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CAPÍTULO QUINCE
EPÍLOGO

            DIEZ AÑOS TRANSCURRIERON MÁS RÁPIDO de lo esperado. Muchas cosas habían sucedido, así como también cambiado. Comenzando por el hecho de que mi padre le había cedido el puesto de Hokage a mi antiguo Maestro, Kakashi Hatake. Todos estábamos muy felices, sobretodo por papá quien con unas cuantas canas, solo deseaba estar con sus nietos, mimarlos y malcriarlos. Mamá lo apoyaba, por supuesto.

Naruto se casó con Hinata Hyūga. Ambos no perdieron el tiempo y tuvieron dos hijos. Un niño y una niña.

Pero, hay más.

Después de la demolición del viejo Barrio Uchiha, una nueva residencia Uchiha se formó y era compartida por dos familias. Sí, dos. Itachi tampoco perdió el tiempo y muy pronto, un niño comenzó a llamar tío a Sasuke.

Hablando de Sasuke, se preguntarán qué sucedió entre nosotros.

No diré que fue fácil instalarnos en la aldea. Tuvimos muchos contratiempos e inconvenientes. Así como el rechazo de ciertos aldeanos. No obstante, pudimos superarlo y reafirmar nuestro amor.

— ¿Qué sucedió? —me preguntó Sasuke, mientras entraba a la habitación de paredes rosadas en donde yo me encontraba. Se acercó a mí y posó su mano en la azabache cabellera de nuestra hija, quien sollozaba en mi pecho sin parar.

— Su hermano le prometió salir a jugar en el jardín y al contrario de eso, se fue a entrenar con Itame y Boruto —le expliqué, torciendo el gesto. No me molestaba que mi hijo entrenara. Al contrario de eso, me hacía sentir orgullosa. Me enojaba el que hiciera llorar a su hermana menor.

Nuri nació años después de nuestro regreso a la aldea y ahora contaba con tres años de edad.

— Oh —aún con un gesto neutro, alcanzó un pañuelo con tomates bordados y caritas incluidas. Lo pasó cuidadoso por las mejillas de la pequeña, quien con un puchero enorme extendió sus brazos para que él la cargara. Por supuesto, él accedió y una vez que ella se acomodó en su pecho, tomó la palabra—. Sé lo que se siente que tu hermano mayor te deje solo para ir a entrenar.

— ¡Oye! —no pude evitarlo, me reí. Me puse de pie y continué con mis quehaceres.

Actualmente mi vida se dividía en tres facetas: mi vida como mamá, esposa y kunoichi. Cuidar de mi familia era como una misión ultra secreta de alto rango. Porque sí, tres vidas dependían de mí. Misuke en su etapa de rebeldía, Nuri y sus llantos y Sasuke con sus berrinches porque los huevos no tienen tomates o cualquier tontería similar. Tres niños.

Después de calmar el llanto de Nuri, Sasuke la llevó al jardín junto al montón de juguetes, peluches y muñecas. Así que puse como excusa el regar las plantas para disfrutar de esa hermosa escena.

Francamente, a pesar de todo el tiempo que había transcurrido, aún no me lo creía. Después de tanta oscuridad e incertidumbre; miedo, dolor e ira. Después de tantas lágrimas, estábamos juntos. Parecía como si, la masacre del clan Uchiha nunca hubiera pasado o como si, Orochimaru nunca hubiera convencido a Sasuke de irse con él.

Ahora todo era tan irreal. Ni en mis sueños más fantasiosos me imaginé teniendo una familia con él. Mi meta era verlo con vida después de su enfrentamiento con Itachi y por suerte, tal cosa jamás sucedió.

— ¡Hola, chicos! —saludó Mei, la esposa de Itachi. Mi cuñado y ella hicieron clic de inmediato. Era una mujer maravillosa. Jamás le interesó el pasado de Itachi o del clan, lo cual ayudó bastante.

— Hola, Mei —le respondí yo, agitando mi mano en forma de saludo—. ¿Vienes a tomar el té en la tarde?

— Claro que sí. Preparé unos dulces que seguro van a encantarte.

Y sí, ese era su único defecto: hacía postres deliciosos y yo nunca pude resistirme a ellos. Posiblemente por eso Itachi se fijó en ella: sus dangos de ensueño. Vaya, ahora todo tenía sentido. ¡Misterio resuelto!

Mei entró a su casa y yo continué espiando a Sasuke jugar con nuestra pequeña.

De pronto, Itame —quien era hijo de Itachi y Mei— y Boruto —mi sobrino—, entraron corriendo a la Residencia. ¿Es que había sucedido algo malo?

Hace tanto tiempo que reinaba la paz en la aldea y yo sabía que en cualquier momento algo sucedería. Por suerte, Konoha contaba con buenos ninjas y un gran líder.

— ¿Sucedió algo malo? —Sasuke tomó en brazos a la pequeña y yo caminé hacia él.

— Es Misuke —dijo Itame, afincándose en sus rodillas para tomar aire—. Estaba peleando con unos chicos grandes y... —mi sobrino le interrumpió.

— ¡Sus ojos se pusieron rojos, 'ttebasa!

Misuke despertó el Sharingan a los once años y terminó golpeado como un saco de boxeo.

¿El motivo?

— ¿Por qué peleaste con esos chicos? —murmuré, aplicando pomada en su barbilla. Intentaba mantenerme firme, pero no lo hacía muy bien. Mis ojos llenos de lágrimas hablaban por sí solos—. Prometo no decirle a tu padre, si es lo que te preocupa.

— Ellos estaban hablando mal del Clan Uchiha —confesó, incorporándose en la camilla—. ¡No pude soportarlo, mamá! Sentí como si la sangre me hirviera y entonces, mis ojos... —posó sus ojos oceánicos sobre los míos—. ¿Papá está enojado conmigo? Ni siquiera pude jugar con Nuri. Debe odiarme.

— Al contrario de eso, tu papá está muy preocupado por ti. Nuri te perdonará, así que no te preocupes. Sin embargo, debes cumplir con tus promesas. Si le prometes jugar con ella en el jardín, debes hacerlo.

— Sí, mamá.

— ¿Todo bien? —Sasuke entró a la habitación y detrás de él, Nuri.

— ¿Hermanito? —subió a la cama y se lanzó a abrazarle.

Misuke apretó sus dientes para no quejarse y con gusto, la abrazó.

— Perdóname por no jugar contigo, Nuri-chan.

— ¿Podemos jugar mañana?

— Sí, hermanita. Te lo prometo —me lanzó una mirada cargada de complicidad y yo sonreí.

Ahora sabía que debía levantarme a hornear muchas galletas para la larga ronda de juegos en el jardín.

— Misuke —pronunció Sasuke, llamando la atención de nuestro hijo—. Sabes que tenemos que hablar, ¿verdad?

— Lo lamento, papá. Sé que estuvo mal que haya peleado con esos chicos. Es solo que... —fue interrumpido.

— No me refiero a eso. Sabes perfectamente que pelear fuera de los límites de la academia está prohibido. Así como sabes que estás castigado. Sin embargo, mi punto es el siguiente: has despertado el Sharingan y yo te entrenaré para que sepas utilizarlo a la perfección.

Yo sabía que Sasuke estaba que saltaba en una pata debido a la emoción, así como sabía que no era capaz de demostrarlo. Él estaba orgulloso de su hijo. Su descendencia había heredado el poderoso y legendario Sharingan. Yo también me sentía feliz.

— ¿¡En serio, papá!? —vociferó Misuke—. ¿Me enseñarás muchos jutsus y habilidades del Clan Uchiha?

Sasuke asintió.

— Mañana en la tarde después de que compartas con tu hermana, iremos a un sitio especial para los Uchiha y allí, hijo, te haré muy fuerte.

Una pequeña mueca parecida a una sonrisa, se formó en los labios de Sasuke.

— Estás muy feliz —dije canturreando, al mismo tiempo que nos dirigíamos a la sala—. ¿Verdad que sí?

— Conoces la respuesta —murmuró, rodeándome sorpresivamente con sus brazos y depositando un beso en mi frente.

Sonreí y me puse de puntillas para alcanzar su barbilla.

— Te amo, Sasuke Uchiha —dije en voz baja, antes de que él poseyera mis labios en un apasionado beso que terminó con nosotros recargados en el sofá de la sala, totalmente desnudos.

Agradecía que los niños estuvieran dormidos.

Mientras él dejaba caricias en mi espalda con la punta de sus dedos, yo disfrutaba del calor que emanaba su cuerpo. Mi cabeza estaba recargada en su pecho, por lo que podía disfrutar de los latidos de su corazón.

Podía verlo, podía sentirlo y entender que mis sentimientos hacia él habían cambiado irremediablemente. Ahora lo amaba más. Mucho más que antes.

Y estábamos allí, siendo solo nosotros, así como antes. Disfrutando de nuestra compañía. Amándonos y apoyándonos. Cumpliendo nuestra promesa de estar juntos por siempre.

— Te amo, Nori Uchiha —musitó y yo sonreí complacida.

Dirigí mi mano a mi cuello en donde aún yacía intacto el collar que aquella noche antes de partir de la aldea, Sasuke me obsequió.

El diseño original de dicha creación no me pertenece. Yo solo he editado para adaptarlo a Misuke Uchiha, mi personaje original. Todos los créditos a su autor.

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