🦋Capítulo 8🦋
Chloé vio a la Dupain-Cheng salir de la Torre Mágica, lo que se le hizo sumamente extraño, pues se supone que ella debía venir junto al Gran Maestro Su-Han, a quien debería conocer en un par de días más, ¿O es que acaso ya lo conoció? Sinceramente, le daba igual, el que se conocieran no era de su incumbencia, tenía cosas más importantes de la que estar atenta.
Cómo por ejemplo, Nooroo, que no paraba de comer bombones y helado, tenía que preguntarle al Hebrim si estaba bien que él comiera tanto dulce, ya que sabía muy bien que los Kwamis podían llegar a enfermarse.
Sin que la Bourgeois fuera consiente, alguien la observaba desde detrás de un árbol, aquella persona se fue al ver a la joven dirigirse hacia la entrada de la edificación.
Ingreso a la Torre por una de las entradas laterales, misma que la llevaría directamente hasta la oficina del Mago, él había sido quien le dijo donde estaba aquella entrada para que no llegara tarde a sus horas del té, que solo consistían en ella viendo al Hebrim haciendo talismanes o algún brebaje medicinal, él los vendía, así que tenía ingresos estables (por no decir que estaba forrado en dinero).
Nooroo salió de su bolsillo cuando llegaron a la oficina de Arwin, él estaba distraído haciendo unos pergaminos de protección, de ataque y de movimiento (básicamente de teletransportación).
—Hola, Hebrim—
—¡Saludos, Gran Mago!— Dice Nooroo, que tras saludar al de cabello plateado, vuela hacia la mesa y empieza a engullir un pan, había comido antes (una caja entera de bombones y un tarro de helado de tres litros), pero seguía teniendo hambre.
Arwin asintió a modo de saludo y siguió haciendo los pergaminos, había recibido un pedido esa mañana y había estado por hacerlos cuando llegó Ladybug, su presencia le quitó minutos que pudo haber ocupado en su trabajo, no es como que le llevará mucho tiempo el hacer cada pergamino, los podía hacer en solo un minuto, pero su tiempo era valioso y no estaba para desperdiciarlo con molestias.
Los ojos azules ee la heredera brillaron al ver una mesa llena de bocadillos y distintos jugos frutales.
La Bourgeois se sentó en un sillón y se sirvió algo de jugo, este era de durazno, una de sus frutas favoritas, parecía que el Mago había recordado que le gustaba aquel brebaje frutal. Tomo la tasa de cristal y bebió un poco, saciando su sed.
—En el estante superior hay un frasco con caramelos sabor a cereza— Le dice al Kwami.
Sonriente, Nooroo vuela hacia donde el Mago le había dicho que había dulces.
—Uh... Hebrim, ¿Esta bien que coma tantas cosas azucaradas? Se que los Kwamis pueden enfermarse así que... ¿Él estará bien, cierto?—
—Nada le pasará, quizás pueda tener revuelto el estómago, pero nada más allá de eso—
Al acabar de decir aquello, se escucho el chasquido y Nooroo cayó congelado al suelo, el caramelo que estaba en sus pequeñas manos se rompió al impactar con el suelo.
—¡Nooroo!— La rubia se puso de pie y corrió hacia Kwami, tomándolo entre sus manos. —¡Nooroo! ¡Nooroo! ¡Reacciona!—
La rubia movió al Kwami, pero este se mantenía estático, ni siquiera se movían sus ojos, parecía un juguete, ¿Había algo mal con el Miraculous? Lo dudaba, había sido creado por el Hebrim y él era un excelente Mago.
—¿Por qué haces tanto escándalo? Si la mariposa llorona se atragantó, no es mi culpa— Pregunto el Mago, volteando para ver a la Bourgeois en pánico, tratando de hacer reaccionar al Kwami.
El Hebrim se acercó y se agachó junto a la Bourgeois, tomo al Kwami de entre sus manos y lo observó, alguien lo había paralizado a propósito. No le fue difícil hacer que el pequeño ser mágico se moviera, este inhaló profundamente y temblando voló hasta ocultarse en la melena de su portadora.
Se escucharon pasos, estos se iban acercando poco a poco hacia ellos.
Los ojos del Mago se volvieron tan gélidos como un glaciar, mientras se ponía de pie y miraba al intruso, que por sus extraños ropajes podía deducir que era algún miembro de la Orden de Guardianes, que por lo que sabía, habían vuelto debido a Ladybug.
Chloé sabía muy bien quien era, era Su-Han, el hombre que quiso quitarle la caja a Dupain-Cheng y le dijo que no era apta, pero que debido al guión no se la quitó y vio que "ella era apta".
Fue algo instintivo.
Quizás porque él era alguien poderoso.
La Bourgeois se puso de pie y se ocultó tras el Mago.
—Entrega el Miraculous de la Transmisión, la joya mágica no te pertenece— Dice el hombre, extendiendo la mano derecha. —El Kwami de la Transmisión tampoco debe ser dejado vagar libremente, porque es un peligro para los demás—
Arwin miro al hombre con molestia, ¿Quién se creía que era para pedirle a la Pequeña Gruñona que le diera el Miraculous? Fue él quien quen convirtió la baratija en una auténtica joya milagrosa y dejó que la rubia se lo quedará porque trataba a la Mariposa Llorona como a un tesoro, ¿Y ahora venía este don nadie a exigir que se le diera la joya? ¿Y también decía que el Kwami no debía ser libre?.
—El Miraculous no te pertenece, porque la joya mágica que tú buscas la tiene el pseudo villano de Hawk Moth, ¿Por qué no vas y se lo pides a él?—
—No te metas, está conversación no te concierne—
El Mago empezó a molestarse, aquel desgraciado le haría mostrar una parte de él que no quería dejar que la Bourgeois viera. —De hecho, pequeña mierda de caballo mal empaquetada, me concierne, porque he sido yo el que ha creado el Miraculous, ¿O tú podrido cerebro ha olvidado que el sello que contenía al Kwami del Control se rompió? Él se libero y usurpó la joya del Kwami de la Transmisión—
—¿Qué? ¿Tú lo... Creaste?... Eso quiere decir que tú...— El mayor retrocedió varios pasos, su máscara de serenidad se quebró momentáneamente.
Arwin se acercó, sus ojos brillaron con promesas de tortura y él, nunca prometía en vano.
—Me convertiré en tu peor pesadilla si la molestas a ella o al Kwami, y créeme, no descansaré hasta que haga que vivas en carne propia todos los maltratos que tuvo que vivir la mariposa— Chasqueo sus dedos y el hombre desapareció. Él se volteo sonriente hacia la Bourgeois y el Kwami. —Bien, Mariposa Llorona, ¿No ibas a comer caramelos? Si no los quieres, los echaré a la basura—
La Bourgeois regreso al hotel, en sus manos llevaba al menos uno 30 pergaminos, la mayoría de ellos eran de ataque.
El Hebrim se los había dado para que pudiera protegerse de Su-Han, aunque no era lo único, el Mago también había puesto un hechizo de protección en el Miraculous, por lo que si el Guardián intentaba quitárselo, acabaría electrocutado.
Dejo los pergaminos bajo su almohada y se sentó en la cama, desde el incidente con el Guardián, Nooroo había estado tembloroso y no paraba de llorar, diciendo que no quería alejarse de ella, que no quería estar encerrado se nuevo.
No hubo manera de que lo calmara, intento darle dulces, decirle que ella no dejaría que se lo llevarán, pero nada funcionó y como última instancia, probó cantar, no era la mejor (su voz estaba demasiado desafinada), pero la intención era lo que valía.
La única canción que podía recordar en este momento, y que pensaba que podría serle de utilidad era la de Dumbo, "Hijo del Corazón".
Solo esperaba que funcionará.
—Hijo del corazón
Deja ya de llorar
Junto a ti yo voy a estar
Y nunca más te han de hacer mal—
Se levantó se la cama, con el pequeño Kwami en brazos y empezó a mecerlo, como a un bebé, lo cual era, porque a pesar de los milenios que tenía en la tierra, jamás pudo vivir libremente, no al menos desde que el Gran Mago Antiguo lo puso dentro del Miraculous.
—Tus ojitos de luz
El llanto no ha de nublar
Ven, mi amor
Nadie nos ha de separar
Si te vieran como yo
Te darían su calor
Todo aquel que te hizo a ti llorar
Te tendría ahora entre sus brazos—
Se paseo por la habitación, tratando de calmar al Kwami mientras le cantaba.
—Hijo mío, mi amor
No me importa el sufrir
Como un sol, tú me das luz
Y das calor a mi vivir—
La Kamiko, que había creado la primera vez que utilizo el poder de Nooroo, volo alrededor de ella y se poso en su brazo, quizás era una manera en que la mariposa intentaba confortar al Kwami, mostrarle que estaba ahí, que había sido creado para el bien.
—Todo aquel que te hizo a ti llorar
Te tendría ahora entre sus brazos—
Acaricio la cabeza de Nooroo, que había dejado de llorar y ahora solo bostezaba.
—Hijo mío, mi amor
No me importa el sufrir
Como un sol, tú me das luz
Y das calor a mi vivir
Ven, mi amor—
Nooroo se quedó dormido.
Chloé puso al Kwami en la cama que le había comprado y lo cubrió con una manta. Ella le dio una última caricia en la cabeza y miro a la Kamiko.
—Tu y yo haremos algo...—
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