Capítulo 19: No la dejes saber.
Bankotsu se ajustó la corbata ante el espejo a cuerpo completo delante suyo, sonriendo involuntariamente pues, hoy era el día en que la tienda Classic Gentleman abriría sus puertas al público. Era un día especial que lo ponía un paso más cerca de Kagome, aún en medio de todo el plan de su jefe.
Se dirigió a uno de los estantes entretanto sostenía un pequeño frasco, rociando colonia alrededor de su cuello con delicadeza, también impregnando el aroma en los puños y el pecho. Tenía exactamente el mismo perfume desde que estaba en preparatoria, era una esencia barata y simple para el tipo de vida que ahora ostentaba; sin embargo, le recordaba todas esas bellas tardes en las que Higurashi se abrazaba a su espalda mientras él conducía bicicleta a través de las calles. Le recordaba los abrazos donde ella enterraba la nariz en su ropa buscando con el olfato.
Le recordaba que era el primer perfume que recibió en toda su vida, un olor distintivo que marcó su adolescencia.
Salió del walk-in de forma segura antes de apagar el tocadiscos estacionado en la sala, recogió un maletín del lounge y tras ponerse un par de zapatos perfectamente pulidos en la puerta, se dirigió afuera. Toda su apariencia gritaba el porte de un ejecutivo imponente, sagaz. Con la suficiente experiencia para comandar a cientos de subordinados. Cualquiera que no supiera su historia, creería por esta aura señorial, que nació en una familia bien acomodada.
Algo nada más alejado a la realidad.
Aunque no era un chico pobre, tampoco era alguien con poder adquisitivo de sobra. Su familia vivió con límites para los gastos en su región natal, ya fueran escolares o caprichos de infancia, todo se hizo con frugalidad. Hasta que repentinamente su padre comenzó a trabajar en un lugar nuevo, donde le ofrecieron un traslado de sede a Tokio.
El asistente a cargo del ascensor lo recibió con una inclinación de noventa grados; asintiendo de forma amable Bankotsu ingresó al mecanismo aún con la mirada en alto, aunque su semblante se volvió serio, todavía llevaba mil pensamientos en la mente. Contempló la vista que el cilindro transparente ofrecía mientras llegaba a la planta baja, una vez ahí, el recepcionista lo despidió hasta la puerta.
Entró a un Phantom RR de manera sistemática, desfundando una tableta para continuar con su trabajo en cuanto el chofer inició la marcha. Como un hombre de negocios eficiente, no encontraba nada entretenido en procrastinar, todas sus tareas se realizaban en tiempo y al punto. Razón por la cual, Naraku lo tenía en valiosa estima. Tal, que lo mantendría a su alrededor como uno de sus hombres en el ojo público ahora.
Bankotsu Hirashige se convirtió en el economista modelo de ascenso que se vinculó con el siempre bondadoso burócrata Naraku Sata recientemente. Ya que el hombre mayor estaba tras un puesto en la DIETA, tuvo que reunir material de causa competente.
En medio de los análisis de muestreo que filtraba en su aparato electrónico, el auricular de su oído pitó de forma continua, anunciando una llamada—. Hirashige.
—Vaya, que tono tan amenazador. Incluso para tu hermano menor.
—¿Renkotsu?
—En persona. Bueno, casi, la escala se está tomando un poco más de lo esperado —bromearon al otro lado de la línea. Renkotsu Hirashige era el único hermano y pariente vivo de Bankotsu. No tenía ningún ítem notable en su currículum, más allá de ingresar a la industria automotriz como dueño de un taller.
—¿Te han ordenado volver? —entonó el mayor, deslizando el lápiz capacitivo sobre la pantalla para arrastrar algunos números de casilla.
—¿Tan poco te alegras de mi regreso?
—Déjate juegos. Sabes a lo que me refiero.
—Lo sé. Para mi también ha sido un verdadero dolor de culo venir desde Hawái para hacer todo el trabajo de toda esa gente incompetente.
—El señor Sata tiene prisa por dejar todo preparado antes de las elecciones del siguiente año. Supongo que por eso te llamó de vuelta y te pagó un abogado.
—Ya, ya. No es un gran problema al final. Solo te llamo para decirte que llegaré dentro de algunas horas. Nos reuniremos en Shikon pronto.
Sin mucho más que decir, Renkotsu terminó la comunicación; de inmediato el mayor encontró un espacio para cuestionar al conductor del coche—. ¿Se ha concretado la cita con el superintendente Hyoga?
—Estamos en espera de una respuesta aún.
—Díganle que lo recibiremos en Classic Gentleman en lugar de Shikon.
Tras la cuestión resuelta, nuevamente regresó toda su atención al aparato. En el momento de llegar al edificio frente a Iza's, volvió a comprobar su aspecto, en caso de que Kagome estuviera cerca. Desmontó el auto con gracia para luego dirigirse al interior. A pesar de que no había ningún indicio de celebraciones para la apertura del negocio, ya se había esparcido el rumor de forma eficiente.
El interior estaba impoluto, sus estantes estratégicamente a los costados permitían al cliente observar desde todos los ángulos alguna prenda, además de algunos empleados enfilados que lo recibieron de forma respetuosa. Este sitio se iba a condecorar como una tienda exclusiva de trajes para caballero. De ahí su nombre. Avanzó hasta la oficina principal en la planta baja para examinar al personal—. Buenos días —saludó al grupo de cuatro personas a la espera—. Todos ustedes fueron traídos aquí por negocios, espero que no vayan a olvidarlo.
Por supuesto, el local de trajes también servía como un centro de reunión clandestino para grandes figuras con las que Naraku se codeaba. Una fachada perfecta para cualquier intercambio de información valioso. Ya que iba a abandonar Shikon a la suerte del hijo menor de los Sata, este sitio se iba a convertir en un suplente del centro nocturno. Con un aspecto más inocente.
Los jóvenes reunidos en la oficina siguieron observando al de ojos azules sin mediar palabras, entendiendo claramente que su función era atender a los empleados VIP. Bankotsu sabía que todos ellos tenían claras sus tareas, no obstante, él iba a ser el rostro de la marca durante un largo periodo. En esta pirámide donde el poder lo era todo, tuvo que hacer una primera demostración de fuerza para mantener a cualquiera encasillado en su sitio—. Hakudoshi, Byakuya, Juromaru y Magatsuhi. No quiero ningún error desde el primer día. Tengan en cuenta esto.
—Si, señor —respondieron al unísono, algunos más seriamente que otros. Los cuatro eran diseñadores formados con los mejores cursos de vestimenta a medida y bespoke, además de agentes bien versados en otras áreas fundamentales para Sata.
—Pueden retirarse —dictaminó él antes de subir al elevador privado. Era un complejo de seis plantas, cada una correspondía al vestíbulo, los espacios creativos de los diseñadores y el centro de control ubicado en el piso más alto. Desde ahí se veía con claridad cada movimiento del local paralelo. Estando de pie junto al ventanal, se dio cuenta de la llegada de Inuyasha Taisho, con una cara de estúpida felicidad.
Sin embargo, Bankotsu mantuvo todos sus pensamientos en orden. No importaba cuanto lo quisiera Kagome o él a ella, cuando estuviera hundido, no le iba permitir acercarse otra vez. Se sentó en el escritorio para continuar trabajando mientras llegaba el momento de abrir.
En Iza's, todo el personal se alineó igual que siempre, aunque Jakotsu no paraba de asomarse por la puerta hacia adelante. Era extraño que un local abriera en martes, cerniendo la desgracia sobre él cuando Kagome estaba ausente para usarla de pretexto y acercarse a merodear a la "competencia".
—Mi pastelito al menos debería aparecer para felicitar a ese bombón —suspiró limpiando el mostrador de Hitomiko. La mujer mayor se encontraba en la oficina de Inuyasha recibiendo algunas órdenes sobre nuevas vitrinas para la joyería recién adquirida, Koga también se encontraba escuchando las órdenes de Izayoi transmitidas a través de su hijo. Lo que parecía un día normal inició a pesar de que justo delante se establecía un peligro incalculable para la familia Taisho.
Por la tarde, cuando fue la hora del almuerzo, Koga se retiró al lugar donde siempre tomaba sus alimentos, encontrándose con un problema en plena calle. Un ladrón corría a contracorriente de la afluencia, empujando a todos los transeúntes que le resultasen estorbosos.
De forma impresionante, el chico se paró firme en medio de la acera, escuchando cosas como " Hazte a un lado" antes de que el ladrón intentara echarlo del camino. Por desgracia, Koga no era un enclenque y con un puñetazo certero detuvo al maleante en el acto. Los dos policías que venían detrás del sujeto corrieron para ponerlo bajo custodia, además de un grupo curioso rodeando a los involucrados. Alguien en la multitud comenzó a aplaudir ante la heroica acción del moreno, animando al resto también.
Los oficiales estaban por llevarse al detenido, cuando uno de ellos se acercó al joven para agradecer—. Fue muy valiente de su parte, gracias por ayudarnos.
—No se preocupe oficial.
Koga estaba a punto de despedirse, pero el otro suspiró lleno de expectativas—. Ah, ojalá tuviéramos más jóvenes valientes en nuestro departamento. Así los ladrones no tendrían oportunidad de salirse con la suya —. Luego en tono juguetón, le preguntó— ¿No te gustaría ingresar a las fuerzas policiales? Serías perfecto en nuestro koban.
El de ojos celestes sonrió un poco antes de declinar con cortesía—. Gracias por la invitación oficial, pero en este momento no creo que pueda ingresar a la Academia de...
—¿Academia? Qué va. Con mi ayuda, te aseguro que podrías entrar sin ningún problema.
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—¿No planeas ir para felicitar a Bankotsu?
—Es una broma ¿No?
—En absoluto.
—Por favor, Miroku. Estoy bastante preocupada ya con lo que pudo haber pasado hace once años. Lo último que necesito es involucrarme con él de esa manera.
—¿Por qué sería un problema? Sabes lo paranoico que es Naraku. Si ve algo sospechoso a su alrededor... —. Miroku no terminó, dejando el resto a consideración de ella.
Kagome se giró sobre la silla delante del escritorio. Había decidido no ir a ninguna parte, en gran medida gracias a las marcas de besos que todavía no se borraban por completo. No estaba de humor para buscar algo con qué cubrir su cuerpo de forma hermética, eligiendo ahorrarse la molestia.
Aunque el recordatorio de Miroku era acertado. Naraku Sata, era inteligente, malditamente perspicaz y paranoico. Prefería matar a un inocente antes que arriesgarse a cualquier escenario catastrófico. Razón por la cual era tan difícil atraparlo.
—¿Kag?
—Iré.
—Yo sé que es difícil para tí, pero, si queremos terminar con Naraku, tenemos que...
—Perdón. Por regresar a mis viejos malos hábitos.
—Descuida. Entiendo que debe ser demasiado repentino ver a alguien que representó tanto para tí, a lado de él —el de ojos púrpura hizo una pausa—. Cuando todo esto termine, vayamos a visitar a tu padre juntos.
—Claro —expulsó aire contenido—. Gracias, por todo. Desde siempre.
—No nos pongas sentimentales jefa. Cuando acabemos con ese parásito, podremos llorar todo lo que quieras.
Finalmente terminaron la comunicación. Kagome suspiró de forma sonora arrojando el aparato al escritorio. Deslizó sus palmas a lo largo de su cara antes de tomar valor y levantarse. Toda su persona emanando un aura de pesadez arraigada.
Se dedicó a elegir algunas prendas, considerando cómo llegaría con Bankotsu mientras las palabras de su compañero de trabajo le rondaban por la cabeza. Él dijo: "Créeme, ese hombre sigue coladito por tí". No tenía intenciones de involucrarse con su pasado, bajo ninguna circunstancia. Había sido una de sus principales reglas, ahora mismo estaba a punto de ir directo al filo del acantilado.
Sin meditarlo demasiado sujetó una pequeña planta de cactus que descansaba al borde de la ventana, se despidió de su mascota y partió.
Era pasado el tiempo de almuerzo en Iza's, gracias a ello Inuyasha no se percató cuando Kagome llegó al local de enfrente, buscando de forma experimental entre los empleados hasta que un caballero se acercó a preguntarle—. Bienvenida, señorita ¿Puedo ayudarle en algo?
Kagome pareció dudarlo un poco, abriendo la boca aunque sin decir nada. El hombre tuvo suficiente paciencia para dejarla ordenar su oración, hasta que exclamó tímidamente—. Vengo a buscar al gerente Hirashige.
Si hubieran llegado a buscar a cualquier otro, el guardia no se habría inmutado, incluso si ella preguntara por un traje se sorprendería menos. Con el apellido del gerente sintió que no era cualquier persona por lo que se mostró reticente—. Disculpe señorita. En este momento no puedo comunicarla con el gerente.
—Oh, entonces. Volveré otro día —. Se excusó de forma torpe preparándose para salir de ahí. Sin embargo, el hombre que buscaba salió al vestíbulo acompañado por un secretario. Su caminar se detuvo abruptamente cuando la vio ahí, de inmediato se le ensanchó una sonrisa enorme en la cara.
—Kag —. Corrió a su encuentro, sin importarle las miradas curiosas alrededor. Se acomodó la larga trenza con un movimiento de galantería observandola en todo momento—. Pensé que no ibas a venir —sonrió mostrando sus blanquecinos dientes. Una expresión que desconcertó al guardia de seguridad, pues, desde que conocía al joven Hirashige, no lo había visto hacer más que mostrar sonrisas sádicas, jamás de forma tan alegre como ahora.
—Lo que sucede es que los martes son mis días de descanso —reveló ella—. Aunque no me quería perder tu gran día y vine a visitar —señaló merodeando alrededor—. Este lugar sin duda es fabuloso, has llegado tan lejos, me alegro por tí.
—Oh, vamos. No es para tanto, tan solo tuve suerte —habló modestamente, su corazón latía a toda velocidad, cuando se resignó tristemente a no verla hoy, porque quizá la había abrumado con su presencia, ella se tomó la molestia de venir hasta aquí incluso en su día de descanso. Nada lo había puesto tan feliz en años. El hecho de que fue captada por las cámaras en Shikon acompañada de Inuyasha, terminó desvaneciendo tan solo por este gesto.
—Estoy segura de que lo conseguiste con mucho esfuerzo —elogió ofreciendo una gran sonrisa, convirtiendo sus ojos en lunas menguantes. El secretario que se quedó atrás no pudo evitar acercarse para recordarle al joven su actividad programada haciéndola decir—. Oh, ya ibas de salida. Entonces nos vemos otro día. Solo pasaba para desearte mucha suerte —hablando extendió los brazos para ofrecerle la pequeña maceta, adornada por un amuleto.
Bankotsu miró el objeto, sintiendo su pecho casi explotar de felicidad mientras lo recibía—. La verdad es que iba a almorzar apenas ¿Te gustaría acompañarme?
La azabache mostro ligera sorpresa en su expresión—. No, si tienes algo importante que hacer no te preocupes por mí.
—Insisto. Quizá pueda pagarte el café que te debo —continuó persuadiendo. Ella ya estaba aquí, dejar que se fuera sin más sería un error que lamentaría durante mucho tiempo. Tuvo que encontrar una forma de recrear su vínculo y quizá, hacerla dejar lo que tuviera con Inuyasha Taisho.
Kagome tenía sentimientos encontrados, por una parte, quería alejarse lo más posible de él, al menos hasta que pudiera encontrar una brecha en su perfecto historial o poder descartarlo completamente del atentado contra su padre en el pasado, por otro, quería acercarse para sacar tanta información pudiera sobre Naraku—. Entonces, me encantaría un capuccino —omitiendo todas sus dudas, tomó una decisión. Pensando más a fondo, él podría ser una fuente incalculable de datos si lo abordaba correctamente.
Al chico se le iluminaron los ojos de inmediato, sonrió entregando su carpeta al secretario, dejando órdenes al personal—. Tomaré el almuerzo ahora, pueden llamar a mi celular si surge algo —. Acto seguido, guió a la chica hacia la salida.
El secretario y el guardia intercambiaron miradas de incredulidad. Sin poder concebir que su jefe estuviera tan proactivo para complacer a una mujer. Impotentes sobre convencerlo de lo contrario, lo único que pudieron hacer fue esperar por él obedientemente.
El dúo se dirigió hasta un restaurante de los alrededores, tras ordenar, Kagome movía nerviosamente las manos sobre la mesa, él se dio cuenta de ello, eligiendo abrir conversación—. Ha pasado tiempo desde que nos sentamos a conversar. Dime ¿Cómo se encuentra tu familia?
—Oh, ellos están bien. Mi hermano Sota va a ser padre dentro de poco —confesó. Pensando hasta aquí, para Naraku no iba a ser difícil encontrar todo lo relacionado a su familia, se iba a evitar involucrarlos siendo honesta.
—Que inesperado —confesó el de ojos azules con verdadera conmoción. El pequeño Sota iba a ser padre en realidad. Aún recordaba al niño cuando los tres regresaban hasta la residencia Higurashi—. La señora Naomi debe ser muy feliz.
—Si. Mamá estaba bastante emocionada. Será su primer nieto después de todo.
—Tal vez debería comprar un obsequio para tu sobrino y visitarlos con esa excusa, ja, ja, ja. Extraño la comida casera de la señora Naomi —medio bromeó, medio fue serio. Ante las bromas, la azabache no pudo discernir si estaba intentando sondarla por curiosidad o por otros motivos. Nunca se había topado con un rostro tan difícil de entender como el de Bankotsu, aunque tal vez era su mente hecha un caos alrededor de las sospechas.
—En realidad, hace mucho que no voy a casa de mi madre —entonó ella con cierta nostalgia. Sin poder evitarlo un montón de recuerdos vinieron a su cabeza obligándola a dar un suspiro.
—¿Por qué no?
—Bueno... —dudó—. Es un poco complicado. Siento que abandoné a mi madre en el peor momento y escapé sin muchos escrúpulos. Por eso no encuentro valor de verla de nuevo apesar de todas las llamadas que hacemos.
Bankotsu entendía perfectamente el significado implícito de esas palabras. Él mismo había sido "abandonado" por ella cuando decidió alejarse de esta ciudad para mermar su dolor producto de la pérdida de su padre y todas las acusaciones flotando alrededor. Un pinchazo de culpa invadió su pecho, convirtiendo su mueca en una expresión complicada que ella perdió de vista al estar agachada.
Estiró la mano para sujetar el dorso de la femenina, intentando infundir confort—. Estoy seguro, de que la señora Naomi entiende y no te culpa. Nadie te culparía —. En el mismo aliento, él quería hacerle saber que su decisión fue la más acertada quizá. Además de auto consolarse también.
—Bueno, es algo que ya ha pasado —intentó minimizar—. Cuéntame ¿Cómo está tu hermano Renkotsu?
Él se tensó un poco ante la mención del nombre, sin embargo pudo ocultarlo todavía—. Renkotsu está bien, ésta noche iré por él al aeropuerto. Acaba de regresar del extranjero —incluso, con su semblante tranquilo, su corazón lo había traicionado comenzando a latir de forma irregular.
Había sido muy difícil para él soltar a Kagome en el pasado. Pero el hecho de que su hermano menor fuera el responsable del accidente y el mecánico que arruinó los frenos de Sugino Higurashi, lo acobardó hasta el punto de dejarla partir sin pedirle explicaciones o una segunda oportunidad.
Era algo que incluso ahora, no podía dejarle saber.
Continuará...
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