Capítulo 14 (parte 1)
Ella se detuvo. Estaba completamente sola y rodeada de árboles por donde mirase. Se sentó en el suelo contra un tronco. Dobló sus piernas y tiró de su cabello con ambas manos mientras trataba de tranquilizarse. Miró sus manos y nuevamente vio sangre. Quiso gritar de horror mientras seguía negándose a creerlo pero no lo hizo. Por más que intentaba olvidarlo no podía. Estaba sola y aún así las imágenes pasaban frente a sus ojos. La sangre, las miradas acusatorias, Jess gritándole que era una mentirosa y una traidora.
Lizz sintió la desesperación invadirla nuevamente. Ella miró a su alrededor y gimió al ver sangre en todas partes. Las hojas de los árboles estaban llenas de sangre y los troncos también como si se tratase de una escena de una película de terror donde un asesino había cumplido con su acto. Había sangre en todas partes. Y ella miró sus manos totalmente manchadas y su ropa, hasta sentía su rostro manchado con sangre. Quiso gritar de horror pero el grito se quedó en su garganta. Sus manos temblaban ligeramente. No, aquello no era posible, ella no era culpable.
Metió una mano dentro del bolsillo de su chaqueta y sacó un pequeño cuchillo que le había robado a Jess días atrás ya que ella no lo usaba. Arremangó su abrigo mientras las lágrimas ardían en sus ojos y luchaba por contenerlas. Miró la blanca piel de su brazo también manchada con sangre y no vaciló al momento de acercar el cuchillo.
Echó su cabeza hacia atrás y miró el oscuro cielo a través de las ramas mientras sentía un cálido líquido correr por su brazo.
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Damon se detuvo un momento para observar su alrededor. Silencio absoluto, eso estaba bien. Continuó caminando tranquilamente sin dejar de estar atento al más mínimo movimiento. Estaba alerta, esperando que la música apareciera en cualquier momento pero no fue así. Se encogió más dentro de su abrigo a pesar de no sentir frío realmente y siguió caminando.
Se detuvo al encontrar a Lizz sentada en el suelo y empapada. Ella lo miró de soslayo y se puso en pie pero se negó a mirarlo al rostro. Él la observó durante un momento. Estaba pálida, y temblando nuevamente, pero sus labios conservaban aún ese tierno color rosa por lo que no había nada por qué preocuparse realmente. Entonces la sangre en el suelo captó su atención y él se deshizo con furia de cualquier pensamiento que surcase su mente.
—¿Qué haces aquí? ¿Tienes idea de lo peligrosa que puede llegar a ser la noche? —Preguntó.
—No tengo a dónde ir —Dijo ella y entonces levantó la vista para mirarlo molesta—. Y no necesito que nadie ande preocupándose por mi estado o cuidando de mí. Puedo yo sola.
—Estás mojada, te enfermarás —Dijo él.
—¿Y qué? —Preguntó ella con furia—. Puedo arreglármelas sola, no necesito de tu ayuda.
—Estás herida —Dijo él y entonces ella se congeló.
Lizz lo miró temiendo que él la hubiera descubierto y se tensó cuando Damon tomó su mano. No, lo último que ella necesitaba ahora era aquello. Pero cualquier temor que hubiera tenido quedó de lado cuando él sopló sobre su mano y vio su puño totalmente raspado. Lizz ladeó ligeramente la cabeza y miró su herida con curiosidad, se había olvidado totalmente de su presencia.
—No es bueno que huyas de ese modo —Dijo él sin levantar la vista e hizo presión con sus dedos sobre la herida—. Es peligroso que andes sola durante la noche. No deberías haberlo hecho. ¿Con qué te hiciste esta herida?
—El hielo me raspó cuando intenté romperlo —Respondió—. Estaba muy duro.
—Lo que hiciste fue arriesgado, y estúpido —Dijo él y entonces soltó su mano—. Pero valiente, y muy noble.
—Fue estúpido e inútil —Dijo ella—. Quizás hubiera debido dejar a Jessy morir, al menos así los demás hubieran tenido más motivos para verme como una asesina. O quizás simplemente no debería haber hecho nada. Perdí una flecha por nada. Ahora estoy mojada y muerta de frío solo para que me hubiesen tratado de ese modo. ¿Sabes qué? No necesito ni de tu compañía. Seguramente también debes creer que soy una asesina. Déjame sola.
—Yo no creo que seas una asesina —Dijo él.
Ella estuvo sorprendida al oír aquello y lo miró durante unos segundos. Era increíble cuánto había necesitado oír aquellas palabras en los últimos días y habían llegado de la persona más inesperada. Su voz había sonado realmente sincera y Lizz estaba agradecida de haber oído aquello, de saber que al menos una persona no la creía una asesina.
—¿Por qué me seguiste? —Preguntó ella.
—Porque no puedes estar sola durante la noche y mucho menos con una herida —Dijo él—. Un monarquista rápidamente podría rastrearte y matarte. Tienes suerte de que no haya ninguno cerca. Tienes que cambiarte cuanto antes, no puedes permanecer mojada.
—No tengo a dónde ir —Dijo ella—. Es evidente que Jess no me dejará entrar a su departamento después de la escena que armó.
—Yo me ocuparé de solucionar el problema con Jess pero primero necesitas cambiarte y entrar en calor —Dijo él y suspiró—. Sé que me arrepentiré de esto. Sígueme.
Ella lo miró confundida pero no dijo nada al respecto y obedeció. Lo siguió en silencio hasta salir del parque. Él no habló, parecía muy sumido en sus pensamientos y distante, como siempre. Ella a veces lo miraba de soslayo, tratando de comprenderlo. Pero cada vez que creía comenzar a conocerlo algo sucedía y todo cambiaba. Le había dicho que lo que había hecho era valiente y muy noble, y que no la creía una asesina y aquello realmente la había sorprendido. Lizz trataba de entender la calma que le causaba que él le hubiera dicho aquello.
Se detuvo totalmente en la entrada de un edificio y Damon la miró sobre su hombro al llegar a la puerta. Ella lo miró sin comprender realmente pero él no dijo nada. Un joven empleado se acercó para abrirle la puerta, le sonrió amigablemente a Damon y entonces se quedó sorprendido al ver a Lizz detrás de él.
—¿Quién es ella? —Preguntó.
—No la has visto, no sabes nada de ella y no la mencionarás. No quiero posibles problemas —Dijo Damon y miró a Lizz—. Entra ya, me niego a volver a tratar hipotermia.
Ella obedeció al instante y entró sin decir palabra alguna. El empleado cerró la puerta detrás de ella y Lizz observó la maravillosa recepción totalmente de mármol y decorada de un modo sofisticado. Notó que el empleado no dejaba de mirar la marca en su mano y rápidamente la escondió dentro de un bolsillo de su abrigo. Siguió a Damon por el vestíbulo hasta las puertas dobles del ascensor al final.
—¿Qué hago si ella decide aparecer? —Preguntó el empleado y miró de reojo la aljaba que portaba Lizz.
Damon se tensó y la expresión de su rostro junto con sus manos se crispó. Sostuvo una mano para que las puertas no se cerraran. Al parecer aquello lo había alterado realmente por alguna razón. Lizz nunca antes lo había visto así, alterado. No pudo evitar preguntarse qué o quién podía causar una reacción así en él.
—No se aparecerá —Dijo Damon—. Si lo hace dile que no estoy, que la veré más tarde.
—Entendido —Dijo él.
Las puertas del ascensor se cerraron y este comenzó a elevarse. Damon se apoyó contra una de las paredes y se pasó una mano por el cabello. Lizz lo observó con real curiosidad tratando de descifrar qué pasaba por su mente. ¿Quién era ella? ¿Su madre? ¿Una hermana quizás? ¿Una familiar o alguna conocida? ¿Su novia? Lizz quitó de su cabeza aquella idea al instante. ¿Qué le importaba si ella era su novia? Pero la pregunta estaba allí y ella no dudó en que alguien como Damon no podía no tener novia.
¿Y si así era por qué mentirle? Ella contuvo una mueca al saber que seguramente no sería muy bien visto que Damon estuviera metiendo a una desconocida a su casa. Quizás debería haberse negado, lo más sensato hubiera sido aquello. Debería haberle dicho no. ¿Y si él se estaba metiendo en problemas por lo que estaba haciendo? Porque era evidente que deseaba que nadie se enterase de su presencia en aquel edificio.
El ascensor se detuvo y las puertas se abrieron. Lizz salió y siguió a Damon por un angosto y sencillo pasillo. Observó que había dos puertas solamente y ambas en la misma pared frente al ascensor, dos posibles departamentos. Él se detuvo en la puerta de la izquierda y buscó en el bolsillo de su chaqueta hasta sacar un juego de llaves. Las introdujo en la cerradura y abrió la puerta.
Lo primero que supo al entrar al departamento fue que Damon vivía solo. El departamento era pequeño y sencillo. Había una bien equipada cocina a la izquierda que se comunicaba directamente con la sala de estar y solo estaba separada de esta por una mesada. La sala tampoco era muy grande, quizás un poco más que una habitación promedio. Había un oscuro sillón frente a un televisor pantalla plana que estaba sobre un mueble junto con un equipo de audio y un reproductor de DVD. Varios cd's de música y películas estaban ordenadas en los estantes del mueble. Había también un piano en una parte de la sala y ella recordó que Damon le había mencionado que sabía tocar el piano. Del otro lado había una puerta que seguramente comunicaba a su habitación.
Damon se quitó su chaqueta y la colgó de una percha junto a la puerta. El ambiente realmente era cálido y agradable, se podía estar tranquilamente sin ningún abrigo. Ella se quitó también su abrigo pero lo sostuvo. Trató de no moverse demasiado sin desear empapar el suelo pero lo cierto era que su cabello no dejaba de chorrear agua. Miró para todos lados buscando el más mínimo indicio de la presencia de otra persona en aquel departamento pero no encontró nada.
—Deberías darte una ducha caliente. Puedo conseguirte algo de ropa —Dijo él y entonces se detuvo a mirarla y frunció el ceño—. Estás herida.
—No —Dijo Lizz al instante.
Él se acercó hasta estar frente a ella y entonces la tomó por la muñeca. Lizz intentó evitarlo pero él fue más rápido y no pudo evitar que corriera la manga de su camisa hasta dejar la mitad de su brazo al descubierto. Ella no quiso ni mirar los tres profundos cortes cruzados que se había hecho ni su piel manchada de sangre. Increíblemente, se sentía aún peor que cuando Liam la había descubierto en medio del acto y la había detenido.
—Te hieres a ti misma —Dijo él y la soltó bruscamente—. ¿Por qué lo haces? ¿Por qué cortarte?
—No es tu asunto —Dijo ella sin atreverse a mirarlo y sintiéndose herida por la furia en su voz.
—¡No puedes simplemente hacerte daño a ti misma por voluntad! ¿Crees que está bien lo que haces? ¿Que cortarte es la solución a todo? ¿Tienes idea de lo que realmente haces? ¡El dolor no soluciona nada! Creía que eras diferente, que estabas a la altura de lo que demostrabas. Pero me equivoqué, no eres más que una tonta niña —Dijo y Lizz lo miró herida por como la llamó—. que se hace daño a ella misma. ¿Qué crees que pensarían tus padres si lo supieran? ¿Qué crees que sentirían al ver que te cuidaron tanto todos estos años solo para que tú misma te cortes? Estarían avergonzados de que su hija que superó todos los problemas que la vida le puso en el camino se autoflagelara. Tu padre estaría furioso y tu madre horrorizada. ¿Qué crees que sentirían al saber esto?
—Están muertos —Dijo Lizz manteniendo la vista baja y Damon se detuvo al oír que su voz se quebró. Ella temblaba ligeramente y sus diminutas manos estaban cerradas en puños a ambos lados de su cuerpo—. Ambos están muertos —Ella no pudo evadir más el dolor al finalmente admitirlo, no pudo mantener más aquella fachada de que era fuerte y lo que había sucedido no la afectaba ni le dolía.
—¿Y crees que cortarte te ayudará en algo a superarlo? —Preguntó él suavemente y ella levantó la vista y lo miró con sus ojos aún más brillosos a causa de las lágrimas.
—Están muerto. Mi mamá y mi papá están muertos —Dijo ella luchando por contener el llanto pero este finalmente la venció—. ¡Mis flechas los mataron!
Ella simplemente no resistió más y todo el dolor y la culpa que la habían amenazado todo este tiempo la tiraron abajo. Damon la sostuvo antes de que se echara al suelo a llorar. Lizz gimió de dolor y se encogió contra él. No quería parecer débil, no quería que la viera llorar pero ella ya no podía soportar aquel dolor que había tratado de ignorar todo ese tiempo desde que había sucedido la tragedia.
Se aferró con ambas manos al sweater de él y lloró todo lo que no había llorado en días. Intentó controlar sus gemidos o los ligeros temblores de su cuerpo pero le era imposible. Ya no tenía fuerzas ni para fingir que podía soportarlo, que no le afectaba lo que había sucedido realmente. Se sentía miserable y culpable y no quería abrir los ojos con temor a ver de nuevo la sangre en sus manos o encontrar una mirada acusatoria.
—¿Hace cuanto pasó eso? —Preguntó él.
—Tomamos un vuelo a New York horas después —Dijo ella y entonces lo soltó y se alejó un paso de él—. No debería...
—No deberías haber pretendido ocultar ese dolor —Dijo él—. ¿Le has contado a alguien de esto?
—¿Y qué se suponía que iba a decir? ¡Ni Liam lo sabe! —Dijo Lizz y nuevamente estaba temblando mientras las lágrimas corrían por su rostro—. Él no sabe lo que yo, no vio lo mismo que yo. No puedo quitarme aquellas imágenes de la cabeza, no puedo dejar de sentir que todos creen que yo soy la culpable de la muerte de mis padres. Cuando veo mis manos, veo sangre; y cuando miró a los demás, veo miradas acusatorias. ¿Cómo crees que aquello se siente?
—Te enloquece y sientes todas las miradas clavadas en ti. Y poco a poco comienzas a creer que eres tú quien está equivocado y que los demás tienen razón, que eres culpable y esa culpa te carcome por dentro. Te hace ver sangre en tus manos y luego en todas partes y no puedes cerrar los ojos para tratar de evitarlo porque entonces ves las imágenes de lo que pasó y es aún peor —Dijo Damon y ella se calló al ver que lo describía exactamente como era. Él la miró—. ¿Crees que no sé lo que se siente? El dolor es horrible y la culpa es insoportable y no importa cuántas veces te repitas que no es cierto lo que los demás creen, no logras convencerte. Y lo único que quieres es huir, correr y dejar todo atrás. Sé lo que se siente pero hacerte daño propio no es la solución, créeme.
Lizz lo miró sin palabras pero él se dio vuelta y se sentó en el sillón. Ella lo observó en silencio sabiendo la verdad a pesar de que él no había dicho nada. Se sintió terrible por haberle recordado un dolor que era evidente él trataba de olvidar. Se limpió las lágrimas y se acercó hasta sentarse junto a él. Damon permaneció apoyado sobre sus piernas y con la cabeza gacha, las manos juntas delante de él.
—No deberías cortarte —Susurró él—. Yo sé lo que se siente pero cortarte no servirá de nada. Lo que ellos menos quisieran en este momento sería que tú te hicieras daño a ti misma.
—Lo sé —Dijo ella—. Sé que no está bien y que no debería hacerlo pero el dolor físico aclara mi mente. Ellos quieren que lo haga porque creen que soy culpable. No puedo, intento pero no puedo evitarlo.
—Dámelo —Dijo él seriamente y tendió una mano.
—¿Qué? —Preguntó ella.
—El objeto con el cual te cortaste —Dijo Damon—. Si eres una buena cazadora entonces respetas tus armas y no utilizaste tus flechas para un fin tan sucio. Dame sea lo que sea con lo que te hayas cortado.
Ella miró para otro lado y se tragó todo su orgullo antes de rebuscar dentro de sus bolsillos. Tomó fuertemente el pequeño cuchillo y vaciló al momento de entregárselo. Cerró los ojos antes de soltarlo y contuvo un gemido cuando él se lo arrebató de su mano.
—¿Nada más? —Preguntó Damon ligeramente sorprendido—. ¿Eres una cazadora y solo andas con tu arco, tus flechas y esto?
—Me quitaron todas mis cosas —Dijo ella—. Ya no tengo permiso para portar ningún tipo de arma que no sea mi arco o flechas. Estoy fuera de ley en este momento, mis flechas no deberían ser tan afiladas ni debería tener ese cuchillo.
—¿Qué sucedió? —Preguntó él y ella bajó la vista mientras luchaba nuevamente contra el dolor.
—Fue un viernes a la noche. Yo no sabía, juro que no sabía nada ni lo había sospechado. Me había quedado fuera hasta muy tarde. Liam tenía servicio al día siguiente a primera hora por lo que se acostaría temprano y mis padres habían salido a una fiesta. Yo me sentía libre, podía regresar a la hora que desease, tenía toda la noche para mí y nadie sabría ni me controlaría a qué hora volvía ni nada —Dijo Lizz y cerró fuertemente sus manos luchando ante el recuerdo—. Volví tarde a casa. Liam dormía y mis padres no habían regresado. Me sentía bien, había hecho de las mías sin que nadie supiera. Dejé mis cosas a un lado y entonces el teléfono sonó.
>>Me apresuré a atender temiendo que el ruido pudiera despertar a Liam y él me atrapara. Cuando lo hice y escuché las malas noticias sentí que todo se destrozaba, cualquier felicidad que hubiera tenido por mi noche quedó totalmente hecha trizas. Ni siquiera terminé de escuchar lo que el hombre me decía. Tomé mi abrigo y salí de la casa, corrí hasta el lugar de los hechos. No derramé ni una lágrima, no quería creerlo, no me parecía posible.
>>El salón en donde mis padres habían asistido a una fiesta estaba totalmente cerrado y vacío a excepción de miembros de la Sociedad. Escuchaba los gritos, las órdenes, sabía que algo horrible y trágico había sucedido pero todo me parecía tan irreal. Entré y seguí a un hombre hasta una oficina. La puerta estaba cubierta con cinta que prohibía el paso y no dejaban de entrar y salir hombres de investigación. Entré sintiendo mi corazón en mi garganta y entonces los vi.
>>Ellos estaban ahí. En el suelo. Muertos. Sin vida. Y abrazados. Él la rodeaba con tanto amor como siempre le había visto hacer y ella se aferraba fuertemente a él al igual que todas las veces que los había visto así. Quise creer que no era cierto, que estaban dormidos y que nada malo había sucedido en realidad. Pero había sangre. El vestido de ella estaba manchado de sangre al igual que el traje de él y ninguno tenía peso o pulso. Me dijeron que los habían encontrado así y a simple vista parecía que estaban durmiendo en paz —Las lágrimas corrían sin control sobre sus mejillas pero ella continuó—. Y entonces recordé cada mañana que de pequeña me había colado en su habitación y me había acurrucado entre ellos dos. Y quise hacerlo de nuevo, quise acostarme entre ellos dos y que mi mamá se despertara y me acariciara el cabello mientras mi papá bostezaba y me deseaba buenos días. Pero no era de día, era de noche. No había nada de bueno sino que al contrario. Y ellos no estaban durmiendo, estaban muertos.
>>Uno de los agentes me tomó y me llevó a una habitación contigua para que estuviéramos solos. Yo lo conocía, él era un buen amigo mío, llevábamos años de confianza entre nosotros. Yo aún no terminaba de creer lo que estaba pasando y entonces él tomó dos flechas que había ocultado en aquella habitación y me las mostró. Y yo las reconocí al instante. Eran mías, no podían ser de otra persona. Me explicó que él era quien había encontrado a mis padres y que esas dos flechas habían estado entonces en sus gargantas. Eran mis flechas lo que los había matado. Él las había tomado y ocultado antes de avisar a los demás sobre su hallazgo.
>>Y yo en aquel momento no lo creía, cada vez todo me resultaba más imposible. Y entonces pensé en Liam, en que él estaba solo en casa y durmiendo. No pude evitar huir de ese lugar, corrí con desesperación todo el trayecto hasta mi casa deseando no encontrar un cuerpo sin vida al llegar. No quería perderlo a él, no ahora que había perdido a nuestros padres. Y cuando llegué a casa vi una sombra y disparé. Escuché una maldición y volví a cargar otra flecha pero cuando miré nuevamente ya no había nadie.
>>Los demás miembros me habían seguido y enseguida empezaron a examinar la casa. Fue un alivio saber que Liam estaba bien y yo solo quería abrazarlo y llorar pero no podía, no me atreví. ¿Cómo decirle que nuestros padres estaban muertos? ¿Cómo decirle que eran mis flechas quienes los habían matado? Estuve fuera, sentada en el borde de la calle, sola. No me atrevía ni a estar cerca de él, no sabía cómo hacer para mirarlo luego de lo que había sucedido. Me sentía miserable y culpable y por más que los demás no lo sabían sentía que todos eran conscientes y me miraban de un modo acusatorio.
>>Me abracé fuertemente. Estaba nerviosa y desesperada, sentía una presión que me mataba. Comencé a rascarme inconscientemente y entonces mis uñas rasguñaron la herida que tenía de hacía años gracias al monarquista y sentí dolor. Y el dolor aclaró mi mente. Y volví a hacerlo. Con mis propias uñas me abrí nuevamente aquella herida y seguí lastimándome a pesar del intenso dolor que me provocaba. Y Liam me encontró y me detuvo. Y estuvo realmente molesto por lo que estaba haciendo y preocupado por mí pero yo no lo escuchaba, no podía dejar de pensar en lo que había sucedido.
>>La Sede nos acogió aquella noche pero yo no lograba superarlo. Y entonces apenas estuve sola volví a hacerlo. Volví a rasguñar con furia aquella herida para hacerme doler y me di cuenta de que ya no era suficiente. Tomé un cuchillo e intenté cortarme pero nuevamente Liam me encontró y me detuvo antes de que pudiera hacerme daño. Dijeron que lo que había sucedido había sido muy fuerte para mí y que me había afectado, clasificaron mi salud mental como inestable. Me despojaron de cualquier elemento que tuviera con el que pudiera hacerme daño a mi misma. Cuchillos, encendedor, alfileres de gancho, todo. Solo me dejaron mi arco y mis flechas pero les quitaron todo el filo a estas.
>>Pasé la noche en vela. No podía dejar de rasguñar mi herida. El dolor me ayudaba a sobrellevarlo. Nuestros padres estaban muertos. Por más que para la Sociedad yo era considerada mayor de edad y Liam no lo pusieron a él a cargo de mi cuidado por mi supuestamente frágil estado mental. La Sociedad decidió que lo mejor sería ponernos bajo el cuidado de un familiar. Liam cree que yo no lo sé, de verdad cree que yo no me colé aquella noche en el pasillo mientras todos creían que estaba durmiendo y escuché de lo que hablaban.
>>Todos nuestros familiares estaban muertos. Mis abuelos, mis tíos, mis primos, todos estaban muertos. Nadie con un mínimo de nuestra sangre quedaba con vida. La única de la que aún no se tenía noticias sobre un posible fallecimiento era Gael. Estaba horrorizada por lo que había sucedido con toda mi familia y quise escuchar más cuando Liam reclamó una explicación pero la Sociedad declaró que el asunto era confidencial y que lamentablemente no podían darle acceso a esa información.
>>Él no se conformó con eso pero tampoco hizo algo al respecto. Yo sí, necesitaba saber la verdad. Esa misma noche me metí en los archivos de la Sociedad y busqué los casos de las muertes de mis familiares. ¿Adivina qué? Todos habían muerto asesinados y todos por una flecha, una mía, en la garganta.. El único caso donde no era mencionada ninguna flecha era el reciente caso de mis padres y aquello gracias a que un amigo me había cubierto.
>>A la mañana siguiente Liam me hizo tomar con él el primer vuelo a New York. Nos detuvieron en el aeropuerto al ver la marca en su mano. A mí me dejaron libre unos momentos después pero a él no. Me pidió que buscara a Gael y me quedara con ella, teníamos su dirección. Y eso fue lo que hice. Tomé el primer taxi que encontré y le indiqué la dirección.
>>En todo este tiempo, al menos hasta ahora, no he derramado ninguna lágrima por lo que sucedió ni le he mostrado a Liam que realmente me dolió. Fueron mis flechas, mis flechas los mataron a todos. No sabes lo que fue para mí entrar al departamento de Gael y ver mi flecha clavada en su garganta. Nadie sabe que yo sé eso, Liam no conoce la verdad pero la culpa me está matando. ¡Mis flechas los mataron! Y yo solamente lo tengo a él ahora, no lo quiero perder también pero tampoco quiero encontrarlo un día con una flecha mía en la garganta. Es mi hermano, es lo único que me queda y no quiero perderlo también. Pero él se molestaría mucho si le digo la verdad y que mis flechas los mataron a todos.
Ella gimió de dolor y tiró de su cabello. El dolor la calmó un poco pero no era suficiente. Ella quería quitarse cuanto antes aquellos sentimientos que sentía. Deseaba dejar de sentirse culpable o ser acusada por todos. Lizz había creído mantener bien guardado su secreto pero ahora Jess lo sabía de algún modo y ella solo deseaba desaparecer. Miró los tres cortes en su brazo con deseo pero se contuvo de hacerse daño. No lo haría, no en presencia de Damon y él tampoco se lo permitiría.
—No le cuentes a nadie —Dijo ella—. Haré lo que quieras pero no le digas a nadie.
—Tienes que decírselo a tu hermano —Dijo Damon y Lizz negó con la cabeza—. Él no te culpará de nada. Tienes que explicarle lo que te sucede. No puedes simplemente seguir cargando con eso.
—Sí puedo —Dijo ella—. Si lo he hecho todo este tiempo puedo hacerlo aún más.
—Empezaste abriéndote heridas pasadas. Yo vi cómo intentabas quemarte y ahora te has cortado. ¿Qué pasará cuando no importe qué dolor te causes no te resulte suficiente? ¿Te matarás? —Preguntó él—. A tus padres no les gustaría aquello, no desearían que te hicieras daño.
—No puedo evitarlo —Dijo Lizz.
—Te ayudaré a que no lo hagas pero tienes que contárselo a Liam —Dijo Damon.
—Él ya sabe que me lastimo —Dijo ella.
—No me refiero a eso —Dijo él y ella se encogió en su lugar.
—No puedo —Susurró—. No puedo decirle la verdad.
—No puedes seguir fingiendo que todo está bien cuando no lo está —Dijo él.
Ella se limpió las lágrimas y trató de parecer fuerte o al menos dejar de llorar. No podía decirle a Liam la verdad. Él había vacilado al ver la flecha que había matado a Gael, Lizz no quería ni imaginar qué pensaría él si le decía que sus flechas también habían sido encontradas culpables de las muertes de sus demás familiares.
—Estaré contigo cuando se lo digas si quieres —Dijo Damon y ella levantó la vista para mirarlo.
—¿Por qué haces esto? ¿Por qué de pronto me ayudas? —Preguntó ella—. Creía que nada ni nadie te importaba.
—No permitiré que te sigas haciendo daño a ti misma —Dijo él.
—¿Acaso tú no sientes la necesidad de hacerlo también? Dijiste que sabes lo que siento, lo describiste perfectamente. Tus padres están muertos. Por eso vives solo, por eso nadie sabe nada de ellos. ¿Cómo haces para superarlo si dices que sientes lo mismo que yo? Cuéntame —Dijo ella—. ¿Cómo haces para deshacerte de la culpa?
—Aquel asunto no te incumbe —Dijo él y ella miró para otro lado.
—Lo suponía —Dijo—. Tu método no debe ser muy diferente al mío.
—Mi método no tiene por qué importarte —Dijo él y suspiró—. Tú no eres culpable de la muerte de tus padres.
—Cuando se sepa la verdad nadie me creerá —Dijo ella—. No tengo nada con qué defenderme. Estoy clasificada como una cazadora letal, la Sociedad sabe que podría matar a alguien de un solo disparo. Y soy impulsiva, eso también ellos lo saben, estoy clasificada como una persona peligrosa. Todo me juega en contra. A veces hasta creo que ellos tienen razón y sí maté a mis padres.
—No lo creas —Dijo él—. Pase lo que pase no lo creas. No puedes simplemente rendirte, tienes que luchar contra eso.
—No puedo —Dijo Lizz.
Ella contuvo nuevamente el llanto pero a los pocos segundos las lágrimas comenzaron a deslizarse silenciosamente por su rostro. Damon se acercó a ella y deslizó una mano por su rostro para limpiarle las lágrimas. Se paralizó cuando ella lo abrazó con desesperación y hundió su rostro en su pecho para continuar llorando. Y por más que Lizz supo por segunda vez que no debía hacerlo, que a él no le gustaba no pudo evitar hacerlo y al parecer Damon tenía un mínimo de sentimiento como para no alejarla al verla en tal estado de destrozo.
—No importa lo que los demás digan, no debes creerles —Susurró él—. Tú sabes qué es verdad y qué no. Nunca olvides que tú te conoces mejor que los demás. Tú no mataste a nadie, no tienes nada por lo que sentirte culpable pero yo no soy la persona con la que deberías llorar sino tu hermano.
—Tú me entiendes —Dijo ella.
—No —Dijo él de un modo cortante y ella se congeló—. Yo cometí un error y gracias a eso mis padres murieron.
—Estoy segura que no fue así —Susurró Lizz.
—Hay muchas cosas que no sabes de mí y no deberías saber —Dijo él y la alejó suavemente—. Escucha a tu hermano, a veces dice cosas inteligentes. Iré a conseguirte algo de ropa y luego podrás ducharte. Llamaré a Jess para solucionar el asunto y que puedas volver a su departamento cuanto antes.
No dijo nada al ver que Damon se quería deshacer de ella lo más rápido posible. Lizz lo soltó y se alejó de él todo lo que le fue posible. Se sentía miserable y tonta por haber creído que encontraría algo de consuelo en él y hubiera deseado decirle algo, al menos molestarse con él pero no tenía ni fuerzas para eso.
Damon se puso en pie y no miró el rostro totalmente empapado de lágrimas de ella antes de partir. Salió de su departamento y cerró la puerta detrás de él. Se apoyó contra el muro y quiso gritar de impotencia y furia. Quiso maldecir y hacer todo lo que no se había permitido hacer en presencia de ella. Y entonces la inseguridad lo invadió. ¿Por qué ella? ¿Por qué ahora? No quiso ni pensar en todos los problemas en que se estaba metiendo la cazadora de forma inconsciente. ¿Cuánto tiempo creía ella que le quedaría de vida si alguien se había ocupado de matar a toda su familia hasta dejarla sola con su hermano?
Damon negó con la cabeza y se deshizo de aquellos pensamientos. Se forzó a olvidar y dejar pasar todo lo que había sucedido en los últimos momentos. Y entonces recordó que ella aún tenía los tres cortes en el brazo y se llevó una mano a la frente sintiéndose un tonto por haberlo olvidado y no haberse deshecho de esos cortes. Trató de calmarse y ponerle órden a su mente y a sus pensamientos. Había cosas que podía y no podía hacer y que ella estuviera dentro de su departamento no estaba precisamente en la primera categoría.
Él se quitó sus Ray—Ban y se pasó una mano por el cabello. Parpadeó varias veces y sonrió al ver todo con claridad. Se puso en pie sabiendo que no tenía tiempo que perder y llamó a la puerta de su vecino. Un joven de su misma edad, quizás unos meses menor, abrió la puerta. La música sonaba fuertemente a su espalda y el muchacho rubio lo miró durante unos segundos con sus claros ojos.
—¿No deberías estar estudiando? Tienes examen mañana —Dijo Damon.
—Puedo recitar todos los elementos de la tabla periódica y sus propiedades de memoria, al derecho y al revés —Dijo él—. ¿Quieres ponerme a prueba? Terminaré el año escolar con una beca para alguna universidad, ya lo verás.
—No me molestaría pagarla —Dijo Damon y suspiró—. Necesito que me prestes ropa de Veronica.
—¿Qué? —Dijo el joven y lo miró molesto—. Si es para esa hija del demonio no pienso darte ni una prenda. ¿No dejó suficiente tirada en tu departamento la otra noche?
—Brad, ahora con esto no, por favor. Ya hemos hablado sobre el tema —Dijo Damon—. Además, no es para ella.
—¿Entonces finalmente decidiste dejarla? —Preguntó Brad y frunció el ceño al ver la respuesta en el rostro de Damon—. La odio. El otro día dejó llorando a Isabelle en el vestíbulo. La mataré algún día. Eso es lo que merece esa hija del diablo.
—Que ella no te escuche decir eso —Dijo él.
—¿Y entonces si no es para ella para quién es la ropa? —Dijo Brad—. Porque es evidente que no trajiste otra niña si me estás pidiendo ropa de Veronica.
—Una conocida. Y se irá de aquí en unos minutos así que no hagas más preguntas —Dijo Damon.
—¿Una como tú? —Preguntó Brad y miró la mano marcada de Damon—. ¿O como ellos?
—Una cazadora —Dijo Damon—. Y tengo que sacarla de aquí cuanto antes si no quiero que mañana aparezca su cuerpo sin corazón.
—Entonces te deseo suerte con eso —Dijo él y se dio vuelta—. El parásito de tu novia se pondrá furiosa si sabe que metiste a otra cazadora a tu departamento. ¿Al menos puedo verla? —Se acercó a un mueble y lo abrió.
—No —Dijo Damon.
—¿Por qué no? ¿Qué tiene de malo? —Preguntó mientras buscaba dentro del mueble.
—Cuanta menos gente la haya visto o sepa que está aquí mejor —Dijo él—. Ya bastante de qué ocuparme tengo luego. No puedo dejar ningún rastro de su visita.
—¿Es buena? ¿Es linda? —Continuó Brad.
—Ella es... ¿Recuerdas los libros de Saoirse Greeley? —Preguntó Damon y Brad lo miró sorprendido.
—¿Los que me leías hace años? ¿Cómo olvidarlos? —Dijo Brad.
—¿Recuerdas el personaje de Aine? —Preguntó él.
—¿Te refieres a Anya? —Dijo Brad y rió—. ¿Cómo no recordarlo? Era un idiota de ocho años enamorado de un personaje ficticio.
—Ella es Aine —Dijo Damon y él lo miró estupefacto—. Es la hija de Saoirse y su madre se inspiró en ella para crear el personaje de Aine, la inmortalizó en sus libros.
—¿Tienes a la bandida Aine en tu departamento? —Preguntó incrédulo—. ¿Realmente es ella? ¿Los brillosos ojos azules, la perfecta piel, el delicado cuerpo?
—Su viva imagen —Dijo Damon—. Y créeme que la misma actitud.
—¿Y no me dejas verla? —Dijo Brad—. Los demás darían cualquier cosa por verla. Sigo sin poder creerlo. ¿Es igual de intrépida que como la describían?
—Hoy se metió al lago congelado para poder salvarle la vida a una persona —Dijo él—. Si no te importa, me gustaría darle ropa seca antes de que le agarre hipotermia.
—Increíble, realmente es ella —Dijo Brad y le entregó la ropa—. ¿Seguro que no puedo conocerla?
—No hoy Brad, lo siento —Dijo Damon.
—Deberías invitarla a cenar un día de estos, estaríamos felices de acogerla una noche —Dijo él—. Deberías contarles luego a los demás sobre ella, morirán por saber cómo es ya que la has conocido.
—No sé cuándo volveré esta noche —Dijo Damon y Brad lo miró con decepción y desilusión.
—Entiendo —Dijo él mirándolo tristemente—. Tienes otras cosas que hacer. Tenía la esperanza de que lo superaras con el tiempo pero dejé de creer en eso hace unos años.
—No quiero hablar de eso —Dijo él y le sonrió—. Quizás tengas razón y deba invitarla a cenar un día de estos —Él estaba cerca de partir y entonces se detuvo—. Brad, una cosa más. ¿Se nota? —Preguntó y el joven lo miró a los ojos.
—Es de noche, siempre se nota —Dijo él y Damon suspiró—. De noche se nota más que de día.
—Eso temo pero por suerte la oscuridad ayuda a ocultarlo —Dijo él—. Gracias por la ropa, dile a Veronica que después se la repongo.
—No creo que ella arme problema si sabe que es para la bandida Aine. Al contrario, se enojará contigo por no decirle que la conocías —Dijo Brad.
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