Capítulo 22
Me atrevo a mirar a Elián Vladimir, quien deja caer el peso de su cuerpo en el muro de piedra que tiene justo detrás, cruzados de brazos y entreteniéndose contemplando el mal estado del techo que se encuentra a varios metros por encima de nuestras cabezas. No sé muy bien a qué clase de juego está jugando mi cabeza pero el caso es que estoy fantaseando con volver a tenerle a escasos centímetros de mí, su aliento mentolado impactando contra mis labios y sus enormes ojos verdes puestos sobre mí, apreciando hasta el más mínimo detalle de mi rostro. Eso me gusta. Me hace sentir como si fuese el mismísimo mundo.
Elián se percata de mi detenida examinación y camba el rumbo de su mirar en mi dirección, descubriéndome con las manos en la masa. Me sonrojo casi de inmediato, pero aún así no apartola mirada sino que la sostengo tanto como me es posible. No sé cuánto tiempo transcurre hasta que vuelvo nuevamente a la realidad, pero se ha sentido como si hubiese sido una eternidad. Una vez entro en contacto con sus ojos color esperanza siento como si una corriente eléctrica recorriera mi cerpo en tan solo un segundo. Observo con todo lujo de detalles como una sonrisa pícara se apodera de sus labios. Mi corazón da un vuelco al verla y decide latir con violencia sin causa aparente.
—Ya podemos entrar— notifica Jonathan, mirándome.
Me abro paso entre la multitud con el fin de alcanzar la primera línea. Una vez lo consigo me sitúo a la vera del chico de cabellera dorada y me pierdo en su mirada oceánica. Jonathan aproxima tímidamente su mano a la mía y termina por rozarla con ternura. Sonrío, ocultando el remordimiento que me consume, cuyo origen está aún por descubrir.
—Si conseguimos salir de aquí con vida pienso emplear cada latido de mi corazón en amarte— susurra en un tono de voz bajo.
Hago una mueca con los labios y disimuladamente miro hacia atrás, donde localizo a Elián, con el ceño fruncido y los labios apretados, con la mirada perdida en algún punto del suelo. Debe haber escuchado nuestra conversación. Es evidente que le ha removido por dentro cada palabra dicha. Su apariencia de piedra ya no logra engañarme.
Me adentro en el interior de la estancia sumida en la oscuridad que se presenta ante mí, seguida por Jonathan y Adrien, quienes mantienes sus armas en ristre, preparados ante una inminente amenaza. Un poco más atrás se halla Elián Vladimir junto a mi padre, Frederick Anderson y Abby. En un extremo está Ashley, con sus labios entreabiertos, dejando al descubierto sus imponente colmillos. Samuel, que está a la vera de la vampira, también está preparado en este sentido, aunque prefiere contar con una ayuda adicional; en su mano derecha porta un revólver.
Extraigo del bolsillo trasero de mis vaqueros mi teléfono móvil con el fin de activar el modo linterna para poder iluminar el camino. Es un punto a nuestro favor saber por dónde nos movemos. Frederick aprueba mi idea con un asentimiento acompañado por una sonrisa. Me desplazo hacia el frente, ilumando el suelo de piedra, el cual se encuentra en un estado lamentable. Estoy tan absorta mirando a mi alrededor que no soy consciente de que tropiezo con una loza saliente del suelo. Me inclino ligeramente hacia delante, precipitándome al vacío. Por suerte, Frederick acude en mi ayuda a tiempo, aferrando sus manos a mis antebrazos, devolviéndome a mi posición inicial.
—Gracias.
—No hay de qué. Pero haz el favor de mirar por donde caminas, estamos a kilómetros del hospital más cercano.
Sonrío.
En ese instante se escucha el sonido de unas cadenas al agitarse. Todos los presentes intercambiamos una rápida mirada, intentando averiguar en silencio de dónde proviene el sonido. Vuelve a repetirse ese zarandeo metálico pero, esta vez, logro percibir el lugar exacto del que viene, de manera que salgo corriendo en dirección a este, seguida por el grupo de persona que estarían dispuestas a arriesgar sus propias vidas por salvar la de uno de nosotros. Me detengo junto a un muro de piedra y golpeo con mis palmas la superficie, descubriendo que está hueca.
—Hay algo detrás— alerto, mirando a mi alrededor—. Tenemos que buscar algo con lo que abrir la entrada. Una palanca, un interruptor. Algo.
—¿Te vale con una llave?— pregunta Ashley, mostrando un pequeño trozo de metal de color plateado.
—Sería perfecto.
La vampira se acerca a mi posición, examina el muro con ayuda de las palmas de sus manos, y termina por abrir un pequeño hueco que hay en la piedra, descubriendo una cerradura. Encaja la llave plateada en el interior de esta y la hace girar una sola vez hacia la derecha. Luego se aparta, permitiéndole al muro de piedra hacerse a un lado.
Un pasadizo se abre paso ante nosotros, cuyo fin puede observase desde nuestra posición; una escalera en forma de caracol se alza a lo lejos, adornado con luces azules. Me adentro en el corredor iluminando todo cuanto me rodea con la luz blanca del móvil. No puedo evitar sobresaltarme al ver a una pequeña rata cruzar de un lado a otro del pasillo.
—Anda, mira, un aperitivo— dice Sam.
Ashley le fulmina con la mirada.
—¿Cómo puedes estar pensando en comer en un momento así?
—La tensión me da hambre.
Subo el primer peldaño de la escalera, asegurándome a la vez que se sostiene. Luego realizo la misma acción con cada escalón que encuentro por delante. El resto sube con precaución la escalera de caracol, asegurándose de que no tenemos acechantes ni en la parte inferior ni en la superior. Una vez alcanzo la cima me topo con una puerta nuevamente cerrada.
—Genial. Otra puerta cerrada— se queja la vampira rubia.
—¿A alguien se le ocurre alguna forma de pasar?— pregunta Samuel.
—Podría hacer añicos esa puerta— contesta Elián con naturalidad.
—Algo que no haga que nos descubran— vuelve a decir Sam.
—¿Qué tal con un poco de magia?— propone Jonathan, mirando a Gideon Sallow, quien hace brotar destello azules de las palmas de sus manos.
—Vaya. A nuestro cazador estrella se le ha encendido una lucesita en la cabeza.
Jonathan hace oídos sordos al comentario de Elián.
—Podría destruir el mecanismo de la cerradura— anuncia Gideon.
—¿Y por qué narices no lo has dicho antes?— cuestiona el vampiro de ojos verdes.
—Me reservo el mérito para situaciones como esta— responde el brujo, abriéndose paso entre la multitud hasta alcanzar la puerta. Coloca sus manos sobre la superficie de esta y comienza a murmurar palabras en otro idioma—. Ya está.
—Qué rapidez. Sigue así y te llevarás el premio al brujo del año.
Me adentro en la nueva sala, descubriendo que tiene forma pentagonal, en cuya pared del fondo se alza una ventana rectangular a través de la cual se observa una niebla espesa unida a una imponente luna llena que ilumina el suelo con su luz blanca. Aunque mi atención recae en un extremo de la estancia, donde hay una cama hecha a base de sábanas blancas deshilachadas, sobre la que hay sentado un hombre de cabello rubio que alcanza el nivel su mandíbula, barba abundante, vestido con una camisa blanca que parece quedarle grande y unos pantalones negros anchos. Sus manos yacen encadenadas a unos soportes de metal que hay en la pared que tiene justo detrás.
A sus pies hay una botella de alcohol vacía que revela que ha ahogado sus penas con ella.
—¿Quién es este hombre?— inquiere saber Jonathan, arrodillándose frente a él para comprobar su estado físico y psíquico.
—Tiene gracia que seas tú quién lo diga— repone Elián.
—¿Por qué?
—Porque ese hombre de ahí es, ni más ni menos, que tu padre.
—¿Nathaniel Eastwood?— me atrevo a preguntar.
—Bingo.
El hombre alza la cabeza y mira con sus penetrantes ojos azules al chico que tiene justo delante suya. Jonathan no puede evitar emocionarse al ver el lamentable estado en el que se encuentra su progenitor. Nathaniel mira, sin comprender al jove que tiene enfrente, incapaz de unir cabos. Es su viva imagen y eso le aterra, pues le transporta a aquel pasado en el que perdió aquello que tanto quería tener.
El hombre alza su huesuda mano y la coloca en la mejilla de su hijo. Sus ojos celestes se cristalizan a una velocidad sobrehumana y por ellos escapa un caudal de lágrimas que se deslizan apresuradamente por sus mejillas cubiertas de una leve capa de suciedad.
—No es posible— añade con un débil tono de voz—. No. Debo estar delirando.
—No estás delirando. Soy tu hijo.
—Eso es imposible. Mi hijo falleció hace mucho.
Niega con la cabeza.
—Es hora de que sepas la verdad, papá— susurra Jonathan con la voz quebrada. Con ayuda de la pistola que lleva consigo destruye los soporte que mantienen encadenado a su padre a la pared y luego se encarga de deshacerse de las cadenas que aprisionan sus muñecas con ayuda del alambre que empleó con anterioridad—. Anabelle se marchó de casa aquel día con el único fin de dar a luz en el bosque y abandonarme en la puerta de un orfanato. Esa es la verdad. Pasé parte de mi vida en un hospicio y la otra parte con mi familia adoptiva.
Nathaniel se cubre la boca con ambas manos.
—Me he pasado toda la vida preguntándome qué hubiera pasado si hubiese llegado a tiempo a casa, si hubiese podido darle otra vida a Anabelle, lamentando una y otra vez no haber podido hacer las cosas bien. Me he consumido entre estás cinco paredes, preguntándome cómo hubiera sido mi vida si hubiese llegado a compartirla contigo, si hubiese tenido ese ideal de familia perfecta. Y ha sido en vano...
—Lo importante es que podemos empezar desde cero a partir de hoy. No más mentiras, no más años de esclavitud, no más remordimientos.
—¿Por qué querrías empezar de cero con un alcohólico como yo?
—Porque he fantaseado con este momento desde que tengo uso de razón. Porque soy tu hijo y estoy dispuesto a salvarte de ti mismo. No sé tú pero yo me muero de ganar por comenzar a construir ese futuro que tenías soñado.
El señor Eastwood escruta el rostro de su hijo con sus enormes ojos azules.
—Tengo una segunda oportunidad para hacer las cosas bien y voy a aprovecharla.
Jonathan ayuda a su padre a incorporarse y a caminar hacia la salida. Nathaniel me dedica una mirada al pasar por mi lado, acompañada de una sonrisa. Permanezco inmóvil, observando como padre e hijo se alejan abrazados, en busca de ese futuro soñado. Christopher se sitúa a mi vera y me pasa el brazo por encima de los hombros, atrayéndome hacia su persona para terminar por depositar un beso casto en mi frente.
—¿Nos vamos a casa?
Asiento un par de veces.
Nos ponemos rumbo hacia la escalera que conduce hacia la planta, la cual bajamos con precaución, calculando la resistencia de los peldaños que la componen, y con todos nuestros sentidos alertas. Al alcanzar la planta baja me percato de la detención de mis compañeros en el pasillo que conduce hacia la salida de la estructura. Me aproximo a bue ritmo a dicho destino, acompañada por mi padre, quien carga su pistola.
Tanto Christopher como yo nos incorporamos al corredor al mismo tiempo, enfrentando nuestros cuerpos hacia el pasillo que se extiene a la derecha. A pocos metros localizamos a Kai Spinnet, con su diabólica sonrisa, envolviendo el cuello de la madre de Ashley con su brazo, con los colmillos próximos a la piel de su víctima. La vampira rubia le enseña los colmillos en un intento, en vano, de intimidarle.
—¡Suéltale o juro que te mataré!— ruge.
—Casi logras asustarme con tu numerito— añade, sonriendo pícaramente—. ¿Cómo se sentirá tu madre al saber que tiene por hija a un monstruo?
Los ojos de Ashley se cristalizan al oír esa comparación.
—Ashley, no creo que seas un monstruo— contradice su madre, esbozando una sonrisa triste. Ashley no puede evitar romper a llorar ante la impotencia que siente—. Estoy aquí. Estoy bien. No tienes de qué preocuparte.
—No digas que estás bien porque no es así.
—Te tengo aquí. Es todo cuanto quiero, cariño. Para mí eso es tenerlo todo.
—Mamá—solloza Ashley. Luego mira al vampiro que amenaza con quitarle la vida a su progenitora—.Por favor, déjala marchar. No le hagas nada. Por favor.
—Estoy dispuesto a llegar a un acuerdo— alerta el vampiro.
—¿Qué clase de acuerdo?— inquiere saber Elián Vladimir.
Kai suelta una risita.
—Me sorprende que te hayan acogido entre los cazadores, viejo amigo.
—Hay muchas cosas que no sabes, Kai.
—No me cabe la menor duda— el vampiro me mira con una sonrisa pícara en los labios. Parece estar disfrutando de la situación—. ¿Cuándo pensabas admitir que estás enamorado de ella?
Todos los presentes miran a Elián Vladimir, quien frunce el ceño y aprieta la mandíbula.
—Será mejor que te calles.
—¿Acabo de decir algo que no debería? ¿o querrías ser tú quien le confesase tus sentimientos?
Elián hace ademán de ir hacia el vampiro pero Frederick se lo impide, sujetándole del antebrazo. Este gesto hace reír a Kai Spinnet, quien se muerde el labio para reprimir la sonrisa. Yo permanezco inmóvil en mi sitio, mirando al vampiro de ojos verdes con el fin de captar su atención y preguntarle en silencio si es cierto. Sin embargo, Elián no me mira en ningún momento. Se está esforzando por evitar mi mirada.
Jonathan me mira a mí primero y luego a Elián, en un intento de obtener respuestas.
—¿Cuál es ese acuerdo del que hablas?— le presiona Christopher.
—Con la tensión del momento había olvidado mencionarlo— se disculpa, sonriendo—. Es muy fácil. Tan solo tenéis que hacerme entrega de una reliquia. A cambio, yo liberaré a la madre de Ashley.
—¿Cómo sabemos que cumplirás con tu palabra?— le implora Gideon.
—Tenéis que jugárosla a cara o cruz.
—Este tío está chiflado— apunta Samuel, captando la atención del vampiro—. ¿De verdad crees que vamos a confiar en ti después de todo lo que has hecho?
—No tenemos otra opción, Sam— añado.
—Siempre hay otra alternativa.
—No ahora— contesta la vampira con firmeza—. Se trata de mi madre, Sam. No pienso correr riesgos.
Me llevo disimuladamente la mano al cuello con el fin de localizar el Collar de Auriel. Acaricio la esfera formada a base de ramificaciones, la cual encierra en su interior una perla azul, y cuando hago ademán de liberar a mi cuello del colgante, Frederick me detiene y camina hacia el frente con precaución, con la mano en el interior de su chaqueta.
—Vaya, vaya con el profesor de historia— dice Kai.
—Te daré la Copa Celestial en cuanto liberes a Claire.
—Por desgracia, amigo, aquí las normas las pongo yo, y decido que me hagas entrega de la reliquia, sin tener ninguna garantía de recibir a Claire con vida.
—No puedes pedirme eso.
—Aún estás a tiempo de dar media vuelta. Así, al menos, te asegurarás de que Claire esté en el mundo de los muertos.
Frederick suspira e intercambia una mirada con Chris, quien asiente.
—Está bien.
El señor Anderson camina con precaución hacia el vampiro, midiendo los pasos que da, asegurándose de que Claire no corre peligro con sus acciones. Se detiene a un par de metros del vampiro y le lanza la copa, la cual Kai Spinnet coge en pleno aire. La pone a salvo en el bolsillo interno de su chaqueta y a continuación libera el cuello de Claire de su brazo, pero decide mantener una de sus manon sobre el hombro derecho de la mujer.
—Ya tienes lo que querías, ahora déjala— le pide Ashley.
—Es una lástima que la historia vaya a tener un final trágico. Es cierto que habéis cumplido con vuestra parte del trato y que habéis ejercido de buenos samaritanos pero hay un pequeño detalle que no habéis tenido en cuenta. El tiempo. Ya es demasiado tarde— y sin titubear perfora la espalda de Claire, se aferra a su corazón con decisión y se lo extrae sin ningún pudor tras ser consciente de como las palabras "te quiero" escapan de los labios de Claire, quien tiene la viva imagen de su hija aún grabada en sus pupilas.
Kai se esfuma a gran velocidad, dejando tras sí a una mujer que cae al vacio, sin vida. Ashley se vale de sus dones vampíricos para acoger el cuerpo de su madre a tiempo, colocando su cabeza en su regazo. La vampira grita hasta desgarrarse la garganta, al mismo tiempo que llora desconsoladamete, derramando sus lágrimas sobre el cabello dorado de la mujer que le dio la vida. Me arrodillo junto a Ashley al mismo tiempo que lo hace Abby y ambas, en silencio, abrazamos a nuestra amiga, transmitiéndole nuestros más sinceros ánimos, aportándole la fuerza que necesita para salir de esta.
Mis ojos se desbordan, ocasionando que por mis mejillas baje un caudal de agua con sabor a mar. Aunque supongo que eso no importa. Nada de lo que hemos hecho ha servido para salvar a Claire. Nuestros esfuerzos han sido en vano. Hemos fracasado. Ashley ha perdido a la única familia que le quedaba en este mundo y nosotros no hemos podido hacer nada por evitarlo.
—Mamá— solloza una y otra vez Ashley—. Lo siento. Lo siento mucho, mamá. Todo esto es por mi culpa— se lleva la mano a la boca y muerde el dorso de esta en un intento de reprimir un grito estruendoso—. Yo te condené sin saberlo. Espero que algún día puedas perdonarme porque yo no creo que pueda hacerlo.
—No fue tu culpa— le animo, acariciándole la espalda—. Hiciste lo que creíste que era correcto. No te atormentes por ello.
—¿Qué más da si hice lo correcto o no? Haciendo el bien o el mal siempre acabas perdiendo. Es inevitable. Estamos condenamos a sufrir. Es el infierno al que deben enfrentarse todos los humanos. Es el precio a pagar por amar.
—Tú no tienes la culpa de lo que le sucedió a tu madre, ¿me oyes?— dice Abby, aferrándose con delicadeza al mentón de la vampira y tirando de él, obligándole a mirarle directamente a los ojos—. Son esas personas malvadas quienes se empeñan en destruir nuestras vidas con sus planes macabros. Así que no, no pienso permitir que te culpes por algo que no hiciste.
Ashley hace amago de sonreír y en el proceso emite un sollozo.
En ese instante aparecen unas figuras con cuerpos metálicos y cascos de acero que terminan en forma de pico por la parte delantera, quienes se dirigen con decisión hacia nosotros con el fin de poner fin a nuestras vidas. En sus manos aparecen unas sierras dispuestas a humedecerse de sangre. Ashley mira a la inminente amenaza con desinterés y vuelve a centrar toda su atención en el cuerpo inerte su madre, al cuel se aferra como si se le fuese la vida en ello.
—Tenemos que irnos— anuncia Elián—, a menos que queráis convertíos en picadillo. En ese caso, espero que consigáis vuestro objetivo.
—¡No pienso irme de aquí!— grita Ashley.
—Oye sé que estás dolida por la pérdida de tu madre pero no es un buen momento para exigencias.
—Tú que sabrás. Elegiste la vía fácil. Desentenderte de tu humanidad y de todo cuanto tuviera que ver con ella. Huíste de tus sentimientos por miedo a la pérdida. Así que no vengas intentando dar lecciones de vida porque probablemente eres el que menos ha vivido de todos los presentes.
Fulmino con la mirada a Ashley, pues ella no sabe a cuánto ha tenido que enfrentarse Elián en su pasado. Sin embargo, el vampiro parece querer dejar estar este asunto.
Sin previo aviso Frederick y Christopher sujetan a Ashley por los brazos y la ponen a salvo, dejando a Elián Vladimir coger en peso el cuerpo inerte de Claire, aproximando su cabeza a su pecho. Abandono la estructura cubriéndole las espaldas al vampiro, gastando hasta la última bala de la pistola en derribar a nuestros acechantes.
Y ahí estamos una veintena de personas, con el alma deshilachada y el corazón hecho añicos, confiando en que el porvenir nos regale una sonrisa, aún sabiendo que el camino no será fácil, pero con las mismas ganas de arriesgarnos. Porque de eso se trata la vida, de correr riesgos.
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