Capítulo 12: En la boca del lobo.

Al día siguiente Kagome no dejaba de recibir mensajes gracias a un chat grupal que Jakotsu armó junto a Yura y Ayame. Su última conversación se relacionó con el atuendo para ir de fiesta. Riéndose por las ocurrencias del chico, pasó junto a Miroku recordándole. —Esta noche traeré a Inuyasha. Asegúrate de desaparecer para entonces.

—Qué cruel eres jefa. Tan pronto como un niño bonito y rico apareció en tu horizonte, me abandonas —se quejó Miroku de forma dramática.

—Oh, vamos —soltó ella abrochando el cinturón de su abrigo. —Sango se muda en la tarde al piso de arriba, así que mueve tu trasero hacia allá por la noche. De todas maneras no puedes quedarte mucho tiempo más aquí.

Miroku arrojó una fritura a su boca, asistiendo varias veces para indicarle que recibió su mensaje. La miró partir con un atuendo que incluso él encontraba poco adecuado para ir a un bar, aunque pronto se limitó a encogerse de hombros. Conociéndola, incluso su vestuario tenía un motivo.

Tal como pensaba, esa ropa petulante era un anzuelo. Destacar por su cuenta no era una verdadera opción al ser invitada de Inuyasha, todos notarían sus intenciones tan pronto pusiera verdadero empeño a su imagen. Luego de conversar con Jakotsu, entró en un papel de chica poco interesada en el asunto para incitar su ayuda.

Justo ahora estaban a punto de cerrar, efectivamente fue arrastrada por el muchacho y su amiga mientras le daban una checada a lo largo del cuerpo, reprobando su vestuario al instante. —Kag, pastelito ¿Vas a ir así? —quiso saber el joven amanerado.

—¿Qué tiene? Dijeron que es un lugar costoso, pensé que se ajustaba a los estándares.

—Que sea un sitio costoso no quiere decir que sea un restaurante de etiqueta. Con esto parece que vas a conocer a tus futuros suegros —negó. Tenían menos de veinte minutos para ayudarla a cambiarse aquel atuendo tan... Extraño. Y si se le permitía decir, feo. —¿No tienes otra cosa? —preguntó él asomando un poco su cara al locker de la muchacha encontrando solo su uniforme.

—No creo que sea apropiado traer mi ropa como si fuera un armario.

Yura detuvo sus movimientos con el labial rojo cereza delante de su propio locker sintiéndose incrédula. —¿Para qué crees que sería sino? Jakotsu tiene razón. No puedes ir así ¿Qué talla eres? Quizá tenga algo para tí —. Así comenzó a buscar en la considerable cantidad de ropa guardada en el gabinete.

—Juzgando por las caderas de mi pastelito. Tal vez puedas prestarle ese pantalón de vinipiel que te queda grande —sugirió Jakotsu también rebuscando en sus pertenencias. —Esta chaqueta quedará fabulosa con esto. Puedes dejarte los botines.

Ambos prácticamente jugaron a vestir muñecas con Kagome. La chica se dejó hacer, escuchando los consejos de ambos. Mientras Jakotsu se encargó de su atuendo, Yura arregló su maquillaje. Honestamente no pudo quejarse del resultado. Mirando el reflejo del espejo se sintió finalmente volver, esta apariencia iba más con ella en definitiva.

—Inuyasha pregunta si ya terminaron —Ayame interrumpió asomándose por la puerta de los cambiadores, ella no se molestó en arreglarse demasiado, aunque tuvo sus preparativos, todo lo que hizo fue arreglar un poco sus pestañas y labial. Siempre tenía un tipo de aura natural que no necesitaba nada extravagante, sin embargo se sintió incluso intimidada cuando Kagome dio la vuelta hacia ella.

—Si. Ya terminamos —Jakotsu guardó nuevamente sus pertenencias en su casillero siendo imitado por las dos chicas a su lado.

Afuera, Inuyasha estaba recargado contra su auto, un poco impaciente por la desaparición de sus empleados. A su lado, Koga se encontraba escuchando música con los auriculares de diadema ignorando la ansiedad del otro. Para él, esta reunión se arruinó con su presencia.

—Ah... ¿Cuánto más van a tardar?

En ese momento respondieron. —Perdón, tuvimos un ligero inconveniente. Pero ya lo resolvimos —. Debido a la puerta principal cerrada, el grupo de cuatro salió por la salida de emergencia en la parte trasera del edificio. Yura fue la primera en dar vuelta para encontrarse con el hijo de Izayoi.

—Ya era hora.

—Lo siento, lo siento.

—¿Dónde están los demás?

—Vienen allá atrás —señaló ella. Al mismo tiempo, las tres figuras restantes emergieron tras la pared, e inmediatamente los ojos ámbar se clavaron en Kagome.

Registrando desde los botines gamuza negro y el vinil predominante, todo el conjunto se amoldó en ella casi a la perfección, aunado al maquillaje profundo que Yura hizo posible. Sus ojos parecían más intensos gracias a las sombras y delineador. Ese labial de tono borgoña mate lo llamaba peligrosamente, además su cabello de ébano era brillante, las ondas rebotaban coquetas en cada paso, haciéndolo recordar ese aroma imborrable desde el momento en que lo percibió.

—Estamos listos —Anunció Jakotsu lleno de emoción.

El albino parpadeó varias veces tras su oración. Adoptando su habitual voz enojada. —Menos mal. Vámonos —habló quitando la alarma del auto. Debido a la distancia entre Iza's y Shikon, eligió llevarlos a todos con él.

Kagome aún disfrutaba la mirada de idiota del muchacho, hasta que vio la lujosa Mercedes Benz G500 delante suyo. Algo que ella amaba también, fueron los autos. Incluso poseía un par de americanos clásicos por su cuenta, encontrando digno el gusto de Inuyasha.

Hitomiko se despidió respetuosamente del grupo cuando el taxi que Inuyasha pidió para ella arribó. Seguidamente, la pelirroja no desaprovechó para imposibilitar el asiento a lado de Koga, enviando a Higurashi para hacer de copiloto. Llegado el momento, se dirigieron al centro nocturno. Ignorantes de las conspiraciones entre esas paredes.

—Los detalles de la tienda están terminados. También tenemos listo el equipo para intercambiar toda la información —. Un hombre de corpulencia robusta se encontraba de pie frente a un escritorio, dando detalles de sus avances al joven sentado en la silla principal del lugar.

—¿Algún movimiento por parte de nuestro objetivo?

—No parece ser el caso señor. Después de la última contratación tendremos que esperar las vacantes de la temporada navideña para ingresar a Iza's. Las candidatas están recibiendo entrenamiento todavía.

Una nube de humo escapó de la boca masculina antes de continuar. —Debemos instalar primero nuestra red en el edificio de Classic Gentleman. Por el momento asegúrate de mantener tu vigilancia ¿Tienen el nombre de la empleada nueva?

—Venía precisamente para entregar el informe. Esto es lo que pudimos recabar —hablando, el informante ofreció una carpeta con ambas manos. El otro hombre la recibió dando una calada nueva a su habano, sintiendo el picor del tabaco abrazar su lengua. Sostuvo el puro entre los dientes para abrir el objeto; casi ahogándose con su contenido revelado.

—¿Están seguro de que es ella? —cuestionó velozmente mientras luchaba por recuperar el aliento discretamente, incluso su postura fue llevada hacia adelante debido al interés.

—Si señor, no hay margen de error. La empleada nueva en la boutique de Izayoi Taisho es Kagome Higurashi. La hija mayor de Sugino Higurashi.

Los orbes del muchacho sentando se iluminaron con aire soñador tan pronto vio la fotografía al interior del empastado. Ni siquiera necesitó leer el nombre para reconocerla. Sacando el puro de su boca, no se reprimió a pesar de la presencia extra. —Debe ser el destino —murmuró tenue. Sintiéndose repentinamente en las nubes.

La ininteligible oración desencadenó el desconcierto del espía, haciéndolo preguntar. —¿Disculpe?

Al oírlo, el joven cerró la carpeta de golpe. Ordenando: —No te involucres más con ella. A partir de ahora yo me encargo de esto.

—Pero, señor, debemos informar detalladamente a nuestro superior de...

—¿Desconfías de mí? —la brusquedad de sus palabras detuvo el discurso del empleado en seco. —¿Tienes derecho a desconfiar de mi?

—No señor, no es mi intención —negó inmediatamente lleno de nerviosismo. —Solo sigo las órdenes del señor Sata. Usted no debería involucrarse demasiado con los empleados del objetivo, por precaución.

—Tomaré la responsabilidad cuando llegue el momento ¿Entiendes? Ahora, fuera —la manera arisca que adoptó su voz le infundió suficiente miedo al espía, obligándolo a tragarse sus sugerencias.

—Como ordene —. Hizo una reverencia respetuosa para luego excusarse —Con permiso.

Solo él quedó en la oficina, estaba apenas iluminada por la luz rojo fluorescente del ventanal a su izquierda. Era una cámara invisible desde afuera, sin embargo tenía toda la panorámica a la pista de baile en Shikon, donde las luces se combinaban con la música.

Nuevamente regresó la vista a los informes recibidos, contemplando la fotografía de Kagome, su sonrisa era tan hermosa como recordaba, su cabello revoltoso ondulado había crecido un poco más tal vez, sus ojos marrones brillante y grandes, le recordaban a esa época tan especial para ellos.

Abandonando su tabaco, alcanzó el vaso de ginebra al lado; tragándose todo su contenido en una sola edición. La había extrañado como loco, pero nunca se atrevió a buscarla de nuevo a pesar de poseer la capacidad para ello. Así mismo, nunca pensó que la vida se encargaría de reunirlos por segunda ocasión. —Si es el destino. Esta vez no pienso rendirme — prometió contemplando esa fotografía.

A estas alturas, Kagome y el resto ya se encontraban frente la entrada principal de Shikon. El edificio como ella sabía, era un complejo de dimensiones abrumadoras para ser un club, su fachada era simple, sin ninguna luz que delatara su propósito. Este se dividió en dos secciones:

La zona del bar y discoteca, donde cualquiera que pagó el ingreso tuvo derecho a acceder. Pública entre comillas, pues incluso su costo de entrada era elevado. Sin embargo no necesitó tarjeta de membresía.

Y la zona VIP. Donde estaban ingresando. Esta parte requirió la tarjeta para ingresar a sus paredes casi blindadas. El acceso se hizo incluso por una puerta diferente.

—Oh por Dios. Llegamos —La voz aguda del joven afeminado resonó tan pronto descendieron del auto. Yura se abrazó a él comenzando a cuchichear tonterías sobre sus antiguas reuniones aquí.

Inuyasha se entretuvo entregando su auto al valet, momento que Koga quiso aprovechar para llevarse a Higurashi con él. Sin embargo, su compañera de ojos verdes se negó a permitir cualquier contacto físico entre ellos. —Estoy emocionada ¿Tu no, Koga? —entabló conversación mientras se colgaba del brazo masculino.

Kagome captó sus movimientos, estimando más o menos sus intenciones, si sus conjeturas resultaban ciertas, no le importaba apoyarse en ella.

El albino regresó con ellos sacando una tarjeta platinada de su billetera, al verlos en parejas ofreció su mano a la solitaria Kagome quien no la tomó de inmediato. La reticencia en sus ojos lo volvió casi adicto a la sensación. Se sentía como un depredador agazapado para devorar a una tierna presa. Dulce más allá de toda descripción. —Anda ¿Quieres perderte? El interior está llenos de pasillos —excusó sus acciones de forma hastiada, ocultando bien las ansias de tocarla.

Kagome se rio internamente de su monólogo, aceptando tímidamente. En cuanto se tocaron se dio cuenta en la diferencia de tamaños que poseían sus manos, él envolvió con precisión todos sus dedos, apretando el agarre. Se dirigieron al ingreso donde ella repentinamente se sintió nerviosa. La presencia de Inuyasha servía bien para disfrazar sus verdaderas preocupaciones. Aspirando con fuerza  continuó por el camino que él le guiaba.

—Joven Inuyasha. Parece que este año vino temprano —. El encargado de recepción saludó íntimamente al muchacho. Parecía que lo conocía desde hace mucho. Kagome se mantuvo captando todo el proceso del que su tarjeta fue objeto. Memorizando todos los movimientos del recepcionista. Cabía decir, el lugar parecía más un hotel que un club nocturno en este lado. —¿Me permiten sus identificaciones? —solicitó a todos. Debido a ello, la azabache contuvo el aliento; a pesar de su deseo por infiltrarse lo antes posible, todavía ingresaba a la boca del lobo con su identidad real. Un solo movimiento en falso y todo terminaría.

El conjunto hizo caso a las palabras del hombre, como una cuestión de rutina. Luego colocó cintas distintivas de goma alrededor de sus muñecas para indicar su puerta de ingreso.

Realizado este proceso, Inuyasha respondió la pregunta del otro. —Más o menos ¿Preparaste mi privado?

—No se preocupe. Su sala privada está lista. Disfrute su estancia —habló el hombre del mostrador, devolviendo los carnets después de registrar su visita.

—Gracias Gatenmaru.

Una vez dentro, el conjunto caminó tras Kagome e Inuyasha nuevamente tomados de la mano. Koga apretó los puños con impotencia, sintiendo como las cosas estaban a favor de su jefe. No pudo ser grosero con Ayame porque hacerla sentir mal arruinaría de alguna manera la reunión. Sin embargo los celos no pudieron controlarse por completo dentro de él.

Inuyasha condujo a Kagome hasta un espacio exclusivo bajo su nombre. Cada membresía tuvo derecho a un privado bastante amplio e insonorizado. El bar y la pista de baile se encontraban en el centro de todo el edificio dejando que sus clientes VIP eligieran entre permanecer ocultos o acudir al sitio comunitario.

Al abrir la puerta con la misma tarjeta, los dejó ingresar. Kagome contempló la estancia amoblada con una larga mesa baja repleta de comida chatarra y bebidas alcohólicas enfriadas, bordeada por sillones de terciopelo azul marino, equipados con cojines. En las paredes buscó posibles lugares para instalar cámaras, no podía confiarse en este ambiente ni por un segundo. Bajo su fachada de inseguridad, se ocultaba su precaución saltando cada cinco segundos. Su topo no tenía acceso a los privados al ser un simple mesero del bar, por lo que era la primera vez que tenía información sobre uno.

—Tomen asiento —indicó el hijo de Izayoi abandonando el saco sobre un perchero tripie al lado de la puerta.

Yura arrastró a Kagome hacia el sofá, de todos, era la que no tenía ninguna reserva en aceptar esta clase de obsequios provenientes de Inuyasha o sus padres. —Pero si que te has tomado molestias —recalcó observando la variedad de licores suaves en la mesa.

—No pensé que quisieran embriagarse de verdad. Mañana tienen que trabajar —respondió el ambarino. No iría a admitir que eligió cuidadosamente todo el alcohol porque no tenía idea de los gustos de su nueva empleada. Quería ofrecer bebidas "rosadas" como parte de su cuidado y buena disposición aunque sin destacarla.

—Tiene razón. Además, ya sabemos que lo verdaderamente bueno es lo que se sirve en el bar —. Jakotsu se acomodó al lado de Yura dejando el otro costado de Kagome disponible. Inesperadamente, Ayame se posicionó ahí dejando a los dos jóvenes para sentarse en los sofá individuales.

Ambos mantuvieron las apariencias, agradeciendo que al menos, eran Ayame y Yura aprisionandola. —¿Qué clase de licor bebes, Kag? —preguntó la pelirroja. —Yo no tomo cosas fuertes porque me emborracho demasiado rápido.

—La verdad no resisto mucho el alcohol ni he bebido muchas cosas elaboradas.

Mentira.

—¿De verdad? Entonces tu y yo podemos tomar una limonada antes del alcohol —se emocionó arrimandose más hacia ella. Por su actitud parecían no haber tenido ningún percance.

Nadie entendió sus acciones, asumiendo que quería hacer las paces. No obstante, Kagome supo la verdad de un vistazo. Ahora cien por ciento segura, decidió aprovecharse un poco de su inocente juego. —Me alegra que no solo yo vaya a empezar despacio.

El ambiente poco a poco fue mejorando, la mayoría de las conversaciones se llevaron entre Ayame y Kagome. Lucía como un simple parloteo entre amigas poniéndose al corriente, más, toda la información era para Inuyasha. Al parecer la de ojos verdes también sabía cómo manipular la situación a su favor. Al ritmo que iban, incluso los demás se reunieron a las anécdotas. Lo último en específico, fue refrescante a los oídos del albino.

—Pastelito, deberías intentar cazar algo hoy. Dijiste que no tenías novio, es tu oportunidad de conseguir algunos números —bromeó Jakotsu.

—Tal vez debería. Así dejaría mi trabajo para vivir cómodamente —continuó la aludida.

—Oh, no. Entonces jamás te soltaré.

—Ja, ja, ja. No hablo serio.

Los chistes aumentaron, las bebidas se sirvieron entre bocadillos de pizza y nuggets de pollo, brindando en nombre de la empleada nueva varias rondas de alcohol. Al final, decidieron  ir a bailar siendo arrastrados por el joven amanerado, incapaz de esperar para ver al "amor de su vida"

Continuando en su papel de poca resiliencia, Kagome fingió descoordinar un poco sus pasos, siendo apoyada por Yura. Llegando a la zona comunitaria, Koga se ofreció personalmente para buscarle agua mineral siendo acompañado por Jakotsu y Yura. Gracias a una llamada, Inuyasha tuvo que quedarse en la sala privada por un rato.

Aprovechando la ausencia de todos, Ayame continuó allanando camino. Aunque sus trucos eran una simple tontería a ojos de Kagome, debía admitir que en otras personas funcionarían. —Inuyasha es tan genial por traernos aquí —. La de ojos chocolate no respondió más allá de un asentimiento. —Es la primera vez que lo veo tomarse tantas molestias. Sin duda su novia será afortunada.

—Sin duda —secundó con voz átona. Sinónimo de embriaguez. Para hacer las cosas más interesantes, eligió remover un poco los celos de ella. —Aunque Koga también es muy atento —enfatizó.

La otra mujer intentó ocultar su desprecio por esas palabras, diciendo. —Él es una buena persona con todo el mundo. No sé si sea un buen novio. Honestamente creo que no —. Le costaba un esfuerzo descomunal desacreditarlo, pero apostaba todo a esta estrategia. —Inuyasha parece un mejor partido.

La conversación se detuvo ahí, debido al moreno regresando con el agua de Kagome. —Toma un poco, parece que el alcohol se te subió bastante rápido.

Dándole una mirada llena de gratitud, Higurashi tomó el vaso intentando llevarlo hacia sus labios con movimientos lerdos, provocando los instintos protectores del muchacho. Él se estaba preparando para ayudarle hasta que su acompañante lo venció.

Unos momentos después, Jakotsu y compañia volvieron llenos de sonrisas. La celebración continuó lentamente con más charla, cuando repentinamente Kagome se levantó alegando por un sanitario.

—Vamos juntas, todavía no sabes dónde están —ofreció Yura tomándola por el brazo. No esperaba que tan poco alcohol la dejara así de mareada. Varios chicos llevaban mirándola de reojo desde hacía rato. Una vez dentro de los baños, Kagome aprovechó la oportunidad de escapar. Era momento de deambular un poco alrededor.

Para fortuna suya, el pasillo de los sanitarios estaba rodeado de parejas a mitad de un magreo intenso, demasiado ocupadas para prestarle atención. Dando tumbos consiguió zafarse de ahí, iniciando su recorrido. La su descoordinada andanza simulaba embriaguez a la perfección, nadie se interpuso para detenerla e incluso se divirtieron por su "deplorable" estado.

Siguió caminando de forma errante hasta topar con unas escaleras demasiado recónditas como para llevar a la zona VIP. Sin duda, estas tenían un propósito más peculiar, con alta probabilidad de llevarla a un lugar relacionado con los altos mandos. Sin dudar echó los pasos hacia arriba lista para memorizar todo a su paso.

Por desgracia, un hombre acompañado por dos guardaespaldas corpulentos se encontraron con ella a pocos escalones. Rápidamente agachó la cabeza para ocultar su rostro entre su cabello, balanceandose continuamente.

El hombre no hizo amago por moverla, en cambio la contempló poniendo sus nervios de punta. Este lugar no era simple. Quien viniera por aquí con dos guardaespaldas tuvo que tener una importancia sustancial. Al final, él se acercó lentamente, descendiendo los pocos escalones que les separaban. —¿Te encuentras bien? —cuestionó poniendo una mano en su hombro.

Ella casi dio un respingo, al menos no era la voz de Naraku. Aún sin saber la identidad de él, tuvo la precaución de no levantar la cara. —Baño... —balbuceó.

—¿Te perdiste? ¿Necesitas ir al baño? —al no obtener respuesta, el joven se preparó para encaminarla hacia arriba.

—¡Ahí estás!

No obstante, la voz de Inuyasha resonó por encima de la música, dándole un gran alivio. Sin demora giró el cuerpo con velocidad, bloqueando en campo de visión del hombre misterioso con su propio cabello. —¡Jefecito! —gritó extasiada.

—Hey, hey —. Al verla girar así, Inuyasha corrió para sujetarla, temiendo que se cayera. —¿Cómo demonios llegaste aquí? Yura dijo que des apareciste del baño.

—Ji, ji, ji. Perdón —respondió abrazándose a él.

—Olvídalo. Te llevaré de vuelta —dictaminó el albino sujetandole con mayor firmeza. De principio a fin, ignoró al otro hombre mientras se la llevaba. A pesar de que su táctica para ocultarse fue impecable, todavía no evitó ser reconocida.

Una lastima que el muchacho acompañado de sus guardaespaldas pudiera identificarla incluso a un kilómetro de distancia. —Kagome —murmuró observandola alejarse con Inuyasha.

Continuará...

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