Carta 20: Cumpleaños
Hotel & Ristorante Grotta Palazzese, Polignano a Mare, martes
Bambina:
Heme aquí, escribiendo en la más absoluta de las incomodidades. Ya no sé cómo acomodarme en la silla, en la cama, ni en la vida. Resulta que tuve un pequeño accidente... sí, así es, volví a lastimarme; al menos esta vez no fue la cara, para variar. Fue mi pie derecho.
Mi patita de coneja, como solía decir Adam, antes de aferrar mi pie con las dos manos y amenazar con morderlo, mientras yo chillaba como loca y él se reía arrugando la nariz.
¿Sabes de qué están llenos los pueblos de Italia, además de vehementes italianos? De escalinatas. Por doquier. Hechas de tierra, de madera, de piedra... hay una escalinata a cada paso y por cada italiano. Pequeñas, interminables. No quiero ver un escalón nunca más.
Anteayer estábamos subiendo a la plaza del pueblo para tomar algo y escuchar algo de música en vivo cuando de pronto Pattie, que teóricamente podía trepar al Everest subida a sus plataformas de pronto pisó en falso (tal vez por mirarle el trasero al heladero que esperaba en la esquina), se dobló como si le hubieran dado detrás de las rodillas y, con toda su pequeñez, se fue de espaldas hacia atrás. Casey intentó sostenerla y lo logró, gracias al cielo y a mi piecito, en el que aterrizó de culo con todo su peso. Hubo un instante de silencio y terror, luego un chillido de ardilla asustada, y finalmente gritos y pataleos de dolor (todos míos). En la sala de emergencias me vendaron, encastraron mi pie en una linda botita que me puedo quitar, me subieron a un par de muletas y me despacharon en una nube de analgésicos. Y aquí estoy con mi pierna lo más elevada posible, pero rayos, qué incómodo es.
Las chicas se fueron a la piazza porque, tal como supondrás, no estoy del mejor humor del mundo. Trato de hacer mi mejor esfuerzo, pero créeme, es tan difícil... es imposible evadirse. Él está en cada lugar. Creo que no fue una buena elección venir aquí.
Lo siento cerca cada vez que salto al mar. Sé que no le haré justicia explicándotelo, pero es casi mágico. Me cuesta terriblemente subir a los riscos, encaramarme en las piedras, tomar el impulso; pero sé que después del esfuerzo está él. Un instante de sol y brillo (la sensación fantástica de volar a encontrarlo) y luego de eso, Adam. Azul y helado, me deja sumergirme en él para luego intentar ahogarme. A veces hay piedras y miedo, a veces está tan helado... pero siempre ahí. Salgo como puedo del agua, y aunque me destroce el alma y el cuerpo, vuelvo a saltar.
Para mí es un golpe en el corazón cada vez, pero para Kate se siente como una limpieza. Parece más alegre cada vez que saca la cabeza del agua. Se está quitando la tristeza de a poco, y aunque diga que es simplemente el entorno y la compañía, estoy segura que las miraditas que intercambia con el conserje han ayudado un poco. Cada vez que se ríe o hace una broma me digo que todo valió la pena. Pattie y Casey están de acuerdo conmigo: algo en Kate está cambiando. No te imaginas lo reconfortante que es ver eso.
El hotel en el que estamos (que no es más que una gruta en la roca extremadamente fashionista) me aterra un poco. Ya sé que soy un demonio y el miedo es para simples mortales, pero es que todo es piedra. Me siento helada por dentro. Tal vez es todo el helado de menta y nutella que comí... mmmm... no, no lo es. Para qué mentirte. Es que no pude tolerarlo más y tuve que atender el teléfono. Estoy horrendamente triste, desilusionada y me siento el ser más patético de la tierra, pero no podía ignorarlo hoy. Hace algunas se cumplieron treinta y cinco años desde el maravilloso día en el que vino a adornar la faz de la tierra con sus ojos repletos de estrellas y su voz de música.
Sí tú estuvieras aquí, Demon del pasado, tal vez hubieses podido ignorarlo el día de hoy. Pero yo no. Jamás me perdonaría dejarlo solo el día de su cumpleaños.
Hace un rato, el pobre teléfono estaba en un estado de agonía absoluta. Estuvo horas haciendo plin plin plin, arrastrándose cual babosa cuadripléjica cada vez que quería leer un mensaje y lanzando destellos a cada rato para que liberara espacio en su memoria, pero no podía hacerlo sola. Necesito a Patricia para eso, más que nada por las siguientes razones:
* Por querer borrar los mensajes de Adam podría leer.... bueno, un mensaje de Adam. O de Benjamin, Dominic, o cualquier otro.
* Por querer borrar los mensajes de Adam podría atender una llamada de Adam o cualquiera de sus secuaces. Eso casi sucedió una vez, y en la desesperación por no atender, lancé el teléfono contra la mesa. Resultado: 200 dólares invertidos en reemplazar la pantalla.
* Por querer borrar los mensajes de Adam podría tentarme y responderle. O llamarlo. O querer ver sus fotos. Podría sucumbir... otra vez.
Después de que se fueron las chicas bajé sacudiéndome hacia la playa con mis muletas y el teléfono comatoso en cuestión. Sabía que sería un camino cuasi-infinito, pero necesitaba mojar mi pie sano en el agua fría. Me senté en la arena a la luz de la luna envuelta en una manta abrigada y esperé, pensado.
¿Qué estará haciendo?. Seguramente estará en Londres festejando con su familia, sin dudas. Cumplir años es todo un evento para él, y según me ha dicho, sus sobrinas suelen organizar pijamadas sorpresa para festejar. Le encanta eso.
¿Habrá encontrado los obsequios que le compré?. Espero que no... porque si encontró los regalos (dos relojes, uno antiguo y uno nuevísimo) también encontró el disfraz de conejita que pensaba usar para dárselos.
¿Por qué sigue llamándome?. Ya lo entendí, Adam, ya está. Aunque me hiera, sé que terminamos... ¿querrá un documento firmado de mi consentimiento? ¿Será que quiere despedirme? ¿Me habré olvidado algo en el apartamento?
¿Estará ella cuidando que nada le falte? ¿Se sentirá completo y sano? ¿Su corazón habrá sanado?. Ojalá que sí. Lo deseo con toda el alma.
La pantalla del teléfono se llenó de luz, y mis ojos de lágrimas. Me los sequé testaruda (como si pudiera verme) y me enfadé conmigo por estar tan triste. ¿Él es finalmente feliz y tú estás deprimida?... qué egoísta, Dylan, deberías alegrarte. No seas mierda. Sé buena y alégrate.
Atendí la llamada que sabía indefectiblemente aparecería antes de poder pensar mucho más, pero no pude decir nada de nada. Algo se me atoró en la garganta, y sólo pude sostener el teléfono junto a mi oído.
—¿Dylan?
Oh santo cielo, su voz. Se me destrozó el corazón, y comencé a temblar como una hoja.
—¿Dylan? ¿Estás ahí, mi cielo?
Se me escapó un gemido de dolor. No lo pude contener. Otra vez se me llenaron los ojos de lágrimas, y solamente pude pensar en el terrible error que fue atender ese llamado. Me tapé la boca con una mano.
Lo escuché tomar aire rápidamente. —Oh bebita, estás ahí... por favor, no te vayas, escúchame un instante... no tienes que decir nada, sólo escuchar
Hubo un instante de espera. Tal vez me dio un segundo para retirarme, pero no me podía mover. Seguí sentada, con una mano en la boca y los ojos nublados mirando al mar.
—Sé que estás herida, cielo, lo sé... sé que duele mucho y es mi culpa, por completo, lo entiendo... lo comprendo bien —se detuvo un instante, y al continuar le tembló la voz—. Yo sé que no quieres hablar conmigo; tal vez porque piensas que no hay nada más que decir, o porque crees que quiero hacerte un reproche, o pelear... pero no. Nada de eso. Lo único que quiero, y tienes que creer que esto es lo único que quiero, es verte
Cerré los ojos y prácticamente escondí mi cabeza entera entre las rodillas. —Sé que estás junto al mar... de hecho, lo escucho desde aquí —admitió casi alegre, y me lo imaginé sonriendo tiernamente—. También sé cuánto te necesitaban tus amigos, y lo bien que les ha hecho volverte a ver... lo sé bien porque no quise.... no pude... —la voz se ahogó y la dulce imagen de la sonrisa desapareció porque noté que, sin duda alguna, estaba llorando— no soportaba la idea de pasar otro día más sin ti, y vine a verte
Se me detuvo el corazón. ¿ESTÁ EN ATLANTA? ¿FUE A BUSCARME? Oh no no puede ser. —Todos son tan fantásticos y amables, y yo... entiendo cuánto te lastimé al hablar sobre ellos —lo escuché tratar de endurecer la voz mientras se sorbía la nariz—. No quisieron que pasara el día sin un festejo, y estuvieron hasta recién acompañándome... Demon nos matará si sabe que te dejamos solo, dijeron... pienso que es irónico y cruel que tus amistades se esfuercen en cuidarme cuando yo fallé tan miserablemente en cuidarte a ti
—Quiero que sepas que estoy aquí, para hablar cuanto necesites, cuando tú quieras... iré a encontrarte, si lo deseas, al lugar del mundo que elijas, en cuanto me lo pidas... en el instante en que me lo pidas... iré. No descansaré hasta que entiendas cuán importante es tenerte cerca, mi amor —noté que lloraba y no pude menos que llorar también— no puedo seguir así, sabiendo que en algún lugar tú crees que no significas nada para mí... y la verdad es que no puedo respirar
—No vas a estar en paz si no eres honesto contigo mismo, Adam —admití, llorosa pero segura— no vas a ser feliz si pierdes el tiempo... si gastas tus energías en conformarte conmigo
—¿En verdad crees que me conformo contigo?
—Sí —admití, con el alma por el suelo. Estás conmigo porque no puedes estar con ella.
—Estás equivocada, mi amor. Muy equivocada. Y aunque me cueste todo lo que tengo... te lo demostraré.
Lancé el teléfono al mar tan lejos como pude. Resultado: 600 euros en un teléfono nuevo.
Si quiere invertir su tiempo en demostrarme que estoy equivocada, ¿quién soy yo para impedírselo?. Tal vez se sorprenda con lo que descubra de sí mismo en el camino. Por mi parte, sé muy bien lo que pretendo mi vida: ser la primera en la lista de alguien. No aceptaré menos que eso. No me conformaré con nadie, y no permitiré que alguien se conforme conmigo.
Ah, y me olvidé de decirle feliz cumpleaños. Qué va. Espero que se haya conformado con el glub que hizo el pobre teléfono al hundirse.
++Demon++
P.D: subir las escaleras fue un calvario innecesario, pero supongo que lo merezco por ser tan débil.
P.D.2: él fue a Atlanta... a verme... tal vez yo... no, olvídalo, Demon.
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