IV

Capitulo 4

"El CEO Sesshomaru Taisho ha llegado."

Ese murmullo recorría el ambiente, propagándose entre los empleados que lo observaban entrar con su acostumbrada elegancia.

Rin permaneció inmóvil, sintiendo cómo su corazón latía con fuerza y ​​rapidez. A cada paso que él daba, lo veía alejarse más, como si la distancia entre ellos creciera con cada instante.

"Eran tantos años..." susurró, y una herida que nunca había sanado dolió en su pecho. Una parte de su ser se negaba a aceptar lo que estaba viviendo en ese preciso momento.

-Taisho... -murmuró con incredulidad, repitiendo aquel apellido que jamás habría imaginado asociado a aquel que fue su primer amor.

Así que en eso también le había mentido.

Ese apellido y un nombre resonaron en su mente en un constante tintineo. "¿Taisho Sesshomaru?"

Los recuerdos la arrastraron a otra época, a un rincón olvidadoque habia intentado olvidar.

**

-Rin, por favor, atiende la mesa 6 -dijo Minamoto mientras entregaba las bebidas en la mesa 3.

-Sí, señorita Minamoto -respondió Rin, obediente, tomando la pequeña tabla de pedidos de la mesa del recibidor.

Mientras se alejaba, su compañera se acercó y le susurró al oído con una sonrisa traviesa al recordar lo conversado hace unos momentos.

-Aprovecha esta oportunidad para saber el nombre del enigmatigo cliente.

La frase fue acompañada de un codazo amistoso antes de que la otra camarera se dirigiera a atender otra mesa. Rin sintió cómo sus mejillas se encendían, pero no dejó que aquello se le notara.

 Respiró hondo y trato de caminar a paso firme hacia una de las  mesa más alejadas del lugar, donde estaba sentado uno de sus clientes más habituales.

-Señor, ¿qué va a... -empezó a decir, pero él la interrumpió antes de que pudiera terminar.

-Lo de siempre.-le indico mientras revisaba algunos papeles.

Rin asintió con un leve movimiento de cabeza. Conocía esa respuesta. Después de todo, era ella quien lo atendía casi siempre. Sin perder tiempo, fue hasta la barra y preparó un café negro, sin azúcar, como él lo pedía cada vez.

Avanzó con cuidado hacia su mesa, sosteniendo con ambas manos la pequeña taza humeante. Aunque sus movimientos eran seguros, no podía evitar sentir el peso de su presencia, esa mezcla de misterio y elegancia que la intimidaba y la fascinaba a partes iguales.

-Buenas tardes. Aquí está su pedido -dijo con suavidad, colocando la taza frente a él.

Como de costumbre, Rin se dio la vuelta inmediatamente después, lista para regresar a la barra sin esperar una respuesta. Sabía que el hombre no era de muchas palabras. En los meses que llevaba viniendo a la cafetería, nunca se había molestado en dirigirle más que un asentimiento o un gesto mínimo.

Pero esta vez, algo cambió.

-Gracias.

La palabra, pronunciada con una voz grave y serena, la tomó desprevenida. Rin sintió un escalofrío recorrer su espalda. Esa voz tenía un tono hipnótico, tan cautivador como el rostro de quien la pronunciaba: perfecto, casi irreal, como si perteneciera a otra época o a otro mundo.

Sonrojada, regresó a la barra intentando calmar los latidos acelerados de su corazón. A pesar de los meses que llevaba viéndolo, aquel hombre seguía provocándole la misma mezcla de nervios y curiosidad.

Más tarde, volvió a su mesa con la cuenta.

-Señor, son 100 yenes -murmuró, observando cómo él guardaba algunos documentos en su maletín antes de sacar un par de billetes.

Él extendió el dinero hacia ella, pero antes de que pudiera retirarse, su voz volvió a detenerla.

-¿Cuál es tu nombre?

Rin parpadeó, sorprendida por la pregunta. ¿Era real o estaba imaginándolo? Finalmente, reunió el valor para responder.

-Rin Nishimoto -dijo en un tono apenas audible, con una mezcla de curiosidad y nerviosismo.

-Sesshomaru Nahara -respondió él, pronunciando cada sílaba con una calma que contrastaba con el torbellino de emociones que acababa de desatar en ella.

Rin lo vio marcharse, su figura alta y elegante desapareciendo por la puerta principal. Sin embargo, su nombre quedó resonando en su mente. "Nahara". Lo repitió en silencio, casi como si estuviera probando su sabor en los labios.

Minutos antes, había estado charlando con sus compañeras sobre él, como tantas otras veces de aquel cliente miesterioso.

-Debe tener un nombre hermoso -había dicho Miki, soñadora.

-Eso solo puede descubrirlo Rin -añadió Minamoto, la mayor entre las camareras y la líder del grupo, con una sonrisa divertida.

Miki se rió, y aunque Rin intentó ignorarlas, el calor de su rubor la traicionó. Ahora, mientras regresaba a la barra, su mente seguía atrapada en ese instante. Sesshomaru Nahara.

Había intentado responder con naturalidad, pero lo único que logró fue asentir, sonrojada. No sabía cómo ni por qué, pero durante aquellos meses de servirle café, había comenzado a desarrollar cierto aprecio hacia ese hombre enigmático, casi sin darse cuenta.

Sin embargo, ahora, en un contexto completamente diferente, enfrentarlo se sentía como un desafío imposible. Rin no podía evitar que el miedo y la ansiedad se apoderaran de ella. Sus pies no reaccionaban, y toda su fuerza parecía haberse desvanecido.

A duras penas logró llegar a las escaleras de emergencia, con las manos temblorosas y la respiración entrecortada. Decidió subir hacia su piso, pero el miedo la asfixiaba. Había optado por esa ruta, buscando un respiro, lejos de miradas inquisitivas. Sin embargo, su mente no encontraba descanso. Pensamientos entrelazados la atacaban sin piedad, mientras una avalancha de recuerdos hería su ya frágil corazón.

"Él no sabía cuánto lo había amado."

Esa verdad resonaba en su interior como un grito silencioso. Un torrente de imágenes y sentimientos que había intentado enterrar durante años volvía ahora con fuerza, trayendo consigo el dolor, la añoranza y, sobre todo, una confusión insoportable.

Entre esos recuerdos, uno se destacó, cortante como una daga. El momento que había marcado su decisión de olvidarlo para siempre.

Las palabras de otra persona, crueles y definitivas, regresaron a su memoria como un eco oscuro:

"Si vuelve a aparecer, me aseguraré de que tu vida sea un caos."

Rin había querido negarse a creer en esas palabras. Había intentado convencerse de que no significaban nada, de que eran una mentira destinada a separarlos. Pero en el fondo, sabía que una estaca había sido clavada en su corazón ese día, y desde entonces la herida no había dejado de sangrar.

Había querido, con todo su corazón, que el tiempo cerrara esas heridas. Pensó que la distancia y los años serían suficientes para seguir adelante. Pero ahora, al verlo ahí, frente a ella, todo volvía. Cada herida que creía superada se abría de nuevo, y el dolor que nunca se había ido del todo la golpeaba como si fuera ayer.

Cada paso hacia su departamento se sentía más pesado. Las piernas le temblaban y el pecho se le apretaba. Cuando estaba por llegar, simplemente no pudo más. Se dejó caer en las escaleras y se quedó ahí, quieta, tratando de calmar su respiración.

—¿Qué hace aquí? ¿Por qué ahora? —susurró, sintiendo cómo el corazón le latía con fuerza. Las preguntas se acumulaban en su cabeza hasta que un pensamiento la golpeó de lleno. Él era el CEO de Taisho Enterprises.

La realidad le cayó encima como un balde de agua fría. El miedo de que la reconociera la invadió por completo. ¿Qué haría si él la veía trabajando ahí? ¿Si decidía echarla? O peor... ¿si todo volvía a pasar otra vez?

Por un momento, la idea de levantarse y salir corriendo fue abrumadora, casi imposible de ignorar. Podría dejarlo todo atrás, buscar otro trabajo y fingir que nada de esto había pasado. Pero algo dentro de ella se resistió.

Ya no era la misma de antes. Había cambiado, y ahora tenía razones de sobra para quedarse y luchar.

Se repitió esas palabras una y otra vez, intentando aferrarse a ellas. Pero el temblor en sus manos y el nudo en su garganta la delataban. Las emociones que había mantenido a raya durante años estaban a punto de desbordarse.

El chirrido de una puerta al abrirse rompió el silencio. Rin levantó la mirada justo a tiempo para ver a Sora aparecer en las escaleras, visiblemente agitada.

—¡Rin! ¿Qué haces aquí? Te he estado buscando por todas partes. Jakotsu está que echa humo —soltó Sora mientras entraba apresurada, el cabello despeinado y la respiración agitada.

Rin parpadeó, desconcertada.

—¿A mí?

—Sí —repitió Sora, acercándose rápidamente—. ¡Necesitamos tu proyecto ahora mismo!

—¿Mi proyecto? —Rin apenas pudo disimular la sorpresa en su voz.

Sora asintió, más impaciente.

—Jakotsu está esperando. El equipo está a punto de colapsar.

Antes de que Rin pudiera procesar lo que estaba pasando, Jakotsu apareció detrás de Sora, caminando con paso firme y una expresión entre molesta y tensa.

—Rin, ¿qué tan avanzado tienes el proyecto? —preguntó sin rodeos, con la mirada fija en ella.

Rin dudó, mirando al suelo como si pudiera encontrar la respuesta ahí.

—No está terminado. Va en un 80% —confesó, con la voz temblorosa.

Jakotsu suspiró, pasándose una mano por el cabello, claramente intentando mantener la calma.

—No importa. Es nuestra mejor opción.

—¿Qué está pasando? —preguntó Rin, sintiendo cómo la ansiedad se apoderaba de ella.

—Filtraron nuestra propuesta principal al equipo de publicidad. La presentaron antes que nosotros, y si volvemos a hacerlo, nos acusarán de plagio —explicó Jakotsu, con una mezcla de rabia y frustración en la voz.

Rin sintió que el aire se volvía más pesado.

—¿Y ahora qué hacemos?

—Vamos a presentar tu proyecto. Es lo único que tenemos.

—¡Pero no está listo! Aún estoy ajustando algunos detalles y... —intentó decir Rin, pero Jakotsu levantó una mano, deteniéndola.

—No hay tiempo. Si no hacemos algo, todo el equipo quedará fuera del proyecto. Tú incluida. ¿Quieres quedarte sin nada?

Las palabras de Jakotsu la golpearon de lleno. Las manos de Rin temblaban mientras trataba de asimilar la situación. El miedo y las dudas se agolpaban en su mente. No puedo hacerlo. ¿Y si perdia ese trabajo? Necesitaba ese trabajo... no solo por mí, sino por mi madre, Towa y Setsuna.

"Por ellas, sobre todo por ellas". La determinación empezó a crecer, aunque todavía frágil.

Sora, quien observaba el pánico en los ojos de Rin, colocó una mano reconfortante sobre su hombro.

—Rin, tienes buenas ideas. Todos confiamos en ti y sabemos que este proyecto es sólido, —dijo con suavidad, intentando calmarla.

Rin respiró hondo, tratando de acallar los latidos desbocados de su corazón. Finalmente, asintió, obligándose a moverse. Abrió su bolso con manos temblorosas y sacó el proyecto en el que había estado trabajando.

Con decisión renovada, se dirigió a su jefe de equipo, entregándole los documentos mientras le explicaba rápidamente los puntos clave. Esperaba que fuera suficiente.

No pasaron más de cinco minutos cuando Jakotsu salió disparado hacia la sala de juntas, donde otro equipo estaba presentando sus propuestas. Sora le hizo una señal a Rin para que lo siguiera.

Al llegar, el ambiente en la sala era pesado, casi opresivo. Solo se escuchaba la dura voz del CEO.

—¿Esto es todo lo que tienen? —La voz de Sesshomaru resonó con autoridad, impregnada de molestia. Su mirada fría y analítica recorría los materiales frente a él, como si bastara con su desdén para reducirlos a cenizas.

La tensión era palpable. Los miembros del equipo de publicidad intercambiaban miradas nerviosas, conscientes de que su trabajo no estaba a la altura de las expectativas.

—Si esta es la calidad del trabajo en esta empresa, deberíamos considerar cambios drásticos —añadió Sesshomaru, cerrando el folder con un movimiento brusco que resonó en la sala como un juicio definitivo.

Jakotsu, que había permanecido al margen, tragó saliva mientras intentaba calmarse. Sabía que el temperamento de su jefe era implacable y que no toleraba mediocridades. Con movimientos rápidos pero cuidadosos, tomó otro folder y se acercó al CEO.

—Señor... aún falta la presentación del equipo tres —dijo con una voz que apenas mantenía firme. Extendió el folder con discreción, rezando internamente para que el contenido lograra satisfacer las expectativas del imponente Sesshomaru.

Sesshomaru tomó el folder con cierta impaciencia y comenzó a hojearlo. El primer proyecto mostraba un grupo de jóvenes corriendo en un campo abierto, una imagen tan genérica que parecía haber salido de una librería de archivos.

-Ridículo -espetó Sesshomaru, cerrando el folder con un movimiento seco.

Jakotsu sintió cómo el sudor frío recorría su frente, pero decidió jugar su última carta.

-Hay un último proyecto, señor... -dijo, titubeante-. Aún no está terminado, pero creo que tiene potencial.

Con manos temblorosas, entregó un nuevo folder. No había tenido tiempo de revisarlo previamente, pero sabía que era la propuesta de Rin. Era arriesgado, pero en ese momento no tenía otra opción.

Sesshomaru abrió el folder y comenzó a leer. Su ceño se frunció al principio, pero poco a poco su expresión cambió, pasando de irritación a una calculada evaluación. El proyecto, aunque lejos de ser perfecto, tenía una dirección clara, un público objetivo bien definido y una idea práctica.

—Esto es diferente —murmuró mientras hojeaba las páginas, sus dedos deslizándose con calma, pero con firmeza—. No es tan ridículo como los demás.

Levantó la mirada hacia Jakotsu. Sus ojos dorados, fríos y penetrantes, brillaban con una mezcla de curiosidad y desdén.

—¿Cuál es la intención detrás de esto? —preguntó con un tono seco y directo, que parecía cortar el aire.

Jakotsu se quedó paralizado. Por un momento, sus labios se abrieron como si quisiera responder, pero ninguna palabra salió. No tenía idea de cómo explicar un proyecto cuyos detalles apenas conocía.

Desesperado, sus ojos buscaron apoyo en los miembros de su equipo, recorriendo sus rostros hasta detenerse en Rin, quien permanecía al fondo, casi ocultándose en las sombras de la sala. Rin había hecho todo lo posible por pasar desapercibida, evitando involucrarse más de lo necesario.

Con pasos rápidos y un gesto de urgencia, Jakotsu cruzó la sala hacia ella. Su expresión era una mezcla de ansiedad y esperanza, como si dependiera de ella para salvar la situación.

—Rin, por favor —le dijo en un susurro apremiante mientras tomaba su brazo—. Expón tu propuesta. Es nuestra última oportunidad.

Rin lo miró sorprendida, casi incrédula. Había intentado todo para evitar llegar a este punto, para no ser el centro de atención en una situación tan crítica. Ahora, sin embargo, las miradas de todos se posaban en ella, expectantes, cargadas de una presión que se volvía sofocante.

No podía permitirse dudar. No en ese momento. Sabía perfectamente quién estaba al frente, evaluando su trabajo con esa mirada glacial que tan bien conocía. Su mente le gritaba que huyera, que evitara enfrentarlo, pero las circunstancias no se lo permitían. No era una adolescente insegura, y no podía actuar como tal, no cuando su futuro estaba en juego.

Tomó una respiración profunda, cerró los ojos un instante y, tras unos segundos que parecieron eternos, asintió. Con pasos firmes, se encaminó hacia el frente, sintiendo cómo el peso de cada mirada se posaba sobre ella.

Allí estaba él: Sesshomaru, su Sesshomaru. Aquel hombre que alguna vez creyó conocer, ahora imponente y distante, observándola como si pudiera diseccionarla con un simple vistazo.

Su corazón latía con fuerza, cada paso resonando en su mente como un eco de su propio nerviosismo. Cuando finalmente llegó frente a Sesshomaru, levantó la mirada y lo encontró observándola con esos ojos dorados que parecían perforarla. Su expresión seguía siendo tan impasible como siempre, pero había algo diferente, algo en su actitud que Rin no supo identificar, aunque la desconcertó aún más.

¿A qué demonios está jugando?, pensó, intentando mantener la compostura.

Inhaló profundamente, apretó los papeles en sus manos para anclarse y, con un ligero temblor en la voz, comenzó:

—Este proyecto está diseñado para todos los públicos, no solo para personas con recursos o acceso exclusivo a la tecnología. B-Kiga es una herramienta pensada para salvar vidas.

Su tono, vacilante al principio, fue ganando firmeza a medida que avanzaba, impulsado por su pasión por el proyecto.

—Con sus funciones avanzadas, este reloj inteligente puede monitorear constantes vitales, detectar irregularidades en el ritmo cardíaco y enviar alertas inmediatas en caso de emergencia. Es especialmente útil para personas con condiciones médicas como problemas cardíacos o diabetes, ya que les proporciona un apoyo constante y accesible.

Hizo una pausa breve, permitiendo que sus palabras se asentaran en la sala. Sus ojos recorrieron a los presentes, asegurándose de captar su atención, pero sin perder de vista la figura de aquel hombre, que seguía observándola en completo silencio.

—Pero no queremos que sea visto como un simple aparato de moda —continuó Rin, esforzándose por mantener su tono firme—. Nuestra meta es hacerlo accesible, funcional y conocido por su capacidad de marcar una diferencia real. Queremos que B-Kiga sea una herramienta para el día a día, que brinde tranquilidad y seguridad, independientemente de la clase social o el poder adquisitivo.

Rin levantó la mirada hacia Sesshomaru al concluir su exposición. Sus manos seguían temblando ligeramente, un vestigio de los nervios que la habían acompañado desde el inicio, pero en su pecho había una chispa de orgullo. Había hablado con claridad, defendiendo con convicción algo en lo que creía profundamente.

Sesshomaru la observaba con atención, su expresión imperturbable, casi esculpida en mármol. Si sentía algo, no lo dejó entrever, y eso solo incrementaba el peso de su escrutinio.

El silencio en la sala se hizo más denso, como una sombra que cubría a todos. Rin sentía que podía escuchar el latido de su corazón, fuerte y acelerado, resonando en sus oídos como el eco de un tambor de guerra. Nadie se movía. Nadie hablaba. Cada mirada estaba fija en Sesshomaru, esperando su veredicto.

Finalmente, él inclinó apenas la cabeza y rompió el silencio con su voz grave, resonante, como un trueno lejano:

—Es... interesante.

La palabra flotó en el aire, cargada de significado ambiguo. Su tono no dejaba entrever si aquello era un elogio o una crítica velada. Pero lo que más inquietaba a Rin era su mirada: fija en ella, como si estuviera evaluando algo más allá del contenido de su propuesta, como si estuviera juzgándola a ella o algo más.

Rin contuvo la respiración, sintiendo que el peso de ese momento aún no se había aligerado. La sala seguía en vilo, y aunque el Ceo de Taisho Enterpraise había hablado, su juicio definitivo parecía estar todavía por llegar.


Nota: 

No me olvidé de publicar el capítulo de hoy, solo que hay algunas cosas que no me convencen. Traté de mejorarlo de esta manera, espero que se note y se sienta fluido. Mañana creo que seguimos con un extra, no sé si me alcanzará a terminar muy bien como quiero el capítulo 5,pero espero que disfruten.

Bye

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