10
CAPÍTULO DIEZ
LA TOALLA QUE MI MADRE APLASTABA contra mi frente, goteaba y me humedecía el cabello. Mis labios secos, eran a penas hidratados por el té de hierbas medicinales. Mi respiración era imprecisa. Cada músculo me dolía, al igual que los huesos. Llevaba días sin poder levantarme y cada cosa que caía en mi estómago, regresaba a mi garganta a toda velocidad, en forma de ácido y fluidos gástricos desagradables.
Papá iba a trabajar solo un par de horas y volvía a casa para estar conmigo, como si yo mereciera tales tratos. Me sentía terrible y no solo por el malestar físico. Era la situación.
No me arrepentía de mis acciones. Aun así...
Mi encuentro con Itachi Uchiha me mantuvo pensativa; pensar en todo lo que había hecho él por su hermano menor, hacía de mis acciones una total insignificancia. Él abandonó todo por su amor hacia Sasuke y por supuesto, la aldea. Tomó decisiones y se mantuvo firme, mientras yo...
El lazo se había roto y ahora, absolutamente nada me unía a él; solo recuerdos.
Perdí al hombre que amaba; mi primer todo. Sasuke fue mi primera ilusión, mi primera rabieta de pubertad, mi primer beso. Con él experimenté desde las sonrisas más sinceras, hasta el deseo más profundo a tal punto de entregarme a él en cuerpo y alma. Ahora, gracias a él, estaba experimentando el dolor más intenso que jamás había sentido: su ausencia.
— ¿Cómo te sientes? —preguntó mi madre, ayudándome a sentarme. Con delicadeza, pasó el cabello húmedo detrás de mis orejas—. La fiebre comienza a bajar.
Dudé en responder. Me encogí de hombros y suspiré. Ella negó con la cabeza e hizo una mueca, esa que solía hacer cuando pensaba en algo preocupante.
— ¿En dónde está Naruto? —desde la noche anterior no había visto a mi hermano y aunque él continuaba más o menos distante, se mostraba preocupado por mi estado de salud.
Yo mantenía la esperanza de que tarde o temprano, las cosas volverían a la normalidad. Después de todo, eramos mellizos. Nacimos de la misma mujer, el mismo día y solo con minutos de diferencia. Compartimos útero, ropa y castigos. Y, aunque me doliera, Sasuke se había ido y él seguía allí.
— Estoy en casa —casualmente, era Naruto quien entraba a mi habitación. Tenía ojeras y parecía agotado, como si hubiera pasado toda la noche en vela.
De la bolsa que llevaba, sacó dos helados grandes de yogurt y me entregó uno junto a una cuchara. Se sentó sobre el escritorio, desordenando los libros y sin aguardar demasiado, comenzó a disfrutar del helado.
— ¿Es para mí? —me sentía confundida. Miré a mamá buscando respuestas y ella solo se encogió de hombros.
— Anoche me dijiste que querías yogurt helado —murmuró mi hermano, sin apartar la vista de su envase.
Aunque no lo recordaba, ahora sabía qué había sido eso que lo mantuvo en vigilia.
Me puse de pie y a paso de tortuga llegué hasta él. Ni siquiera me importó lo impreciso de mis pasos o los débiles que se encontraban mis extremidades; yo solo lo abracé. Le echaba de menos.
Él no se inmutó, pero tampoco me rechazó. Quedó estático.
— Gracias —fue lo único que salió de mis labios.
— Soy tu hermano —musitó, aún sin moverse—. Aunque él te haya abandonado a pesar de todo lo que hiciste, incluyendo el ocultarnos cosas; yo estaré para ti. Él te dejó sola y no voy a perdonarle que te esté haciendo sufrir. No te merece.
A partir de ese día, las cosas comenzaron a mejorar. Poco a poco, pero seguro.
Sasuke ocupó mis pensamientos todo el tiempo. No obstante, me obligué a mí misma a dar un paso adelante. Tenía que asumirlo: a él no le importó abandonarme. Quizá lo idealicé demasiado o fui tremendamente ilusa. No lo sabía.
Asúmelo y afrontalo, me dijo papá y era lo que estaba haciendo o bueno, al menos lo intentaba.
No importaba cuanto amara a Sasuke, ya no estaba en mi vida porque así él lo había decidido. No podía obligarle a regresar, ni mucho menos a amarme.
Estaba dispuesta a seguir con mi vida confiando y creyendo que ya no había absolutamente nada que me uniera a Sasuke Uchiha, pero estaba equivocada.
Sí había algo que me seguía uniendo a él. O mejor dicho, alguien.
— Voy a matarlo —gruñó mi hermano, lanzando un puño contra la pared a su lado, la cual se agrietó ante su golpe.
— Por favor, Naruto —insistí yo, por tercera vez—. No le digas a nuestros padres —mis mano temblaban en conjunto al resto de mi cuerpo.
— ¿Qué se supone que debo hacer? —exclamó él, enojado. Sus ojos parecían querer salirse de su órbita—. ¿Quedarme de brazos cruzados? ¡Mierda! Ese hijo de perra... —una vez más, golpeó la pared para luego llevarse las manos al cabello y tirar de éste en un intento de contener su furia.
— Quédate tranquilo, Naruto —me puse de pie y le sujeté por la camisa—. La única forma que tienes de ayudarme es evitar decirle a mis padres sobre esto.
— ¡Sasuke te embarazó, 'ttebayo! Él te usó y te abandonó. ¿Realmente crees que no haré nada al respecto? Estás loca.
— ¡Él no sabía sobre esto!
— ¿Lo estás justificando?
— Por supuesto que no —alcé la voz, comenzando a irritarme—. Éste es mi problema. No te metas, por favor.
— Eres mi hermana, así que es mi problema también. No me importa si estás de acuerdo o no.
— ¿Qué es lo que harás? —le reté, cerrando la ventana solo por si acaso—. ¿Volver a ir detrás de él? Mira, que esté esperando un hijo suyo no significa que quiera obligarle a estar a mi lado. ¿Esa es tu idea?
— ¡No! Mierda, no. Yo solo quiero... darle su merecido —exhaló, sentándose en la orilla de mi cama—. Ya no quiero verte sufrir por él y... —bufó—. Resulta que llevas un hijo suyo en tu vientre.
— Solo prométeme que no le dirás a nuestros padres sobre esto—levanté la prueba de embarazo que aún sostenía entre mis dedos—. Es lo único que te pido.
Antes de que Naruto pudiera responderme, la puerta se abrió y mi madre entró.
— ¿De qué no podemos enterarnos tu padre y yo? —y para mi desgracia, su mirada se dirigió a mi mano. No me dio tiempo de nada, ni siquiera de respirar.
Ahora sí estaba metida en problemas y no había absolutamente nadie que me librara de ellos.
Estaba embarazada.
Llevaba en mi vientre un hijo del hombre que amaba y que, hasta días atrás había intentado superar.
Ese lazo irrompible que yacía puro e inocente en mi interior, nos uniría por siempre lo quisiera o no.
Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top