Capítulo 19. Ángel y demonio
Lucel estaba atendiendo a Carlos, quien fue a consultar a un médico por un malestar del estómago. Lucel empezó a analizarlo detenidamente, como lo haría un médico normal.
- ¿Desde cuándo empezó el malestar?- le preguntó Lucel a Carlos.
- Este lunes comenzó con mucha intensidad- le dijo Carlos, mientras se frotaba el estómago- no, en realidad el malestar comenzó cuando la conocí.
- ¿A quién?
- A Lucero, aquella maldita que aún se hace de la difícil cada vez que quiero demostrarle lo mucho que la amo.
Lucel detuvo el estetoscopio en el aire al escuchar el nombre de Lucero. Recordó que había visto a una tal Lucero, con un alma potente y que, por unos segundos, creyó que era Solestelar.
- Hablame de esa tal Lucero- le pidió Lucel- escuché por ahí que ciertas sugestiones también afectan a la salud.
Y entonces, Carlos empezó a hablarle de Lucero. Primero comenzó con que era la mujer más hermosa que había visto en su vida. Luego, lamentó que tuviese un carácter podrido y que no sea una buena profesora. Incluso, insinuó que utilizaba a Jorge, otro colega, para descalificarlo. Y que, aún así, la deseaba y quería tenerla en sus manos.
Mientras Carlos hablaba, Lucel realizó sus conexiones. Cuando terminó, sacó de un cajón unas pastillas, se las mostró a Carlos y le dijo:
- Pruebalas. Te harán bien.
Carlos, sin dudarlo, los tomó y, en cuestión de segundos, se quedó profundamente dormido.
Solo tenía unos minutos para llevar a cabo su plan. Lucel, rápidamente, sacó de otro cajón unos extraños cables con puntas filosas en los extremos. Clavó esas puntas en la nuca de Carlos y conectó los otros extremos en su laptop, al que le había modificado con la tecnología proveniente del mundo energético al que residía.
En la pantalla, al principio, aparecieron unos signos extraños. Luego, empezaron a separarse hasta tomar la forma de un individuo sin rostro. Era el alma de Carlos quien, en su vida anterior, fue un ser negativo llamado Balzú.
- Balzú, al fín te encontré- dijo Lucel, dando un salto de júbilo.
- ¿Qué pasó? ¿Qué hago aquí?- empezó a preguntar Balzú.
- Sientes obsesión por Lucero y no sabes lo que es- le explicó Lucel- sé que has perdido la memoria, pero ahora que casi te he liberado de tu envase corpóreo, y con ayuda de mi computadora, recuperaré tus recuerdos.
Lucel tecleó a una velocidad sorprendente, mientras tarareaba una extraña canción venida de otro mundo. Al final, cuando terminó, Balzú le dijo:
- Ahora lo recuerdo todo. Yo estaba buscando a Solestelar, pero Mijail se interpuso y me desintegró. Ahora soy Carlos, un sediento de mujeres que, en el fondo, solo busca a Solestelar. Y al fin la encontré, pero tiene un amigo que la protege de mí y, encima, creo que sus amigos del mundo energético también se encuentran cerca.
- Así es. Pero solo son niños. No podrán hacer nada. No te rindas, Balzú. Mefi y Mey también están aquí y desean obtener el poder de Solestelar. Bueno, se me acaba el tiempo, voy a desconectarte. Pero incluiré en tu mente algunos datos para que no olvides del todo.
- Gracias, Lucel. Mi malestar al fin acabó.
Cuando Lucel retiró los cables de la nuca de Carlos, éste despertó, tomó sus cosas y se fue, pronunciando una palabra que lo había obsesionado desde antes de nacer: "Solestelar".
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Kienya y Sharman observaron a Shael con curiosidad. Uryan les explicó cómo ella nació y cómo, enseguida, ella lo reconoció como padre.
- Me hubiese gustado participar de su nacimiento- dijo Kienya, mientras acariciaba los enredosos cabellos de Shael- estoy segura de que habría sido un espectáculo inolvidable.
- ¿Por qué la trajiste aquí?- le preguntó Sharman a Uryan- ¿Es porque extrañabas a Solestelar?
- De hecho, Shael contiene parte de las energías de Solestelar mezclada con mi poder- explicó Uryan- en el fondo, sentí que Solestelar, en estos últimos años, se pasaba "pensando" en Shael pero, como estaba desapareciendo, no me lo dijo. Solo dejó su mantilla como señal de su deseo.
Shael se acercó al contenedor del alma de Speranwa. Observó el alma con curiosidad, lo palpó suavemente y dijo:
- ¿Por qué ella no tiene consistencia?
- Capturamos su alma- dijo Uryan- y ahora estamos buscando un envase corpóreo donde pueda vivir y asegurarse de conocer a Solestelar.
- Solestelar es mi madre. ¿Verdad? Me hubiese gustado conocerla...
- Y la conocerás.
Uryan sacó su nave, la activó y, de ella, aparecieron imágenes de Solestelar. Shael observó aquellas imágenes con asombro y, cuando la escuchó cantar, se quedó embelesada por su voz.
- Era muy hermosa- dijo Shael, luego de analizar todas las imágenes.
- Ahora reside en un mundo material- le explicó Sharman- los "negativos" la están buscando para utilizar su poder. Su alma, originalmente, proviene de nuestro sol. Pero vivió gran parte de su vida en este mundo, con la consistencia de los energéticos puros.
- Hay mucho que no entiendo- dijo Shael- según mi padre, provengo de un mundo material. Aún recuerdo mi vida pasada, pero creo que, a medida que pase el tiempo, lo olvidaré por completo. Por favor, ténganme paciencia cuando sienta dudas o no entienda lo que me estén enseñando.
- Descuida. Iremos poco a poco- le dijo Uryan, acariciándole la cabeza.
La conversación fue interrumpida cuando una extraña nave roja se posó frente a ellos. De ahí salió Mefíseles con una mujer de cabellos violeta y recogidos en una trenza larga y fina. Era Meymi, la compañera de Mefíseles y quien lo había rescatado luego de que éste hubiese peleado contra Mijail.
Uryan, Kienya y Sharman se pusieron en posición de defensa. Shael observó a ambos bandos, preguntándose qué estaba pasando. Meymi se fijó primero en las hermanas negativas, luego en Uryan y, por último, en Shael, quien por instinto se acercó aún más a su padre.
- ¡Vaya! Por un momento creímos que hallaron a Solestelar- dijo Meymi, sin dejar de mirar a Shael- por eso nos manifestamos. Pero, al final, solo resultó ser una energética más.
- ¡Larguense de aquí!- dijo Uryan- ¡Dejen de seguirnos! ¡O destruiré su nave!
Meymi y Mefíseles dieron un paso hacia atrás, pero no se fueron. Kienya y Sharman avanzaron y se pusieron frente a Uryan y Shael.
- ¿Qué hacen?- preguntó Uryan a las hermanas negativas.
- Nosotras nos encargaremos- dijo Kienya- Uryan, localiza a Solestelar y deposita el alma de nuestra madre en el mundo donde reside.
- No te preocupes- dijo Sharman, con una sonrisa- somos más fuertes de lo que crees.
Shael, al percartarse de lo que estaba pasando, tomó el contenedor del alma de Speranwa, se la pasó a Uryan y le dijo:
- Llévame contigo, padre. Quisiera aprender a proyectarme.
Uryan tomó el contenedor, cerró los ojos y le pidió a Shael que lo abrazara. Shael obedeció y también cerró los ojos. Ambos pensaron en Solestelar y se proyectaron en el mundo donde residía. Mientras, Kienya peleó contra Meymi y Sharman contra Mefíseles. No solo usaban parte de sus componentes negativos para los ataques, sino también se daban tremendas patadas, golpes, puñetazos y cabezazos. La batalla fue corta, pero intensa. Y los cuatro recibieron heridas por todo el cuerpo.
Uryan y Shael lograron localizar a Solestelar. Ya no tenía el aspecto de una niña, sino el de una jovencita de catorce o quince años. Ella estaba dentro de un cuarto lleno de sillas y mesas, en un rincón, con una mirada triste y melancólica. Shael tuvo deseos de darle un abrazo, pero Uryan la detuvo diciéndole:
- Ella no recuerda nada de su vida pasada. Ya está completamente influenciada por este mundo material. Ahora busquemos algún "corpóreo" en donde pueda residir Speranwa.
Shael se puso triste, pero obedeció a Uryan. Se despidió de Solestelar con el pensamiento y se fue, en busca de un cuerpo en proceso de construcción.
Cerca de donde estaba Solestelar, pero dentro de una extraña nave de cuatro ruedas, se encontraba una pareja de materiales en una extraña posición, abrazados y sin parar de darse mordiscos por todos lados. Era un hombre y una mujer, realizando aquel acto en que procedían a crear un nuevo ser. Solo tenían una milésima de segundos para llegar a la "fase final". Uryan se acercó, lo más que pudo, a la pareja. Observó a la mujer, que mostraba una mueca de dolor, aunque en sus ojos se sentía una alegría inmensa. Ya estaba listo. Contó hasta tres, abrió el contenedor y el alma de Speranwa fue directo al interior de la mujer, mientras daba un bramido de emoción.
Shael gritó. Uryan vio que unos brazos oscuros la rodeaban. Era Meymi, que logró esquivar a su contrincante y seguir el rastro que Uryan y Shael dejaron al proyectarse. Enseguida se alejaron del mundo material y se hallaron en un extraño sitio oscuro, sin límites, que conformaba la infinita línea que separaba a ambos mundos.
- Bien. Ya sé dónde se encuentra Solestelar- dijo Meymi, sin dejar de soltar a Shael- ahora me trasladaré por completo a ese mundo y viviré como una mortal. Suerte que Shael está aquí. Su energía me servirá para abastecer mi nave. lástima que su vida fuese breve. ¡Nos vemos!
El cuerpo de Shael emitió un extraño brillo. Meymi la soltó y Uryan sujetó a su hija, llevándola de regreso al mundo energético. Meymi los siguió, pero quedó completamente herida por el choque de energías y materialidad en una dimensión sin consistencia alguna.
Mefíseles se acercó a Meymi, la alzó en brazos y se marcharon de ahí enseguida.
Uryan se horrorizó al ver el estado en que se encontraban Kienya y Sharman. Sus partes materiales casi se destruyeron por completo y, pronto, desaparecerían. Ya no le quedaba tantas energías para curarlas.
- Yo me encargaré, padre- le dijo Shael a Uryan- aún poseo la consistencia suficiente para vivir miles de millones de años.
Shael se acercó a las hermanas, les acarició la cabeza y, con un solo toque, logró recomponerlas.
- ¡Increíble! Apenas has nacido y ya has logrado lo que yo nunca logré- dijo Uryan, sorprendido por el gran poder de Shael.
Shael sonrió. Dio otro abrazo a Uryan y le dijo:
- Me transmitiste tus recuerdos y conocimientos. Todo es gracias a ti, padre.
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