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CAPÍTULO DOCE
Sasuke Uchiha
Para todos, yo era el único sobreviviente del clan Uchiha; para ella, yo era algo más importante que eso. Era simplemente Sasuke; alguien que valía y no solo por su apellido.
Nunca nadie podrá entender el peso que cayó sobre mis hombros aquella noche que mi hermano mayor masacró a todo nuestro clan. Yo era solo un niño que anhelaba el reconocimiento de su hermano; no alguien dispuesto a vengar su clan.
No lo entendía.
¿Por qué?
Estaba destrozado y en mi mente solo podía repetir las imágenes que Itachi me mostró: la muerte de todos nuestros amigos y familiares; el asesinato de mis padres y sangre, mucha sangre.
Deseé tanto morir. Sin embargo, era lo suficientemente cobarde como para intentar quitarme la vida. Era débil.
Desperté deseando que todo fuera una pesadilla y solo entonces comprendí que la pesadilla a penas comenzaba. Yo no tenía idea del infierno en el que se convertiría mi existencia y todo gracias a él, al sujeto que más admiraba en todo el mundo. Itachi Uchiha, mi hermano mayor.
Pero, ahora las cosas eran diferentes.
— Perdóname —musité, cabizbajo. Estaba avergonzado y me odiaba tanto. Sentía asco de mí mismo por haberla abandonado.
— Te fuiste sin darme una sola explicación, Sasuke —soltó ella, del otro lado de la celda. En sus brazos, llevaba a mi hijo—. ¿Cómo esperas que te perdone? Sufrí por ti. Te necesité y no estabas. No sabía si estabas con vida o si habías muerto.
— Soy un cobarde —dije yo, sin refutar.
Claro que lo era. Huí.
La dejé sola aún cuando ella arriesgó todo por mí. No obstante, estaba seguro de que había sido lo mejor. Después de conocer la verdad, si me quedaba un minuto más en esa aldea, yo...
La amaba. La amaba como un demente. Estaba aterrado y tan aferrado que temía su abandono. Vivía con el temor constante de que un día ella cansaría de mis mierdas y me dejaría solo. Sin embargo, fui yo quien la abandonó.
Desde pequeños estuvo a mi lado. Cumplió aquella promesa que me hizo: yo nunca voy a abandonarte.
Ella cumplió.
Yo no.
Tenía derecho a odiarme, tanto como yo me odiaba.
— Te necesité tanto —sus hermosos ojos azules me miraban con decepción. Ella se veía tan triste y todo por mi culpa.
Yo lo estaba pagando caro.
Naruto me dio la opción de marcharme si no quería problemas y allí estaba yo, encerrado con un criminal y deseando estar al lado de la mujer que amaba, así como ella estuvo conmigo en esos duros momentos.
No había podido cargar a mí hijo ni una sola maldita vez, tampoco conocía su rostro y eso me estaba matando.
Cuando Itachi me dijo que ella estaba embarazada, no pude creerlo. Al tenerla frente a mí, su vientre abultado me fulminó.
Una vez más, deseé morir.
No podía activar mi Sharingan. No podía emplear ningún tipo de jutsu. La celda estaba rodeada por una barrera que me impedía defenderme. Y, mientras sentía que las paredes se iban cerrando a mi alrededor, comenzaba a desesperarme.
Sentía que explotaría.
Yo quería estar a su lado, pero la sentía tan lejana aún teniéndola frente a mí y a pocos metros de distancia.
— Soy un desastre —murmuré, chocando mi frente contra los fríos barrotes—. ¿Por qué no acaban conmigo de una vez por todas?
— Mi padre valora la vida —me respondió, hundiendo su nariz en la manta que cubría al bebé.
— ¿Me sigues amando?
Un balbuceo que aceleró mi corazón, le impidió responder. Acto seguido, nuestro hijo comenzó a llorar. Era la primera vez que lo escuchaba llorar y no pude sentirme más dichoso. Me sentí remotamente feliz por unos segundos.
— Tengo que irme —girando sobre sus propios pies, ella tuvo la intención de alejarse. No se lo permití.
En un rápido movimiento, saqué mi brazo de la celda y le sostuve el hombro. Quería decirle tantas cosas.
Las palabras que brotaron de mis labios me sorprendieron. Posiblemente porque era la primera vez que yo era totalmente sincero y abierto con ella. Estaba cansado de ser yo. Necesitaba hacerle entender que la amaba.
Demasiado tarde, por supuesto.
— Itachi sigue con vida —pronuncié lo más firme que pude—. No pude asesinarle. Lo necesito. Así como te necesito a ti y a nuestro hijo. Por favor.
Esperé cualquier cosa excepto aquella respuesta que me dió, arrebatándome el trozo de alma que aún yacía con vida en mi interior.
— Yo ya no quiero estar contigo, Sasuke Uchiha —y sin más, se marchó...
...dejándome solo.
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