Capítulo 21
El despertador suena a las nueve de la mañana con el propósito de hacerme despertar de mis más profundos sueños. Sin embargo, no logra su objetivo, pues me he pasado gran parte de la noche sin pegar ojo. El sentimiento de tristeza y culpabilidad que vive en mi interior me impide visitar el reino de la fantasía. Éstas emociones se encargan de hacer aparecer un nudo en mi estómago, además de impedirme articular palabra. Lo cierto es que la marcha de mi amigo Sam me ha marcado emocionalmente, pues sé que, en parte, soy la culpable de esta situación. Una vez más he fracasado en mi intento de proteger a las personas que me importan.
Tomo asiento en el borde de la cama y le concedo a mis ojos libertad para poder apreciar el paisaje que se abre paso a través del cristal empañado. Unos copos de nieve caen con gracia, haciendo alguna que otra floritura en el aire. Uno de ellos se deposita en el alféizar de la ventana con el propósito de vivir en él. Sin embargo, los fulminantes rayos solares se encargan de minimizar su tamaño hasta el punto de hacerlo desaparecer completamente. Por suerte, el desvanecimiento de uno de ellos no significa el fin de la lucha.
Tras vestirme y mejorar mi aspecto decido bajar a la cocina para desayunar. En ella encuentro a mi padre de pie junto a una ventana, contemplando detenidamente como la naturaleza se viste de un tono blanco y pierde parte de su encanto. Las pequeñas florecillas son cubiertas por la capa de nieve, mientras que los árboles luchan por desprenderse de los copos que se aferran a sus copas. Christopher alza su taza de café y le da un sorbo, aún con la mirada fija en el cristal. Salvo la distancia que me separa de la encimera con dos zancadas y me hago con una magdalena con pepitas de chocolate que hay en una bandeja. Entonces, me veo reflejada en el vidrio de la ventana y mi padre se percata de ello. Pronto se da media vuelta y se enfrenta a mí.
—¿Qué tal el baile?
—Estuvo bien...— confieso con un tono apagado.
—No suena muy convincente. Ven aquí— me indica con la mano que me acerque a una mesa y tome asiento enfrente suya—. ¿Qué ha pasado exactamente?
Frunzo el ceño y finjo mostrar interés por el frutero que hay en una encimera, en el que resalta una manzana roja. La fruta me trae recuerdos de Sam, quien se entretenía jugueteando con la manzana.
—Ayer vi a Sam en el baile y me dijo que se iba a ir de la ciudad.
—¿Por qué razón iba a hacerlo?
—Porque un vampiro original, John Spinnet, hermano de Kai, le ha obligado a poner fin a mi vida. Él se niega a acatar su orden, así que ha decidido que lo mejor es irse con tal de mantener las distancias conmigo, así evita hacerme daño.
—¿Por qué motivo utiliza a Samuel?
—Samuel es solo un señuelo. Es a mí a quien quiera realmente.
Mi padre palidece y su expresión se mantiene seria.
—Pretende revivir a su hermano sacrificando mi vida con tal de salvar la suya.
—¿Por qué te ha elegido a ti?
—No lo sé.
Christopher se pone en pie y se dirije hacia una encimera para terminar dejando caer el peso de su cuerpo sobre ella.
—No permitiré que te hagan daño.
Mantengo la cabeza agachada.
En ese instante comienza a sonar mi teléfono móvil. Lo extraigo del bolsillo trasero de mis pantalones y miro la pantalla. En ella hay una llamada entrante de un número desconocido. Me armo de valor y acepto la llamada.
—¿Quién es?
—El sacrificio tendrá lugar esta noche en el corazón del bosque. Te espero a medianoche y ojalá que no se te ocurra hacer ninguna tontería o lo pagarás caro.
Finaliza la llamada y yo permanezco inmóvil, con el teléfono en la oreja. Mi mano comienza a temblar y como consecuencia de ello el smartphone escapa de mi mano y cae al vacío. Christopher se acerca a mi posición rápidamente y zarandea mis hombros al mismo tiempo que me pide una explicación. Sin embargo, estoy en estado de shock y me veo incapaz de reaccionar. Mi padre me abraza con fuerza y en el momento en el que percibo los latidos de su corazón vuelvo a la realidad.
—El sacrifico va a ser esta noche.
—No pienso perderte por nada de este mundo. Organizaré a los cazadores e idearemos un plan para derrotar al vampiro.
Christopher me pasa el brazo por los hombros y me conduce hacia su coche, me ayuda a acomodarme en el lugar del acompañante y me coloca el cinturón. Mientras lleva a cabo esta acción permanezco inmóvil, con la mirada perdida en la guantera y la mente a cientos de kilómetros. Mi progenitor se pone al volante, da vida al motor del coche y sale del garaje con rapidez. Se incorpora a la carretera y pisa el acelerador a fondo, de manera que el auto gana velocidad en poco tiempo. Mi padre aumenta la frecuencia con la que mira a través de los retrovisores con tal de averiguar si se presenta una inmimente amenaza. Cambio el rumbo de mi mirada hacia la ventanilla de mi derecha y por un momento me parece ver a un hombre de piel cetrina, de cabello color caoba y ojos inyectados en sangre, que me observa desde la distancia con maldad. Pestañeo un par de veces y cuando vuelvo a mirar en el lugar en el que vi a ese vampiro, pero ya no está.
Mi padre aparca junto a la entrada de un bosque y me conduce a paso ligero hacia el cuartel de cazadores. Abre la puerta y tira de mí hacia el interior. Caminamos por el pasillo adornado con cuadros en los que se reflejan a las familias de cazadores. Nuevamente mi atención recae en la mujer morena que muestra su espléndida sonrisa. Por un momento deseo permanecr más tiempo del debido junto al marco con tal de apreciar la fotografía una y otra vez, sin embargo, Christopher se encarga de alejarme de ese deseo.
Deja de ejercer presión en mi antebrazo en el instante en el que alcanzamos la estancia más amplia, donde hay pantallas que reflejan las luces azules del exterior y las amenazas, y filas de mesas con una serie de ordenadores de último modelo sobre ellas. Junto a un ordenador está Adrien, quien está detallándole algo a Jonathan, este yace a su vera, encorvado con tal de captar mejor sus palabras.
Tanto Adrien como Jonathan alzan la mirada al mismo tiempo y la fijan en nosotros. El segundo de ellos no tarda en acercarse a nuestra posición con tal de averiguar el porqué estamos allí, mientras que el segundo de ellos prefiere escuchar desde la silla.
—¿Qué ha ocurrido?
—Ariana ha recibido una llamada de John Spinnet, el vampiro original. Le ha dicho que el sacrificio va a tener lugar esta noche.
—¿Qué sacrificio?— pregunta Jonathan desconcertado.
—Quiere cambiar mi vida por la de Kai.
—¿Por qué no me lo has dicho antes?
Sacudo la cabeza y mis ojos se inundan.
—No quería poner en peligro a las personas que me importan.
—Cada uno de nosotros somos libres de tomar nuestra propia decisión— dice Christopher—. No siempre podemos proteger a las personas que queremos.
—No van a tocarte— añade Jonathan con firmeza y se pone rumbo hacia uno de los muebles repletos de armas. Decido seguir sus pasos con tal de situarme a su vera.
—No puedo dejar que arriesgues tu vida por mí— replico—. No quiero ni pensar que cabe la posibilidad de que te pase algo...
Jonathan guarda su espada en su cinturón y se acerca a mí con paso decidido. Toma mi rostro entre sus manos y me obliga a mirarle directamente a los ojos.
—Ahora mi vida eres tú— confiesa y me besa—. No pienso permitir por nada de este mundo que te hagan daño
—Tengo miedo— admito y mantengo la cabeza agachada. A continuación me coloco un mechón de pelo tras mi oreja y poco a poco voy alzando la mirada.
—No debes tenerlo. Te pondré a salvo y eliminaré esa amenaza.
Niego con la cabeza.
—No lo entiendes. Tengo miedo de perderte.
Sin saber a ciencia cierta el motivo, mis ojos se inundan con rapidez y por más que intento apretar la mandíbula con tal de reprimir el llanto no logro mi objetivo. Las lágrimas escapan de mis ojos y se deslizan apresuradamente por mis mejillas con el fin de surcar mis labios y terminar muriendo en mi barbilla, tras saltar al vacio. Jonathan se aferra a mi mentón con una de sus manos y tira de él con el fin de obligarme a mirarle.
—Eh, eh— dice en un intento de llamar mi atención—. No vas a perderme jamás, siempre encontraré el modo de volver a ti.
Asiento lentamente.
—He pensado que podríamos necesitar refuerzos— anuncia Jonathan. En una de las paredes aparece un portal de color azul que echa chispa del mismo color. De este sale un chico de cabello moreno y ojos grises. Lo reconozco casi al instante. Es Gideon Sallow.
—Bien, ¿cuál es el plan?— dice.
Todos los presentes se dirigen hacia una mesa y extienden sobre ella una hoja de papel y en esta colocan figuras simulando las amenazas. Me abro paso entre mi padre y Jonathan y descubro a Gideon embrujando la hoja con tal de crear diversas complicaciones que pueden surgir. Los cazadores se dedican a idear formas de solucionar las situaciones comprometidas. Estoy tan ensimismada mirando el papel que apenas soy consciente de que acaba de llegar alguien. Cuando quiero darme cuenta, un chico acaba de situarse a la vera del brujo y se limita a contemplar las diversas estrategias propuestas.
—¿Qué hace él aquí?— pregunto en voz alta.
—Básicamente evitar que todos vosotros os encaminéis a una muerte segura— sus ojos verdes claro se endurecen al mirarme
—Vamos a intentar acabar con un vampiro muy antiguo, necesitamos obtener la mayor información posible— argumenta mi padre.
—Así que en vez de ponerte echa una fiera conmigo, deberías probar a darme las gracias por ofrecerme a echaros una mano— dice Elián.
Sacudo la cabeza, incrédula y miro en otra dirección.
—El plan es el siguiente; llevaremos a Ariana al bosque y aguardaremos a que el vampiro decida atacar, entonces entraremos en acción, quitándonos del medio al vampirito y salvando a la chica.
—Olvidas que vamos a intentar matar a un original y te sugiero que, a menos que sepas cómo hacerlo, revises nuevamente el plan — replico.
—Tienes razón. No sé cómo matar a un vampiro original pero tenemos a un brujo entre nosotros y apuesto a que puede retenerle el tiempo suficiente para ponerte a salvo. Además, hoy es luna llena lo que significa que vamos a verle las orejas al lobo.
—A fin de cuentas, si no acabamos con él, volverá a por mí y dudo que vaya a correr con la misma suerte.
—La cuestión es ganar tiempo para dar con la manera de acabar con el vampiro.
Jonathan entrelaza su mano con la mía bajo la mesa y me dedica una sonrisa.
—John quiere celebrar el sacrificio con la luna llena con tal de aprovechar el máximo poder. Apuesto a que debe poseer un mago bastante bueno, pues se necesita una gran cantidad de poder para llevar a cabo ese ritual— añade Gideon.
—Aún desconocemos el porqué quiere sacrificar la vida de Ariana— dice mi padre.
—Debe tener un buen motivo para hacerlo— interviene Jonathan por primera vez—, tal vez ella posea algo que él desea tener.
Gideon frunce el ceño y cambia el rumbo de su mirada hacia la hoja de papel. A juzgar por su expresión apuesto a que sabe algo que a los demás se nos escapa. Le fulmino con la mirada con tal de conseguir que alce la vista y se encuentre con mis ojos y, surte efecto, pues levanta la cabeza e intercambia una mirada conmigo. Enarco una ceja y asiento en un intento pedirle que dé a conocer la información que tiene en su poder.
—Creo saber porqué quiere acabar con la vida de Ariana— las palabras de Gideon llaman la atención de los miembros que rodean la mesa, quienes alzan sus cabezas y lo miran desconcertados por su confesión—. Hace un par de siglos, Kai arrasó con toda una ciudad y se le atribuyó el título del mayor depredador que ha conocido la historia vampírica. Como era de esperar, sus actos no fueron bien recibidos por la población sobrenatural y ésta decidió unir sus fuerzas para acabar con el vampiro original. No lograron dar con la forma con la que quitarle la vida pero descubrieron que podían mantenerlo en un estado de momificación con la ayuda de los brujos, así que acordaron con ellos sumir al vampiro en un profundo sueño. El problema es que Kai tenía un amigo brujo por aquel entonces, alguien que le era fiel ante todo y le pidió que si se diese dicha situación, transcurridos un par de siglos, se encargase de hacer un hechizo mediante el cual encerraría su alma y con ello su poder en el cuerpo de un recién nacido. El brujo esperó pacientemente a que llegara el momento y entonces una noche de septiembre visitó el hospital, con el fin de dar con algún bebé. Allí halló a una niña que acababa de nacer, de cabello castaño y rostro angelical. Y sin sentir ni pizca de compasión por ella, decidió utilizar su cuerpo para guardar el alma de un vampiro diabólico.
Todos los presentes clavan su mirada en mí.
—Soy yo— digo al fin.
Gideon asiente y mantiene la cabeza agachada.
—Si esa historia es cierta— comienza a decir Elián— John está equivocado. No debe matar a Ariana con tal de revivir a su hermano sino mantenerla con vida.
—Así es— coincide Gideon—. John no conoce esta historia pues se ha mantenido en secreto entre los brujos.
—¿Intentáis decirme que guardo en mi interior el alma del mayor depredador de la historia?— pregunto histérica. Gideon vuelve a asentir—. Y, ¿cómo puede librarme de ella?
El brujo duda antes de responder a mi pregunta.
—Matando a una considerable cantidad de seres sobrenaturales.
Abro la boca, sorprendida, y me dedico a pasear de un lado a otro de la sala.
—¿A qué te refieres con una considerable cantidad?
—A una cifra mínima de veinte.
Me detengo en seco y le miro, incrédula.
—¡¿Veinte?!— digo elevando el tono de voz—. Eso sería cometer una masacre. Además, no estoy dispuesta a acabar con la vida de personas inocentes.
—¿Qué sucederá si no lo hace?— se atreve a preguntar Jonathan, en cuyos ojos puedo vislumbrar el miedo.
—Morirá— responde Gideon con firmeza.
Se forma un silencio incómodo en la estancia.
—Podría convertir a un grupo de personas en vampiros y ofrecérselo— sugiere Elián. Tras oír su ocurrencia, cambio el rumbo de mi mirar hacia él y le dedico una mirada envenenada.
—¡No!— grito—. Nadie va a tomar ninguna decisión por mí, esto es de mi plena autonomía. Tengo muy clara cual va a ser mi elección. Os advierto de que no intentéis hacerme cambiar de parecer, no lo haré.
—No estás pensando con claridad— dice Elián en tono burlón—. ¿Por qué no te acuestas, lo hablas con la almohada y mañana nos das a conocer tu decisión final?
—No eres precisamente el más indicado para hablar— digo con frialdad. Pronto aparece en mi mente aquella noche en la que Elián se dirigió velozmente a Samuel y acabó con su vida humana ante mis propios ojos, convirtiéndolo en algo que nunca quiso ser.
—Muy bien— se da media vuelta y se pone rumbo hacia el pasillo repleto de retratos de las familias cazadoras.
—¿Adónde vas?— le pregunta Christopher.
—Me largo— dice sin volverse. Se adentra en el interior del pasillo y cuando estoy a punto de celebrar su ausencia me percato de que está retrocediendo. Termina por apoyarse en el marco de la puerta y me mira desde la lejanía—. Ella tiene bastante claro que quiere morir con tal de salvar a aquellos a quienes quiere. Pero déjame decirte algo— dice, dirigiéndose unicamente a mí—. Lo que vas a hacer no es un acto sublime sino nefasto.
Trago saliva y alzo la cabeza con tal de darle a entender que no tengo miedo y que tengo bastante claras cuales son mis prioridades. Tal vez, si Elián estuviese en mi lugar optaría por acabar con la vida de veinte personas sin un buen motivo. Sin embargo, él y yo somos dos polos totalmente opuestos y por ello nunca llegaremos a entendernos. Yo no comparto su forma de pensar. Yo no le arrebataría la vida a veinte personas inocentes, aunque mi propia existencia estuviese en juego. Hay una gran diferencia entre él y yo. Mientras él ha dejado de lado su humanidad, ésta es el timón de mi vida.
Elián me mira con desaprobación y a continuación se da media vuelta y se marcha sin decir nada, ocasionando tras su marcha un silencio. Alcanzo a oír un portazo unos segundos después y gracias a ello averiguo que se ha ido.
—No voy a perderte— confiesa Jonathan—. Buscaré la forma de salvarte, jamás dejaré de luchar por ti.
—Jonathan...
—Eres tú. No pienso rendirme.
Unas lágrimas surcan las mejillas de Jonathan, quien se encarga de hacerlas desaparecer con la manga de su camiseta. Doy un paso hacia el frente con tal de consolarle pero él ignora mi gesto y se dirige hacia un ordenador, teclea un par de veces y consigue meterse en el buscador. No alcanzo a ver que está buscando pero apuesto a que algún remedio para mi mal.
Mi padre deposita una mano en mi hombro y reacciona ladeando la cabeza en dirección a su rostro y colocando mi mano sobre la suya.
—Daremos con una solución— susurra—. Esta noche tenemos que enfrentarnos con un vampiro, os sugiero entrenar y preparar vuestras mejores armas.
Los cazadores asienten y se dirijen hacia la sala en la que Jonathan me enseñó a luchar. Mi padre se pone rumbo hacia el exterior con Adrien, con el propósito de vigilar los alrededores, con tal de evitar una posible emboscada, de manera que en la estancia nos quedamos únicamente Jonathan y yo. Él sigue ensimismado mirando la pantalla del ordenador y tomando apuntes en una hoja sobre la información importante, haciendo caso omiso a mis furtivas miradas. Entonces, decido emprender una marcha en dirección a la habitación de Jonathan pero me detengo al alcanzar la entrada al pasillo, pues mi corazón me pide que le dedique unas palabras al chico que dejo atrás.
—Lo siento— confieso en un tono de voz bajo pero suficiente para llamar la atención de Jonathan. Éste me mira de soslayo una sola vez y luego vuelve a centrar su atención en el ordenador—. Es mi decisión y debes respetarla. Soy una cazadora y como tal debo velar por la seguridad de aquellos que me importan, aunque ello signifique arriesgar mi vida.
—No pienso renunciar a ti porque, cuando amas a alguien, luchas a pesar de las adversidades que se presentan— Jonathan se pone en pie y camina hacia mí con decisión. Cuando se encuentra justo enfrente de mí me coge de las manos y me suplica con la mirada—. Solo quiero pedirte una cosa, lucha, por favor, no te rindas sin más. No me dejes, te lo suplico, eres mi salvavidas en un mar que presencia cientos de tormentas.
Las lágrimas escapan de sus ojos con mayor frecuencia y no puedo evitar sentir la sensación de tener el corazón en un puño. Verle en ese estado me rompe el corazón en mil pedazos. No puedo permitir que se suma en una profunda tristeza, no después de ser el causante de mis sonrisas. Salvo la distancia que nos separa, rodeo su cuello con mis brazos y acomodo mi cabeza en su hombro.
—No pienso dejarte— confieso con un hilo de voz—. Eres todo cuanto quiero en este mundo y no pienso apartarme de ti.
Jonathan aumenta la fuerza con la que abraza y entierra su cabeza en mi cuello y, entonces, derrama todas las lágrimas que había reservado con anterioridad. Acaricio con una de mis manos su nuca, mientras que con la otra doy sendas palmaditas en su espalda con tal de animarle. Poco a poco su llanto va reprimiéndose y con ello su respiración deja de ser agitada y sus mejillas abandonan el tono rosado. Me separo un poco con tal de observar su rostro. Sus ojos están más brillantes que de costumbre, sus pestañas húmedas, sus mejillas con sabor a mar y sus labios apretados y de un tono carmesí. Con ayuda de mis manos acojo su rostro y termino por depositar un beso casto en su boca.
—Te quiero mucho.
Jonathan esboza una media sonrisa al oírme decir eso.
—Y yo a ti.
Le tiendo mi mano con el fin de que se aferre a ella y así lo hace. Le conduzco por el interior del pasillo adornado con retratos de las familias cazadoras y termino por adentrarme en una habitación que me resulta familiar. Tras asegurarme de que Jonathan ha entrado, cierro la puerta detrás de mí y vuelvo con mi acompañante, llevándole, esta vez, a la cama. Rodeo el colchón y termino acostándome en un lateral. Jonathan imita mi acción pero con el lateral de su derecha. Enfrentamos nuestros cuerpos y permanecemos inmóviles, mirádonos como si se nos fuese la vida en ello. Comienzo a tararear la canción que bailamos en el baile y poco a poco Jonathan va cerrando los ojos hasta quedarse dormido. Aún así continúo tarareando un par de minutos de más, tras los cuales finalizo la canción y me quedo encandilada observando su rostro angelical. Verle dormir me aporta una gran paz interior. Tengo la extraña sensación de que es la persona más maravillosa que he conocido y siento que debo protegerle con tal de evitar que le lastimen.
Acaricio su rostro con delicadeza y a continuación deposito un beso en sus labios. Lentamente me separo y tras dedicarle una última mirada me pongo en pie y me pongo rumbo hacia la puerta que conduce al pasillo, la abro y salgo por ella. Me incorporo a un corredor y comienzo a caminar por él sin ningún destino fijado. Desemboco en la estancia amplia en la que hay pantallas que muestran con puntitos las luces azules del exterior y las posibles amenazas, mesas con una sucesión de ordenadores de último modelo sobre ellas, muebles que esconden en su interior diversos tipos de armas mortales, una mesa sobre la que hay una hoja blanca que recoge todas las estrategias y las posibles complicaciones que pueden surgir. Me detengo al pasar por delante del ordenador en el que estuvo sentado Jonathan y veo reflejada en la pantalla una página que recoge información acerca de casos relacionados con el mío.
Extraigo del bolsillo trasero de mis vaqueros mi teléfono móvil y marco el número de Sam con el fin de saber de él y mantenerle informado de los últimos acontecimientos. Sin embargo, como creía que sucedería, no responde a la llamada, así que termino por colgar. Luego, marco el número de Abby y permanezco a la espera.
—Hola.
—Hola— respondo.
—¿Qué tal estás?
—No muy bien. Hay algo que tengo que contarte Abby y no son precisamente buenas noticias.
Se hace un silencio al otro lado de la línea.
—Dime qué ha pasado exactamente.
Le cuento a Abby todo acerca del mayor destripador de la historia vampírica, del sacrificio que quiere llevar a cabo su hermano John para traerlo de vuelta a la vida y cual es el papel que juego en todo este asunto. Intento explicarle detalladamente el porqué de mi decisión y ella parece entenderlo, aunque no se hace a la idea de perderme. Incluso soy consciente de como se desata su llanto, a pesar de estar a kilómetros de ella. No me ha resultado fácil darle a conocer mi postura, del mismo modo que para ella es casi imposible aceptar mi decisión.
—Voy a apoyarte, sea cual sea la decisión que tomes, porque es eso lo que hacen las amigas.
Un par de lágrimas escapan de mis ojos al oírle decir aquello.
—No es fácil tomar una decisión así, pero debo hacerlo. Dentro de mi criterio no se incluye la descabellada idea de arrebatar veinte vidas. Yo no soy así. Nuestros actos definen la persona que somos.
—Sam, a pesar de ser un vampiro, no abandonó jamás su humanidad, lo que demuestra que no todos los monstruos se comportan como tal.
—Siempre he creído que la humanidad no desaparece el todo, siempre hay una esencia en nuestro interior que nos recuerda que una vez fuimos humanos.
—¿Cómo han reaccionado al conocer tu decisión?
—Jonathan se niega a perderme y está haciendo todo lo posible por dar con una solución. Mi padre sigue sus pasos. Aunque no lo aparente, estoy segura de que por dentro está destrozado. No debe ser fácil para él perder a su mujer y un tiempo después a su hija.
—Me lo imagino. Por cierto, yo también tengo que contarte algo.
—Dime.
—He vuelto a predecir una muerte. Lo he manifestado gracias a mis gritos.
Ahogo un grito tras oír lo que acaba de decirme.
—¿Sabes quién va a morir?
—Ese es el problema, no lo sé, y por lo tanto no puedo advertir a la persona en cuestión. Así que te pido que tengas mucho cuidado esta noche, Ariana.
—Lo tendré. Abby...
—¿Sí?
—Gracias por apoyarme, significa mucho para mí.
—Cada uno es dueño de sus propias decisiones.
Asiento aún sabiendo que no puede verme.
—Tengo que colgar.
—Cuídate mucho, Ariana.
—Lo mismo digo.
Finalizo la llamada y vuelvo a guardar el teléfono en el bolsillo trasero de mis vaqueros. Cambio el rumbo de mi mirada en dirección al mueble que contiene en su interior diversas armas y me pongo rumbo hacia él con el objetivo que equiparme con las mejores de ellas y practicar un poco. Me hago con un arco y una espada y me dirijo a la habitación asignada para el entrenamiento.
Todo sigue tal y como estaba desde la última vez que estuve en ella, salvo por un detalle; en el centro hay una figura con la que puedes practicar. Me encamino hacia ella con cautela, realizando alguna que otra técnica de distracción durante el trayecto y cuando estoy lo suficientemente cerca de la figura, le hundo la espada en el pecho. Además, simulo estar luchando contra ella y estar recibiendo furtivos ataques de su parte con tal de mentalizarme para la inminente amenaza.
Tras practicar una media hora con la espada decido utilizar el arco y mandarle una sucesión de flechas a mi atacante, con tal de derribarle. Todas ellas se clavan en su pecho izquierdo, donde hay una diana de color roja. Coloco otra flecha en el arco y esta vez me agacho para, más tarde, tirarme al suelo, rodar por él e incorporarme, disparando al mismo tiempo la flecha, la cual alcanza el lugar exacto en el que está situado el corazón.
Tras un intenso entrenamiento decido descansar con tal de recuperar fuerzas, así que me dirijo a la cocina con el propósito de beber un vaso de agua y comer algo que pueda devolverme la energía.
Me hago con un vaso de agua y lo relleno con agua del grifo, luego me bebo el contenido de un sorbo y procedo a arrebatar una manzana de un frutero y llevármela a la boca. Mientras llevo a cabo esta última acción entra por la puerta Gideon Sallow, quien con chasquear sus dedos enciende la luz de la cocina.
—¿Crees que tenemos posibilidades de derrotar al vampiro?
—Confío en que así sea— admite—. El plan de Elián podría funcionar. Además, hemos tenido en cuenta todas las posibles complicaciones que pueden surgir. Estamos preparados para hacer frente a esta situación.
Asiento.
—Siento que las cosas se complican por momentos— confieso. Me encojo de hombros y a continuación me coloco un mechón de pelo detrás de la oreja—. ¿Sabes? Algunas veces echo de menos ser adolescente y todo lo que implica ello. Siempre pensé que mi adolescencia se basaría en asistir a fiestas con mis amigos, estar agobiada por los exámenes, recibir reprimendas cuando llego tarde a casa... sin embargo, se está basando en hacer frente al peligro constantemente, en arriesgar mi vida con tal de salvar a aquellas personas que quiero, en tener que experimentar el dolor por la muerte de mi madre— muerdo mi labio inferior y cambio el rumbo de mi mirada hacia la ventana—. Ni siquiera recuerdo la última vez que asistí a una fiesta de pijamas.
—Has experimentado cosas que ninguna adolescente debería vivir. Comprendo cómo te sientes, pero me temo que no hay vuelta atrás. Esta es tu nueva vida y debes hacerta a ella, aunque traiga consigo un inevitable dolor. Debes aprender a hallar un destello de luz en la tormenta.
—A pesar de todo, no cambiaría nada porque gracias a esta nueva vida he descubierto quien soy realmente.
Gideon salva la distancia que nos separa y deposita una mano en mi hombro.
—Sé que no tengo derecho a pedírtelo pero lucha hasta el final, aunque sientas que no puedes más, no te rindas. A veces hay luz en la oscuridad.
Asiento.
En ese instante aparece bajo el umbral de la puerta mi padre, quien deja caer el peso de su cuerpo sobre el marco y cruza los brazos.
—Es la hora.
Intercambio una mirada con el brujo, quien asiente y me dedica una media sonrisa. Suelto un largo suspiro al mismo tiempo que cierro los ojos con tal de tomar conciencia de la situación que se va a dar esta noche. Repaso rápidamente el plan en mi cabeza e intento rememorar todas las soluciones a las posibles complicaciones que puedan surgir. Además, le encargo a mi cabeza el trabajo de recordar todos y cada uno de los movimientos practicados durante el entrenamiento. Debo admitir que he mejorado mucho pero aún así existe el riesgo de ser derrotada.
Salgo al exterior acompañada por el resto de cazadores. Concretamente me sitúo en la primera fila, entre Jonathan y Adrien. El primero de ellos empuña una espada mientras que el segundo lleva en su hombro un arco. Nuestro guía es Christopher, quien tiene una pistola cargada con balas de madera en ristre. A medida que caminamos por la capa de nieve, nuestros pies se van humedeciendo hasta tal punto de perder la sensibilidad en nuestros miembros. Sin embargo, este hecho no nos impide seguir avanzando. El cielo adopta un tono azul marino y en él hay una brillante luna llena que yace acompañada por un puñado de estrellas, entre la que destaca una roja. Nuevamente tengo la sensación de que puede tratarse de mi madre. Debido a la oscuridad, nos vemos en la obligación de utilizar linternas con tal de abrirnos paso entre la naturaleza que se nos presenta sin sufrir el menor incidente.
—La luna está en su punto más alto, lo cual significa que acaba de desatarse la maldición de los hombres lobo— anuncia mi padre.
En ese instante percibo el crujir de las ramas de un árbol y me giro inmediatamente y apunto en dirección a la proveniencia de aquel sonido con tal de disparar la flecha. Por más que miro no encuentro ningún indicio que confirme que alguien nos acecha, así que decido darme media vuelta con tal de retomar la marcha pero, entonces, me topo con un chico a escasos centímetros de mí. Me sobresalto y esto provoca que dispare la flecha y esta vaya a parar a al estómago de la persona que tengo justo delante.
—Qué agradable bienvenida— dice Elián aquejándose del dolor al mismo tiempo que palpa su herida e intenta extraer la flecha.
—¿Qué haces aquí?
—Soy vuestro líder y debo ejercer como tal.
Elián extrae la flecha y emite un grito de dolor. Más tarde la arroja al suelo y palpa su herida con tal de comprobar su gravedad.
—Cuando te fuiste dejaste muy clara cual era tu postura.
—Desapruebo tu actitud ante la situación que se presenta. En ningún momento dije que no fuese a ofrecer mi ayuda en el plan propuesto.
—¿Cómo sé que puedo confiar en ti después de todo?
—No puedes. Simplemente tendrás que probar suerte.
Le fulmino con la mirada y le doy la espalda, retomando nuevamente la marcha. Continuamos avanzando, esquivando los obstáculos que se presentan, tales como rocas, ramas caídas, áreas deslizantes como consecuencia de la nieve e incluso algún que otro ciervo que se cruza en nuestro camino sin previo aviso. Finalmente, tras una media hora logramos alcanzar las proximadades de el corazón del bosque. Christopher indica a sus compañeros que se escondan con tal de evitar ser descubiertos por John Spinnet. La única persona que hace caso omiso de su advertencia soy yo, pues mi deber es encontrarme con el vampiro. Tras dedicarle una última mirada a mi padre y a Jonathan decido continuar sola mi camino. Camino sin cesar hasta llegar a un área donde los árboles forman un círculo, de manera que las copas están separadas las unas de las otras, dejando ver parte de un cielo azul marino estrellado que posee una espléndida luna llena que ilumina con su luz blanca la nieve que yace bajo mis pies, la cual resplandece. En el centro del perímetro hay un hombre de tez morena y cabello azabache que agita sus manos, de éstas salen chispas rojas. Todo sucede tan rápido que apenas soy consciente de ello. Lo único que sé a ciencia cierta es que estoy rodeada de llamas de un intenso color rojo y que a medida que me aproximo a ellas éstas aumentan su tamaño.
Percibo una nueva presencia, así que alzo la vista y la busco con la mirada. De entre unos árboles aparece el hombre moreno, de ojos inyectados en sangre y sonrisa malvada. Camina elegantemente hacia el brujo, quien le saluda con un asentimiento. Luego, su atención recae en mi persona y se toma la libertad de avanzar hacia mí. Cuando lo hace me percato de que el brujo de tez morena acaba de chasquear los dedos, posibilitando que unas velas de llama verde se enciendan, colocadas de tal forma que dan lugar a un rectángulo.
Me percato de que esa figura geométrica es en realidad un altar, en el que descansa inmóvil el cuerpo de un chico de piel cetrina, cabello color caoba y labios finos y carmesís.
—Vaya, vaya, así que tú eres Ariana— dice una voz grave.
Asiento.
—Es una lástima que tenga que sacrificarte, eres demasiado joven para morir.
—Cometes un error— confieso.
—¿Cómo dices?
Trago saliva y a continuación tomo una gran bocanada de aire.
—Vas a cometer un error si acabas con mi vida.
—El error es que sigas con ella.
—No sabes la historia, ¿verdad? Tu hermano nunca te la contó...
El vampiro intercambia una mirada con el brujo y luego vuelve a mirarme.
—Cuando el miedo se apodera de un cuerpo, nos nubla el juicio— dice.
—Si me matas vas a destruir a tu hermano. Soy la razón por la que él aún sigue con vida a pesar de estar momificado. Kai se valió del brujo que te está ayudando a llevar a cabo el sacrificio para encerrar el alma y con ello el poder de tu hermano en mi cuerpo. Si muero, Kai lo hará conmigo.
La expresión del vampiro se vuelve seria.
—¿Es eso cierto, Filch?
El brujo asiente una sola vez.
—Kai necesita beber de su sangre para volver a la vida pero no debemos permitir que acabe con ella o él también morirá.
—¿Por qué no me lo has dicho? ¡He estado a punto de asesinar a mi propio hermano!— dice gritando. Salva la distancia que le separa del brujo y rodea con sus manos su cuello. Para mi sorpresa, Filch no hace nada para defenderse. Tal vez su actitud se deba a que está seguro de que no va a hacerle daño, pues es el único capaz de deshacer el hechizo.
En ese instante percibo el crujir de las ramas de un tronco. John también se da cuenta de ello, pues se encamina hacia mí velozmente y le pide al brujo que deshaga el hechizo que me impide huir. Salva rápidamente la distancia que nos separa y se aferra a mi cuello con ambas manos. Además, me eleva, de manera que me ahogo con mayor facilidad. Sus manos ejercen tal fuerza en mi cuello que impide que el aire entre en mis pulmones.
—Creí haberte dejado claro que no cometieras ninguna tontería— enfrenta su rostro al mío y entreveo sus colmillos a través de sus labios—. Por suerte, siempre voy un paso por delante.
El brujo chasquea los dedos y en ese instante aparece unas llamas alrededor del cuerpo de una chica que yace con las manos amarradas con una cuerda. Su cabello moreno con reflejos rojos hace juego con el fuego que la rodea.
—¡Abby!— grito—. ¡Suéltala!— le pido al vampiro a plena voz—. Déjala marchar, por favor. Me tienes a mí, no la necesitas a ella.
—Te equivocas, ella es el imán que me permitirá retenerte aquí. Además, he pensado que podría ser el sacrificio humano que necesito.
Me suelta del cuello y al hacerlo caigo de bruces al suelo. Me incorporo lo más rápido que puedo y emprendo una carrera con tal de aproximarme a las llamas que rodean a Abby pero el brujo vuelve a chasquear los dedos, haciendo aparecer nuevamente unas llamaradas a mi alrededor. No consigo detenerme a tiempo, así que me quemo el dorso de la mano derecha. Emito un grito de dolor al mismo tiempo que retrocedo y procedo a envolver mi mano con un trozo de tela que arranco de la camiseta que llevo puesta.
—Empecemos el ritual— dice John.
Entonces alguien dispara una flecha, la cual cruza horizontalmente el perímetro y cuando está a punto de clavarse en la espalda de John, este se da media vuelta y se aferra a la flecha con la mano. Se detiene a contemplarla y a sonreír malévolamente. Luego la tira al suelo y se limita a mirar en todas direcciones.
—Habéis fallado. Tendréis que probar suerte la próxima vez.
De entre los árboles aparece mi padre encabezando el grupo de cazadores, quien porta en cada una de sus manos una pistola y dispara a diestro y siniestro al vampiro. Éste esquiva la mayor parte de las balas, aunque alguna de ellas logra alcanzarle. En este último caso parece no inmutarse siquiera. Tan solo se dedica a extraérselas como si nada. Junto a Christopher se encuentra Adrien, quien vuelve a lanzar otra flecha a John y a su lado Jonathan lanza unos puñales.
—¡Deteneos!— les pido—. Tiene a Abby y va a utilizarla en el ritual.
Jonathan mira hacia mi mejor amiga y intercambia una mirada con mi padre. Todos los cazadores se detienen con tal de recibir una orden por parte de Christopher pero éste parece estar tan confuso como ellos. El único que no acata mi petición es Elián, quien se dirige con paso vacilante hacia John Spinnet.
—¡No lo hagas!— le grito.
—Olvidaos de la chica— les dice a los cazadores sin mirar atrás—. Nuestra prioridad es Ariana, así que centrémosno en ella.
—¡¿Qué!?— digo a plena voz—. ¡Ni hablar! No pienso irme a ningún sitio sin Abby.
Elián se detiene justo delante de John y le sonríe forzadamente.
—Te propongo un trato. Te ayudamos a revivir a tu hermano y tú a cambio nos prometes dejarnos marchar. Estaríamos todos felices y coreando.
El vampiro original se echa a reír.
—¿De verdad crees que soy tan estúpido como para dejaros marchar?
—Lo he intentado por las buenas. Ahora voy a hacerlo a mi manera.
Elián le clava una estaca al vampiro en el corazón y este se queda por un momento boquiabierto, con la mirada perdida en la herida. Poco a poco alza sus manos y se aferra al trozo de madera y lo extrae progresivamente, gritando de dolor. Una vez consigue extraerla, se la clava con un ligero movimiento al vampiro que tiene delante. Elian cae de bruces al suelo y se lleva ambas manos a la herida, lugar del que escapa la sangre a borbotones, empapando su camisa azul marino. El vampiro se deja caer en el suelo derrotado, retorciéndose de dolor. Ladea la cabeza en dirección al lugar en el que estoy atrapada y alcanzo a ver como sus ojos verdes claro se ocultan poco a poco tras sus párpados, a pesar de sus múltiples intentos por impedirlo. Vislumbro un rastro de sudor que se forma en su frente y humedece su cabello moreno.
Entonces, los cazadores de enzarzan en una lucha contra el vampiro original y el brujo, quienes hacen todo lo posible por acabar con la amenaza. Alcanzo a ver como mi padre esquiva un golpe de John y como Filch tortura con fuertes dolores de cabeza a Jonathan, quien acaba de caer de bruces al suelo y tiene la cabeza apoyada en el suelo, cubriéndosela con ambos brazos. Adrien acabar de dispararle al brujo y por suerte la flecha se clava en su hombro. Filch la extrae y a continuación hace volar por los aires a Adrien, quien impacta contra el tronco de un árbol y cae al suelo insconciente. Un cazador pelirrojo y de ojos marrones le clava una espada por la espalda a John, quien se gira tras extraérsela y con un ágil movimiento le rompe el cuello al cazador. Suelto un grito tras presenciar aquella escena
—Filch, empieza con el ritual, yo me encargo del resto.
El brujo se coloca frente al vampiro momificado y comienza a agitar las manos encima suya, disparando destellos de color rojo hacia Kai. De repente se levanta mucho viento y el cielo se cubre de nubes grises, las cuales producen algún que otro relámpago. Cientos de copos de nieve comienzan a caer y a depositarse sobre nuestras personas. Acompañados de éstos viene una brisa gélida que azota nuestros cuerpos y silba al pasar entre las copas de los árboles, llevándose de estos últimos algunas hojas, las cuales hacen florituras en el aire antes de depositarse a los pies del brujo.
—Ya está todo preparado.
—¿Cuál es el siguiente paso?— pregunta John tras empujar violentamente a un cazador que le acechaba.
—Hacerle beber sangre.
John se acerca velozmente al lugar en el que me encuentro y permanece a la espera de que Filch me deje libre del hechizo. Cuando lo hace se aproxima a mí, se aferra con fuerza a mi antebrazo y me conduce hacia el altar en el que se encuentra su hermano Kai.
—¡No!— grita Jonathan con todas sus fuerzas una y otra vez.
John se hace con un cuchillo y realiza un corte profundo en mi muñeca. A continuación me obliga vertir la sangre que escapa de la herida en los labios del vampiro. Intento resistirme pero John, que es más fuerte, no me permite moverme siquiera. Pronto Kai va ganando cierto color y los dedos de sus manos comienzan a moverse. Clava sus colmillos en mi muñeca y yo suelto un grito de dolor. El vampiro se aferra a mi muñeca con fuerza y bebe de ella con fiereza, sin detenerse. Mis músculos flaquean y me siento débil, incapaz de mantenerme en pie. La vista se me nubla y la cabeza me da vueltas. Me tambaleo un poco y cuando estoy a punto abandonar, alguien se encargar de apartar al vampiro de mi lado, de manera que dejo de estar obligada. Caigo al suelo, rendida, aún con los ojos abiertos, con la visión borrosa. Lo único que alcanzo a ver son los llamativos colores de las llamas y las sombras que luchan por liberarse del mal que las retiene.
Siento como mi corazón se ralentiza y como consecuencia de ello mi respiración se vuelve más dificultosa. Un sentimiento de paz absoluta me envuelve y me invita a aferrarme a ella con todas mis fuerzas. Estoy tan agotada que no me veo con las fuerzas suficientes para negarme, así que me dejo llevar poco a poco. Tengo la extraña sensación de estar viviendo un sueño. Una sensación de bienestar se apodera de mi ser y ante mí se muestran recuerdos de mi niñez. Hay uno en concreto en el que permanezco más tiempo del debido. Este hace referencia a un día de playa. Una niña pequeña corre por la orilla del mar, huyendo de las olas que rompen a los pies de ella, dejando tras sí un rastro de espuma. Un hombre, de cabello castaño y ojos celestes sostiene una cámara y graba con ella. Corre tras mí con el propósito de convertirme en la protagonista de aquel recuerdo. Alejada de nosotros hay una mujer de cabello moreno junto a una sombrilla, que sostiene una toalla entre sus manos y me hace señas para que acuda a ella.
Siento como una fuerza proveniente del exterior intenta traerme de vuelta pero me niego una y otra vez, pues deseo seguir viviendo aquel recuerdo. Sin embargo, ese imán que me retiene en la realidad es más fuerte que yo, de forma que consigue atraerme. Pestañeo un par de veces y descubro que mi visión está dejando de ser borrosa. A mi lado hay un chico de cabello moreno y enormes ojos verdes claro, quien tiene el brazo extendido en horizontal, de manera que su muñeca yace unida a mis labios. En ese instante siento un sabor metálico en la boca.
Cambio el rumbo de mi mirada hacia la muñeca del vampiro y descubro un profundo corte en ella, del cual escapa una considerable cantidad de sangre que va a parar a mis labios.
Abro los ojos como platos y me muevo nerviosa.
—Tienes que beber— dice y suelta un grito de dolor. Desvío mi mirada hacia su torso y descubro que hay una estaca clavada en su pecho izquierdo, ocasionando así una herida mortal, por la que escapa la sangre a borbotones.
Obedezco a regañadientes y en el momento en el que siento que la vitalidad vuelve a mí, aparto su mano y me incorporo. El vampiro se deja caer sobre el suelo nuevamente y se retuerce de dolor a mi lado. Me aproximo lentamente a su persona, me detengo a su vera y me dedico a contemplar el trozo de madera que perfora su pecho.
—Tienes que quitármela— informa—. La estaca está rozando mi corazón. Tan sólo un centímetro me separa de la muerte— fuerza una sonrisa y a continuaión contrae el gesto.
Asiento y rodeo con ambas manos la estaca. A continución tiro de ella en sentido ascendente y el vampiro se queja del dolor que le produce.
—Queda poco— digo con tal de tranquilizarle.
Tiro nuevamente de la estaca y esta sale a la superficie, dejando tras sí un rastro de sangre. Sostengo el arma entre las manos y la observo detenidamente. En mi mente aparece un recuerdo que se encarga de rememorar la primera vez que maté a un vampiro. Fui consciente de como su piel se volvía grisácea y sus ojos perdían todo indicio de brillo. En aquel entonces pensaba que los vampiros eran los monstruos pero ahora no estoy tan segura.
Dejo caer la estaca y procedo a contemplar el pecho de Elián. Para mi sorpresa, la herida está cicatrizando a una velocidad sobrehumana.
—Será mejor que nos pongamos en marcha, tenemos que impedir que dos hermanitos decidan arrasar con la ciudad.
Elián se pone en pie y se encamina hacia John, quien lucha con un hombre lobo que hay encima suya. El vampiro original le clava un cuchillo al licántropo entre las costillas y este se desploma, adoptando su forma humana. Reconozco al instante al hombre que hay tirado en el suelo, retorciéndose de dolor. Es Frederick Anderson. Me apresuro a situarme a su vera y frenar la hemorragia con ambas manos.
—Tienes que huir, Ariana, corres peligro— dice débilmente.
—No pienso dejar que mueran más vidas inocentes.
Poco a poco el rostro de Frederick va palideciendo, pues mis manos no consiguen detener la hemorragia, a pesar del empeño que pongo en ello. A mi lado aparece Gideon, quien se arrodilla a mi vera y mueve sus manos, liberando chispas de color azul sobre el cuerpo del hombre. La herida mortal de éste va cicatrizando progresivamente hasta tal punto de desaparecer por completo. Es como si jamás se hubiese producido. Frederick inspira una gran bocanada de aire y abre los ojos de par en par. Lo primero que hace es intercambiar una mirada conmigo, lo segundo comprobar la herida que tenía y lo tercero darle las gracias al brujo.
—Gracias— agradezco a Gideon al mismo tiempo que enjugo las lágrimas que se deslizan por mis mejillas.
—No hay de qué— cambio el rumbo de mi mirar en dirección a Jonathan y descubro que él ya me está mirando—. Desharé el hechizo.
Gideon se pone en pie y se dirige hacia Jonathan, aprovechando que Filch está enzarzado en una lucha con un cazador. Me incorporo y permanezco inmóvil observando el desastre que se está desatando a mi alrededor; Adrien yace insconciente a los pies de un árbol, completamente vulnerable. Mi padre tiene un corte en el hombro, por el que escapa un río de sangre que se encarga de impregnar su camiseta. A pesar del malestar físico continúa disparando a diestro y siniestro hacia los acechantes, ocultándose tras los troncos de los árboles cuando es necesario. Jonathan está arrodillado en el suelo, con la cabeza apoyada en éste y las manos cubriendo su cabeza. El dolor físico y psicológico que le está ocasionando Filch le impide reponerse. Frederick acaba de unirse a Elián en su lucha contra John. A juzgar por lo que presencio, tienen todas las de perder. Aún así saca fuerza de donde no las hay y continúan atacando al vampiro. Junto a un árbol se halla Filch batalleando con un cazador, lanzándole múltiples hechizos, los cuales esquiva su oponente. A los pies del altar yace el cuerpo inerte de un chico pelirrojo, quien aún tiene los ojos abiertos. Cambio el rumbo de mi mirada hacia un círculo custodiado por uns vivas llamas de color rojo, las cuales impiden alcanzar a una chica morena con reflejos rojos que está tirada en el suelo, con las manos atadas con una cuerda.
Entonces, todo ocurre muy rápido. John consigue escapar de sus oponentes, salva la distancia que la separa de Abby, espera a que la barrera desaparezca y entonces incorpora a la chica y sin pensárselo dos veces le clava un puñal en el pecho. La chica se estremece y mira asustada la profunda herida de su pecho. A continuación sus ojos me miran sin ver y soy consciente de como pierden todo indicio de brillo. Su cara pasa a ser inexpresiva. Además, su piel palidece como consecuencia de la pérdida de sangre. Cae al vacío y su cabeza impacta contra el suelo, dando lugar a un golpe sordo.
—¡¡Abby!!— grito con todas mis fuerzas.
Todos los presentes dejan de luchar y centran su atención en la chica que acaba de perder la vida. John se aproxima al altar y yo aprovecho la ocasión para emprender una carrera hacia mi mejor amiga. Me arrodillo a su lado, zarandeo sus hombros en un intento de reanimarla y procedo a aferrarme a su cuerpo y acercarlo a mi pecho. Las lágrimas escapan de mis ojos y se deslizan con rapidez por mis mejillas. Abro la boca y varios sollozos salen por ella.
—Tú no, por favor— digo sollozando—. No puedes estar muerta. Solo estás insconciente, tiene que ser eso, estoy convencida.
Jonathan, quien ha conseguido liberarse del dolor que recaía sobre él, se arrodilla a mi lado y me rodea con uno de sus brazos. Mi padre se sitúa a los pies de Abby y contempla con expresión consternada el cuerpo inerte de mi amiga. De detrás de Christopher aparece Elián, quien se arrodilla junto a la chica y toma su mano con tal de medir su pulso. Su rostro se ensombrece casi de inmediato y deja ver una expresión afligida. Alza la mirada y le deposita en mí. Frunce el ceño y mantiene apretado los labios, formando una fina línea. Entonces, ladea la cabeza de un lado a otro en señal de negación y se pone en pie.
—Ha muerto— admite.
—¡No!— añado con firmeza—. No te atrevas a decir que está muerta porque no es así. El golpe que se ha dado en la cabeza debe haberla dejado insconciente. Sí. Tiene que ser eso.
—Se ha ido, Ariana— confiesa mi padre—. Cuanto antes lo aceptemos, mejor.
Busco entre la multitud un gesto que me indique lo contrario pero al no hallarlo empiezo a sentir verdadero terror. Me aferro con fuerza a Abby y mi llanto se desata hasta alcanzar límites insospechados. Aprieto la mandíbula y entreabro los labios. Las lágrimas descienden por mis mejillas y mueren en mi boca, dejando tras sí un rastro de sal.
—Debe haber una forma de salvarla— empiezo a decir. Cambio el rumbo de mi mirada hacia Gideon Sallow—. Un hechizo podría traerla de vuelta. Sí. Eso es.
Enjugo las lágrimas con la manga de mi camiseta.
—Es cierto que hay un hechizo pero realizarlo trae consigo consecuencias. No se puede burlar a nuestro antojo a la muerte, ésta forma parte de la vida.
—No me importan los efectos secundarios. Solo haz que vuelva, por favor.
Gideon asiente muy a su pesar y se arrodilla ante la chica. Me incorporo y Jonathan me imita. Más tarde me abraza con fuerza y yo le correspondo apoyando la cabeza en su hombro y derramando las lágrimas que me quedan. Además, acaricia mi cabello desde la raíz hasta las puntas en un intento de tranquilizarme. Miro por encima de su hombro y descubro a Elián a lo lejos, con la mandíbula apretada y la mirada perdida en la joven que yace en el suelo. Entonces, alza la vista y la fija en mí. Le sostengo la mirada durante unos segundos, tras los cuales vuelvo a centrar mi atención en la camiseta que lleva puesta Jonathan.
El brujo agita las manos y de éstas escapan unas chispas azules que van a parar al cuerpo de la chica, el cual está cubierto de copos de nieve y depositado sobre una capa de ésta. Un fuerte viento se levanta y arranca violentamente algunas hojas de las copas de los árboles, obligándolas a hacer florituras en el aire antes de caer. Un fuerte destello de luz azul envuelve el cuerpo de Abby y lo eleva en el aire durante unos segundos, tras los cuales aparece un destello dorado en su pecho. Desciende nuevamente el cuerpo y se deposita en el terreno cubierto de nieve. En ese instante soy consciente de como su piel vuelve a ganar color y sus mejillas a adoptar un tono rosado. Su cabello, que antes se había apagado, nuevamente gana vida, empezando por la raíz y extendiéndose hacia las puntas que descansan a la altura de su clavícula. Su pecho, anteriormente desinflado, vuelve a inflarse, y percibo una vibración en el lugar exacto en el que descansa su corazón. Poco a poco voy alzando la mirada hasta centrarla en el sitio en el que poseía la herida que acabó con su vida. Ésta ha cicatrizado y lo único que queda de ella es el rastro de sangre en la camiseta. Abby inspira una gran bocanada de aire y abre los ojos de par en par.
—¿Qué ha pasado?
Me arrodillo a su vera y le abrazo.
—Todo está bien— deposito un beso en su frente y procedo a acariciar su cabello—. No tienes de qué preocuparte.
Elián ladea su cabeza y todos imitan su gesto. En la lejanía, donde se encuenta el altar, un vampiro acaba de despertar después de dos siglos sumido en un profundo sueño. Se pone en pie y contempla todo cuanto le rodea. Sus ojos son pardos y resultan intimidantes. Sus labios carmesís están manchados de mi sangre. En cuanto Kai se da cuenta de éste último hecho pasa su lengua sobre ellos y elimina el rastro. Su atención la capta su hermano John, a quien le da un abrazo con tal de recompensarle por cada paso que ha dado para su salvación. Con un ligero asentimiento agradece a Filch el trabajo que ha hecho durante estos años. El vampiro nos mira y ríe malévolamente al ver nuestro miedo reflejado en nuestros rostros.
—El juego acaba de empezar— concluye.
Los vampiros originales huyen a gran velocidad, desapareciendo tras las abrazadoras llamas, generando así el pánico.
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