Capítulo 17: A Todos Los Chicos A Los Que Jamás Amé
—Una pregunta más —comentó el conductor del concurso, en un momento definitorio y final para su equipo en esa ronda de la competencia—. ¿Cómo se llama el proceso de división celular?
Dalia, sin duda ni premura, aceleró su mano en dirección del botón del timbre.
—Señorita Aquino, ¿tiene la respuesta?
La sentía en la punta de la lengua, pero no lograba hacerla saltar. Pasaron quizá a lo mucho tres segundos, pero se dilataron cual si fueran tres horas esperando en un hospital de gobierno.
La morena echó un vistazo a su equipo: ellos conocían la respuesta, pero una vez que te designaste cómo quién la tenía que contestar, la obligación de hacerlo caía solamente en ti. Era vista por casi todos con desesperación; todos recurrían a Dalia para conseguir la respuesta correcta de cualquier tarea, trabajo o examen, y ahora ella misma batallaba con la disonancia entre su cerebro y su lengua.
Pero una persona no la observaba con desesperación y ganas de abofetearla: Josephine sonreía. No demasiado, no al punto de parecer una burla, pero con poco, con el arqueo de sus cejas y la confianza en sus ojos parecía decir, "sé que lo puedes recordar".
—El tiempo casi se agota señorita Aquino —el conductor insistió—. ¿Tiene una respuesta o no?
Dalia tomó aire y confrontó aquel hombre.
—E-es mitosis.
—¡Correcto! ¡Y con eso el marcador termina 120 para Hopewell, 110 para Degrassi! ¡Hopewell pasa a la siguiente ronda!
Una campana sonó, y globos cayeron del techo; aunque no parecía la gran celebración, había cierta dignidad en ello: fuera de listas sobre las escuelas más inseguras del país, el colegio de Dalia no recibía muchas distinciones, y menos positivas.
Gracias a ella y su equipo, al menos podían presumir una victoria.
—¡Bien hecho chicos! —la directora Jefferson les congratuló al salir del set de filmación—. ¡Señorita Hoult, señorita Aquino, excelente trabajo! —agregó abrazó a sus estudiantes—. ¡Señorita Ruiz! ¡Señorita Bluesmoke! ¡Qué buen desempeño!
Los alumnos se mostraron un tanto incómodos ante la reacción de su docente; no porque no lo apreciaran, sino más bien porque lo apreciaban demasiado. Más de uno de ellos no estaba habituado al elogio.
—El autobús los espera a la salida para la vuelta al hotel —la directora les instruyó—. Les recomendaría contactar a sus familias, deben estar orgullosos de ustedes, ¡de nuevo, buen trabajo!
En lo que abordaban el vehículo, Dalia notó a Jo en su celular; sonreía al ver la pantalla, incluso movía un poco los labios, casi imitando los mensajes que estaba enviando.
En ese momento, escuchó su propio teléfono vibrar.
—¿Cómo está mi bella genio? —leyó en la mensajería.
—Oh, hola Tyler —escribió.
—Lo hiciste increíble, ¡fue fantástico!
Él siguió escribiendo adjetivos para su participación en la misma vena: maravilloso, destacada, fenomenal, brillante, y no es que Dalia no gustara de atención de alguna parte (sabía que de sus padres no recibiría mucha: para ellos, el ser buena en la escuela es algo de cajón, un estándar de lo que se debería de esperar de una alumna, y nada que subrayar).
No obstante, si se sentía incomoda al escuchar eso de parte de la directora, de parte de Tyler era tortuoso. Entre más meloso y optimista era, más deseaba taladrarse el oído interno.
—¿Señorita Aquino? —Dalia escuchó el llamado de su nombre de parte de precisamente, la académica encargada del viaje.
—¿Uh?
—¿Lista para subir? Que está empando a nevar, y el frío aquí es más duro que en el este.
—O-oh, s-sí, c-claro: ya voy.
Subió y tomó asiento a lado de Josephine; la rubia por su parte seguía atenta a su propia pantalla de celular.
—¿Entonces...? —Dalia titubeó, buscando abrir la vía de comunicación—. ¿En contacto con Harry, no?
—Ella dice estar emocionada por verme en el concurso —Josephine replicó con una chispa en su voz y en sus expresiones—. Sé que miente: no hay manera en la que esté legítimamente gustosa de ver un programa con preguntas sobre libros y escuela, pero encuentro dulce que haga el esfuerzo por fingir.
—Creo que mi madre dijo lo mismo después de la primera noche de bodas con mi padre.
—...¿qué cosa, Dalia?
—¡L-lo siento! —la morena se cubrió el rostro con las manos—. Q-quise medio imitar las bromas que Harry hace, pero es obvio que eso no va con mi forma de ser.
Jo carcajeó por un instante.
—Fue casi tierno —calificó la rubia.
—¿Casi... tierno?
—Como sea: tampoco eres tan inexperta sobre asuntos de relaciones, ¿verdad?
—¿Y-yo? —Dalia suspiró, y volteó a sus costados—. ¿Qué quieres decir?
—Me refiero a que eres en realidad la única dentro de mi círculo inmediato que tiene un novio.
—¿Novio?
—¿Tyler? ¿El chico que te llevo al concierto de BT JUNIOR?
—¡Oh! ¡S-sí! ¡Taylor!
—Tyler.
—¡Tyler! ¡Eso dije! ¡De ninguna manera mi incapacidad de pronunciar bien su nombre es un indicador de problemas serios y de raíz en nuestra relación!
Jo apoyó un costado de su rostro en su mano derecha.
—No es una buena señal acerca de la firmeza de la relación que tienes con ese chico el que hayas dejado escapar eso con tanta facilidad y fluidez —la rubia sugirió—. Qué va, apenas pudiste recordar que es en teoría tu novio.
—E-es cierto... p-pero... eso no quiere decir que n-no lo quiera, y...
—Oh, eso que dijiste es mucho peor —Jo sacudió su rostro comentando al respecto.
—¿Eh? ¿Por qué?
—Porque poco cala tanto que gente ajena critique tu relación. Hubiera esperado un coraje, o al menos que te pusieras a la defensiva.
—¿Lo hice mal?
—La experta en pasar pruebas eres tú, pero de haber una, creo que no la pasaste.
—Y-yo...
—¿Puedo intervenir un poco?
De nuevo: el infierno no conoce molestia como un metiche metiéndose en relaciones que no le incumben, dando su opinión, parloteando sin pensar siquiera una vez sus ideas. Así que naturalmente, Dalia dijo...
—¡Por favor! —la morena imploró con sus manos juntas como si estuviera en plegaria.
Y en turno, Josephine trató el asunto con delicadeza, poco a poco, armando lentamente su caso y cuestión.
—¿Por qué sales con él incluso si sabes muy bien que no tienes interés real en ese chico?
Dalia se sintió tan gigante como un ratón con enanismo.
—Sé bien por qué le di el "sí" —la morena suspiró—, porque sabía que alguien me iba a dar el "no" si es que preguntaba.
—¿Tus padres son estrictos eh?
—¿Por qué lo dices? ¿Por qué soy una chica asiática, no? ¿De inmediato debes de suponer que mis padres me orillan a ser una súper estudiante que no tiene otro objetivo en la vida que sacar las notas más altas que pueda? ¿Que si el máximo es un 100, que de algún modo debe de buscar el 101? ¿O qué en mi sexto cumpleaños me regalaron un libro sobre ecuaciones cuadráticas?
—¿Eso último es cierto? ¿Cómo reaccionaste?
—Cómo cualquier niña normal lo hubiera hecho...
Más o menos.
—¡Justo lo que quería! —la Dalia de seis años declaró con una dolorosa sinceridad y emoción en su voz y andar sintiendo el texto entre sus manos —. ¡Gracias mamá! ¡Gracias papá!
Dalia suspiró un poco sobre las malas y buenas decisiones de su joven vida.
—¿Ves esa chica? —Jo murmuró a una miembro de su equipo a un par de asientos de los suyos—. ¿Dakota, no es así?
—¿Qué hay con ella?
—Creo que está en la misma banda de Tyler.
—¿Lo está?
—Sé que no estás segura sobre si quieres continuar con él o sólo lo haces para hacer enojar a papi, pero al menos trata de fingir interés en los intereses de él: si vas a ser una novia falsa, sé una buena novia falsa.
—Sí... y...
—¡Dakota! —Jo saludó a aquella compañera agitando su brazo—. ¡Dakota, ven!
—¿Hablas conmigo?
—¿Con quién más?
—¿Qué, yo estoy pintada? —Sydney, en su asiento cuestionó.
—Lo lamento Syd —Jo informó—, pero esto es algo sólo entre una chica, su novio, su amiga, su compañera de equipo y... va, sí, por ese tipo de cosas una debe de repasar bien lo que vas a decir en voz alta.
Igual, esa reflexión no le impidió a Dakota buscar un asiento cercano a Dalia para tratar de mitigar sus tribulaciones.
—¿Qué sucede? ¿Empezando a discutir estrategias para nuestro siguiente encuentro?
—¿Cuál estrategia? —la rubia cuestionó—. Basta con apretar el botón más rápido que el otro equipo: no es física de cohetes.
—De hecho, física de cohetes es una de las categorías en las que estamos un tanto débiles —Dalia comentó—. Bien podía servir a repasar un poco sobre la obra de Von Braun y... vale, me callo —dijo al ver cómo era vista por sus compañeras.
—Bueno, ¿para qué me quieren entonces? —preguntó Dakota.
—¿Estás en una banda con Tyler, no? —Jo replicó.
—Ah—Dakota sonrió gustosa, cual si justo le acabaran de masajear el orgullo—, ¿han escuchado de la obra de Metralletas y Tulipanes, eh?
—¿Quiénes?
—El nombre es un chiste, hace referencia a Guns N'Roses.
—Bien... de nuevo: ¿quiénes?
—¿Guns N'Roses? ¿Nunca han escuchado a esa banda? ¿Welcome To The Jungle? ¿Paradise City? ¿Sweet Child O'Mine?
Las chicas se miraron confundidas; Dakota pensó que bien podría estar hablando en cantonés.
—Bien —la músico suspiró—, esto lo confirma: mi generación es un asco.
A pesar de lo hiriente de ese PARA NADA SNOB comentario, Josephine y Sydney deseaban indagar más respecto a los verdaderos detalles del "novio" de Dalia, lo quisiera Dalia o no.
—Entonces —la rubia retomó el hilo de la plática—. ¿Qué hay de Tyler? ¿Sabes que él está en una relación con nuestra amiguita aquí?
—¿La de lentes? —Dakota inquirió, echando un vistazo con más detalle hacía la aludida—. Puede... p-puede ser que lo haya mencionado un par de veces.
—Ajá —Sydney resopló—. ¿Cuánto es un par de veces?
—Tendría que revisarlo pero... para eso tengo material.
Dakota comenzó a descargar un archivo en su celular; cosa de un par de segundos, o eso asumieron todas.
Pero los segundos se comenzaron a dilatar más y más.
—¿Tu plan no tiene cobertura por estas partes del país, eh? —Sydney preguntó.
—Sí lo tiene, pero es medio pesado.
—¿Pesado? —Jo cuestionó—. ¿Pues qué carajos e--?
—¡Ah, por fin!
—¿O es que tu teléfono ya es de cuando Nokia todavía los hacía? —observó Sydney.
—Nokia todavía los hace —Dakota aclaró—. Nadie los compra, pero todavía los hace.
—¿Entonces? —Syd, Jo y Dalia se unieron en coro.
—Es que un documento es fácil. ¿Una antología? ¡He ahí el desafío?
—¿Antolo-- qué? —de nuevo, las tres vocalizaron.
—Le llama La Banda de Corazones Infatuados del Almirante Orégano —Dakota indicó el título del proyecto que Tyler presentó al resto de la banda—. Y con un nombre así, dudo que sea orégano la hierba que se estaba echando en el cuerpo.
—¿Entonces... T-Tyler realmente me quiere no?
Dakota sonrió.
—Nena, no tienes ni la menor idea —replicó conforme seguía explorando los archivos de su dispositivo—. Veamos... esta es una maqueta, no debería compartirla, pero supongo que la musa de la obra tiene derecho a escucharla.
—¿La musa?
—Tú.
Dakota procedió a reproducir un archivo de audio; una guitarra suave y acústica resonaba así como una base muy básica de teclados, y su voz no tan suave pero si muy básica sacando el ritmo a una improvisada pero muy sentida letra sobre una cierta chica asiática de lentes gruesos.
—Jamás pensé en ser así de feliz / jamás creí que el amor me pondría así...
—¡Hay muchos tipos de amor! —Dalia exclamó, controlando el impulso de tapar su rostro con sus manos—. ¡Puede ser dedicada a su madre!
—Pero quiero hacertelo duro y gentil / que grites mi nombre hasta el mero fin.
—Si esa es una canción dedicada a su madre —Sydney intervino—, hasta Edipo se sonrojaría.
—No es su mejor trabajo en cuanto a lo lírico —Dakota aseveró—, pero de una vez se los advierto: se pone... se pone mucho peor.
—¿Peor? —Jo apenas daba crédito a lo comentado—. ¿Qué tan peor es--?
—¡Y las estrellas te haré ver! / ¡Cuando azote con todo tu punto G! —Tyler cantó en el coro planeado de la grabación.
—¿Los hombres siquiera saben qué es cuando alguno menciona aunque sea casualmente el punto G? —cuestionó Jo, de hombros encogidos y mejillas coloradas.
—Yo era uno —Sydney argumentó—. Y la respuesta: no.
—Como sea —Dakota cerró el archivo y guardó su celular—, hay que, por un lado, darle crédito: conozco al cabeza hueca desde el jardín de niños, y era un simplón hasta en aquel entonces. ¿Conocen al niño que siempre comía pegamento? Tyler parecía que se le antojaba más el frasco: esto es lo más romántico y comprometido que lo he visto ponerse.
—¿Y cuál es el otro punto? —Dalia preguntó.
—¡Qué ese enamoramiento está arruinando a la banda! ¡Nuestras letras tratan temas serios! ¡No sobre qué tan rápido sueña con metertela!
—Y ciertamente sueña con eso porque sólo alguien que no ha tenido sexo todavía hubiera podido escribir eso.
—¿Tú has tenido sexo ya, Syd?
—¡Por supuesto!... ¿Cuenta lo no-consensual, no?
—¿No te consintieron o no consentiste? —Dakota preguntó, queriendo morder su lengua tan pronto como lanzó tal cuestión al aire—. Mejor aún: no me lo digas. No se lo digas a nadie.
—¡Justo lo que me dijo mi tío en ese campamento!
Dejando bromas acerca de traumas de la niñez, para Dalia quedó algo claro: el componer música como una forma de apreciación no siempre termina con una obra maestra, y a menos que tengas impecable buen gusto y talento, lo mejor es limitarse a las flores y chocolates.
Para otras personas, sin embargo, esa lección estaba lejos de ser aprendida...
N/A: Así que, ¡rebasamos las 3 mil lecturas! ¡Muchas gracias por darle oportunidad a esta obra!
Seré breve porque esta es la primera noche de Hannukah y tengo que encender las velas, así que pasaré a la pregunta de la semana:
¿Dónde está el punto..? Quiero decir: ¿Alguna vez han tenido una musa/muso? ¿O sido una/uno de alguien?
Shalom camaradas.
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