3. Entonces, ¿quién fue?
-¿Por dónde saldremos?
-Por el tercer foso… espero.
-¡¿Cómo que esperas?!
-Por favor no empereces a quejarte. ¡Mira! ¡Ahí está!
Después de permanecer en la obscuridad por un tiempo que había parecido eterno, la luz que provenía del foso de la orquesta era suficiente para que Canelle apagara la linterna.
Ambos avanzaron un poco más, y escucharon voces.
-¿Aún está ahí la policía?- pregunto Cyrano con preocupación.
-Eso parece.- respondió Canelle tranquilamente.
-¿Y si ese tal fantasma no ha cumplido lo que…
-Creo que hay que estar preparados para lo que sea.
Cyrano soltó una exhalación resignada, ya estaban demasiado cerca del foso de la orquesta.
Canelle se adelantó un poco y miró hacia fuera. Su mirada se cruzó con la de un pequeño niño que se asomaba al foso.
-¡AAAAAAH! ¡HAY ALGUIEN AHÍ ADENTRO!
Los ocupantes del lugar voltearon al escuchar al niño. Fleur Blanche, quien escribía sentada en una butaca de primera fila, se puso en pie de un salto y corrió hacia el foso, al asomarse su mirada se cruzó con la de Canelle. Gabriel se abrazó a ella.
-¿Qué haces ahí?- preguntó Fleur, con curiosidad más infantil que periodística.
-¿Yo?- regresó la pregunta Canelle, con expresión de inocencia –Pues verá, yo trabajo aquí, y… encontré a Cyrano de Bergerac perdido por los fosos.
-¿Tienes al sospechoso?- continuó preguntando Fleur, emocionada.
-¿Sospechoso?¿Quién es sospechoso?- la pregunta le cayó a Canelle como una pedrada.
Cyrano avanzó un par de pasos y quedó en el área visible del foso, dirigió una mirada firme a la periodista.
-Ya deberían saber que soy inocente.
-¿Inocente? ¿Y como piensa probarlo, después de haber amenazado a Montfleury? ¿Qué tal si tenía como cómplice a la tramoyista desaparecida?- Fleur parecía una máquina de hacer preguntas –¿Y por qué-
-¡Yo no soy cómplice de asesinato!
El comisario de policía apreció en escena, empujando a Fleur.
-Con su permiso, señorita, la policía es la que debe hacer las preguntas.
-¡Qué maleducado!- reclamó Fleur abrazando a Gabriel, que aún estaba aferrado a ella.
-Tienen mucho que explicar.- continuó el comisario –Así que salgan de ahí, ahora.
Canelle y Cyrano se miraron, él le indicó con un movimiento de cabeza que subiera primero, y obedientemente Canelle salió del foso de un salto, seguido por él.
El escenario estaba ocupado por el comisario, dos policías más (que diligentemente se pusieron a ambos lados de los ahora sospechosos), los directores, el vizconde de Chagny, la reportera y el niño. Todos miraron a los recién llegados con curiosidad.
Canelle desvió la mirada al suelo, sonrojada. En cambio, Cyrano de Bergerac lucía inmutable.
El comisario tomó la palabra con tanta firmeza que llegaba a la amenaza.
-Bien… ¿podría explicarme, señor de Bergerac, cómo es que han asesinado a un hombre que un instante antes había sido amenazado por usted? ¿Sabe usted el agravio a la figura de los directores de este Palacio que ha causado un asesinato en su teatro?
Canelle comenzó a mirar al techo, esperaba una respuesta ante la expresión "su teatro", pero no sucedió nada.
-¡Así es!- agregó Richard -¡Este es un templo a las Bellas Artes! ¡Un asesinato mancillando éste lugar! ¡Que gran tragedia! ¡Un cadáver en nuestro teatro!
-Comprendo…- dijo Cyrano por fin -…pero he de repetirles, que soy inocente de asesinato. Admito que amenacé a Montfleury (repitió el nombre con un tanto de desprecio), pero estaba seguro de que su cobardía me ahorraría el esfuerzo de cumplir mi amenaza.
El comisario se dirigió entonces hacia Canelle, después de mirarla de arriba abajo con desprecio, haciendo énfasis en los pantalones que la joven usaba.
-¿Y usted qué sabe de todo esto, señorita? Es la famosa tramoyista desparecida, supongo.
Cyrano apretó los puños ante la mirada de notoria prepotencia con que el comisario miraba a la joven.
Canelle respondió con timidez y con la mirada dirigida al vacío -Yo solo soy culpable de huir corriendo del lugar en cuanto aquello sucedió, me asusté tanto que no ví nada.
-Canelle es su nombre¿verdad?- agregó Richard –Hoy hemos recibido la renuncia de un tramoyista, y si usted no dice la verdad, sería una pena que nuestro teatro pierda una tramoyista más.
Canelle se mordió los labios.
-¿Piensa echar a la calle a una joven inocente?- inquirió Cyrano mirando con odio a Richard.
-Sí, sería una pena, porque nuestro jefe de tramoyistas se refiere a ella como una joven sencilla y trabajadora. Pero este es nuestro teatro y nosotros decidimos que hacer con el personal. No nos sería adecuado conservar a una cómplice de asesinato.
Se hizo un incómodo silencio. Todos miraban a Canelle, que parecía a punto de ponerse a llorar.
Y entonces, frente a ella, caía un sobre que terminó suavemente en el suelo. Las miradas se dirigieron entonces al sobre, todos estaban tan sorprendidos que nadie se atrevía a tocarlo. Fue el comisario quien se decidió por fin a recogerlo y leer lo que decía por fuera, ante la mirada impaciente de todos.
-Para los señores directores del Palacio de la Ópera.- leyó con actitud grave el comisario.
Todos quedaron aún mas estupefactos. El comisario le entregó el sobre a Richard, quien lo inspeccionó un instante. Efectivamente, el sobre tenía la dirección escrita en impecable caligrafía roja.
Abrió el sobre con rapidez, y leyó el contenido.
Queridos directores
El espectáculo que he dado hoy en el escenario de la Ópera de Paris ha sido sin duda muy superior al que ustedes tenían preparados. El desempeño del señor Montfleury en tal escenario no pudo ser mejor ni siquiera reuniendo todos los esfuerzos de su vida.
Confío en que a futuro elegirán a verdaderos talentos, que serán también lo suficientemente prudentes para no perder mi simpatía, al contrario de como lo hizo Montfleury en cuanto llegó a este Palacio.
Lamento haberlos hecho perder su tiempo con la policía, debí haberles avisado de mis intenciones con anterioridad, con lo que hubieran comprendido que llamar a las autoridades ha sido nada más que una necedad. Olviden el asunto, Montfleury representa ahora una carga menos para el mundo, y el verdadero crimen hubiera sido insistir en sus apariciones en escena, como el Señor de Bergerac comprende también; aunque los métodos que él pensaba utilizar para evitar el fallido arte de Montfleury necesitaban ser más… permanentes. Cyrano de Bergerac es totalmente inocente de asesinato, en síntesis. Si es que se le puede llamar "asesinato" a ese acto de caridad que he tenido para con el arte.
De ustedes cordialmente
F. de la O.
PD. ¿Tan pronto han olvidado que este es mi Palacio? En mi Imperio no son aceptables las amenazas y chantajes a inocentes. Especialmente si brindan tan impecable servicio como la señorita Canelle.
Richard terminó de leer y el silencio se apoderó del lugar.
El vizconde de Chagny fue quien rompió el silencio.
-¿El Fantasma de la Ópera?
Fleur sonrió maliciosamente.
-¡Bien!¡Bien! A juzgar por la postdata, esa carta acaba de ser escrita. Díganme ahora, señores¿qué otro tramoyista está escondido allá arriba? ¿También lo acusarán de cómplice de asesinato por haber soltado el sobre?
-Creo que la periodista tiene razón- agregó el vizconde –Esa carta ha sido escrita hace un momento, y no hay manera de que ellos dos lo hallan echo.
-¡Esta broma de el Fantasma ha llegado demasiado lejos! ¡Un homicidio! ¡Un homicidio para mantener el engaño!- exclamó airado Richard, estrujando la carta.
-En algo tiene razón esa carta.- agregó calmadamente Moncharmin –Si esto se le atribuye al Fantasma, ha sido una tontería llamar a la policía. Todos los intentos por descubrir la verdad serán en vano.
-¿En vano, dice?- fanfarroneo el comisario. –Encontraré a ese Fantasma homicida, como que soy el comisario Mifroid de la policía de Paris.
Le hizo una seña a los dos policías, que finalmente dejaron su puesto, y los tres salieron de la sala.
Los demás se quedaron mirando la puerta.
-¿Y bien?- preguntó Richard, aun molesto -¿Qué hacen todos aquí aún? Quiero quedarme a solas con el Señor Moncharmin y el vizconde.
Cyrano miró a Canelle, ella le indicó que lo siguiera y ambos salieron por la pierna más alejada del escenario. Fleur recogió sus cosas y tomo a Gabriel de la mano para irse.
Cuando por fin quedaron solamente tres personas sobre el escenario, Richard miró una vez más la carta antes de dirigirse a sus acompañantes.
-¡Más les vale que esto no sea una broma de ninguno de los dos!- sentenció, antes de dejar la sala con aire ofendido.
Después de verlo salir, Moncharmin y el vizconde intercambiaron miradas de confusión, y entendiendo que no había nada más que hacer, se despidieron.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
El reto de este capítulo fue la carta de Erik, así que me gustaría que me dijeran su opinión. ¿Lo hice bien?
Y el título es un homenaje al increíblemente sobreactuado "¿Quién fue?" que suelta José Joel en el disco de El Fantasma de la Opera de México
Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top