Sin carta (Juan Pablo)

Toco el timbre con dedos temblorosos. Limpio mis manos del sudor en mi pantalón mientras dudo si debo quedarme a esperar que me abran la puerta o salir corriendo y esconderme en mi casa como lo estado haciendo últimamente, pero sé que es demasiado tarde cuando escucho pasos acercándose.

─ ¡Mauricio baja ya a desayunar! ─ escucho a mi madre gritar causándome una leve sonrisa.

Al abrir la puerta veo su rostro pintarse asombrado ante mi presencia y quien no, si tengo un aspecto de mierda.

─ ¿Juan Pablo? ─ la voz le tiembla ─ Oh, hijo

No duda ni un segundo y me estrecha entre sus brazos regalándome la calidez y fuerza que solo una madre puede proporcionar.

Nadie sabe el valor de un abrazo de una madre hasta que algo nos sucede y es ella quien corre a auxiliarnos y tratar de reconstruirnos.

Solo con ella me permito volver a romperme y llorar como un niño que ha perdido su juguete favorito. Solo que yo no he perdido ningún juguete. Yo he perdido algo mucho más valioso.

─ Ya está mi niño ─ me dice acariciando mi espalda con las manos ─ ya estás en casa, estas con mamá ─ asiento apretándola más contra mí.

─ ¿Cómo ha ido la constructora, papá?

Jugueteo con la taza de café que tengo entre las manos. Mi padre sentado a un lado de mi en el comedor con una taza de té y el periódico a un lado.

Da un resoplido antes de posar sus ojos en mí y responder.

─ Nos haces falta, hijo ─ menea la cabeza ─ demasiada para ser honesto, pero nada que no pueda solucionar ─ da un sorbo a su taza nervioso. ─ Estoy repartiendo parte de tu trabajo a dos chicos que están realizando sus prácticas universitarias con nosotros, al final del día las reviso.

─ Mauricio ─ mi madre lo reprende con ese tono de voz mandón ─ no hace falta que te hagas el mártir, querido.

─ No me hago el mártir, mujer. ─ se defiende─ Mi hijo me preguntó y yo solo le respondí con la verdad.

Rueda los ojos que lucen cansados y preocupados cuando los posa en mí.

─ Lo siento, papá. He sido un irresponsable y siento haberte dejado con todo el trabajo de un día para otro, pero... ─ resoplo apartando la taza de mis manos hastiado ─ ya sabes lo que paso.

Bajo la cabeza y las manos las entrelazo poniéndolas encima de mis piernas, igual que un niño avergonzado. Pero la mano firme de papá sobre mi hombro me hace volver a subir la mirada.

─ Primero estas tú y tu bienestar, hijo. El trabajo y el resto de las cosas pueden esperar ¿entendido?

Paso saliva asintiendo. Y agradeciendo por tener unos padres tan buenos.

Mi madre está de pie recargando la cadera en la esquina de la estufa, con los ojos llenos en lágrimas. Se dé más que Jules también fue importante para ellos, así que en este momento el mencionarla seria tocar una fibra tan sensible en los tres. De modo que supongo resulta difícil tratar de decir algo reconfortante cuando también están lastimados.

Trato de hablar sobre algún otro tema, pero no hay ninguno más que nade en mis pensamientos y cuando voy a lanzar algún tema sobre política que acabo de ver en el periódico que papá dejo a un lado escucho la puerta de la entrada cerrarse y el sonido de pisadas pequeñas acercarse.

─ ¡Abuelaaaaaa! ─ sonrío de manera automática al escuchar a Alexa. ─ ¡Mi mamá no me quiere comprar un helado antes de ir a la escuela!

Reclama la pequeña pelinegra que vine a toda velocidad hacia mamá, pero sus pequeños pies se frenan en seco cuando sus ojos me encuentran.

─ ¡Tiooooooooo! ─ grita con sorpresa y no hago otra cosa que abrir los brazos e invitarla a venir hacia mí.

Lo que pasa enseguida pasa a la velocidad de la luz haciendo que casi casi me pierda el hecho de que Alexa nunca llegue a mi lado.

Sofía, mi hermana había empujado a su propia hija para evitar que llegara a mis brazos y siendo ella quien llegara, me tomara del cuello del hoodie que llevaba puesto y me levantara bruscamente para abrazarme tan fuerte que me dejara sin respiración por la fuerza y la impresión.

─ ¡Eres un maldito! ─ grito dándome golpes en el pecho con sus puños ─, pero carajo como te extrañé.

No hago mas que soltar una risita ante sus cometarios y entonces miro hacia el frente y encontrándome con una Alexa mirando a su madre con recelo.

La pobre había ido a parar a los brazos de mi madre de puro milagro.

─ ¡¿Por qué me empujaste, mamá?! ¡Yo iba a abrazarlo primero que tú!

─ Muy lenta, hija, muy lenta.

Se limita a decir Sofía.

Roedo los ojos abriendo un pequeño espacio entre los dos para que Alex entre en el abrazo.

...

─ ¿Y entonces ya no te iras de viaje nunca más, tío Pablo?

─ ¿Irme de viaje? ─ frunzo el ceño sin saber de qué habla.

Sofía que viene saliendo de la cocina carraspea la garganta y yéndose a sentar en medio de ambos.

Mis padres estan en el sillón de alado mirando atentos la escena.

─ Esperemos que nunca más se vaya de viaje y nos deje solos tanto tiempo, Alex

Remarca la palabra "tanto" fuerte y claro.

¿de qué carajo estaban hablando?

Papá carraspea cortando el tema y la confusión que seguro tenia pintada en la cara.

Aplaude dos veces poniéndose de pie, sacudiendo sus pantalones al hacerlo.

─ Bien, ¿Alguien quiere ir a la escuela y aprender mucho? ─ pregunta mirando a su nieta con ternura.

─ Solo si vas a comprarme un helado, abuelo ─ responde la pequeña listilla.

─ Alexa...─ riñe la madre.

─ Te compraré dos a la hora de la salida, ¿sí? ─ papá intenta negociar poniéndose de cuclillas para estar a su tamaño.

Alexa arruga las cejas y coloca su diminuta mano sobre su barbilla, dándole un aire de estar pensando otra oferta mucho mejor.

Diablos, esta chiquilla es igual a su madre cuando era niña. Siempre intentando negociar para su bien con nuestro padre.

─ Un bote de helado de fresa ─ propone.

─ ¡Alexa! ─ Sofía se levanta de golpe por la tremenda contra oferta de su hija.

─ Shhhh ─ la silencia papá─ esta pequeña y yo estamos cerrando un negocio y Sofía, sabes que odio que me interrumpan cuando estoy negociando.

Mamá y yo soltamos algunas risillas.

Mi hermanita ignora las palabras de papa y se acerca a su hija y murmurando algo en su oído haciendo que los ojos marrones de Alex se engrandezcan y asintiera de inmediato con una sonrisa ancha y maliciosa al igual que la madre. Ambas mirando al su objetivo ─mi padre─.

─ No iré a la escuela, abuelo.

─ ¿Cómo que no iras? Tienes que ir para que puedas ser mi reemplazo en la constructora.

─ Iré solo con una condición, abuelo.

─ Helado doble en la salida, ya quedamos.

Se pone en pie tomando la pequeña mochila de carrito de Alexa y comenzando a andar hacia la puerta.

La chiquilla mira a su madre quien asiente aun con la sonrisa en los labios y Alexa le devuelve el asentimiento.

─ Es que ya no quiero dos helados al salir ─ dijo─, ahora quiero dos botes de helado. Uno de fresa y otro de chocolate.

Todos, a excepción de Sofía, levantamos las cejas sorprendidos ante el gran chantaje de una niña que solo llego pidiendo un helado hace quince minutos.

Papá se da la vuelta bruscamente mirándola atónito.

Sabíamos que llevarle la contraria a Alexa era un caso perdido porque era una niña mimada y sabia como obtener lo que quería. Todo aquello lo había heredado de Sofía, claro y la misma que seguía enseñándole malas mañas a su propia hija. Aunque después se arrepintiera porque la hija se revelaba en su contra.

─ ¿Saben qué? ─ nos mira a Sofía y a mi ─ desde hoy los desheredo de la constructora.

─ ¡¿Qué?! ¡¿Pero por qué?!─ gritamos al mismo tiempo.

─ No puedo creer que una niña de seis años sea mejor negociadora que ustedes─ camina hasta la nieta y toma delicadamente su mano ─ vámonos que mi pequeña heredera no puede llegar tarde.

Le tiende la mano a mi madre también y ella la acepta encantada.

─ Volveremos en un rato ─ se despide mamá cerrando la puerta de la entrada detrás de si con Alex y papá.

Entrelazo mis manos jugueteando con ellas incomodo por sentir la pesada mirada de mi hermana.

─ ¿Y bien? ─ rompe el silencio.

Levanto la cabeza hacia ella haciéndome el tonto.

─ Y bien, ¿qué?

─ Deja de hacerte el imbécil ─ amenaza─ ¿Por qué mierda te apareces de la nada después de cuatro meses encerrado en tu ratonera?

─ No es porque lo haya querido, Sofía─ reprocho algo irritado.

─ Por supuesto que fue porque TÚ lo quisiste─ me señala─ ¿Sabes toda la mierda de mentiras que le he dicho a mi hija cuando pregunta por su tío Juan Pablo?

Miro hacia otro lado para evitar sus orbes verdes.

─ ¿Sabes la mierda que han estado pasando nuestros padres al no saber nada de ti?

─ No entiendes, Sofía. No entiendes un puto carajo de todo lo que estoy pasando ─ aprieto la mandíbula volviendo a mirarla.

─ ¡Claro que lo entiendo! ─ exclama poniéndose de pie de un salto ─ Entiendo que mi maldito hermano está cayendo en el vicio del alcohol y no sabe lo que está haciendo ─ da unos pasos hasta mí que todavía permanezco sentado ─ Porque no sabes que estás haciendo, Juan Pablo. Estas caminando en la oscuridad y te estas acercando a una barranca de la cual será imposible sacarte.

─ Es mi problema ¿Por qué nadie entiende eso?

─ Por que te queremos y nos importas ─ se pone de cuclillas apoyando las palmas de sus manos sobre mis rodillas ─ Dime una cosa ─ susurra suavemente ─ ¿Qué crees que piense ella al verte así?

Otra vez esa maldita pregunta.

Estaba comenzando a hartarme con que me chantajearan con esa pregunta.

Al ver que no doy respuesta, resopla juntando paciencia.

─ Alex es tan pequeña para entender lo que está pasando, pero está preocupada por ti porque, aunque sea solo una niña, sabe que algo no está bien ¿Viste el resplandor que apareció en su rostro cuando te vio?

─ Lo vi ─ respondo incomodo ─ Tu no lo hiciste, mentirosa. Ella te daba la espalda.

Soltelta una pequeña risa asintiendo.

─ Si, si, pero mamá me lo dijo y lo creo porque la carita le cambió por completo.

Tallo mi frente frustrado.

─ ¿Qué es lo que sabe ella sobre Jules? ─ indago

Bajo la cabeza hasta mis manos por la mención de su nombre.

Cada que escucho o lo digo, un maldito nudo aparece en mi garganta y las ganas de bajarlo con alcohol me inundan. La boca se me hace agua de tan solo pensar en el fuerte sabor del whiskey.

─ Estuvo cuando estebábamos despidiendo a Jules en el cementerio. Ella llevó su propio globo blanco con una cartita amarrada a pesar que no fue alumna de Jules...

─ Lo fue un día ─ interrumpo trayendo el recuerdo a mi mente ─ Así fue como di con ella después de delirar con su nombre durante dos semanas ─ sonrió nostálgico ─ ¿Recuerdas?

─ Ni como olvidarlo ─ sonríe ─ Pensé que estabas comenzando a perder la cabeza y te estabas inventado personas.

La veo pasar saliva. Esto tampoco es fácil para ella, pero sé que intenta sacar fuerzas de más para hablar conmigo de esto.

─ Mamá y yo le dijimos que Jules se había mudado al cielo para convertirse en un ángel y cuidarnos desde allá arriba...

─ ¿Qué fue lo que... dijo? ─ pregunto con voz temblorosa.

─ Alex preguntó qué porque se iba a mudar allá y te iba a dejar aquí solo─ al terminar la frase, la voz se le rompe, pero sigue luchando por mantener la postura.

─ Sof...

─ Mamá le explico que no te iba a dejar solo porque siempre iba a estar a tu lado aunque ninguno pudiera verla. Que íbamos a verla en cada recuerdo o cada sueño que tuviéramos de ella ─ se llama una mano a la boca y suspira fuerte.

Asiento limpiando las lágrimas que ruedan por mis mejillas.

─ ¿Y sobre mi... ausencia?

─ Que te habías ido de viaje a Ámsterdam por asuntos de trabajo ─ tuerce la boca ─ hermano puedes hablarme, puedes contarme todo lo que tú quieras, lo sabes, ¿no?

Vuelvo a asentir lentamente.

─ Entonces dime porque decidiste pasar tu duelo de esa manera?

El tono de voz en que me lo dijo fue nostálgico y preocupado a la vez.

Miro hacia el techo como si ahí estuviera una respuesta coherente. Una que justificara mis acciones de mierda.

Pero no tengo una excusa así que solo lo suelto:

─ Lo teníamos todo, Sof, ella era la parte que me faltaba y yo era la suya. Supongo que sabes la parte oscura que tenía Jules... ─ espero su respuesta y al susurrar un sí, continuo ─ Nos encontramos justo en el momento en que más necesitábamos a alguien. En el momento en que ni yo ni ella pensábamos en tener una relación ... nos... nos encontramos─ siento el doloroso nudo en mi garganta cada vez mas grande y difícil de controlar.

Bajo la cabeza para ocultar mi expresión de dolor, pero Sof toma mi rostro entre sus manos y me hace mirarla.

Tiene los ojos del mismo color que yo. Una herencia de nuestra madre.

─ A veces la vida nos presta a personas para que nos ayuden a confrontar guerras, a sobrevivir a tormentas y calmar huracanes. Pero tenemos que tener en mente que son eso, Juan Pablo, personas prestadas por que tarde o temprano se irán ─ Jala un mechón de mi cabello y sonríe por el acto ─ Sé que es duro, no me imagino el dolor que estas sintiendo ahora, pero tienes que saber que Jules te amaba con todo su ser ─ el labio inferior me tiembla y aparto sus manos de mi cara ─ No tengo las palabras de aliento que tu quisieras escuchar porque sé también que las únicas palabras que quisieras escuchar son las de ella.

Todo esto es una mierda. No merecíamos pasar por esto. No hicimos ningún mal a nadie y toda la mierda mala del mundo cayo sobre nosotros sin tener algún karma que pagar.

Siempre tengo ganas de llorar pero algunas veces me lleno de ira al pensar que no pude hacer nada para salvarla a pesar de que le jure que yo la salvaría de todo. La ayude a salvarse de sus demonios pero no pude hacerlo de una loca obsesionada.

Yo debería estar muerto, yo era el objetivo,. no ella. No ella. NO ELLA. NO. ELLA.

─ Tienes que dejarla ir y comenzar a vivir de nuevo...

Giro la cabeza tan bruscamente hacia mi hermana que acaba de soltar esa estupidez y la rabia que siento la saco contra ella.

─ ¡¿Quieres dejar de decir mierda?! ─ ladro poniéndome de pie haciendo que ella se tambalee por estar de cuclillas frente a mi ─ No entiendo por qué tienes que meter las narices donde no te llaman, Sofía ─ mi respiración es fuerte por el enojo. Tomo camino hacia la puerta para largarme de aquí pero su mano en mi brazo me detiene.

─ No tienes por qué ponerte así, Juan Pablo ─ frunce las cejas enfadada ─ estoy tratando de ayudarte.

─ ¿Y cómo quieres que me ponga, ah? ─ quito su mano con brusquedad ─ Perdí la mitad de mi vida y no puede hacer nada. ¡NADA!

La veo limpiarse las lágrimas y agachar la cabeza.

» Ella no tiene la culpa de nada «Me recuerda mi lado consiente así que tomo una respiración larga para bajar mis humos.

─ Tengo grabada su voz y sé que parece que estoy loco, pero te juro que en medio de la borrachera parece que la escucho sonar por la toda la casa ─ digo y sonrió por la estupidez que estoy diciendo ─ No sé qué voy a hacer el día que comience a olvidarme de su voz. No lo sé porque creo que si eso pasa voy a volverme realmente loco, Sof. Estoy lleno de mierda ─ tomo mi cabeza con ambas manos desesperado.

─ Tienes que seguir, hermano, tienes que superar...

─ ¿Superarla? ─ interrumpo de golpe volviendo a llenarme de ira. ¿Por qué es tan brusca? ─ Dime, ¿Cómo olvido, como supero este dolor? ¿Cómo putas la supero a ella?

Ella niega dando un paso al frente. Toma mis brazos y me mira arrepentida.

─ No insinuaba eso ─ aclara ─ solo que superes este trago amargo que te está consumiendo porque no quiero perder a mi hermano menor también ─ se pone a llorar y me estrecha en una brazo fuerte como si tuviera miedo de perderme ─ Me dueles, Juan Pablo y el verte tan mal me está matando ─ suspira ─No la olvides. Nunca lo hagas ─ propone firme a pesar de tener la voz quebrada ─ recuérdala de la mejor forma que a Jules le habría gustado.



...



Un mes después...

─ ¿Juan Pablo? ─ Jerry me mira de arriba a bajo asombrado por mi presencia ante la puerta de su casa.

Sonrio de lado.

─ Que tal Jerry. Tiempo sin verte.

─ Eso mismo digo, muchacho ─ sonríe haciéndose a un lado ─ pasa, hombre, estás en tu casa.

Le obedezco y entro a la casa que mi novia odiaba tanto.

─ ¿Katherine? ─ pregunto al ver la sala vacía y el resto de la casa en silencio.

─ En el jardín ─ dice un poco entusiasmado ─ llevaba un mes sin querer salir de la cama y después de que se levantó, no había salido de la casa hasta hace dos meses.

─ Entiendo por qué no quería hacerlo ─ trago duro ─ ¿La ha pasado mal?

Claro que la ha pasado mal, imbécil. Era su hija a quien perdió.

Me regaño mentalmente.

El semblante de Jerry se vuelve triste cuando mira hacia el jardín.

─ Lo siento ─ me disculpo por mi estúpida pregunta ─ por superpuesto que la ha pasado mal. Era su hija, su única hija.

Asiente con pesar.

─ Trata de seguir adelante. Lo que ayuda es que no la veía con frecuencia a petición de Jules... ─ suspira─ ella dice que trata de imaginar que su hija está en el trabajo, que está riendo junto a sus amigos y siendo feliz a tu lado.

Aparto la mirada de él porque no quiero que vea la tristeza en mis ojos.

Qué más quisiera yo que eso fuera real y todo regresara a como estábamos hace un año. Cuando luchaba por conquistarla a pesar de lo terca que era.

─ ¿Puedo pasar a...

─ Claro, por supuesto que puedes pasar. Estás en tu casa, ya te, lo dije ─ me interrumpe ─ Creo que tu visita le hará bien. A ambos.

Jerry se adelanta para abrirme la puerta que lleva al jardín y una ráfaga de recuerdos me acorralan cuando pongo un pie en el pasto.

La cena de navidad a la Katherine insistió tanto en que ella viniera y que al final todo había resultado una mierda. La misma mierda que arregle estrechándola contra mis brazos en el calor de lo que un día fue el inicio de nuestro hogar.

─ ¡Kathy, querida, mira quien vino a visitarnos! ─ grita entusiasmada.

La madre de mi novia está a unos cuantos metros de nosotros. Admirando los rosales secos que apenas comienzan a querer dar retoños.

Cuando posa sus orbes verdes en mí, casi me da un infarto al verlos igual a los de Jules cuando la luz le daba directo en ellos y aun mas si portaba alguna prende verde como en el caso de Katherine.

─ Dios...─ suelta las tijeras de jardín que llevaba en las manos y corre a mi dirección para abrazarme fuerte. ─ Creí que no volvería a verte, Juan Pablo ─ su voz sale débil, apenas un hilo.

─ Sigue siendo la madre de mi novia, Katherine...─ le devuelvo el abrazo ─ y el único recuerdo que tengo de ella─ susurro lo último.

...

─ Creí que seguías con tu problema con el alcohol.

Arrugo las cejas sin saber cómo es que lo sabe. Sonríe cuando ve la duda en mi rostro y aclara:

─ Micaela me lo contó cuando vino a visitarme hace dos meses.

─ ¿Mica ha venido? ─ sueno bastante sorprendido, pero como no estarlo si esa mujer detestaba a Katherine por destrozar a su amiga.

─ Bastante sorprendente, ¿no? ─ sonríe un poco con tristeza ─ Nunca nos volvimos a hablar después de la muerte de Elías. Ella me aborrecía tanto o peor que mi propia hija... ─ posa la mirada en algún punto del jardín mientras Jerry le toma la mano dándole un apretón.

─ ¿Entonces cuál fue el motivo por el que vino a visitarla?

─ Yo la encontré un día en el súper y le conté que mi querida Kath estaba muy mal ─ cuenta Jerry─ le pedí que por favor viniera a visitarla.

Katherine lo mira por unos segundos con tanto cariño que me provoca un dolorcito en el pecho. Las esmeraldas que ella tiene por ojos tienen un brillo especial, el mismo que tenían los ojos hazel de Jules cada que me miraba...

─ Cuando apareció en mi habitación hablamos ─ dice ─ me contó que todos la estaban pasando bastante mal... en especial tú, Juan Pablo.

Me remuevo incomodo en mi lugar. Estamos sentados en las sillas de jardín, la sombrilla sobre nosotros nos cubre del potente sol de mediodía.

─ Estaba volviéndome un alcohólico, Katherine ─ admito con vergüenza sin mirar a ninguno a los ojos ─ Aun siento la necesidad de beber hasta perder el conocimiento solo para alivianar la quemazón de dolor que siento en el pecho.

─ No te culpo. Creo que todos tuvimos o tenemos distintas formas de ahogar y calamar este terrible dolor ─ sus ojos escasean en lágrimas ─ se vuelve hacia Jerry que sigue teniendo una mano sobre la suya ─ cariño ¿nos das unos minutos? Quiero hablar de algo con Juan Pablo.

─ Claro, no tienes que darme explicaciones ─ se pone de pie y deja un corto beso sobre su coronilla ─ estaré adentro por si necesitan algo.

Jerry no parece mal persona. De hecho, se nota a kilómetros todo el amor que siente por la madre de Jules.

Lo he visto un par de veces estar con sus hijos cuando vienen de visita y parece ser un buen padre. Lo trataba de ser incluso con Jules, pero ella por muchos años guardo tanto rencor en su corazón que jamás permitió ni siquiera un consejo del hombre que destruyo su felicidad.

Claro, entiendo a entiendo a Jules, digo ¿Quién no odiaría a su padrastro si llegara a robarte a tu madre en tus propias narices?

Pero a veces tenemos que darnos cuenta que el amor llega sin que tú lo esperes. No importa la edad que tengas, el género que seas o si estas casado, con hijos y teniendo la vida que pensaste que sería feliz. Solamente llega y por más que trates de evitarlo no se ira.

Muchas veces creemos encontrar a nuestro verdadero amor por que nos da felicidad, pero por más cruel que suene, no nos llena de la manera en que nosotros quisiéramos.

Anaya es un ejemplo. Yo creía que era el amor de mi vida, la quería, la amaba hasta cierto punto, pero no tanto como para perder la cabeza por ella.

No me sentía lleno por su cariño... sin embargo, cuando vi a Jules por primera vez con ojos llorosos sentí una chispa nacer desde mi estómago hasta mi corazón.

Me atrevo a decir que la amé desde el primer momento en que la vi porque algo dentro de mí me decía que era ahí donde pertenecía.

Ella me llenaba sin esforzarse. Y cuando la besé por primera vez entendí lo que era el verdadero amor.

Algo parecido debió ser lo que sucedió con Katherine y con Elías.

Ella debió quererlo y amarlo también hasta cierto punto, pero ese amor debió fundirse con los años y volvió a llamear más fuerte cuando conoció a Jerry.

─ Sé que mi hija intentó suicidarse.

Katherine me saca de mis pensamientos de sopetón con esa afirmación tan cruda.

─ ¿Qué?

─ Que lo sé, Juan Pablo. Sé que por poco pierdo a mi hija por mis estupideces. soy una mala madre por no estar para ella cuando más me necesito ─ entonces se echa a llorar con desesperación ─ ¿Qué clase de madre se da cuenta que su hija intento suicidarse después de años? ─ se culpa ─ Tenia mis sospechas de que algo iba mal con ella. Sospechaba que ingería drogas, pero tenía la esperanza de que solo fuera una mala interpretación mía. Ahora entiendo por qué Micaela me aborrece. Me lo confirmo todo aquel día que vino a visitarme.

─ Katherine...

─ ¿Puedes creer que acepto ayuda de otras personas después de su intento de suicidio y yo ni enterada? ─ lleva ambas manos a su rostro para ocultarlo ─ Tal vez en ese momento yo estaba revolcándome con Jerry mientras mi hija se desangraba en el coche de su amiga camino al hospital.

Me sorprendo bastante esto último.

─ No todo fue culpa suya...

─ ¡¿Cómo no va a ser todo culpa mía si fue por mí que su felicidad se fue al caño cuando era una chiquilla?! ¡Ella estaba en su adolescencia y era cuando más inseguridades, más necesidades tenia y necesitaba de una madre que estuviera ahí!

Diablos, no sé qué deba decir al respecto si muchas cosas de las que ella dice son verdad.

¿Cómo puedo ayudar a esta señora a no sentirse culpable?

─ ¿Sabes cuándo me percaté de la enorme cicatriz en el brazo de Jules?

─ ¿Cuando?

─ Cuando comenzó a usar mucha manga larga. Ella no usaba siempre manga larga. Así fue como comencé mis sospechas de que tal vez se auto lesionaba, pero como la pésima madre siempre fui, lo dejé pasar. Poco más de un año vi que se había hecho un tatuaje. Le pregunté el significado y jamás quiso decírmelo. Y tampoco note que ese tatuaje ocultaba algo─ se limpia las lágrimas que siguen rodando por sus mejillas ─ Después en un cumpleaños mío, le pedí ayuda en la cocina y mientras se quitaba la chaqueta observe con atención el peculiar tatuaje de una flor y fue entonces que noté el rosado bulto bajo la tinta, apenas era visible... fue una sensación tan horrible, Juan Pablo...

─ Lo sé, lo mismo sentí cuando ella me mostro─ arrugo las cejas cuando evoco aquel recuerdo.

─ ¿No lo habías notado?

Niego apenado.

─ Llevábamos algunos meses juntos y casi siempre tenía manga larga. Decía que era porque en su trabajo no la dejaban que los niños vieran su tatuaje ─ doy un sorbo al agua de limón que Jerry nos trajo poco después de que llegué ─ cuando estaba al descubierto no me dejaba tocar su brazo ni admirar el tatuaje por completo.

─ ¿Y entonces cuando...

─ El día del aniversario en que Elías murió...─ interrumpo ─ Días antes tuve que irme de viaje por mi trabajo y la dejé sola. Ella no me dijo nada, solo desapareció. Me preocupé tanto por no saber que pasaba con ella que tomé el primer vuelo y me regresé para Bogotá. La busque en casa, en su trabajo, con nuestros amigos y nadie sabía nada. Al final la encontré en su antigua casa. Estaba ebria y rota. Jamás la había visto romperse de esa forma.

─ mi pobre niña...─ solloza Katherine.

─ M e contó todo y ahí me dejo ver todas sus heridas.

─ Eres un buen chico, Juan Pablo ─ me dice tomando mi mano con afecto ─ No tengo palabras para agradecerte todo lo que hiciste por ella. No la juzgaste nunca y te quedaste a su lado para ayudarla a sanar...─ esboza una sonrisa que no llega a sus ojos ─ Ahora entiendo por qué Jules te miraba de esa forma... ahora entiendo el brillo, la luz que apareció en sus ojos de la nada. Era por que recién te había conocido.

─ Señora...

─ Háblame de tu, ya te lo dije.

Sonrió un poco y asiento.

─ Katherine, quiero que sepas que yo amé, amo a tu hija con todas mis fuerzas. La amo tanto que me arde su ausencia y todo lo que hice por ella fue una de las tantas maneras de demostrarle mi amor ─ tomo aire para seguir hablando porque de nuevo, el jodido nudo se hace en mi garganta y me impide hablar ─ Respecto a lo anterior, creo que debe olvidar el pasado y enfocarse en el presente y el futuro, Kath. Quédate con la idea de que hiciste todo lo que pudiste para seguir conviviendo con Jules aunque eso no le agradara a ella.

─ ¿Cómo viviré sabiendo que ella trato de quitarse la...─ no termina la pregunta por qué la voz se le rompe.

─ Ella quería dejar su oscuro pasado atrás para darse una nueva oportunidad, Kath, creo que debes hacer lo mismo ─ doy un leve apretón a su mano antes de ponerme de pie.

En realidad, no tengo muchas palabras de aliento para darle cuando ni yo encuentro unas para mí mismo.

─ Quédate tranquila porque le pediste perdón horas antes de su partida. Creo que eso era lo que ella quería escuchar de ti.

─ ¿De verdad lo crees? ¿crees que me perdonó?

─ Estoy seguro que lo hizo. Solo que veces era un tanto orgullosa para aceptarlo en voz alta─ esbozo una sonrisa.

Katherine también se pone. Me da un abrazo y antes de irme le digo:

─ La flor de loto es tomada como una metáfora para sobrevivir a las adversidades ─ la veo fruncir el ceño confundida y sonrío mientras sigo recitando tal cual ella lo hizo conmigo ─ Es tomada como un ejemplo de vida y también de renacimiento.

─ Lo siento, pero no sé qué quieres decir con eso.

─ Eso significaba el tatuaje de Jules. Renacimiento.

─ Gracias, Juan Pablo ─ susurra con los ojos llorosos.

Me doy vuelta para salir del jardín, pero vuelvo porque olvide algo más.

─ Casi lo olvido ─ me giro hacia ella sacando el pequeño collar de mi bolsillo ─ Lo tenía puesto aquel día ─ se lo tiendo para que lo tome ─. En realidad, lo tenía puesto desde que Jerry y tú se lo dieron.

Lo aprieta fuerte contra su pecho.

La dejo ahí parada mientras que yo me apresuro a salir de la casa. No veo a Jerry así que salgo a paso apresurado.

Estoy por entrar a mi auto ─ que, por cierto, era Simón quien lo tenía─, cuando una mano en mi hombro me detiene.

─ Te pertenece a ti, Juan Pablo ─ toma mi mano y pone en mi palma el collar, hace mi mano un puño para apretar la pequeña cadenita ─ Guárdalo y dáselo a quien necesite la fortaleza que Jules tuvo para sobrevivir a toda adversidad.

Trago duro asintiendo. Entro al auto y emprendo camino hacia un lugar cualquiera. Con el collar aun en mi palma y su recuerdo latente en mi cabeza.

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