v e i n t i d o s i i

Una semana después, Jungkook ya se había instalado en el departamento, y realmente me emocionaba saber que aceptaba mi oferta de vivir allí hasta que encuentre un lugar donde parezca digno de vivir. Ahora mismo, me conformaba con que tenga un techo por un tiempo indefinido.

Creí que me molestaría, pues obviamente ese departamento no era un pent-house como él deseaba, pero nuestro presupuesto apenas alcanzaba para mantenernos a los cuatro con salud y bien alimentados. Ahora me alegra saber que con mi reciente trabajo puedo aportar un granito de arena a mi familia, por más pequeño que sea.

Sorprendentemente, estuvo más callado de lo normal cuando le mostré el departamento. En el fondo temía que Jungkook esté pasando por algún momento crítico, es decir, siento que él se está guardando muchas cosas por miedo a que la gente se burle de él, de que lo rechacen. Me hacía sentir un poco atosigada con respecto a ese tema, sus padres y el estaban distanciados, una persona anónima lo persigue y amenaza, ¿qué otra cosa puedo esperar? Me da miedo por lo que pueda llegar a pasar por su mente.

Le aconseje que duerma en la habitación que se suponía que iba a ser mi cuarto, pues la de tae estaba equipada con todas sus cosas, creí que sería más cómodo para él decorar su habitación según su gusto. El lugar estaba preparado desde hace mucho tiempo, pues se suponía que íbamos a estudiar ahí... simplemente le hacía algo de limpieza.

Ahora mismo, Jimin y yo esperábamos a que Jungkook nos habrá la puerta. No le habíamos avisado que vendríamos a molestarlo un rato, pero ambos estábamos muy ansiosos por ver cómo había quedado el lugar. Qué más da, un poco de buena compañía le podría hacer bien a su corazón hecho de piedra.

— ¡Sorpresa! — exclamamos al unísono con júbilo.

Gruñó con molestia y trato de cerrarnos la puerta frente a nuestras narices; Jimin fue más rápido y logró evitar que se cierre interponiendo su pie en la entrada.

— Wow, ¿esa es la forma en la que vas a recibir a tus invitados especiales? — su amigo fingió sentirse afectado, sin embargo no pudo evitar sonreír, y sin más, clavo uno de sus deditos chiquitos en el abdomen de Jungkook para que se corriera de la entrada, dejándonos la vía libre.

— ¡Traje un poco de pollo frito! — le enseñe la bolsa con una gran sonrisa instalada en mi rostro.

— ¿Acaso los invite a cenar? Si fue así, díganme cuando, donde y como; solo de esa forma podré echarlos de mi puto departamento ahora mismo. — se quejó enojado, cerrando la puerta detrás de él y apoyándose sobre ella con los brazos cruzados.

— ¿Tu departamento? — cuestione con incredulidad. El azabache solo se dignó a matarme con sus orbes oscuros. Vaya genio el suyo...

— Yah, Jungkook, ven a cenar con nosotros y déjate de estar tan serio. Vamos a festejar que ahora tienes lugar donde estar, y que por fin ya no estas vagueando en mi casa. — Jimin no paraba de sonreír eso parecía causarle más enojo al azabache.

— Por Dios, dejen las chácharas para más tarde. Este pollo frito me está partiendo el estómago de lo deliciosa que huelen. ¡Tengo mucha hambre! — sentencié. Obtuve el apoyo de Jimin inmediatamente, hasta que luego Jungkook reconoció que no iba a ser muy sencillo quitarnos de aquí. Además, estoy segura de que también se dejó seducir por el delicioso olor del pollo, ¡es exquisito! ¿Quién sería el idiota que se resistiría al pollo frito? Por dios, eso es imposible.

Jungkook se notaba un poco menos enojado ahora que se hallaba comiendo. Jimin, que estaba sentado jun to a él, disfrutaba de hacerlo molestar, no miento que se estaba ganando la rifa de un buen puñetazo de parte del azabache.

Mientras los dos masculinos hacían pequeñas guerrillas, yo me dedique a observar el lugar. No había muchas cosas nuevas a decir verdad, simplemente algunos muebles y decoraciones que de seguro estaban en su habitación o que con suerte había podido comprar con el dinero que ganaba en las carreras. De todas formas, el lugar se veía cuidado, limpio y prolijo, era agradable, y más considerando que se trataba de Jungkook de quien estábamos hablando.

— ¿Ya saben quién fue?

— Aun no. Apenas han hablado con la policía.

Aquellas oraciones lograron que mi atención se ancle únicamente en los dos chicos en frente mío.

— ¿De qué hablan? — cuestioné, frunciendo el ceño, obviamente confundida.

— Los padres de Jungkook hablaron con la policía. Quieren encontrar al culpable del accidente y demandarlo. — Explico Jimin, mientras que el otro simplemente seguía devorando otro trozo de pollo.

— Eso es una buena señal. ¿Verdad? No solo se encargaran del culpable, sino que esto también significa que tus padres se preocuparon mucho por ti. — apreté los labios en una sonrisa. Quizás la tensa charla, o discusión, con los padres de Jungkook había logrado hacerle ablandar un poco el corazón. Me gustaría poder confirmarlo.

— Viniendo de mi padre lo dudo, más bien creo que mi madre se está encargando de todo esto. Estoy seguro de que a mi padre no le hubiese importado una mierda que me hubiera muerto ese accidente. — algo en mi pecho se quebró al verlo pronunciar aquello con toda la seguridad y honestidad del mundo, como si ya estuviese acostumbrado a sentir que su padre lo odia verdaderamente y que no le importa un comino su jodida existencia.

— El otro día tu padre y yo discutimos. — confesé.

— ¿Qué? — Jimin abrió los ojos de par en par.

— No me sorprendería que te haya mandado a la mierda. Ese cabrón no puede controlar su ira... — comentó, dejando de comer de repente. Se recostó sobre él respaldar sobre la silla, y cruzó sus brazos sobre su ancho pecho. Me observaba serio, pero esa mirada tenía una pizca de curiosidad. — ¿Qué le has dicho? — preguntó serio, muy serio, demasiado diría yo. Por alguna razón sentí que no debía meterme en sus asuntos, que no tendría que haberle contado esto, pero soy una maldita bocaza, necesito inmediatamente un bozal para evitar serlo, demonios...

— Pues, tu madre me pidió tu informe esa madrugada, así que simplemente se lo di. No contaba que tu padre está allí, es decir, suponía que no le importaba para nada el que tú hayas ingresado a urgencias esa noche. Estábamos muy preocupados por ti, Jungkook... — confesé observándolo consternada, y su amigo a su costado asistió compartiendo mi pensamiento.

— Prosigue... — su voz sonaba extraña.

— Pues, al terminar de contar tu informe, simplemente empezó a... insultarte. — estiré la comisura de mi labio, haciendo una mueca de abatimiento.

— Y tú comenzaste a discutir con él porque...

— ¿No es obvio? Jungkook, te estaba insultando. Ese tipo, quien resulta ser tu padre, hablaba de ti como si fueses una porquería. No iba a permitir que siga hablando así de ti, por Dios, hice muchas cosas mal en el pasado que hoy me arrepiento, pero sigo siendo un humano sensible. ¿Creíste que dejaría que siga tratándote como una basura y hacer oídos sordos?

Jimin nos observaba perplejo. La situación ahora resultaba ser un poco tensa e incómoda. El de mejillas regordetas no articulaba ni una sola palabra, mientras que Jungkook parecía haberse quedado como una estatua. Me analizaba con su mirada penetrante a los ojos, pero en ellos había un brillo extraño, como si esa seriedad se hubiese matizado con un poco de sorpresa. No lo sé, era extraño de describir, incluso viniendo de parte de Jungkook.

Tomó una bocanada de aire: — No deberías haberlo hecho. Te hubieses ahorrado ese acto de "bondad" de tu parte. — enfatizó con ironía.

— Jungkook, no es bondad, es usar el sentido común. ¡La puta lógica! — ratifiqué en un exabrupto.

Inhalo con profundidad, se notaba que trataba de mantener la calma ante mi presencia. La vena de su cuello se hinchó al hacerlo.

— De todas formas, si no lo hubieras hecho, hubieses evitado que mi padre ahora te odie por tener ideas opositoras a las suyas. — objetó, y luego suspiró.

— Jungkook, ¿puedes ser un poco menos inmaduro? No me interesa que tu padre ahora me odie, simplemente ya no soportaba que te reconozca como un desperdicio, ¿entiendes? No le puedes caer bien a todo el mundo; además, te hice un favor a tu madre, a ti, incluso a mí.

— ¿A ti? — inquirió, enarcando su ceja y sonriendo incrédulo.

Rodé los ojos cuando note que me miraba incrédulo, inhalé fuertemente por mi nariz tratando de evitar llenarme de ira.

— Este bien... me voy a interponer aquí para que no sigan echando leña al fuego. — al parecer Jimin pronosticaba una pelea entre ambos, por lo que decidió tranquilizar el ambiente que cada vez se iba tornando más tenso. Carcajeó un par de veces, y rasco su nuca, dando indicios de nerviosismo. — Lo bueno de todo esto, es que si descubren quien fue el cabrón que te accidentó, podríamos interrogarlo para quitarle información sobre estas personas que te están atacando.

Ambos observamos a Jimin con atención, y luego de unos segundos en los que el ambiente se tornó algo extraño y oscuro, Jungkook y yo chocamos nuestras miradas. Sentí como si quisiera decirme algo pero no se atrevía a soltarlo, me sentía preocupada, una pequeña aureola de miedo me recorrió todo el sistema nervioso al recordar que había alguien detrás de Jungkook con intenciones mezquinas.

— Preferiría que ustedes no se metan en esto... — farfulló serio, mientras que con una de sus manos alborotaba los mechones de su cabello. — Esto no es una simple broma.

— ¿Estás loco? No pienso dejarte solo con unos tipos que apenas conoces lo que pueden llegarte a hacer. — se opositó Jimin exaltado.

— Jimin, por más de que seas mayor que yo no significa que tengas más poder que esos cabrones. Además, joder, ¡le tienes miedo hasta a las mariposas! No creas que te permitiré meterte en esta mierda. — sentencio con autoridad.

Su compañero quería refutar algo con respecto a lo que había mencionado, pero se sintió completamente avergonzado al reconocer que lo que había dicho era cierto. Que patético...

El pelinegro clavó su mirada en mi rostro, el cual se encontraba esperando algún ataque de parte de él. Simplemente lo observe con incredulidad y obviedad.

— Y tú estás completamente desquiciada si piensas que voy a permitirte ayudarme en esto... — carcajeó sin gracia, totalmente irónico.

Antes de contestas, solté una pequeña risita nasal, y luego me acerque más a él apoyando mis codos sobre la mesa, y clave mi mirada en sus ojos, como si eso ayudara a entender lo que estaba a punto de mencionar. — Tal vez este desquiciada. Pero créeme, puedo asegurar que ambos sabemos que yo voy a hacer lo que se me plazca y parezca correcto.

Tomó una bocanada de aire profunda, e imito mi acción, recargando sus codos sobre la mesa, y sus orbes se encargaron de penetrarme lentamente, e intentaron hacerme sentir cohibida, sin embargo no fue así; eleve mi mentón y lo observe desafiante.

— ¿Qué te hace creer que mis palabras no son correctas? — ladeó el rostro, esbozando una diminuta sonrisa burlona.

— ¿Qué te hace creer que lo son? — contraataqué.

Su mirada se postro en la mía sin miedo ni descaro, parecía que mis palabras lo habían dejado sin habla, y eso lo hizo enfurecer demasiado, porque a pesar de que se hallaba en un gratificante estado de mutismo, su ceño fruncido y su mandíbula fuertemente apretada era la forma en la exteriorizaba su furia hacia mi persona. Quise reírme en su cara cuando su lengua se estampo dentro de su mejilla, pero decidí prevenirlo mordiendo levemente mi labio. Exhaló fuertemente por la nariz, tal como lo hacía un toro enfurecido.

— Me ponen incómodo, chicos...

— Deberías meterte en tus asuntos. — gruñó en frente mío, totalmente dominado por la seriedad y terquedad.

— A partir de ahora eres asunto mío también... — sentencie con seguridad.

— No quiero ser el asunto de nadie.

— Qué lástima. — canturreé sarcásticamente, arrugue mi nariz mofándome de él.

Otra vez se quedó paralizado observándome, como si estuviesen sorprendido por mi insistencia y obstinación. Maldijo por lo bajo, y nuevamente se recostó sobre la silla, masajeando su sien sin cuidado. Quizás, asumiendo que por más que lo intentara con tenacidad, él no iba a hacer que cambie de parecer. Y, según mi punto de vista, es muy bueno.

— ¿Acaso están al tanto de lo que son estos tipos? — nuevamente se cruzó de brazos, nos miraba hastiado, creo que realmente lo había cansado de tanto insistirle. Pero yo sé que luego me lo agradecerá... creo. — Esos cabrones juegan sucio, ¿acaso no lo comprenden?

— Reconociendo que tuvieron que drogarte para golpearte, y que te atropellaron estando embriagado, pues, si... no me caben dudas que son unos hijos de puta. — dije.

— Claramente, además de que no tienen los suficientes cojones para enfrentarse a mí sin ninguna trampa de por medio.

De repente el sonido de la alarma de mi celular, interrumpiendo el extraño ambiente que se había formado.

— ¡Hora de tomar la pastilla de cianuro! — ­­exclamo Jungkook, fingiendo sentir jubilo de repente.

Creo que, claramente, no hacía falta mencionar que asesine al idiota con mi mirada endemoniada, mientras que el simplemente se mofaba de mi con su estúpida sonrisa burlona. Guiñó su ojo con escarnio.

— Sabes, eres una persona demasiado creativa... — apreté mis labios en una sonrisa sarcástica. — Para inventar tonterías.

— ¿A dónde vas? — cuestiono Jimin confundido.

— Tengo que trabajar. Si me disculpan, me retiraré. Fue agradable comer pollo esta noche... — respondí, poniéndome de pie.

— Normalmente las personas dicen: "¡Oh, fue agradable pasar el rato con ustedes, chicos!" — observé a Jungkook con clara obviedad sarcástica. Él sonreía con gracia mientras acariciaba su mentón.

— Normalmente suelo decirlo, hoy haré una pequeña excepción.

— Cuídate mucho, Miyeon. — Jimin sonrió, y se acercó a mí para alborotarme el cabello con una de sus pequeñas manitos. Obviamente me queje como una niña por arruinar mi cabello, pero cuando Jimin se retorció y se tomó el abdomen, observe extrañada la súbita acción. — C-Creo que deberé atender unos asuntos intestinales en el baño, lo siento.

— ¡¿Es en serio Jimin?! — se quejó Jungkook con molestia, observando como corría a su baño como si su intestino dependiera de ello.

— Suerte con eso... — carcajeé con humor. — Nos vemos, Jungkook...

Abrí la puerta del departamento dispuesta a irme de allí, pues necesitaba llegar temprano al hospital, hoy sería una larga noche. No obstante, escuché como el individuo se ponía de pie rápidamente gracias al chirrido que provoco el correr de la silla. Giré de inmediato cuando sentí su presencia detrás de mí.

Me sobresalte cuando note lo cerca que estaba. Acarreé mi vista hacia su mirada, y ahí fue cuando me percate lo alto que era Jungkook a comparación mía, si no lo conociera bien me daría miedo que me esté mirando tan seriamente, como lo estaba haciendo ahora mismo.

Cruce los brazos sobre mi pecho y alce una ceja, la paciencia se me estaba acabando paulatinamente. ¡Debía llegar al hospital! No puedo esperar toda la noche a que diga algo. Sin embargo, los niveles de curiosidad por saber que era lo que aprisionaba dentro de su boca incrementaban rápidamente.

— ¿Se te ofrece algo? — inquirí impaciente. Mi voz sono algo tajante.

Ladee la cabeza confundida al ver como Jungkook parecía sentirse nervioso e incómodo a la vez. Ya no podía sostener su dura mirada sobre la mía.

— No me gusta en deuda con las personas. — admitió mientras se dignaba a rascar su nuca con nerviosismo. Entorno sus ojos hacia mi pequeña presencia.

— ¿Lo dices por el departamento? No te preocupes... — hice un ademan con mi mano para que le restara importancia. — Tómalo como una oferta de paz entre ambos. — apreté mis labios en una sonrisa llena de honestidad.

— Entonces, gracias, supongo... por esto, por lo de mi padre, y todo lo restante. — su voz se fue tornando un poco ronca, la molestia se notaba en su rostro, y podía apostar a que se debía por el hecho de que estaba perdiendo su orgullo al agradecerme. De alguna forma, verlo tan nervioso y cohibido me hizo sentir un calor en el pecho, uno muy agradable. Y no era satisfacción, sino que era ternura...

Sonreí y respondí: — No hay de que, Jungkookie.




— Saeroyi, ¿deseas café?

— Si, por favor. Muchas gracias. — sonrió.

Eran un poco más de las tres de la madrugada y ya sentía que incluso es café más cargado de todos podría ser una infusión de todo somnífera para mí. A pesar de que si había gente que entraba y salía del hospital, sentía que hacía falta algo de adrenalina para despertar todos mis sentidos, pues el café no estaba siendo de mucha ayuda que digamos.

No obstante, hubo una sola cosa que produjo que mis sentidos se pusieron en alerta, pues no contaba con que la presencia de Yoongi se encontraría cerca de mí.

— Miyeon...

El muchacho comenzó a caminar hacia mi dirección a paso apresurado, una pequeña sonrisa decoraba sus labios.

Desde aquella noche en que simplemente empezó a actuar extraño y no proporcionaba palabra, simplemente no lo vi más, Ni siquiera se me había ocurrido por la cabeza en escribirle para ver cómo se encontraban, pero con la situación ocurrida con Jungkook me había hecho olvidar completamente de hacerlo.

— ¿Yoongi? ¿Estás bien? — cuestioné con inquietud.

— Si, te estaba buscando... — fruncí el ceño confundida. — Quería disculparme por tratarte de esa forma la última vez que nos vimos. Me siento fatal, un completo idiota. Lo siento, Miyeon. — tragó saliva con dificultad, y metió las manos dentro de su campera de cuero. En sus ojos podía verse un brillo de honestidad y arrepentimiento que me hizo conmocionar.

— Está bien, no te preocupes. Debiste tener tus razones para hacerlo, lo entiendo. — apreté mis labios dejándolos en una línea recta, llevé con timidez una de mis manos hacia su hombro.

— Hubo problemas con mi padre, intento escapar de la cárcel, y amenazó a mi madre. — revelo entre serio y afligido. Me quede sin palabras, no sabía que responder a aquello, así que simplemente envolví entre mis brazos al chico en un abrazo reconfortante. — Lo importante es que ahora la seguridad de su celda es mayor y que mi madre se encuentra mejor.

— No tienes que contarme esto si no quieres. — hable a su oído.

— Quiero compensar lo del otro día, realmente me siento pésimo al pensar que quizá te hice pasar un mal rato. — me separé de él lentamente. — Quizás cenar, ver una película en la noche, ¿qué dices? — sonrió esperanzado, sus ojos brillaron con emoción por oír mi respuesta.

— Claro. — respondí de la misma forma. — ¿El viernes en mi casa? Tengo una gran colección de películas de terror... — mordí mi labio inferior con júbilo.

— Allí estaré entonces, princesa. — de repente, ambos conectamos las miradas por un unos momentos que se sintieron eternos. Sentí mis mejillas ruborizarse de la vergüenza. — Por cierto, ese traje te queda extraordinariamente increíble.

Observé mi uniforme que debía equipar que contaba de una remera y pantalón holgados de color celeste con un mandil largo e impecablemente blanco. Arrugue mi nariz con disconformidad.

— ¿Eso crees?

— Claro, doctora sexy. — súbitamente, el muchacho se inclinó hacia mi rostro y planto un beso fugaz sobre mis labios secos. Al separarse, guiño su ojo y simplemente se dio media vuelta para irse del hospital, dejándome completamente en blanco.



































Lamento tanto haberlos dejado tanto tiempo sin capitulos, pero no se dan una idea de lo mucho que tarde en escribir este. Ddecidi dividirlo por la mitad porque era mas largo que la biblia, asi que para que no se haga tan pesado. Espero que disfruten, que estuve toda la maldita noche adelantando esto como desgraciada y con los ojos que se me derretian de fijar tanto la vista en la computadora. aSI QUE COMENTEN MUCHO, QUE ME ENCANTA LEER SUS COMENTARIOS.

Voten y comenteeen~

Gracias<3

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