verme.
─"Es probable que... sigan buscándote, Alba. ¿Tienes dinero?"
─Sí... Estaban en el hospital, Pedro. Han estado a punto de matarme. He tenido que salir corriendo.
─"¿Te han seguido?"
─No, pero... había un médico que me ha ayudado a escapar.
─"¿Un médico? ¿Has hablado con él?"
─No. Casi ni le he visto, he salido corriendo. ¿Sabes quién podría ser?
─"No, Alba. Escucha..."
─¿Qué?
─"Esto tiene muy mala pinta. Cuando he visto que no llamabais me ha costado mucho descubrir que el avión había... caído. No consta en ningún sitio, y nadie que conozca sabe nada. Esto lo están tapando ¿Entiendes?"
─No. No entiendo nada...
─"Escucha, Alba, intentaré sacarte de ahí. Tú no te fíes de nadie. De nadie. Escóndete bien y ten el móvil apagado. Enciéndelo sólo cuando lo necesites, y que sea en un lugar bien repleto de gente, ¿te acordarás?"
─Creo que sí...
─"Alba..."
─¿Qué?
─"No estás sola ¿Lo oyes?"
─Sí...
─"Vale. Llámame esta noche. Y apaga el móvil."
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