Prólogo

Para tener bajo control los siete mares del triángulo de las bermudas, Skullivar debía tener a Calabrass y los siete ojos en su poder. Llegó a la conclusión y se dio cuenta de que la espada parlante tan solo obedecía al elegido; Zak Storm.

Tan solo con pensar en se nombre, la sangre le hervía de rabia. Detestaba a ese crío con todo su ser; su forma de ser, su rostro y más su tripulación. Pero esos días de que el castaño arruinará sus planes se acabó. Porque ahora, es él mismo quien causaría los problemas.

[...]

La puerta se abrió automáticamente, dejando ver a Golden Bones, el cual se acercaba a paso lento hasta quedarse enfrente del trono de su superior. Al llegar, se arrodilló, agachando la cabeza.

- Bones – Habló Skullivar, dándole la espalda, con ambas manos en está – La razón por la cual estás aquí, es para que hagas una misión muy importante – Al decir esto, se dio la vuelta con el ceño fruncido – Más te vale no fracasar – Le dijo totalmente serio. El de huesos dorados levanto la cabeza, para asentir a su amo – Tu misión es ir a Marituga y encontrar el jarrón de Calíope – El esqueleto volvió a levantar la cabeza –

- Pero pensé que Calíope y su raza era tan solo un mito, mi señor – Le comentó algo extrañado a lo que Skullivar levantó el tono de voz –

- ¡Claro que no es un mito, necio! – Le rechistó en un tonó de enfado. Comenzó a acercarse a su mesa y apoyo ambas manos – Ese jarrón es una de las pocas oportunidades que tengo para conquistar el triángulo y conseguir los ojos de los siete mares – Se dio de nuevo la vuelta para mirar a su general – ¿Qué haces aquí parado todavía? ¡Vete a buscar el jarrón! –

- ¡Ehm! ¡Si, Skullivar! – Dijo algo nervioso mientras se levantaba –

- Da igual como dejes esa miserable isla, destruye y acaba con todo lo que se te interponga para buscar el jarrón, ¡pero encuéntralo! – Insistió el señor supremo del ejército de los esqueletos. Golden bones hizo una reverencia mientras se iba –

- Así se hará – Le comentó mientras se retiraba de la sala –.

Skullivar se acercó a su mesa de mando de nuevo y agarró una fotografía de Zak. Se la quedo mirando y al rato, entrecerró los ojos un poco.

- Veremos si sigues manteniendo esa sonrisa en tu cara cuando te arrodilles ante mí – Al decir esto, quemó el trozo de papel –.


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