CAPÍTULO 12 Y CAPÍTULO 13
CAPÍTULO 12: CATORCE DE OCTUBRE, OCHO HORAS.
Jack estaba tumbado en la cama de la pequeña habitación que él y Melina habían alquilado unos días antes, semidesnudo, entre dormido y despierto. Tenía el cuerpo lleno de heridas, pero ninguna era grave, y tampoco se sentía particularmente cansado, a pesar de que la noche anterior había sido agitada.
Hacía un rato había despertado, tras dormir varias horas con terribles pesadillas sobre la muerte de Patricia y Roberto, se había duchado con agua helada y había vuelto a la cama. Melina no estaba ahí ni cuando despertó ni cuando regresó al lecho, pero esto a Jack no le sorprendía, ese tipo de rarezas eran habituales en ella.
De repente, aún recostado, el hombre inspiró profundo, luego la lucidez regresó poco a poco a su mente, y abrió los ojos. Lo primero que vio lo hizo abrir la boca con asombro.
Ahí estaba Melina, sentada en una silla al lado de la cama, con una mano bajo la barbilla y los codos apoyados en una pequeña mesa individual, vestida únicamente con unas pequeñas bragas de color negro.
-Santa María... –musitó el hombre, con los ojos fijos en la pelirroja.
-Imagino que eso significa que te agrada cómo luzco –repuso ella con una sonrisa, y se levantó, se acercó a la cama y se subió sobre Jack-. Y que estás bien. ¿Cómo te sientes esta mañana?
-Mucho mejor –repuso el detective, mientras la chica le acariciaba el pecho desnudo y el rostro con sus suaves manos, y él aferraba sus pechos.
-Qué bien, porque anoche mostraste una gran valentía, y quiero premiarte por eso –lo besó en los labios, y él sintió cómo abría las piernas y lo rozaba con su sexo-. Espero que los días de duelo que has tenido sean suficientes, que estés listo para un poco de diversión.
-Créeme, lo estoy –dijo el detective, y sonrió, casi tímidamente.
Ella volvió a besarlo en la boca, luego en el cuello, después en los labios, y por último en el estómago, mientras Jack enredaba los dedos en su cabello suave como el chocolate.
Justo entonces, mientras Melina empezaba a acariciar la virilidad de su amigo con la boca, el timbre de un teléfono celular hizo añicos la magia del momento. Era el de Jack.
-Maldita sea –gruñó el hombre.
-Ignóralo –ronroneó Melina, echándose cuan larga era sobre el cuerpo del detective-. Hay algo más importante que debes hacer justo ahora.
Jack exhaló un suspiro y la besó ávidamente en la boca.
-Mierda, Mel, nada me gustaría más que hacerlo, pero no puedo, podría tratarse de algo importante, de mis hijas.
Sin una palabra, pero evidentemente disgustada, la chica se apartó de él, se bajó de la cama y comenzó a vestirse. Jack se sintió profundamente enojado, al punto de que mandaría al carajo a cualquier infeliz que estuviera llamando si resultaba que no lo hacía por algo REALMENTE importante.
-¡Diga! –contestó entonces, ridículamente sentado en el borde de la cama, con el miembro aún erecto y el teléfono en la oreja. De un momento a otro, sin embargo, pareció más bien intrigado-. ¿Doña Victoria?... No, no se preocupe, yo me siento perfectamente bien. ¿En qué puedo SERVIRLE?
Se produjo una pausa de silencio, en que Jack escuchaba atentamente. Una sombra de preocupación empezó a cubrir su rostro.
-¿Desde hace cuánto desapareció? –preguntó el detective.
Una nueva pausa de silencio, esta más larga que la anterior.
-Santo Dios. Está bien, doña Victoria, voy a investigar. ¿Ya fue a la policía?... Sí, veinticuatro horas. Bueno, no se preocupe, voy a hablar con mis compañeros para que la busquemos. Cualquier cosa yo le llamo. Claro, adiós –el hombre cortó y exhaló un suspiro.
-¿Malas noticias? –preguntó Melina, ahora tumbada de espaldas en la cama, vestida con unos pantalones y un sostén negros.
-¿Te acuerdas de la niña que atiende la soda El Parque, la que casi siempre viste de colegiala? –preguntó Jack a su vez.
-No –repuso la bruja-. ¿Por qué lo haría?
-Te sirvió café la vez que nos reunimos en la soda –insistió el hombre, mientras se ponía de pie y empezaba a buscar ropa para ponerse-. Es una chica muy amable, callada. Ah, ese día te estaba mirando con ceño por reírte de mí, ¿recuerdas?
-Ah sí, claro –dijo Melina-. ¿Qué pasa con ella?
-Ha desaparecido, salió ayer a las cinco del colegio y nadie la ha visto desde entonces. Doña Victoria, su mamá, está terriblemente preocupada.
Melina se puso de lado y se incorporó a medias en la cama.
-Te advertí que cosas malas sucederían si decidías seguir adelante con esto, Jack –dijo entonces-. No quiero ser pesimista, pero dudo mucho que la niña esté divirtiéndose por ahí.
El detective asintió, preocupado.
-Ayer, cuando tocaste mis mejillas y estabas fría, dijiste que era porque algo malo estaba por ocurrir. ¿Se trata de esto?
La chica se sentó en la cama.
-Temo que es lo más probable.
-Maldita sea –Jack chascó la lengua y miró preocupado por la ventana, luego se volvió nuevamente hacia Melina-. ¿Pero por qué a ella?
-Es parte del juego de Kulmir –repuso la bruja-. Aunque no lo veamos ni se manifieste, él sabe quiénes somos y lo que estamos haciendo. A mí difícilmente puede lastimarme haciéndole daño a otros, pero tú tienes demasiados puntos débiles, y él explotará todos y cada uno de ellos.
-No puede ser cierto, Mel, hablamos de la niña más dulce que he conocido en mi vida.
Melina rió desdeñosamente.
-¿Qué, creías que Kulmir se limitaría a espantar en la casa de Patricia y a hacer que unos borrachines se mataran unos a otros a la mitad de una puta misa?... Vamos, eres más inteligente que eso. Él te hará daño, te destrozará, hará pedazos cada uno de los aspectos de tu vida y de tu alma, y cuando menos te lo esperes.
-Primero Patricia, luego esos borrachines, ahora Laurita, y no quiero ni pensar en lo que le ha pasado a ella. Tengo que ayudarla, Mel, sin importar dónde esté ni lo que le haya pasado. ¿Puedes encontrarla con tus poderes?
Ella frunció el ceño y suspiró.
-Claro que puedo.
-¿Lo harás? –reiteró el detective.
La bruja estaba a punto de decir que no, que lo que pasara o dejara de pasar con una mocosa a la que ni siquiera conocía no le importaba, que no podían permitirse distracciones cuando se enfrentaban a un peligro tan grande como el demonio Kulmir, pero... una visión apareció ante sus ojos justo en ese momento. En ella veía a una bella mujer en un pequeño cuarto, de rodillas ante una imagen de Kulmir, la cual se hallaba en una pared del dormitorio, como si hubiera sido pintada ahí. Al lado de la mujer había una cama, y sobre esta una chica desnuda y llena de sangre.
-De acuerdo –dijo entonces, una vez la visión se hubo desvanecido-. Pero creo que pierdes un tiempo precioso para nosotros, y creo que no te gustará lo que veas cuando la encuentres.
Entonces cerró los ojos, concentrándose en la visión que acababa de tener, y vio todo con claridad.
-Está en una casa situada a las afueras de Buenaventura, en poder de una mujer y varios hombres.
-Una casa... –repitió Jack-. Sí, sé cuál es esa casa, le pertenece a los padres de un maleante de poca monta llamado Daniel Olivares, lo he detenido varias veces ahí. ¿Cuántos hombres hay con él?
-Dos, uno moreno y de pelo rizado, otro blanco y rechoncho.
-Esos son Willy loco y Brandon, ese par de malditos... ¿Y dijiste que hay una mujer con ellos?
-Sí, una pelicastaña de lindo cuerpo, con un aura que... ¿Qué carajos?
-Cindy Trejos –musitó Jack, preocupado, ignorando la intriga que acababa de manifestar Melina. Sin otra palabra, agarró las llaves del coche y se dispuso a salir-. Quédate aquí, volveré en...
-Nada de eso –lo cortó Melina, levantándose-. Voy contigo, niño.
Él la miró entre disgustado y curioso.
-Pensé que la chica no te importaba.
-Y no me importa –confirmó Melina, poniéndose un top-. Pero si lo que he visto en el aura de la mujer que la tiene cautiva es lo que creo, ella será un grano en el culo, uno grande, doloroso, y difícil de quitar.
CAPÍTULO 13: CATORCE DE OCTUBRE, NUEVE TREINTA HORAS.
Cindy se sentía fresca, despejada y segura como pocas veces en la vida. Había disfrutado tremendamente matar a la muñequita de la soda, y lo más importante, su señor, su amo, maestro y dueño, se había manifestado ante ella de cuerpo presente, y le había otorgado el gran honor de satisfacer todos sus deseos, de volverse suya en cuerpo y alma.
En efecto, la noche anterior Cindy no sólo había consumado su segundo asesinato, sino que había traspuesto todos los límites de su humanidad, llegando a convertirse en algo sólo un poco distinto a un ser de pura maldad. Tras matar a Laurita, la culebra se había bañado con su sangre, la cual también había bebido, y luego había ultrajado el cadáver, ofreciendo todos aquellos actos horrendos al demonio cuyo nombre ella acababa de conocer, pero que había esperado largamente: Kulmir.
El momento cumbre para Cindy había llegado a las doce de la noche, cuando, aún bañada por la sangre de su víctima, había entrado en un dormitorio vacío de la casa, siguiendo un mandato de su señor, se había tumbado de espaldas en la cama, y él se había presentado en la forma de un poderoso león humanoide, el cual se había echado sobre ella y la había vuelto suya allí mismo, con una ferocidad tan inhumana que había hecho que la chica perdiera el sentido en varias ocasiones, para despertar luego y rogarle a su señor no detenerse nunca. Un enorme enjambre de moscas llenaban el cuarto, vomitando sangre sobre el suelo y la cama, y un perro negro y una muñeca de aspecto maligno montaban guardia en la puerta, mientras Cindy chillaba frenéticamente, como una loba, profiriendo toda clase de blasfemias contra el cielo y contra Dios. Era una escena horrible.
-Ahora tú eres mi mujer –había dicho el demonio una vez hubo consumado el acto con ella-. Y en ti realizaré mi voluntad.
-Soy tu mujer –había respondido Cindy, poniéndose de rodillas ante la horrible estampa del demonio-. Tu sierva y tu instrumento. Desde ahora tus deseos serán mis órdenes, amo.
Acto seguido, Kulmir había emitido su primera orden para Cindy, la cual era matar a los tres hombres que le habían ayudado a consumar el asesinato de Laura. Para aquel momento, claro está, ya todos habían huido de la casa, dejando a Cindy sola con los horrores que había invocado, pero eso no sería ningún problema ahora que ella era la mujer del demonio.
Así, la chica salió a la sala de la casa, y ante un ademán suyo un atuendo cubrió su cuerpo desnudo y lleno de sangre, un atuendo consistente en un sujetador, unas bragas diminutas, unas botas altas hasta medio muslo y guantes largos hasta la mitad del brazo, además de un collar de picos. Todo esto era de color negro, pero las bragas y el sujetador estaban ribeteadas de rojo.
El rostro de la joven también se transformó, ya que su piel se volvió blanca, sus ojos se tornaron rojos como el fuego y sendos pentagramas invertidos los rodearon como tatuajes, Sus labios tomaron el color rojo de la sangre, y largos colmillos crecieron en su boca.
-Nunca he sido tan hermosa –dijo entonces ella, mirándose en un espejo, y soltó una espeluznante carcajada de bruja. Entonces, entre risas, abrió los brazos en cruz, y una multitud de moscas cubrieron su cuerpo, tras lo cual desapareció en una nube de sangre.
El primer ser humano ante el cual se materializó aquella noche fue Brandon, uno de los tres miembros de su culto, un pobre imbécil que se había unido a los gamberros de Cindy porque sus padres no le prestaban la suficiente atención.
La mujer del demonio encontró a Brandon llorando al lado de una solitaria calle, a medio camino de Buenaventura, indeciso entre si decir lo que él y los otros habían hecho aquella noche o escapar. Cuando ella apareció ante él, el chico la reconoció a pesar de su aspecto, y gritó como un poseído.
-¡Eres un monstruo! ¡No eres humana!
Cindy le respondió con una sonrisa malévola, luego, con un movimiento tan rápido que resultó imposible de ver, le cortó la garganta con las uñas, dejándolo ahí, degollado, muriendo lenta y dolorosamente.
El siguiente fue Daniel, el dueño de la casa donde habían matado a Laurita, a quien Cindy encontró rezando en la iglesia del pueblo. Él abrió los ojos y la boca como platos cuando la vio llegar, y la mujer del demonio, como una macabra broma ante éste gesto, escupió una nube de moscas sobre el chico, las cuales se metieron por su boca y empezaron a destrozarlo por dentro, mientras él se retorcía sobre la banca ante la cual había estado de rodillas.
El tercero en morir fue Willy, el novio de Cindy, el único de aquellos tres idiotas lo suficientemente ingenuo como para creer que lo que había hecho y visto no era nada, que no había nada extraño en Cindy, que podría seguir con su inútil vida como si nada hubiera sucedido.
La mujer del demonio lo encontró caminando a solas por las calles de Buenaventura, mientras buscaba a alguien que le vendiera un poco de droga. A diferencia de las víctimas anteriores, él no reconoció a Cindy cuando apareció delante suyo, de hecho la miró burlonamente por un momento y la llamó payasa, luego sus ojos recorrieron lascivamente su cuerpo y le preguntó cuánto cobraba, creyendo que se trataba de una prostituta haciendo un cosplay para Halloween.
Cindy rio malignamente y con desprecio, luego le reveló su identidad al hombre, y justo en el momento en que el rostro de éste palidecía, ella se movió con una velocidad inhumana, le abrió el estómago con sus uñas, y luego lo colgó por el cuello en la copa de un árbol cercano, un árbol Curú, con una soga que hizo aparecer de la nada.
Tras completar su macabra misión, Cindy regresó a la casa donde había tenido lugar el asesinato de Laurita, recuperó su aspecto habitual, presentó sus respetos a Kulmir, y se acostó a dormir en la misma cama donde reposaba el cadáver de la joven. A la mañana siguiente, al despertar, sabía gracias a sus nuevos poderes que el detective Jack Morales y la bruja Melina Malasombra estaban a punto de venir por ella, y estaba preparada para recibirlos.
* * *
Jack y Melina llevaban ya veinte minutos de haber dejado la pensión para dirigirse a la casa de Daniel Olivares, lugar donde según la bruja mantenían retenida a Laurita. Viajaban en el Audi de Melina, pero era Jack quien conducía, por una carretera pavimentada, pero desierta, con multiplicidad de árboles tupidos y montañas a ambos lados de ella. Aunque era muy temprano, aquel día había amanecido lloviendo torrencialmente, por lo que estaba oscuro y ventoso.
-Lo mejor será que dejemos aquí el auto –dijo súbitamente el detective, rompiendo el silencio que había reinado entre los dos desde hacía un buen rato, al tiempo que se orillaba a la derecha. Todavía faltaban un par de Kilómetros para llegar a su destino-. Willy, Daniel y Brandon son sólo ladronzuelos de mierda, pero si ven llegar un vehículo desconocido seguro huirán, y en esta zona puede que los perdamos.
-No debes preocuparte por esos tres –repuso Melina, en tono lúgubre-. Ya están muertos.
-¿Qué? –Jack estaba totalmente desconcertado, y su preocupación por Laurita se disparó.
Melina, sin embargo, hizo un gesto casual de asentimiento, entonces miró por la ventanilla.
-La niña también está muerta, Jack. Lo está desde anoche.
El rostro del detective palideció.
-Pero... Mel...
Ella lo miró.
-Sí, sé que dije que estaba retenida, pero lo que vi en el cuarto al usar mis poderes no fue más que un vestigio de lo sucedido. Conforme nos hemos ido acercando al sitio donde todo ocurrió he visto otras cosas, entre las cuales están las muertes de los tres hombres y la de la niña.
Escucha, debes aceptar todo esto como una consecuencia normal de la influencia de Kulmir sobre el pueblo y de tu lucha personal contra él, porque nada de esto es natural. Piensa por un momento. ¿Porqué no han venido los medios de comunicación a Buenaventura a pesar de todo lo que ha sucedido los últimos días? ¿Por qué estás aquí, en una operación supuestamente de rescate, sin pedir refuerzos? ¿Por qué no hay más personas buscando a la niña? ¿Por qué no se ha corrido la voz?
Jack miró al frente, con expresión angustiada, luego cerró los ojos y echó atrás la cabeza.
-No puede ser, Mel, no puede ser.
-Pero lo es. Te advertí que esto pasaría, ¿recuerdas?
-¿Sabes cómo ocurrió? –preguntó el detective, ignorando el comentario.
-Los cuatro fueron asesinados por la mujer que estaba en el grupo...
-Cindy –completó Jack, abriendo bruscamente los ojos y adoptando una expresión de absoluto odio-. Esa pequeña puta...
-Ahora es mucho más que una pequeña puta –advirtió Melina.
-¿Qué quieres decir?
Ella exhaló un suspiro.
-Bueno, lo primero que debes saber es que hay muchas clases de brujas. Yo, por ejemplo, soy una bruja del caos, que es aquella hechicera que practica todos los tipos de magia y no se somete a las leyes del bien ni del mal. Como yo hay muchas otras, y también las hay de distintos tipos según las artes que utilicen. Para convertirnos en lo que somos debemos estudiar bajo la tutela de un maestro de magia o una magistriz, durante años, sometidas a toda clase de pruebas físicas y mentales, llenando nuestro ser con conocimientos antiguos de la luz, la muerte, la oscuridad, el cielo y el infierno.
Hay un tipo de bruja, sin embargo, que se transforma sin necesidad de pasar por éste proceso. Las llamamos brujas rojas, o mujeres diablo. Se trata de chicas jóvenes y hermosas, con una maldad en el corazón que supera todo límite humano, las cuales ofrecen su alma al demonio a cambio de nada, más que estar a su servicio.
Para que una mujer cualquiera se transforme en una bruja roja primero debe participar en por lo menos sesenta y seis misas negras, y luego tiene que cometer un crimen antinatural, en el que quite una o varias vidas inocentes, y ofrecérselo al Diablo o a un demonio específico como ofrenda. Entonces debe bañarse en la sangre de su víctima y fornicar con uno o varios demonios según el caso, y cuando él o ellos consuman el acto dentro suyo la mujer se transforma, adquiere la capacidad de usar magia demoníaca. Muchas brujas rojas acaban por convertirse en demonios súcubos, aquellos que roban el alma de los hombres por medio del placer sexual en sueños.
-¿Y Cindy se ha vuelto una bruja roja? –preguntó Jack, incapaz de dar crédito a lo que oía.
-Tan roja como la sangre de la niña cuya vida robó, en la que se bañó para ser follada como una maldita perra en celo por Kulmir, y no sólo eso, sino que se ha convertido en una bruja realmente poderosa, Jack. Puedo sentir su poder asfixiante y corrupto aún desde aquí, es como estar cerca de un enorme botadero de basura.
El rostro del detective enrojeció de cólera.
-Maldita... –entonces se volvió bruscamente hacia Melina-. ¿Y qué hay del cuerpo de Laura? ¿Ella lo tiene?
-Sí. Es su gancho para atraernos.
Jack miró al frente, los ojos despidiendo chispas.
-¿Y se la puede matar? –preguntó entonces, tras un momento de silencio.
Melina exhaló un suspiro.
-Lo voy a intentar, pero no será fácil, es extremadamente peligroso. Kulmir jugó una buena carta al valerse de ella, tengo que admitirlo.
-¿De qué hablas?
-¿Qué no lo ves? Nos estamos preparando para enfrentar un mal mucho mayor que la golfa de un demonio, Jack. La razón por la que profanamos la tumba de tu padre y enfrentamos a su espíritu fue obtener el polvo de sus huesos, ¿recuerdas? Pues bien, lo hicimos porque ese polvo, disperso sobre una espada o sobre una bala, puede darle a esta la capacidad de matar demonios. Lo hicimos en viernes trece para aprovechar la fuerza energética del día, pero no podemos demorar más el enfrentamiento final con Kulmir, porque con cada día que pasa y conforme se acerca el treinta y uno de Octubre nuestras posibilidades de fracasar aumentan.
La aparición de esta bruja roja en el cuadro es un gran problema, porque ahora debemos acabar con ella antes de enfrentar al demonio, o de lo contrario podríamos meternos en serios aprietos, no podemos darnos el lujo de enfrentar a los dos al mismo tiempo, es extremadamente peligroso.
-¿Entonces...? –demandó Jack, sin el menor asomo de miedo, sólo una ardiente furia en su rostro.
-Debemos continuar –dispuso Melina-. Y prepárate, lo que estás a punto de enfrentar no se parece en nada a todo lo anterior.
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