Coffee of Wishes S.A

-Bienvenido a Coffee of Wishes, donde hacemos sus deseos realidad. ¿Qué va a ordenar?

Elodie repetía tantas veces al día las mismas palabras, que ya se habían convertido para ella en una especie de mantra. El ogro frente a ella recorrió el menú con sus amarillentos y pequeños ojos.

-Sólo un té adelgazante -dijo, con una voz tosca.

-¡Enseguida!

Una vez estuvo lista su orden, se la entregó. El ogro ni siquiera esperó a que se enfriara. Llevo el vaso de cartón a su boca y tomó la humeante poción. Con cada traguito su vientre disminuía ligeramente. Elodie sonrió al verlo salir con una sonrisa radiante en su rostro. Era solo otro cliente satisfecho más.

Elodie era una elfo de la luz. Solía sujetar su cabello blanco y ocultarlo bajo una gorra. Desgraciadamente lo de la "luz" era literal, y su jefe, el señor Rumbus le exigía mantenerlo oculto. Llevaba a penas unos días trabajando, sin embargo, para ella era importante subir de rango. Necesitaba el dinero, y como la cafetería era muy popular en la zona ganaba bien. Además, estaba el beneficio extra de hacer felices a sus clientes. Cada una de las bebidas en la cafetería era especial. Capaz de cumplir con una sola tarea, según la clase de bebida.

-¿Cómo va el trabajo El? -le preguntó su único compañero de trabajo y gerente de la cafetería, Rekker.

El señor Rumbus era muy cuidadoso en elegir el personal para la cafetería. Las pociones que preparaba no eran un juego, oh no. Si algo salía mal, si se añadía aunque fuera una pizca extra de algún extracto, los efectos de la bebida cambiarían completamente. Por éso era que sólo tenía dos trabajadores, y una sucursal. Facilitaba el trabajo.

Rekker era un fauno con un esponjado cabello castaño en forma de afro. Cuando Elodie lo conoció se preguntó si Rekker ocultaba cosas entre sus rizos oscuros. Ella estaba segura de que al menos tres peines debían seguir allí atascados. Él, a diferencia de Elodie, llevaba prácticamente tres años trabajando en la cafetería. Era una leyenda en la onceava avenida; ningún empleado duraba tanto tiempo trabajando.

El predecesor de Elodie, un trastolillo de nombre Frehk, a penas y duró una semana. Resultó que le encantaba cambiar los pedidos. Alguien que llegaba ordenando un late regular para un cutis terso, terminaba recibiendo un café para hacer crecer el cabello. Pero ninguno había sido peor que Juebk. O éso le había contado Rekker a Elodie.

-¿Qué hizo Juebk? -quiso saber ella.

Pero Rekker se mostró reacio a hablar del tema. Su mirada se puso intensa y evadía el tema cada que Elodie insistía en saber qué había hecho Juebk.

-Fueron épocas oscuras para la cafetería -fue lo único que dijo Rekker.

Siempre estaba bromeando pero en ése momento, vaya que hablaba enserio.

-Vendí varios espressos de Suerte y los frappuccinos del Alma Gemela también se están vendiendo bastante bien. ¡Oh! Y parece que los chocolates para la Memoria se están volviendo populares -le dijo Elodie a Rekker, para ponerlo al tanto, y levantando ambos pulgares.

-Excelente -sonrío su compañero. Limpió sus manos en el delantal verde que era parte de su uniforme.

Se escuchó una campanilla en el local. Rekker corrió a atender el autoservicio, donde una bruja esperaba, montada en su escoba. Elodie se había quedado sola el mostrador. Veía a los clientes hablar entre sí. Algunos sentados en los cómodos sillones de imitación de piel de dragón, y otros más distribuidos por las mesas altas de cristal. Todos lucían contentos, y bastante satisfechos. Echó un vistazo también al área de Menor Estatura. Hadas y Duendecillos bebían sus respectivas pociones sentados en las versiones miniatura de los muebles en la cafetería.

Elodie se preguntó cómo sería obtener lo que deseas con sólo unos tragos. Claro que existían políticas que limitaban y restrigían el consumo de las bebidas mágicas. En realidad ella nunca había probado alguna de las bebidas que vendía. Creía fervientemente en que "no hay atajos para conseguir lo que en verdad deseas"... De hecho era una creencia de elfos muy popular. Por éso era la raza que menos frecuentaba el establecimiento. Ellos y los...

-Ejem.

La elfo levantó la vista hacia el cliente molesto frente a ella. Parecía tener mucho tiempo esperando. Elodie se ruborizó, avergonzada. Lo que menos quería era hacer esperar a un cliente mientras soñaba despierta.

El chico frente a ella no era nada usual. El aura que desprendía era... distinto. Algunos clientes también lo habían notado, y lo miraban con recelo. A la cafetería entraban ogros, trolls, gnomos e incluso orcos y goblins. Nadie se incomodaba con la presencia de otro, aunque fuesen enemigos naturales. Pero él...

Era curioso, Elodie justo estaba pensando en los de su raza. Eran inestables, fáciles de hacer enojar, solitarios y, por sobre todo, odiaban las cosas mágicas.

Él era un Teriantropo.

Elodie no estaba segura de qué clase. Vestía ropa negra. Una chaqueta de cuero, pantalones de mezclilla y unas botas de cazador. ¿Acaso era un carnívoro? ... o al menos ¿Se convertía en uno? Elodie se centró en sus facciones. Llevaba el cabello negro y lacio algo largo, con mechones cayendo en su frente, sin llegar a tocar la punta de su nariz. Y bajo ésa mata salvaje... había unos ojos verde claro afilados como puñaladas; peligrosos, letales, -y contrastando con todo éso- brillantes. Emitían un brillo travieso y propio, capaces de jugar con la oscuridad. Todo él podía fundirse con la noche, menos sus ojos. Elodie en verdad quería descifrar en qué clase de depredador nocturno se transformaba ése inquietante joven.

-¿Vas a tomar mi orden o...? -gruñó el chico y la miró de una forma que la incomodó y tuvo que apartar la mirada de sus ojos. La voz del muchacho era grave y masculina.

-Por supuesto... -murmuró Elodie, aún con las cejas enarcadas, intentando descifrar el enigma frente a ella.

Muchas veces, se podía conocer mucho de una persona con saber lo que ordenaba. Revelaba sus inseguridades, sus angustias. La elfo se preguntó qué clase de bebida pediría.

<<-Quizá busque un té para encontrar el Amor -se planteó. Muchos pedían ése té-. Nah, no luce muy romántico, es más del tipo "rebelde sin causa". Quizá tiene un examen y olvidó estudiar. ¿Una soda para la concentración, tal vez? >>.

-¿Y bien? -Elodie parpadeó para volver a la realidad-. ¿Me darás mi orden o no?

<<-Aiñ, a éste le falta un cafecito para los buenos modales...>>

-Claro... -dijo la chica, para luego sonreír con inocencia- ¿Cuál fue su orden, de nuevo?

El cliente rodó los ojos, impaciente.

-Un café.

Elodie tecleo en la computadora para buscar el producto. Obtuvo varias coincidencias en forma de lista.

-Okay... ¿Puedes ser más específico?

-Sólo un café.

Los ojos de Elodie se abrieron de par en par. Sus iris azul cobalto casi se perdieron en lo blanco de sus pupilas.

-¿Perdón? -murmuró la elfo-. ¿Un café... sólo?

-Sí, sólo un café.

Elodie entornó los ojos y miró al Teriantropo a través de las rendijas.

-Puedes ordenar cafés de todo tipo. Uno para atraer el dinero, la fama alejar las "malas vibras"...

-Lo sé. Quiero sólo un café simple.

-De acuerdo -murmuró Elodie, no muy segura, tecleando "café sencillo" en la computadora.

El chico le pagó y ella le pidió que esperara un momento. Ni siquiera sabía si había granos de café comunes en la bodega. En el camino se encontró a Rekker, quien simplemente la miró confundido, aunque no hizo preguntas.

Los estantes de la bodega eran mágicos, por lo que bastaba con mencionar en voz alta el producto que se buscaba y éste descendía con un brillo mágico. Éso resultaba muy conveniente. La bodega era más grande que el estómago de un dragón. Elodie preparó con rapidez el café simple del chico. Luego, tomó un plumón azul del escritorio.

-¿A qué nombre va a ser? -le preguntó la chica.

-Thayer.

Elodie escribió el nombre en el vaso de cartón, para enseguida entregárselo a Thayer.

-Aquí tienes. Espero que tus deseos se cumplan.

Ella le sonrió, él no.

Lo vió salir de la cafetería, aún extrañada.

Los mese pasaron comí un soplo. Thayer había regresado a la cafetería, al menos una vez por semana. Y siempre pedía su café simple. Cada que Elodie lo atendía trataba de sacar una conversación, aunque... él no era muy hablador. Ella estaba casi segura de que Thayer se transformaba en una pantera. Su cabello oscuro y el tono de sus ojos lo delataban. Aunque... también podía ser un gato...

En un día de invierno, mientras ayudaba a Rekker a cerrar el local, a Elodie se le ocurrió una idea que dió como "la mejor que había tenido en siglos".

-¿Qué tal si le ofreciera a Thayer una bebida de la Felicidad?

Rekker retiró las llaves de la cerradura y las guardó en uno de los bolsillos de su chaqueta. Se volvió hacia su compañera, con las rizadas cejas enarcadas.

-¿Quién es Thayer?... ¿Es el sujeto "Dark" al que le haces ojitos? -Rekker batió sus largas y bobinas pestañas, según él imitando a Elodie.

La elfo frunció el ceño, molesta. Las características marcas luminosas y blancas en sus mejillas se tornaron rojas.

-¡Yo no hago éso!

Rekker lanzó una carcajada.

-De acuerdo, ya. ¿Y por qué quieres darle ésa "bebida de la felicidad"?

Elodie apoyó su espalda en el cristal frontal de la cafetería.

-Bueno... parece un sujeto muy solitario y... triste...

Las marcas en sus mejillas se tornaron azules. Recordó a su familia, que eran elfos campesinos. El dinero que había juntado todos esos meses de trabajo eran para pagar su universidad, aunque también quería destinar parte de él para visitarlos. Se sentía sola estando en ésa inmensa ciudad. Tal vez por éso, en el fondo, le importaba ver aunque sea una vez feliz a Thayer. Debía sentirse igual que ella.

-Oye, El -la chica se volvió hacia su amigo fauno-. Sabes que está prohibido interferir con los pedidos de los clientes. Además de que no existe tal cosa como la "bebida de la felicidad"...

-¿¡Que no existe!?

Rekker juntó las cejas, preguntándose su Elodie hablaba enserio.

-¿La has visto en el menú?

La elfo hundió la barbilla en su abrigo invernal.

-No. Sólo pensé que estaba descontinuada o que la vendían por temporadas.

-¡Ja! -río Rekker-. Si existiera ésa cosa todo el mundo la bebería.

Elodie se reincorporó, con una nueva idea tomando forma.

-Si no existe...

-Ay, no... -murmuró Rekker, lamentándose de lo que seguramente estaba por iniciar.

-... voy a tener que crearla.

🍷🍰🍹🍵☕

Elodie había realizado una investigación exhaustiva sobre los elementos que hacían feliz a una persona. No había dormido en toda la noche, y de hecho lucía como una vampira. Las venas de sus ojos estaban ligeramente hinchadas y tenía sombras bajo los párpados. Ni siquiera se había peinado. Su cabello platinado salía disparado como una selva salvaje sobre sus hombros. Cuando Rekker llegó y la encontró sentada en una de las mesas creyó que todos los focos estaban fundidos, menos uno, el que estaba sobre ella.

El cabello de los elfos no era tan brillante como una fogata. Emitía una leve luminosidad, que no molestaba más que a los seres que habitaban bajo tierra. A ellos la menor luz les irritaba.

Rekker tomó asiento frente a Elodie. Había papeles regados por toda la mesa. Uno de ellos tenía la representación de cómo Elodie creía que luciría "el frappuccino de la felicidad". El dibujo lucía más colorido que vómito de unicornio.

-Vaya, así que... enserio lo vas a hacer... -murmuró Rekker, asombrado-. Pero si el señor Rumbus pregunta... no es por nada pero le voy a decir que yo no estuve implicado.

-Grochero -dijo Elodie, juntando las cejas.

-¿Qué? Quiero mantener mi trabajo. Ya voy para otro récord... Y... ¿Sabes ya cómo lo harás?

-¡Sí! Resulta que a hay tres cosas que, de por sí, separadas hacen feliz a la gente... ¡Imagínate juntas!

Elodie le mostró a Rekker una gráfica.

-Salud, Dinero y Amor -leyó el fauno-. Te seré honesto. Ésto no me huele bien.

-¡Tú ten fé en el "Poder de Elodie"!

Antes de que llegara el momento de abrir, Elodie preparó el Frappuccino, combinando bebidas que ya existían. Rekker le prestó un cepillo -que, efectivamente guardaba en su cabello- para que ella pudiese peinarse. Licúo los ingredientes y después sirvió un poco en un vaso pequeño para muestras. Después, ambos fueron al mostrador a esperar a que Thayer llegara a pedir su café simple.

-Pues... no se vé como en tu dibujo -reconoció Rekker, que quería estar al tanto de cómo resultarían las cosas.

El frappuccino no había quedado "arcoiris", como creía Elodie. De hecho lucía para nada apetitoso. Era color café verdoso y se veía demasiado espeso. En definitiva, no lucía como "la felicidad en un vaso".

Thayer llegó después de unos minutos. Era el primer cliente del día y lucía igual de deprimido que siempre.

-¡Hola Thayer! -saludó Elodie, sonriente-. ¿Qué tal una muestra gratis de nuestro nuevo frappuccino?

-No, gracias. Sólo lo de siempre -rechazó Thayer, molesto.

-¿Qué? ¿Quién rechaza algo gratis?

Rekker sacudió la cabeza, de acuerdo con Elodie. Thayer rodó los ojos.

-Bien.

El Teliantropo le dió a penas un trago al frappuccino. Su cuerpo se negaba a aceptar más. El sabor era horrible.

-

Y bien. ¿Cómo te sientes? -quiso saber Elodie, mostrando una auténtica sonrisa de esperanza. Incluso su cabello y las marcas en sus mejillas lucían más luminosos.

-Decepcionado. Es enserio, no vendan ésto. Es asqueroso

-¿Qué? -le arrebató el vaso a Thayer y lo bebió todo de un trago.

Él tenía razón. Tenía un sabor amargo y asqueroso. Y además de las ganas de vomitar, no sentía alguna otra emoción. Sus orejas elficas bajaron. Se sentía triste, pero mucho más, decepcionada de sí misma.

-Yooo... iré a preparar tu café -dijo Rekker, dejando solos a Elodie y Thayer.

El Teliantropo se sintió mal por ver tan desanimada a la elfo. Ella siempre había sido amable con él, y la sonrisa que siempre iluminaba su rostro ahora era marchita e inexistente. Sin embargo, a Thayer nunca se le habían dado bien las palabras. Cuando estaba por decirle algo a Elodie, el fauno gerente volvió con su café. Las palabras se le habían ido, no le quedó más que alejarse al ultimo sillón, a beber su café.

Era la primera vez que Thayer se quedaba en el restaurante. No sabía bien qué era lo que lo ató al lugar. ¿Un hechizo? ¿El frappuccino había funcionado pero no de la forma que Elodie creía, encadenándolo por la eternidad al café? Thayer no tenía idea, pero agradeció tener un sitio para trabajar. Llevaba con él una mochila, con libretas que distribuyó ordenadamente sobre la mesita de centro.

Mientras tanto, Elodie aún se preguntaba por qué era que su bebida no había funcionado. Seguía con la barbilla apoyada en el mostrador.

-¿Qué salió mal...? -le preguntó a Rekker.

El fauno no era el mejor consolando a las personas. Hizo un esfuerzo, colocando su mano en el hombro de la elfo. No le gustaba ver a su amiga tan decaída.

-El, las cosas que hacen feliz a alguien no son iguales para todo el mundo -le dijo Rekker-. Por ejemplo, a ti te gusta molestar a los clientes.

La chica frunció el ceño. Era claro que el fauno bromeaba, -como siempre- lanzó una carcajada corta.

-Supongo que por éso el señor Rumbus nunca ha creado una "bebida de la felicidad".

Elodie y Rekker siguieron atendiendo clientes como de costumbre. En épocas heladas, como aquella, la cafetería se llenaba de gente. Todos querían calentarse, excepto las criaturas de sangre fría, que pedían frappuccinos y bebidas heladas a montones.

-Ay, no sé qué pedir... -murmuró un duende joven con apariencia de ricachón.

-Pide el té de Dinero -le dijo su amigo, de la misma especie-. A mí me ayudó a comprar mi auto de... ¿A que no adivinas cuántos unicornios de fuerza?

-¿Tu auto tiene unicornios de fuerza? El mío usa Hypogrifos.

Elodie normalmente hubiese tratado de entrar a la conversación y sugerirles qué pedir, pero no ése día. No se sentía con muchos ánimos. Sólo escuchaba que los clientes hablaban cosas sin sentido, mientras recargaba su cabeza en una mano. Ése había sido el día más largo para ella y agradeció profundamente cuando Rekker se le acercó.

-El, ya es hora de cerrar, ¿Puedes decirle al chico deprimente?

La chica miró hacia el único sillón ocupado. ¿Thayer seguía estudiando allí?

-Ah, seguro... -accedió Elodie, sin muchos ánimos.

Se acercó hasta allá. Thayer no la miró. Parecía muy ocupado dibujando algo en un grueso block. Lo veía hacer trazos finos y elegantes.

-Lo siento, pero ya es hora de cerrar -le dijo Elodie, y por un momento se sintió mal por interrumpir su perfecta concentración.

Thayer levantó sus salvajes ojos verdes del papel.

-Eh, seguro.

A Elodie le llamó la atención unos planos que yacían sobre la mesa. Era un diseño precioso de unas vías de tren. A un lado de éste había otro plano más, con el recorrido que tomaría el tren.

-¿Estás estudiando ingeniería mágica?

Thayer arqueó sus gruesas cejas oscuras. Elodie se sonrojó al notar que se había sentado en el sillón individual, frente a él, sin pedir permiso. Se puso de pie, como un resorte.

-Lo siento...

-Está bien, no me molesta -le aseguró Thayer, enseguida.

Elodie volvió a tomar asiento, con una pequeña sonrisa asomada en su rostro. Incluso había olvidado lo que Rekker le había pedido que hiciera.

-Se supone que es un proyecto de un tren que conectará las comunidades más alejadas con la ciudad -explicó Thayer. Su boca se curvó hacia abajo-. Muchos creen que es algo tonto...

-¿De qué hablas? -exclamó Elodie, emocionada-. ¡Es asombroso! Ayudarías a miles de personas. Los Ents y ninfas que viven en bosques lejanos... elfos campesinos que no pueden pagar un pasaje para venir...

Thayer contempló con asombro como los ojos de Elodie se iluminaban cuantos más beneficios enumeraba. Las comisuras de los labios del pelinegro temblaron un poco por lo que no llegó a ser una sonrisa.

Rekker estaba por acercarse a intervenir. Miró el reloj en la pared, era tarde. Pero después contempló a la pareja que mantenía una conversación animada. Elodie era la que más hablaba, aunque Thayer comentaba de vez en cuando. El fauno sonrió al ver feliz a su amiga.

<<-Creo que tú tendrás que cerrar>>, pensó, mientras dejaba las llaves en el mostrador y abandonaba la cafetería.

-Eres una gran persona -le dijo Elodie a Thayer, con sinceridad. Esbozó una sonrisa auténtica.

Thayer también sonrío.

No lo sabían, pero... ambos habían encontrado su propia "bebida de la felicidad".

Fin.

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