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CAPÍTULO CATORCE
FINAL
Tiempo después, la pesadilla de Danzō Shimura se hizo realidad: fue asesinado por dos Uchiha y solo quedó su cuerpo destrozado para recordarle. Sasuke no tuvo piedad, mientras que Itachi le sirvió de apoyo y defensa. Así fue como después de tanto tiempo, el ciclo de odio fue cerrado. Misuke no tendría que pagar las consecuencias del pasado de su clan. Seria el nuevo inicio para el glorioso clan Uchiha y con un nuevo miembro de cabellos rubios y ojos azules.
Mi hermoso bebé.
Debido al asesinato de Danzō, muchos delitos fueron descubiertos gracias a la liberación del sello en los miembros de su asociación secreta. Efectivamente, no solo quería el bien para Konoha. Deseaba destruirla. Irónicamente, su muerte salvó a los Uchiha renegados del exilio infinito. Por primera vez, me sentí agradecida con Danzō.
Sasuke e Itachi Uchiha no solo tomaron venganza; salvaron a la aldea de una desgracia y liberaron a cientos de víctimas atrapadas contra su voluntad en ese torcido e injusto sistema que Danzō Shimura se había encargado de aplicar.
— ¿Estás lista para volver? —escuché la voz de Sasuke, mientras se sentaba a mi lado y tomaba mi mano.
Él ahora no solo era más alto, su deseo de protección, su ira y su rencor siendo liberado, despertó nuevos poderes oculares en él. Actualmente era mucho más fuerte y maduro.
Incluso abandonó su antigua vestimenta y portaba una de esas ropas típicas de su clan, con un gran emblema Uchiha en su espalda.
En cuanto a mí, la estadía fuera de la aldea que me vio nacer, me hizo cambiar mi mentalidad del mundo. Había algo más allá de las fronteras y gracias a Sasuke pude conocer al menos una pequeña parte de él. Viajamos durante meses y conforme veíamos a nuestro hijo crecer, recorrimos una larga extensión de tierra, ríos, mares, bosques y muchas personas. Fue terapéutico y con sinceridad, era lo que Sasuke y yo necesitábamos. Alejarnos de todos y ser solo nosotros, así como antes cuando lo nuestro era un secreto.
Itachi nos acompañó y Misuke resultó ser muy apegado a él.
— ¡Vamos, Misuke! —le animaba Itachi desde el jardín, mientras el pequeño intentaba dar unos cuantos pasos sin caerse—. Tú puedes.
— ¡Taaaaa! —chilló Misuke, lanzándose al pasto, rindiéndose—. ¡Chi, chi, chi!
Todos esos balbuceos eran su pobre intento de decir Itachi y no podía escucharse más tierno. Mi hijo estaba loco por decir su primera palabra entera y yo no podía sentirme más orgullosa y sentimental. El tiempo había pasado tan rápido. Un día le estaba amamantando y al otro, ya gateaba e intentaba caminar.
Dándole un dócil apretón a mi mano, Sasuke me hizo volver a la realidad. Acto seguido, depositó un beso en mi cabello.
Nuestra relación había mejorado considerablemente, tanto que mi rencor desapareció. Aprendí que si cosechas rencor, obtendrás frutos ácidos y ahora debía darle un buen ejemplo a mi hijo.
— No estoy tan segura —dije yo, recargándome en su hombro—. Me da miedo lo que puedan decir los demás. No por mí, sino por Misuke. Será una sorpresa para todos.
Solo los más allegados a mi familia conocían la existencia de mi hijo. Papá y mamá fueron muy cuidadosos al respecto, hasta que Danzō fue asesinado y entonces no se aguantaron más. Eran unos abuelos orgullosos y no podían evitar sentirse eufóricos por su nieto.
Naruto no estuvo de acuerdo con mi partida, fue el único que rechazó la sugerencia de Sasuke. No lo culpaba, incluso a mí me daba miedo alejarme de mi familia. Pero era necesario. El peligro seria menor afuera.
Ya era tiempo de volver a casa, junto Itachi y a Sasuke quienes habían sido liberados de sus culpas por la desaparición de Danzō. Mi padre convocó a toda la comunidad y les explicó que, Sasuke e Itachi solo habían sido víctimas. Asumió responsabilidades y se inclinó ante el campo santo donde yacían los restos de los Uchiha asesinados en la masacre. Me enteré de esto gracias a mamá, quien me enviaba cartas y me daba sugerencias que me ayudarían a sobrevivir a una vida en pareja. Aunque yo no le diría así. Yo le llamarían equipo.
— Será difícil para todos —respondió Sasuke, mordiendo su labio inferior—. Sin embargo, estoy seguro de que a nuestro hijo le irá muy bien. Después de todo, es el mejor bebé del mundo —una sonrisa que yo sabía era genuina, se dibujó en su rostro—. Y si se atreven a decirle algo... —apretó sus puños y posó su mirada sobre su hermano mayor, quien abrazaba y llenaba de besos a un sonriente Misuke—. Su tío lo defenderá.
— Sus tíos —le corregí.
— Cierto. El idiota de Naruto.
No pude evitarlo y me reí.
— Vamos, admite que lo extrañas.
— ¿Extrañar su odio? ¡Claro que sí! —resopló, rodando los ojos.
Sasuke ahora era más expresivo. A veces, incluso se reía, lo cual era hermoso. El bebé nos cambió la vida. Especialmente a él. El bebé y el lúgubre camino que tuvimos que recorrer para llegar a donde estábamos. Misuke fue el florecer de nuestras desérticas almas y las experiencias y enseñanzas, las gotitas frescas de lluvia que se encargaron de regar ese hermoso jardín.
— ¿Nos vamos? —Itachi caminó hacia nosotros, con Misuke en brazos—. Echo de menos los dangos de Ryo-san.
Incluso él había cambiado. Todos lo habíamos hecho. Ahora nos sentíamos libres. Sin las cadenas del pasado. Sin odio. Sin rencor o venganzas.
Sasuke me miró y yo asentí, poniéndome de pie.
Entonces, las dudas nuevamente comenzaron a florecer en mí. Me aterraba la actitud que el pueblo tendría con Misuke, con Itachi y también conmigo y el hecho de que tuviera un hijo fuera del matrimonio con Sasuke, el desertor. ¿Y si me tildaban de traidora? Estaba aterrada.
— Entonces, nos vamos —pronunció Sasuke.
— Parece un sueño el que tengamos un nuevo comienzo en la aldea —añadió Itachi, mientras tomábamos nuestras cosas. Bueno, yo solo tomé una mochila y a mi bebé. Los chicos se encargaron del resto, que tampoco era demasiado.
— Todo irá fenomenal —dije para animarme a mí misma.
— Sí.
El camino a la aldea fue tranquilo. De vez en cuando nos deteníamos a descansar y a comer algo. Misuke dormía y nosotros corríamos.
Era primavera, así que tuvimos un buen clima a nuestro favor hasta llegar a las puertas de Konoha. Los árboles y las hermosas flores que decoraban todo, me llenaron de energía.
Entonces, vi a mis padres esperándonos. No solo estaban ellos. Todos nuestros amigos, incluyendo a Kakashi y a Iruka, nos aguardaban con una sonrisa. Agitaban sus brazos y sonreían con euforia. Parecían felices de vernos. Mi corazón se aceleró con emoción y las lágrimas, empañaron mis ojos.
Mi hermano salió corriendo hacia nosotros.
— ¡Chicos, bienvenidos!
Y lo supe: ese era nuestro nuevo comienzo. Nuestro florecer.
F I N
En alemán, Blühen significa Florecer. Para Nori Uzumaki, significa un nuevo comienzo.
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