numéro onze

El repartidor de comida llegó 10 minutos después de que ambas llegaran al departamento de la menor. Cenaron acompañadas de una tranquila conversación acerca de su vida universitaria. Mientras que Jihyo había sido una estudiante callada, poco recordada por sus compañeros y con únicamente una amiga, que era Jeongyeon, Sana había sido prácticamente la estrella de su facultad, todo el mundo en la universidad la conocía y había conservado varios amigos con los que aún tenía comunicación y ni hablar del enorme número de admiradores y novios que había tenido.

Jihyo volvió a sentir aquella inseguridad de sentirse poca cosa para Sana.

—Vaya, sigo sin entender como te fijaste en mi siendo una don nadie— la pelinegra confesó aquello sin si quiera pensarlo.

—¿A qué te refieres?— preguntó desconcertada la menor, Jihyo se había arrepentido por completo de decir eso —¿Por qué dices eso de ti Ji? No eres una don nadie, eres increíble.

—E-es que no puedo evitar pensar en que puedes conseguirte alguien mucho mejor que yo, más social, c-con más experiencia...más atractiva— Jihyo bajó la mirada y picoteo la poca comida que seguía en su plato.

—Dios Jihyo, no digas eso— Sana tomó su mano y la acarició— Créeme que no hay nadie mejor que tú, yo soy la que se debería de sentir poca cosa teniendo a una hermosa persona como tú a mi lado.

Si tan solo te vieras con los mismos ojos con los que te veo yo.

Aquellas palabras y los pensamientos de Sana, derritieron el corazón de la coreana, un nudo se formó en su garganta, sabía que eso era una señal de que lloraría muy pronto y era lo que menos quería.

—P-perdon, no puedo evitar sentirme insegura— Jihyo sintió las primeras lágrimas caer— Eres la primera persona con la que tengo un acercamiento amoroso y estoy tan perdida y confundida...

—Trabajaremos en tus inseguridades Jih, yo también me siento perdida, eres la primera mujer por la que me siento atraída y no sé muy bien como avanzar con esto, pero si de algo estoy muy segura, es de que me gustas mucho, cada aspecto tuyo me fascina Jihyo, eres un ser humano precioso y valioso y si es necesario te lo recordare todos los días.

Jihyo no sabía que decir, solo se limitó a asentir mientras limpiaba sus lágrimas. Sana parecía un ángel caído del cielo.

La cena siguió transcurriendo entre conversaciones e intentos de Sana por alegrar a Jihyo, cosa que logró, pues con cada chiste que decía, la mayor soltaba una risa divertida.

—¿Esto cuenta como una segunda cita?— preguntó Sana mientras recogía los platos de la mesa.

—Oh...mhm no lo sé— Jihyo, que le estaba ayudando a limpiar la mesa, la miró— Tal vez sí— desvio la mirada avergonzada y tratando de ocultar su tímida sonrisa.

Sana dejo los platos en el lavavajillas con rapidez y se acercó a la mayor, abrazándola por detrás.

—Entonces tomaremos esta como nuestra segunda cita— la nipona susurró en su oído antes de dejar suaves besos en su cuello—¿Quieres ver una película? ¿O ya tienes que irte?

Que diga que si, que diga que si.

Jihyo escuchó y solto una pequeña risa, realmente no tenía que irse ya, solo llegaría a su departamento solitario donde probablemente terminaría tumbada en su cama viendo algun video de YouTube, prefería mil veces quedarse con Sana viendo una película y recibiendo mimos y caricias de su parte, en tan poco tiempo se había hecho un poco adicta a los cariños de la menor.

—No tengo prisa, podría quedarme un rato— Jihyo dijo mientras disfrutaba de los besos que recibía.

—Excelente, entonces elige la película en Netflix mientras yo lavo los platos— Sana se alejo del cuerpo de la pelinegra.

—¿No necesitas ayuda?— preguntó Jihyo

—No, tranquila, igual aprovecharé para preparar un té para ambas.

Jihyo solo asintió y fue hasta la sala de estar donde estaba su televisión. Se dedicó a buscar alguna película, por ratos volteaba a ver a la pelinegra que se encontraba tarareando una canción mientras lavaba.

Encontró una película y sonrió, era una de sus favoritas, "Call me by your name".

Sana llegó un minuto después con dos tazas en su mano.

—¿Ya encontraste una?— preguntó sentándose a su lado.

—Sip, ¿la has visto?— señaló el televisor.

—Solo he escuchado de ella, pero no había tenido la oportunidad de verla.

Jihyo asintió y apretó el botón para iniciar la película. Ambas se acurrucaron en el sillón y se dedicaron a mirar la película, a pesar de que ya la había visto unas tres veces, aún encontraba entretenido verla, al igual que ella, Sana se encontraba sumamente interesada por la película, podía escuchar sus pensamientos.

Por ratos Sana se dedicaba a acariciar su cabello, cosa que le encantaba a la mayor.

Cuando la película había terminado, Jihyo tenía varias lágrimas contenidas, sin embargo la menor no lo hacía, volteó a mirarlo y vio su rostro lleno de lágrimas.

—Demonios, no me veas así, que vergüenza— Sana comenzó a limpiar sus lágrimas.

—Yo estaba igual la primera vez que la vi, tranquila— Jihyo limpió las lágrimas de la nipona— ¿Entonces te gustó la película?

—Claro que sí— Sana respondió antes de acercarse a la mayor y besarla lentamente.

Jihyo correspondió al beso y se dejó llevar por ya la conocida sensación de tener los labios de Sana sobre los suyos. Cuando se había dado cuenta, ya se encontraba recostada sobre el sillón con Sana entre sus piernas y moviendo sus caderas, chocando sus centros. Ambas soltaban leves gemidos entre sus besos.

El sonido de un teléfono los saco de su burbuja. Sana soltó un quejido y se separó del cuerpo de la mayor, era su teléfono.

—Es mi hermana, dame un minuto— Sana fue hasta su habitación para atender la llamada.

Jihyo tomó su teléfono y miró la hora, era más de media noche, los taxis a esa hora serían sumamente caros.

La castaña llegó unos minutos después, sentándose a su lado.

—Ya es tarde— dijo Jihyo.

—Sip, lo ví cuando colgué la llamada, ¿Quieres que te llame un taxi? O... podrías quedarte esta noche.

Jihyo la miró y se sonrojo, sabía que quedarse con Sana podría significar muchas cosas, o podrían pasar una noche tranquila durmiendo o...

El cuerpo de Jihyo se movió por sí solo y asintió con su cabeza.

—Eh, sí, si no soy mucha molestia para ti.

—Para nada, tengo una habitación extra de invitados. Ven vamos, ¿Quieres bañarte antes de irte a dormir?

—Me encantaría, sí— Jihyo siguió a la menor, había sido un día agotador y necesitaba un baño caliente.

Entraron a la habitación de la menor y Jihyo quedo sin palabras, realmente su triste departamento no era nada comparado con el de Sana.

—Puedes bañarte en este baño y yo lo haré en el de la sala de estar. ¿Te parece?

—Claro— Jihyo asintió.

Sana le enseño el baño y salió de la habitación para darle más privacidad.

Jihyo comenzó a desvestirse ya dentro del baño y trago saliva con nervios, Sana en ningún momento había hecho una insinuación al invitarla a quedarse, pero sabía que estaba igual de nerviosa que ella, lo había escuchado en sus pensamientos.

Abrió la llave del agua caliente y comenzó a limpiar su cuerpo, inconscientemente su mano cubierta de jabón fue hasta su entrepierna. Le costaba admitirlo, pero desde lo que había pasado en su departamento con Sana, se había dedicado a investigar sobre las relaciones sexuales entre mujeres, habían muchos datos que tomar en cuenta y una de ellas es que el que tomara el papel de pasiva tenía que limpiarse muy bien. Ella asumió que tomaría ese papel, pues le atraia mucho la idea de ser penetrada por los dedos de Sana, mentiría si dijera que no fantaseaba con eso, parecía una pervertida total.

Termino de limpiarse algunos minutos después, cubierta con una bata de baño, salió algo penosa, tenía que pedirle algún pijama a Sana.

Se sentó en la cama, esperando que la menor entrara a la habitación. Cosa que hizo un par de minutos después.

—Oh, ya saliste. Déjame buscarte un pijama— dijo la menor acercándose al armario.

Jihyo asintió sin poder decir nada, la pelinegra se veía sumamente atractiva con el cabello mojado y su pijama suelto.

—Toma— Sana le acercó a Jihyo una playera holgada y unos shorts cómodos.

Jihyo se levantó de la cama para recibir sus prendas.

—Te ves muy linda con esa bata— Sana sonrió dulcemente.

—G-gracias— la mayor se sonrojo y tomó las prendas.

Se vería mucho mejor sin ella

Jihyo alcanzo a oírla, cosa que la puso mucho más nerviosa. Una parte de ella se encontraba sumamente asustada, pero por otro lado, claramente quería hacerlo, quería sentir las manos de la nipona por todo su cuerpo.

No supo de donde saco la valentía, pero cuando se dio cuenta ya había dejado la ropa sobre la cama y se había acercado a la castaña para besarla con necesidad.

Sana reacciono llevando sus manos a la cintura de Jihyo y acercando más sus cuerpos.

—Tal vez m-me vea más linda sin ella— habló la coreana separándose del beso y llevando una de las manos de Sana al nudo de la bata.

Sana no dijo nada, solo soltó un gruñido y Jihyo pudo escuchar los pensamientos obscenos que rondaban por su mente. Su mano se deshizo del nudo en cuestión de segundos, deshaciéndose de ella lentamente.

—Dios Jihyo, te ves hermosa— dijo recorriendo con sus manos los brazos y abdomen de la pelinegra, provocandole escalofríos.

—T-tocame más por favor— Jihyo se aferró al cuerpo de Sana, sintiendo la traviesa mano de este rozando su trasero.

—¿Estas segura de esto?— Sana preguntó apretando con entusiasmo la suave piel de su culo.

Jihyo solo asintió ansiosa antes de volver a besarla y enredar sus manos en su cuello.

Se vieron envueltas en una bruma de placer, en la que no sabían con exactitud lo que hacían, solo se dejaban llevar por su lujuria. Sana tumbó en la cama a la mayor para después despojarse de su camisa con rapidez al igual que la parte inferior de su pijama, quedando igual de desnuda que Jihyo.

Con manos temblorosas, la castaña tomó el seno derecho de Sana y comenzó a masajearlo en un vaivén lento, enloqueciendo a la nipona.

—Sí sigues haciendo eso no seré capaz de controlarme, Hyo— Sana hablo entrecortado.

—No te controles— susurró aumentando el ritmo de su mano.

Sus labios volvieron a encontrarse en un beso lleno de necesidad. Sin despegarse de Jihyo, Sana llevo su mano hasta la mesita de noche que había en su habitación y sacó un bote de lubricante. Se separó de los rojizos labios del mayor y abrió el pequeño tubo.

—Abre tus piernas, bonita — la menor repartió besos por todo su cuello.

Jihyo soltó un gemido e hizo lo que Sana le pidió, separó sus piernas, quedando expuesta ante la pelinegra.

Los dedos cubiertos de lubricante fueron hasta la entrada de Jihyo, tentando su agujero, analizando cada una de las expresiones que hacia la mayor, quería ser lo más cuidadosa posible con ella.

Adentro el primer dedo lentamente, permitiendo a Jihyo acostumbrarse a la sensación.

—Relájate, yo cuidare muy bien de ti— dijo Sana comenzando a mover su dedo dentro de la mayor.

Jihyo cerró los ojos intentando adaptarse, solto un gemido al sentir el segundo dedo de Sana en su interior. Era algo incomodo, pero al mismo tiempo el hecho de tener los dedos de la menor en su interior la excitaba de sobremanera.

Cuando el tercer dedo se integro y Jihyo estaba lo suficientemente estimulada, Sana comenzó a bombear lentamente.

—Aún puedo detenerme Jihyo— Sana acarició el rostro de la coreana— Solo tienes que decirme.

—N-no, no te detengas por favor— Jihyo suplicó llevando su mano hasta la mano de Sana, haciendo presión.

La menor la besó antes de comenzar, frotando su clítoris para masturbarla y distraerla del ardor que Jihyo estaba sintiendo en esos momentos.

Las penetraciones y el ritmo de la muñeca de la pelinegra iban lentas, al mismo tiempo que su mano libre se dedicaba a frotar el clítoris de la mayor, permitiendo que Jihyo se adaptara con más facilidad.

—¿P-puedes ir más rápido por favor?— Jihyo preguntó entre jadeos al sentir como los dedos de Sana se curvaban en su interior, tocando su punto G.

—Lo que digas preciosa— Sana aumento la velocidad de sus embestidas.

Jihyo solo pudo soltar gemidos graves y arquear su espalda, ni siquiera cuando se masturbaba sentía este tipo de placer. Su cuerpo estaba sobre estimulado, con los dedos de Sana rozando constantemente su punto y también con su clítoris siendo atendido por la menor, no aguantaría mucho más.

Estaba tan sumida en su placer que ni siquiera noto que los pensamientos de Sana ya no llegaban a su cabeza.

Unas cuantas embestidas más fueron suficientes para que Jihyo llegara a su orgasmo y se corriera entre los delgados dedos de Sana.

La nipona estaba maravillada al ver el hermoso rostro de la mayor al llegar a su extasis.

La habitación se llenó de un largo silencio, con sólo las respiraciones de ambas escuchándose.

Sana saco sus dedos del cuerpo de la castaña, acostándose a un lado de Jihyo, admirando sus facciones, su rostro sudado y rojizo por lo que acababa de pasar.

—Dios, eres tan hermosa— dijo antes de acercarse a los labios de Jihyo y besarla.

Fue ahí que Jihyo pudo comprobarlo.

Esa noche no solo había perdido su virginidad, sino también sus poderes.

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