Caricias

La necesitaba. Eso de tener presa su cintura entre sus manos lo estaba volviendo cada vez más y más loco. Además, la voluptuosa figura de la pelinegra era muy deseable a sus ojos, bueno; a sus ojos y a los de cualquiera.

¿Qué era ese sentimiento? ¿Obsesión, tal vez egoísmo?

No lo sabía, no estaba seguro, pero mientras sus manos se colaban en su camisa y la joven suspiraba en su oído le dejaba de importar ese creciente sentimiento en su pecho.

El peliplata besaba y lamía su cuello dejando leves marcas, así el idiota de su novio se enteraría de que ella es suya y solo suya. Mientras, Kagome acariciaba con lentitud sus brazos cosas que le estaba gustando demasiado.

- Inuyasha-kun... tengo que irme.

El nombrado la miro a los ojos para luego acercarse a sus labios.

- Quédate. Aunque solo sea hoy...

Ella se sonrojo y aparto la vista mientras él volvía a bajar su boca, esta vez al nacimiento de sus grandes pechos, robando suspiros a la chica.

Siguió besando mientras los suspiros de ambos se mezclaban, mientras Kagome acariciaba su espalda y dejaba leves besos en su cabeza.

- No puedo, debo irme...- gimió

- No quieres irte

Inuyasha estaba seguro, ella no tenía ni idea de como complacer a un hombre, pero él mismo sería el que la hiciera disfrutar y gemir de placer, solo él.

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