Capítulo 50
-No me puedo creer que no lo hayamos encontrado en todo el fin de semana.
Me apoyo en la pared, resignada. Es imposible encontrarle...
-Ya verás como aparecerá. Estamos en el instituto y no puede faltar.
-Si es que soy idiota.
-No te digo yo que no.
-¡Paula!
-¿Qué? Si es que es verdad, hija. Llevo un montón de tiempo diciéndote que acabariais juntos. Si esto hubiese ocurrido antes, no tendrías este problema.
-Ya no le voy a decir nada. Esto es ridículo.
-No es ridículo, Natalia Martín Lafuente. Estás enamorada de ese chico y se lo vas a decir como que me llamo Paula.
Ante su efusividad le hago caso. No vaya a ser que se vuelva loca. Me dirijo por los pasillos, mirando a todo el mundo. No se esconderá de por vida.
Por fin, lo veo sentado en un banco fuera. Lleva en las manos un libro, con el que se entretiene.
-¡Álvaro!
Compartimos una mirada. En la suya hay muchos pensamientos cruzados. No sabe qué hacer. Al final, se decide por levantarse y marcharse.
-¡Espera, por favor! Quiero hablar contigo...
-Pero yo no, y me vas a tener que respetar.
-Sólo quiero...
-¡Basta, Natalia, basta! ¿No te das cuenta de que cada vez me haces más daño? No puedo seguir fingiendo que no me importas.
Me da la espalda y empieza a andar. Bueno... yo dije que no quería decírselo a la cara. Y ahora mismo está de espaldas.
-¡Estoy enamorada de ti!-le suelto.
Él se para de golpe.
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