III
Capitulo 3:
Había pasado un mes desde que Rin comenzó a trabajar en Taisho Enterprises, un periodo en el que trataba de adaptarse a su nueva rutina mientras seguía lidiando con los retos de ser madre soltera. Entre largas jornadas laborales y la búsqueda constante de un lugar donde vivir, había logrado finalmente alquilar un departamento. Aunque era más caro de lo que inicialmente había planeado, el lugar tenía justo lo que necesitaban: tres habitaciones pequeñas, una cocina y comedor combinados que resultaban acogedores, y lo mejor de todo, estaba cerca de un jardín infantil encantador donde sus gemelas, Towa y Setsuna, quedaron fascinadas desde la primera visita.
La inscripción en el jardín fue más difícil de lo que esperaba, dado que el año escolar ya estaba en curso. Pero gracias a un examen de admisión en el que las niñas obtuvieron resultados sobresalientes, lograron ser aceptadas. Rin se sintió profundamente orgullosa de ellas. Poco a poco, la vida comenzó a tomar un ritmo estable.
Cada mañana, Rin se levantaba temprano para alistar a sus hijas. Disfrutaba peinarlas de maneras distintas cada día, con moños, trenzas o coletas que resaltaban sus rasgos dulces y traviesos. Mientras las niñas desayunaban, Rin se daba prisa en arreglarse para el trabajo. Su madre, siempre dispuesta a ayudar, era quien las llevaba al jardín infantil. Aunque los días eran ajetreados, Rin encontraba pequeños momentos para almorzar con sus hijas en ocasiones, pero la mayoría de las veces solo podía verlas por la noche, cuando regresaba a casa agotada pero ansiosa de escuchar cómo había sido su día.
—Hoy aprendimos sobre los animales del bosque, mamá. —decía Towa con entusiasmo mientras Setsuna asentía, abrazando a su hermana.
—Y también jugamos con Moroha —añadió Setsuna, mencionando a su nueva amiga, una niña que, según ellas, era valiente y llena de energía.
Rin escuchaba con atención cada detalle, dejando que sus voces le llenaran el corazón de calidez.
En el trabajo, las cosas iban bien, aunque cada día era un desafío. Su equipo estaba en la recta final de una campaña publicitaria para un nuevo teléfono que prometía revolucionar el mercado con sus múltiples herramientas. Rin había propuesto ideas frescas que habían impresionado a Jakotsu y al resto del equipo, pero justo cuando pensó que tendría un respiro, todo cambió.
Una tarde, mientras trabajaba en la sala asignada a su grupo de quince personas, Jakotsu entró apresuradamente. Su cabello, normalmente bien arreglado, estaba desordenado, y su expresión era de urgencia.
—¡Atención todos! —anunció con voz firme, atrayendo la mirada de todos los presentes—. Tenemos un nuevo proyecto, y esta vez es grande.
El murmullo en la sala se detuvo de inmediato. Rin dejó de teclear en su laptop y fijó la vista en su jefe, sintiendo que algo importante estaba por venir.
—El CEO ha conseguido una colaboración con una empresa coreana. Vamos a desarrollar un reloj inteligente que promete revolucionar el mercado. Tendrá herramientas avanzadas para el monitoreo de la salud, compatibilidad con dispositivos múltiples y funciones innovadoras que lo harán único en el mercado internacional.
El aire se llenó de una mezcla de emoción y tensión.
—Tenemos menos de una semana para presentar propuestas. Compitiremos contra otros equipos de Taisho, y el equipo que entregue las mejores ideas será el que lidere el proyecto. —Jakotsu hizo una pausa antes de añadir—. Si lo hacemos bien, no solo lograremos reconocimiento, sino que podríamos conseguir un aumento general para todo el equipo.
La noticia electrizó a todos en la sala. Rin sintió una oleada de adrenalina mezclada con nerviosismo. Este proyecto no solo era una oportunidad para destacar, sino también una puerta hacia una estabilidad financiera que podría cambiar su vida y la de su familia.
Esa noche, mientras regresaba a casa, Rin no podía dejar de pensar en las posibilidades. El cansancio habitual estaba presente, pero esta vez estaba acompañado por una chispa de motivación que no había sentido en mucho tiempo. Sabía que los días siguientes serían duros, pero también sabía que estaba lista para enfrentarlos.
El anuncio del nuevo proyecto había encendido una chispa de emoción en el equipo de Rin. Nita, una de sus compañeras más cercanas, no podía contener su entusiasmo.
—Si logramos esto, ¡podré llevar a mis padres de vacaciones por primera vez en años! —dijo con los ojos brillantes, mientras repasaban ideas en la pequeña sala de reuniones.
La energía era contagiosa, y aunque el cansancio se acumulaba, Rin no podía evitar sentirse esperanzada. Con ese dinero extra, podría costear el tratamiento de Setsuna, que había comenzado recientemente en un hospital particular debido a la delicadeza de su condición. Aunque le dolía ver a su pequeña enfrentarse a tanto, sabía que este esfuerzo valdría la pena si lograba brindarle una mejor calidad de vida.
Esa semana fue agotadora. Rin se sumergió en una maraña de ideas, intentando diseñar un proyecto que destacara. Tenía en mente un enfoque innovador que conectara el reloj inteligente con el bienestar de personas de la tercera edad y niños, dos grupos que muchas veces eran olvidados en la tecnología. Sin embargo, las posibilidades eran tantas que sentía que su cabeza iba a explotar.
Esa noche, al llegar a casa, el caos de su mente se disipó momentáneamente al escuchar las risas de Towa y Setsuna. Las niñas corrieron hacia ella con los brazos en alto, gritando a coro:
—¡Mamá! ¡Mamá!
Como siempre, ese recibimiento fue suficiente para arrancarle una sonrisa, incluso en medio de su agotamiento. Se agachó para abrazarlas, sintiendo cómo su cuerpo, cansado pero lleno de amor, encontraba una chispa de energía renovada en ese gesto.
—¿Cómo estuvieron hoy, mis pequeñas? —preguntó mientras les revolvía el cabello con cariño.
—¡Hicimos una pintura de un arcoíris! —exclamó Towa emocionada.
—Y Moroha dijo que quiere hacer otro mañana conmigo —añadió Setsuna, mostrando su sonrisa tímida.
Ya en la sala, su madre le sirvió una taza de té y comenzó a contarle cómo había transcurrido el día. Rin escuchaba atentamente mientras sus hijas hablaban a la vez, llenándola de detalles sobre sus aventuras en el jardín infantil. Pero entonces, algo que dijeron capturó su atención.
—Mamá, ¿y si tu reloj puede ayudar a las personas como Setsuna? —preguntó Towa con la seriedad de una niña que ya entiende más de lo que debería.
Rin se detuvo un momento. La pregunta de su hija golpeó una cuerda sensible. Miró a Setsuna, quien jugaba tranquila con un pequeño rompecabezas, ajena a la carga emocional que su condición representaba para su madre.
—Sí, sería increíble si algo así existiera —añadió Towa, con ese tono soñador que solo los niños tienen.
Rin sintió cómo una lluvia de ideas comenzaba a formarse en su mente. Quizás ahí estaba la clave: un producto que no solo ayudara a las personas en general, sino que marcara una diferencia real en la vida de quienes más lo necesitaban. Personas como Setsuna, cuya salud dependía de cuidados constantes, o ancianos que necesitaban monitorear su bienestar con facilidad.
—Gracias, niñas. Creo que me han dado una idea muy especial. —Les sonrió y las abrazó con fuerza.
Esa noche, mientras sus hijas dormían y su madre descansaba, Rin se sentó frente a su computadora. Con determinación, empezó a dar forma a su propuesta, pensando en cómo este reloj podría convertirse en una herramienta vital, no solo para la productividad o el estilo de vida, sino para salvar vidas.
esurada hacia su trabajo, con el anuncio en mente de que el CEO vendría a supervisar personalmente los proyectos. Esto le pareció extraño, ya que le habían informado que sería uno de los presidentes quien acudiría a la revisión. En su equipo habían logrado concretar dos propuestas sólidas, y con la que Rin estaba presentando sumarían tres. Aun así, los nervios la traicionaban.
Cuando subió a su oficina, decidió hablar con su jefe. Le comunicó que tenía un proyecto en progreso, pero que aún no estaba terminado. La respuesta de su jefe fue tajante: no podían presentarse a menos que estuvieran completamente seguros de ganar. Rin sintió un nudo en el estómago, pero no tuvo tiempo para pensar en una solución, porque en ese preciso momento llamaron a su jefe para avisarle que el CEO ya había llegado.
Era una sorpresa, ya que el CEO había pasado los últimos meses en otros países trabajando en negociaciones clave para la compañía. La instrucción fue clara: varios debían reunirse en la entrada para darle la bienvenida. Sin dudar, su jefe tomó a Rin del brazo y la condujo hacia la puerta principal, donde un grupo de empleados ya esperaba en formación impecable. El ambiente estaba cargado de expectativa y algo de tensión.
Cuando finalmente el CEO apareció, los trabajadores hicieron una inclinación respetuosa en un gesto clásico de saludo. Rin, aún agitada por la premura, levantó la mirada... y todo a su alrededor pareció detenerse. Su respiración se cortó al instante al encontrarse frente a alguien que había jurado no volver a ver jamás. Su cuerpo se tensó, y el shock la dejó inmóvil.
"Sesshomaru", susurro para si misma.
Gracias por leer.
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