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Leorio suspiró una vez llegó al departamento que compartía con Kurapika, cuenta con el tamaño suficiente para dos personas; una sala donde hay un sofá con una mesa y una enorme pantalla plana, además de estanterías llenas de libros de medicina y cultura general, también hay una cocina que cuenta con una barra con sillas donde comparten el desayuno todas las mañanas, un baño básico y una pieza, duermen juntos sin embargo hay noches donde, por discusiones, uno duerme en el sofá, nada grave.   El rubio llegaría a las nueve por lo que tiene menos de una hora para planear su sorpresa.

Empezó con algo típico, globos de corazones y un cartel de 'feliz cumpleaños' que se ve apenas uno abre la puerta, había pensado hacer una cena más esa idea fue borrada al leer el mensaje donde Zenitsu le notificaba que invitaría a cenar a Kurapika para que pudiera preparar todo con calma. Suspiró agradecido y con más paciencia esparció pétalos de rosas por el departamento, por un momento se avergonzó al darse cuenta de lo cursi que es. 

Y pensar que hace un par de años sólo vivía por el dinero.

Sacudió su cabeza para despejar sus pensamientos y volver a lo suyo. Ordenó la cama matrimonial donde esperaba tener un poco de pasión en la noche y

Un momento ¿pasión?

Sus pensamientos fueron cambiados al darse cuenta de algo.

Si uso esas prendas significa que ¿yo seré el pasivo?

Una gotita se sudor se deslizó por su cien.

No, no es necesario. Sin embargo... ¿Y si Pika quiere?

Estaba muy nervioso, no había pensado ser el pasivo jamás. No es que tuviera masculinidad frágil o algo así, sino que siempre fue el que la pone y está bien con eso, siendo el activo.

No sentía la necesidad de saber lo que se siente tener un pene en su interior.

Aunque... Esto también sería probar cosas nuevas.

La curiosidad es algo completamente natural, gracias a ella la humanidad pudo avanzar y es algo que en estos momentos siente Leorio: curiosidad. Capaz era suficiente con vestirse como una sexy colegiala, capaz Kurapika lo disfrute y capaz lo disfrute más si entrega el Anastasio.

Se río levemente ante el nombre que le puso a su recto, más la risa fue detenida al volver a la anterior situación.

Fue, que sea lo que Dios quiera.

No es que él fuera creyente, al contrario, es ateo, pero pensó eso para librarse levemente de sus pensamientos y poder terminar la sorpresa.

•°•°•°•

Frotó su brazo derecho con su frente para deshacerse de las pequeñas gotas de transpiración que secretaba su piel por la actividad hecha. Un sentimiento de alegría se instaló en su pecho al ver todo decorado con los colores rojo y dorado, una perfecta romántica ambientación, estaba orgulloso de su logro, espera que Kurapika también lo disfrute. Ahora prosigue el regalo.

Primero iba a tomar una larga ducha, después ponerse las exóticas prendas y esperar a su amado en la cama. Bastante cliché.

Despojó su elegante traje azul oscuro junto con la camisa y la ropa interior, dos pequeños pasos bastaron para adentrarse s la ducha y giró las dos perillas hasta formar un líquido agradablemente tibio, luego se colocó champú en el cabello y con las yemas de sus dedos creo la clásica espuma que eliminaba la transpiración y mugre del día. Leorio miró como al costado de la ducha descansaba el acondicionador, sonrió al recordar a su pareja pues él lo utiliza además de diversos productos para tener la perfecta piel que tiene, al principio le parecía algo femenino esas manías, luego comprendió que los objetos no tienen género y que cualquiera puede utilizar lo que se le cante. Prosiguiendo con la ducha deslizó el jabón dove por todo su cuerpo, delineando cada músculo que poseía, era una tarea bastante relajante a decir verdad.

Una vez que su anatomía ya estaba cubierta de la barra el agua hizo su trabajo limpiando, el Paladiknight se permitió estirar su cuello para otras disfrutando de la sensación que le provocaba el tibio líquido cayendo por su cuerpo.

Al cabo de un rato ya estaba lo suficientemente limpio, procuró limpiar todas las partes por si las dudas.

Con el felpado toallón secó todo lo húmedo y miró sus piernas con vasto vello.

¿Debería afeitarme?

Ese pensamiento fue muy efímero, no lo iba hacer, una porque no tenía tiempo y dos porque no tenía ganas. Además su pareja ya conocía perfectamente su cuerpo y eso incluía los vellos.

Con el toallón puesto fue a la piezas donde había dejado el conjunto que se iba a poner, abrió la bolsita color esmeralda y con determinación sujetó las diminutas prendas, la voluntad que tenía era tanta que en vez de tratarse de una lencería parecía que se iba a enfrentar a una hormiga mutante, sí, así de grande es su decisión.

Lo primero que hizo fue probarse la ropa de interior de encaje que le había dado Illumi. Una vez puesta fue al espejo a ver  como le quedaba, cabe aclarar los nervios que sentía.

—Se me ven los huevos —esas fueron las primeras palabras que dijo al ver su reflejo y tenía razón, no es que fuera una gran prenda, no cubría sus testículos y su reproductor sexual sobresalía.  —¿Debería usarla igual?

Se quedó pensativo por un par de minutos, analizando la tanga de encaje que portaba en todos sus ángulos, la tela no producía picazón y hasta se podría considerar cómoda, era cuestión de acostumbrarse nomas. Luego se colocó la camisa croptop color blanca y se volvió a observar, daba un aspecto más sensual.

—Sol Perez tiembla —bromeó.

Lo último fueron las medias bucaneras con finalización de encaje, las acomodó igual que Illumi; no dejando ninguna arruga. Sinceramente las medias parecieron hechas para sus piernas, a pesar del vello le daban un toque elegante y sensual. Estaba disfrutando utilizarlas y ni hablar de la diminuta falda que no dejaba nada a la imaginación, estaba enseñando su trasero sorprendentemente firme. Con el conjunto completo se seguía mirando en el espejo, jugando con las poses y deleitándose con la vista, quizás sea algo narcisista.

Todo iba bien hasta que escuchó el ruido de las llaves que anunciaban la presencia de su pareja, los nervios volvieron y comenzó a ordenar todo de manera apresurada.

—Leorio, llegué —anunció y el pelinegro podía jurar que casi tiene un paro cardíaco, no esperaba que llegara tan pronto de la cena.

•°•°•°•

Un tiempo antes Kurapika salía de su trabajo, había sido un día largo y su jefe, Chrollo, parecía que lo odiaba pues lo tuvo haciendo horas extras. Su cuerpo ansiaba un descanso en los brazos de su pareja. Suspiró al ver en su celular que ya era tarde como para conseguir un taxi y Leorio se había llevado el auto que, con arduo trabajo, ambos pudieron comprar.

—Kurapika —apareció Senritsu su mejor amiga sorprendiéndolo —Feliz cumpleaños.

—¿Cumpleaños? —indagó aún más sorprendido, para saciar su curiosidad sacó su celular del pequeño bolso que llevaba y, efectivamente era su cumpleaños —Lo había olvidado, gracias.

—Oh, no es nada —de manera modesta habló y con nostalgia observó el vasto cielo nocturno iluminado por el satélite —La luna está preciosa.

—Si, lo está.

—¿Quieres ir a cenar? Para festejar —le invitó, rogando que aceptara para poder brindarle más tiempo al doctor.

—Leorio debe estar esperándome, gracias por la invitación pero deberé negarme —mostrando una espléndida sonrisa la rechazó.

—Y-ya le avisé que ibas conmigo —el tartamudeo se debía a una mentira, iba a decirle una vez que aceptara el rubio.

—En ese caso está bien, supongo —analizó a su amiga, sabía que estaba escondiendo algo.

—Perfecto.

Con el auto de la joven ambos partieron rumbo hacia un restaurante relativamente costoso, al parecer la amiga tenía una reservación y un pelinegro mesero les guió hasta una mesa al lado de las ventanas, decorada con un mantel color durazno y varios utensilios delicados, también habían dos copas de vidrio y servilletas con el emblema del lugar. Cada uno ordenó algo diferente, la joven un filete con puré y salsa, y el rubio pasta vegana.

—Estaba delicioso —inició la conversación una vez que ambos terminaron la pelirroja —Y es un hermoso lugar.

—Coincido —habló mientras deslizaba la servilleta para limpiar los rastros de salsa.

Luego ambos pidieron el postre, Kurapika optó por una rebanada de pie de manzana con un poco de crema y Senritsu por una porción de cheescake. Al igual que la cena fue una delicia, definitivamente el restaurante es espectacular, quizás le pida a Leorio que vengan juntos pensó.

—Muchas gracias por la cena —expresó su gratitud cuando ambos abandonaron el establecimiento e iban de camino hacia el departamento donde probablemente le esté esperando su novio.

—No es nada, me alegra que lo hayas disfrutado.

El Kurta sólo asintió y observó el bello paisaje nocturno que le brindaban los edificios, estaba ansioso por llegar al departamento y celebrar con Leorio, aunque no lo admitiría en voz alta. Sus labios se alzaron en una medialuna al ver que estaba muy cerca de poder besar los finos labios de su pareja.

—Ya llegamos —anunció lo obvio la fémina

—Gracias, de nuevo.

—No es nada, ve, tu príncipe debe estar esperándote.

Kurapika asintió y saludando a su amiga abrió la puerta del vehículo, saliendo y preparando su llave para ingresar. Escuchó y 'feliz cumpleaños' de Senritsu y luego el ruido del motor arrancando, sonrió, se sentía afortunado de tener una amiga como ella.

—Leorio, llegué —anunció su presencia y apenas abrió la puerta unos globos y un cartel le dieron la bienvenida, un calorcito se expandió por todo su cuerpo.

Las decoraciones seguían por todo el lugar, también notó unos pétalos de rosa, ocultamente amaba lo romántico que llegaba a ser el Paladiknight, en sus anteriores cumpleaños también le sorprendía con cosas así. Dejó la llave en el llavero de la pared izquierda junto con su saco, y desabrochó los botones de las muñecas de su camisa para tener más comodidad. La fragancia que tenían los pétalos de rosas llegaban a sus fosas nasales sacándole el cansancio que tenía por las horas extras, las flores son de sus cosas favoritas, quizás en su vida pasada amaba plantarlas.

Un sonido seco proveniente de la pieza le hizo abandonar sus pensamientos, también escuchó el quejido de su pareja.

—Leorio ¿estás bien? —indagó mientras se acercaba a la puerta, el no recibir respuesta le hizo preocuparse.

¿Habrá perdido la conciencia con el golpe?

Con ese pensamiento en mente intentó abrir la puerta, se sorprendió al notarla sin traba -pensaba que habría que tirarla- y mayor fue su sorpresa al ver como su pareja lo recibía.

Sensei —musitó la palabra con serenidad, usando su timbre de voz habitual, no veía necesario fingir algún otro tono.

Kurapika sintió el mundo detenerse, algo exagerado pero real, jamás había imaginado que su pareja estaría ahí, en la punta de la cama matrimonial, con las piernas cruzadas enseñando muchísimo más de lo necesario y modelando una extravagante vestimenta. Leorio se inclinó hacia adelante enseñando su perfecto torso ceñido con el croptop, se veía jodidamente caliente.

—¿Qué ocurre, sensei? He estado aburrido esperándole —fingió un puchero —¿No quiere venir a jugar? —alargó la última sílaba para finalizar lamiéndose los labios.

A pesar de lo sexy que se veía por dentro era un manojo de nervios, quizás estaba incomodando a su pareja en vez de estar calentándola.

—¿L-Leorio? —preguntó incrédulo, aún no terminaba de recalcular.

—¿Sí?

—¿Qué ha-haces? —se acercó disminuyendo la distancia, sus iris mostraron un reflejo escarlata producido por la mezcla de emociones que estaba sintiendo.

—¿No es obvio? Quiero jugar un rato —deslizó su mano derecha por todo su cuerpo terminando justo en el medio de su pecho e inclinando su cabeza hacia un lado mostrando su clavícula —¿No quiere jugar?

El Kurta tragó grueso, un sonrojo adornaba sus mofletes y probablemente estaba teniendo el comienzo de una erección. Comprendió que su pareja estaba invitándolo a jugar a un rol, y ¿cómo poder negarse ante semejante vista? Aún seguía sorprendido, más también excitado y por esa razón terminó por disminuir la distancia entre ambos.

Leorio, aún metido en el juego, tomó con fuerza la corbata negra que adornaba el cuello del rubio y la jaló acercando el níveo rostro, las respiraciones se volvían una y sus labios estaban a nada de rozarse. Sin embargo el pelinegro no quiso empezar un beso, así que se acercó hasta el oído del otro.

—¿Eso es un sí? Senseipreguntó aparentando curiosidad, era más que obvio que quería provocarlo y vaya que lo estaba logrando, el ojigris estaba seguro que jamás la palabra 'profesor' había sido tan sensual como en estos momentos.

—¿Qué quieres hacer? —indagó para saber de qué trataría el juego.

—Nada más que jugar —siguió provocando, el rubio le miró con una ceja alzada y él sólo le guiñó el ojo.

Leorio, antes de que su pareja hiciera otra pregunta -porque sabía lo curioso que es- pegó sus labios contra los otros, dejándole el completo control al Kurta, quien captó el mensaje e inició el beso suavemente, no era más que roces que agregaban más sensualidad a la situación. El rubio delineó con su lengua los aterciopelados labios pidiéndole permiso para ingresar, cosa que de inmediato fue aceptada y las lenguas empezaron una lujuriosa danza donde el que mandaba era el más pequeño en estatura.

El pelinegro pudo detener sus nervios levemente, y con la decisión de poder disfrutar ambos en mente, rodeó con sus dos largas piernas la cintura del que se encontraba parado, haciendo que, inevitablemente, ambas erecciones de rozaran. Unos jadeos intervinieron en el beso por la acción dicha y los orbes aceros y chocolates se cruzaron, se miraban con deseo, ambos comprendían que la única manera de detener la lujuriosa llama de su interior era bebiendo el elixir que el otro poseía.

Leorio se recostó en el colchón de dos plazas, abriendo un poco las piernas dándole una explícita señal a su novio, quien metido en el papel la entendió perfectamente y se metió entre ellas. Las acarició superficialmente por encima de las medias con su mano izquierda y la derecha la deslizó hasta la falda, levantándola dejando a la vista una perfecta desnudez.

El Paladiknight suspiró al sentir las suaves manos en su hombría haciendo a un lado el encaje para obtener más libertad al hacer la siguiente actividad. Kurta observaba fijamente el  miembro que ya conocía bastante bien.

—¿Debería haberme afeitado? —susurró incómodo, pues quizás la analizadora mirada se debía al vello público que poseía, aunque era poco.

La profunda mirada fulminante del ojigris le hizo entender que no debía, tal vez suene extraño pero el vello que poseía por todo el cuerpo Leorio para Kurapika era algo caliente.

Finalmente el rubio decidió atender la ansiosa erección, soltó un poco de saliva que serviría como lubricante e hizo a un lado sus hebras doradas para que no estorbaran. Comenzó con un lento vaivén facilitado por la saliva, con movimientos de arriba y abajo hasta conseguir que saliera gotas del clásico líquido salado conocido como preseminal, mezclándose con la saliva creando un libidinoso lubricante. Continuó con los lentos movimientos para provocarlo, ama ver a su novio gimiendo abajo suyo como un sumiso impaciente, sin embargo al escuchar un gruñido supo que era el momento de dejar de jugar y aceleró el vaivén. Con el pulgar apretaba la rojiza punta disfrutando los quejidos de su pareja, quizás estaba torturándolo un poco.

Con su lengua dio suave lamidas, especialmente en las venas que el miembro poseía. Eran lamidas delicadas parecidas a las de un felino, no tenía intención de meterlo en su boca aún. No obstante la grande mano de Leorio aplastó su cabeza con intención de que ya empiece.

—Vamos, sensei —dio un gemido frustrado.

—Debería cuidar sus modales, alumno —metiéndose en el papel contestó sorprendiéndolo, la sorpresa fue reemplazada de inmediato por picardía.

Kurapika pensó que ya era momento de meterlo en su boca, no sólo por la insistencia de Leorio sino también porque se le hacía agua la boca ver ese trozo de carne rogando. Lo metió de una hasta el fondo, podía sentirlo en su garganta y la sensación de perder el aire junto con las lágrimas en sus ojos era demasiado placentera, hasta evitaba levemente respirar por sus fosas nasales para disfrutar el ardor de sus pulmones anhelando oxígeno. Ahuecó sus mejillas para brindar más calidez e hizo unas embestidas con su boca sintiendo el pene en lo más profundo de su cavidad bucal. Podría jurar que era una de las mejores cosas del mundo practicarle sexo oral al aprendiz y más con su, ahora, sumisa actitud.

Se dio cuenta que su pareja estaba llegando al tan anhelado orgasmo e hizo los movimientos anteriormente dichos con más rapidez, hasta sentir el salado líquido en sus papilas gustativas, el fuerte gemido que soltó el otro le hizo comprender que disfrutó tanto como él.

—Sensei —jadeó recuperando de a poco el aire, sin embargo la tarea fue interrumpida por el rubio.

Quien desabrochó algunos botones del croptop dejando a la vista el pecho del pelinegro, iba a atender, por primera vez, los pezones de su pareja. Un gemido de sorpresa salieron de los finos labios al sentir la lengua redondear sus aureolas, un sonrojo apareció cuando un leve mordisco en su pezón sintió. No lo iba a negar, se sentía jodidamente bien. Los jadeos y gemidos se hicieron más constantes mientras Kurta disfrutaba los botones marrones, los lamía, mordía y bebía de ellos, no era un experto en el tema más el ver el sonrojo de su pareja y oír los lujuriosos sonidos le hacía saber que estaba bien.

Continuó con la actividad hasta dejarlos hinchados y muy sensibles al roce, estaba satisfecho y al parecer no era el único.

—Sensei ¿no le parece injusto que usted sea el único con ropa? —una vez recuperó el aire, indagó y era verdad, Kurapika seguía completamente vestido.

Sin esperar respuesta Leorio cambió de lugares, dominando por un rato. Empezó desabrochando la camisa dejando a la vista el pulcro torso que ya conocía perfectamente, la deslizó por los hombros y la arrojó a alguna parte del alfombrado piso, continuó con el cinturón para bajar la bragueta y poder deshacerse de los pantalones negros de vestir, la ropa interior se la dejó. El pelinegro se deleitó con la vista del níveo cuerpo sin ninguna imperfección que se encontraba debajo suyo, pues se encontrada sentado encima con cada pierna en cada lado.

¿Debería hacerlo? Dudó el doctor, indeciso ante sus pensamientos.

"Es vergonzoso, sin embargo el resultado es completamente satisfactorio."

Las palabras del pelinegro del sexshop volvieron a su mente, haciendo que la duda disminuyera considerablemente. Inhaló y colocando sus manos en el abdomen del rubio para sujetarse comenzó un leve movimiento en sus caderas, frotándose con la erección del rubio quien lo mirada con sorpresa y sonrojado. Cerró los ojos para disminuir un poco la vergüenza y siguió con los movimientos, frotaba de arriba hacia abajo y en circular.

—L-Leorio —gimió el nombre de su pareja, los movimientos eran muy placenteros a pesar de la torpeza.

Kurapika estaba tan sorprendido como excitado. Desde el comienzo todo fue una sorpresa, no pensó ni imaginó a pesar de su gran coeficiente el regalo que estaba planeando su pareja, ahora los nervios de su pareja en los últimos días tiene sentido.

La excitación que sentía en estos momentos es absurda, siempre estuvo satisfecho siendo el pasivo más ver el rostro de su Leorio sonrojado por el placer y sentir esos movimientos le hizo sentir que no estaba para nada mal el tener, brevemente, el control.

—¿Q-quieres? —la pregunta del pelinegro le hizo abandonar sus lujuriosos pensamientos.

—¿E-eh? —no había oído nada.

—No lo v-voy a repetir e-es vergonzoso —le costaba hablar sin tartamudear, el sentir el pene de su novio frotándose con él y, encima, sus pezones que ante cualquier roce le hacía jadear era demasiado.

El Kurta lo miraba con duda, realmente no había oído nada al estar absorto en la lujuria, y su pareja parecía no querer repetirlo. El pelinegro cesó sus movimientos y se retiró de la cintura de su pareja, dejando ambas erecciones goteando. Se recostó en el colchón mirando hacia el techo, parecía pensar.

—Hazlo —le dio permiso, no obstante el rubio no entendía para qué —Hay lubricante y preservativos en el cajón derecho, ya lo sabes.

Esas palabras lo dejaron pensando, pero luego lo entendió o al menos eso creía. A la derecha había una mesa de luz que contaba con un cajón en el cual guardaban lubricantes de diversos sabores y preservativos, tomó el lubricante clásico y una tira de preservativos. Se sentó de vuelta y acarició el pene del Paladiknight, aún seguía erecto, le iba a colocar el preservativo cuando

—¿Qué haces? —inquirió, pues no se supone que fuera él el que lo debía utilizar.

—Lo habitual —contestó, habían ocasiones donde le colocada el preservativo y luego lo montaba, era algo excitante y pensó que a eso se refería su pareja.

—N-no me refería —lo miraba incrédulo, pensó que se había explicado bien, había utilizado palabras explícitas.

Ante tal respuesta el ojigris quedó confundido brevemente.

Después sus neuronas hicieron sinapsis, lo había deducido o eso piensa, pero si es verdad es... Raro, no sabía como llamarlo.

—¿E-estás seguro? —buscó atisbos de duda y los encontró, sin embargo la gran expresión de determinación le hizo entender que no era momento para indagaciones —Avisame si quieres que me detenga.

Primero empezó con lo básico, debía lubricar bien la zona. Colocó una gran cantidad de lubricante en sus dedos que luego frotó por un largo rato, su pareja jadeaba por la extraña sensación y el leve placer, le recordaba a cuando lo hicieron por primera vez -ambos fueron su primera vez-. Después colocó más lubricante y empezó metiendo su dedo índice, abriendo paso en las estrechas y cálidas paredes, para ambos es una experiencia nueva, tenían dudas y sentían cosas extrañas, más el morbo ganaba. Metió dos dedos y los movió en forma de tijeras, su pareja parecía comenzar a disfrutar, aunque levemente. Al meter el tercer dedo un gemido apareció, no era cien por ciento excitante pero se sentía muy bien. Continuó con su labor por unos par de minutos más hasta sentir la zona lo suficientemente abierta.

—Voy a entrar —anunció y los nervios de Leorio volvieron, los cubrió con un asentimiento.

Se retiró el bóxer y colocó el preservativo en su miembro erecto, fue entrando poco a poco y estando atento a las reacciones del otro, no le podía prometer que no iba a doler pero trataría de disminuirlo. Al estar completamente dentro hizo una fuerza sobrehumana para no empezar las embestidas y esperar a que se acostumbre. Era una sensación nueva y demasiado buena, su pene apretado por la calidez del interior le hizo suspirar para no llegar a un precoz orgasmo.

—Y-ya —avisó el pelinegro, dándole luz verde.

El rubio, dudoso, dio suaves embestidas, eran lentas y calientes, se mordía el labio para evitar comportarse como un animal salvaje que sede a sus impulsos. Jadeos y gemidos salían de los labios de su novio, era extraña la sensación y placentera, también había ardor, al ser la primera vez es inevitable, pero ignoraba eso y se centraba en la excitación. Luego las embestidas aumentaron su velocidad hasta crear un chapoteo que inundaba los tímpanos de ambos, eran acompañados por cortos gemidos de los dos creando un lujurioso sonido que ambos "danzaban" bajo la mirada de la luna y estrellas que decoraban el paisaje nocturno. El rubio se sostenía de las piernas adornadas por las oscuras medias para añadir más velocidad y el pelinegro de la espalda del otro, inconscientemente dejaba arañazos, marcas que serían pruebas de la maravillosa acción que ambos cometían recibiendo una ridícula cantidad de placer.

—F-feliz cumpleaños p-pika —como pudo habló.

Las penetradas le impedían poder formular adecuadamente, sentir el miembro del rubio en su interior, a pesar que aún no se acostumbraba, era muy excitante, debía hacer esto más seguido y el ojigris coincidía, al estar arriba tiene la hermosa vista de su pareja con las peculiares prendas gimiendo sonrojado gracias a él, la iba a recordar bien, muy bien.

—L-Leorio gracias.

La gratitud de Kurapiks hizo sentir a Leorio satisfecho en más de un sentido, ambos a punto de llegar a un espléndido orgasmo se miraban profundamente; con cariño. Fue una excelente idea la de experimentar.

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Fin.

Quedó más largo de lo esperado pero estoy algo satisfecha. Espero que les guste.





Mi prima dice que Leorio le estaba viendo las chichis a Kurapika jahsja.

En fin, gracias por leer. ❤

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