»Capítulo 7

De la felicidad a la tristeza es solo un paso de lágrimas rotas.

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—Cuéntame Jhandra Bell, ¿Cómo te fue anoche? —pregunta curiosa mi hermana apuntándome con el rizador.

Alzo las manos en modo de rendición.

—Vale, Fue...—Hago una pausa cerrando los ojos y siento mis mejillas arder de solo recordarlo—. Mágico, único, indescriptible, ¡lo amo tanto Vanny! ─exclamo.

Esta mañana me levantó a besos con mi desayuno favorito y nos entregamos otra vez con una intensidad arrolladora.

—¡Dios! Es que el cuñado tiene lo suyo hermanita, no lo dejes hoy ni un segundo solo, tantas víboras viendo esos brazos fuertes, ese fornido pecho... —Ella sigue dando adjetivos entre risas y sin pensarlo le tiro una pinza de cabello—. Es la verdad hermanita, ambos han crecido ya no son esos niños que iban a la biblioteca a besarse a cada tanto, a mí no me engañas —acusa, la miro indignada y ella termina su trabajo en mi largo y abundante cabello.

—¿Por qué será que tú si puedes burlarte de mi relación y yo de la tuya no?, ¿Cuándo conoceré al cuñado? ─cuestiono mientras me coloco el vestido.

—Pronto, Jhan, muy pronto. ─Sonríe y me guiña el ojo, me acerco a ella y la abrazo tocando su vientre plano, esta un poco duro en esa zona.

Sonrío.

—Seré la mejor tía del planeta mi calabacita —pronuncio y escucho su risa.

Me incorporo y terminamos de arreglarnos, me miro al espejo y veo su reflejo en él.

—Me siento como una madre orgullosa que vio crecer a su florecita. —Sus ojos desbordados hacen que los míos también se cristalicen—. Recuerda que siempre nos tendremos una a la otra, pase lo que pase cuidare de esta familia que somos, Jhan—dice y las lagrimas se hacen presente en sus orbes aceitunados.

Trago saliva al sentir el vuelco que da mi corazón, aparto con mis yemas algunas lágrimas traicioneras y respiro profundo, agarro la toga y el birrete y salimos rumbo al salón de eventos.

Ambas caminamos juntas de la mano, estoy temblando, tengo que dar el discurso final y es algo que me tiene al borde del colapso. entramos y lo busco con la mirada, lo veo junto a sus padres, a su lado está una silla vacía y en la siguiente esta Zinedy.

Vanny presiona mi mano, ha llegado el momento, me dirijo a mi sitio, observo hacia donde está él y me regala una sonrisa que me calma al instante. Observo hacia al frente y todos los profesores están en el auditorio, siento una presión en una de mis manos, por una que lleva anillos, desvío mi mirada y sus ojos grises me detallan.

Sonrío.

—Estas hermosa Jhandra, más que eso, te ves matadora. —Guiña su ojo y me río con él, al instante me siento un poco más tranquila.

—¡Estás loco! Tú también te ves genial. —Halago, realmente se ve muy bien de traje—. Estoy feliz de que hoy nos graduemos juntos.

Ambos nos sonreímos y el sonido de comienzo se escucha en todo el salón. El evento da inicio, mis nervios se disparan por todo mi cuerpo, observo como los alumnos comienzan a subir y recibir su título, cada profesor les dedica algunas palabras, toman las fotos y se alejan del escenario.

Es mi turno. Mis manos comienzan a temblar y comienzo a respirar profundo. Subo los escalones y los profesores me reciben con una sonrisa dándome el título y me regalan unas palabras motivadoras.

Asiento y sonrío, tomo el diploma y en vez de bajar me guían al atril, subo y el micrófono queda justo frente a mí.

Hiperventilo.

Trago saliva y observo atentamente a cada uno.

Mi mirada conecta con unos:

Ojos olivas desbordados en lágrimas y mi corazón se llena de orgullo, por la gran mujer que nunca me dejó sola en ningún momento.

Ojos negros que me transmiten confianza y ese amor de que todo lo puedo lograr.

Ojos grises que sonríen como diciendo, «tú puedes».

Ojos ámbar que al instante vocaliza «vamos enana».

Por ellos... Vale la pena estar aquí superando este miedo.

Tomo valor y tomo el micrófono:

—Buenas tardes compañeros, profesores, directores y demás... Hoy es el día con más sentimientos encontrados que llevamos en nuestro ser, hoy termina una etapa donde la nostalgia de lo que fuimos y la incertidumbre de lo que seremos entran en conflicto. —Mis ojos viajan hacia Vanny y la veo sonreír —. Les comparto una frase de mi libro favorito, Don Quijote de la Mancha;

«Cada uno es artífice de su propia ventura».

» Me crie sin padres. La persona que me protegió desde pequeña hasta el día de hoy lo sigue haciendo, la que me ha dado consejos, abrazos, amor y sobre todo regaños.... —Escucho risas y sonrío—. Ella ha sido mi madre, mi padre, mi amiga y mi hermana, una mujer increíble, valiente y llena de alegría y de amor. —La observo y sé que en cualquier momento voy a llorar.

» Gracias Vanny Bell por darme esta vida y seguir caminando a mi lado hasta lograr mis sueños. ─Desvío mi mirada hacia mis compañeros, algunos lloran y otros sonríen nostálgicos—. Compañeros... Hoy se acaba esta etapa, pero pase lo que pase recordemos siempre a esas personas que hicieron todo lo posible por hacernos lo que somos, hombres y mujeres que comenzarán a vivir su propia aventura. —Los aplausos me interrumpen y mi corazón salta, veo como cada uno de los presentes se levantan y siguen aplaudiendo—. Para terminar, les agradezco a todos por ser parte de esta etapa, a los que fueron fugaces, intermitentes y a los que se quedaron permanente —expreso y observo a Aryek—, ¡gracias a la institución, Colegio Católico Maria de los soles!

Termino y bajo del escenario, mis pies se apresuran hacia las escaleras y de los nervios pierdo el equilibrio, al instante siento unas manos fuertes que me sujetan y observo esos ojos negros que cada día me enamoran más.

—¡Felicidades, mi princesa! —expresa y me da un corto beso suave y me abraza, escondo mi rostro en su pecho—, Estas demasiado hermosa — susurra.

—Jhandra, Hermana estoy tan orgullosa de ti, te amo. —Siento sus brazos a mi alrededor, apartándome de Aryek.

—Me estás a-asfixiando. —Me suelta un poco y empiezo toser, todos se ríen—. ¡Estas muy loca Vanny!

—¡Carajo vamos a celebrar! —grita Arthur a nuestro lado. Todos nos reímos y lo seguimos hacia donde están las mesas de celebración, cada una decorada y marcada por los apellidos.

Bell.

Mis padres murieron cuando era muy pequeña. Solo recuerdo a la señora Tyler que nos cuidó, le agradezco de corazón todo lo que hizo por nosotras, estuvo allí hasta que no pudo mantenernos más, su vejez no lo permitió, hizo lo que creyó conveniente, por eso nos dejó en el orfanato y gracias a eso pude tener esta oportunidad. Hoy estoy aquí celebrando mi graduación con las personas que más amo.

A veces los recuerdos son tan marcados que por más que el tiempo pase no se van.

Suspiro.

Siento sus manos sobre mi cintura y su barbilla en mi hombro dándole un casto beso a mi marca de nacimiento.

—Amo tu lunar, pero... A ti te amo más —dice cerquita de mi oído y mis vellos se erizan al instante. Vuelve a besar mi hombro, me gira y me da una sonrisa traviesa.

Lo miro con reproche.

—Bailemos, ¿me concede esta pieza, doncella? ─pregunta haciendo una reverencia.

—¿No sabe usted que no es valentía la temeridad? —Me rio siguiéndole el juego. Me toma de la mano y me arrastra hasta la pista de baile.

Comenzamos a bailar una canción lenta y nuestras miradas se pierden en el otro.

—Te amo tanto Ar.

—Yo también te amo demasiado, mi Jazba —Su nariz roza a la mía y el ritmo lento nos transporta a otro espacio - tiempo.

—¡Tortolitos! —Salto en mi sitio y mis mejillas arden. Mi hermana me abraza y me lleva con ella.

—Jhandra, ya me voy hermanita. —Hace un puchero y nos abrazamos—. Cuídate, disfruta de la fiesta, hoy es tu día mi pequeña, te amo, cuando regrese me acompañaras a hacer el eco para conocer a nuestra calabacita —dice posando sus manos en su vientre y mi sonrisa hace que las mejillas me duelan.

Estoy demasiado feliz.

—¿Por qué te tienes que ir? —Hago un gesto de berrinche y ella sonríe—. Vale —menciono alargando la e—, te amo, cuídate mucho, cualquier cosa me llamas ─dice y paso mis brazos por su cuerpo, apretujándola hacia a mí y la suelto dejándola ir.

Su cabello cobrizo es lo último que veo.

Niego con la cabeza sonriendo y regreso a la fiesta con los chicos.

—Venga pequeña, mueve ese trasero —grita Arthur con las manos en el aire al ritmo de la canción.

Suelto una carcajada agarrando a Aryek de la mano y comenzando a saltar, hago un abrazo de grupo entre ellos incluyendo a Zinedy, todos saltamos una y otra vez al ritmo de la música estridente del fondo.

Pasan las horas y el cansancio me ataca. Muchos ya andan borrachos, camino hacia Aryek que está hablando con James que llegó hace poco.

—Hola, Brave estás preciosa. —Me saluda y coloco mi mano en la boca para no reírme por la forma en que Aryek lo mira, James se encoge de hombros, y me acerco abrazar a Ar, veo como empujan a James y su copa cae en mi vestido de seda verde—. ¡Mierda! Disculpa Jhandra.

—No importa, voy al baño, no te preocupes. —Hago un ademán restándole importancia y me dirijo al sanitario. Entro y veo mi reflejo, estoy hecha un desastre, abro el grifo y mojo mi rostro, busco servilleta y me seco, arreglo mi cabello y salgo dirigiéndome hacia el salón, a medida que me acerco soy consciente que la música ha dejado de sonar. Solo escucho murmullos, confundida y extrañada termino de entrar al recinto.

Las miradas se fijan en mí, pero solo veo a Aryek. Sus ojos negros están llenos de dolor y preocupación.

—Mi princesa —pronuncia, siento sus brazos rodearme—, Vanny tuvo un accidente —susurra y mi cuerpo se tensa. Me paralizo, mis oídos zumban y mi corazón sufre un vuelco indescriptible.


Desde ese momento mi corazón se fragmentó y la cruda realidad me aplastó como lo hace una mano a un simple insecto.

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