Capítulo 22
Dani llora y suplica que le dejen en paz. Pero esos chicos no paran. Ya le han dejado moratones, y seguro que tiene la nariz rota.
-¿Qué estáis haciendo?
Al escuchar esa voz, Dani no puede más que alegrarse. Es su única salvación.
-Álvaro... No hacíamos nada, tranqui, eh... Estábamos aquí, charlando con nuestro amigo...-le da una palmada en la espalda al rubio.
-Pues no charléis tanto con él y largaos.
Los matones huyen como niñas. Es el efecto que produce Álvaro.
-Buf... Gracias por sacarme de esa, tío.
-Podrías aprender a defenderte y no tendría que sacarte yo de estas.
Le da la mano para que se levante y este asiente. Álvaro va al grano:
-Necesito que me ayudes en una cosa.
Dani se queda asombrado. ¿Álvaro García-Gango Guijarro? ¿Ayuda?
-No me mires así. Anda, ven-empieza a andar.
-¿A dónde?
-A tu casa-responde, escueto.
Dani resopla y se apresura a seguirle el paso. Cuando lo alcanza, Álvaro le cuenta lo de las cartas.
-¿Y para qué me necesitas?
-Porque tu madre es experta en escritura antigua y necesito que me diga quien puede en la ciudad escribir de esa manera. Lo comparamos con madres o padres de alumnos del instituto y ya está.
-No lo entiendo. Si esa chica te gusta, ¿por qué quieres encontrar al de las cartas?
Álvaro se dispone a responder, pero la madre de Dani se dirige hacia ellos y pone su mejor sonrisa.
-¡Álvaro, cielo! ¡Cuánto tiempo!-le da dos besos.
-¡Mari Carmen! Cada día más guapa, mujer.
-Pero mira que eres zalamero, hijo... ¿Vais a estar aquí? ¿Os preparo algo?
-No hace falta, Mari Carmen. Pero necesito que me ayudes en una cosa...
Álvaro se lo explica rápidamente.
-Pues claro que te ayudo. Lo que sea por ti. Ahora mismo vuelvo...
-No me creo que seas capaz de hacer que todos hagan lo que tú quieras.
-Deberías aprender de mí-se encoge de hombros.
-No me has respondido. ¿Por qué quieres saberlo, si te gusta?
-Porque sé que jamás tendremos algo. Ella es... simplemente perfecta, y yo soy un desastre. Prefiero tenerla como amiga y que sea feliz.
-¡Ya lo tengo todo!-canta Mari Carmen.
Álvaro sonríe... Por fin.
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