𝟎𝟎𝟏| The burrow
𝟎𝟏| 𝐓𝐡𝐞 𝐛𝐮𝐫𝐫𝐨𝐰
Tras vivir aproximadamente 13 años de mí vida en Francia decidí volver a mí lugar.
No tenía nada que me atara aquí, solo mis amados elfos domésticos y unas cuantas pertenencias que no puedo mudar.
Pero de resto, nada.
Toda mí vida he estado sola, no tengo familia, no tengo amigos, no tengo nada. Salvo Fleur que ella me rescató sin saberlo.
En cambio en Londres, tengo a la que fue la mejor amiga de mí madre, Molly Weasley, una mujer de lo más amable. Es la única persona con la que he tenido contacto, fuera del colegio.
Había pasado mis últimos años estudiando en Beauxbatons. No tenía muchas amistades, solo Fleur Delacour, que fue la única que no se acercó a mí por interés.
Fue difícil despedirme de ella pero era momento de saber sobre mí familia.
Solo sé pocas cosas; Camille y Alden Gryffindor, eran mis padres. Su amor nació en su segundo año. Fue amor a primera vista, según me contó Molly en una de las miles de cartas que me ha mandado, lo cual agradezco.
Un 31 de Octubre de 1981, fue un día gris para muchas personas del mundo mágico. Esa noche no solo Lily y James Potter perdieron su vida a manos de Voldemort. También la perdieron mis padres. Cuando ellos supieron de la muerte de los Potter, tomaron mí pequeño cuerpo y lanzaron un hechizo a una habitación en la cual me dejaron a cargo de los elfos domésticos, gracias a ellos y mis progenitores, yo sigo con vida.
Mí padre al ser descendiente del mismísimo Godric Gryffindor, fue beneficiado en tener habilidades con la magia que nunca antes se habían visto.
Gracias a los hechizos lanzados por mis padres, Voldemort no pudo llegar a mí. Según ellos sabían, sus planes eran matar a los últimos descendientes de Gryffindor.
Al terminar de empacar mí ropa, escucho un ruido en la ventana y veo a la habitual lechuza, y la única que ha estado por aquí, de la señora Weasley.
Estimada señorita Gryffindor:
Querida como ya te he comentado los mundiales de Quidditch tendrán lugar el próximo Lunes por la noche y Arthur, mí marido, acaba de conseguir entradas de primera clase gracias a sus conocidos en el Departamento de Deportes y Juegos Mágicos.
Espero que ya estés aquí para esa fecha. Hace treinta años que Gran Bretaña no es la anfitriona de la Copa y es extraordinariamente difícil conseguir una entrada.
Nos encantaría que pudieras quedarte con nosotros lo que queda de vacaciones de verano y acompañarte al tren que te llevará al colegio.
Esperando verte pronto Lie, se despide cordialmente
Molly Weasley
Luego de terminar de leer la carta doy un grito tan fuerte que Ellie, mí elfina, tiene que pregúntame como estoy.
No solo estoy feliz de ver a la señora Weasley y a su familia. Sino también por ir a los mundiales. Además de que al fin podré estudiar en Hogwarts, lugar donde mis padres se han conocido.
Desde que tengo uso de razón, amo el Quidditch, es algo que heredé de mis padres, nuevamente según Molly.
Mi padre era capitan del equipo de Gryffindor, en cambio mí madre era buscadora. Nunca tuve la oportunidad de jugar en un equipo, pero en el patio trasero de mí casa, tengo un mini estadio donde suelo pasar todas las tardes.
──Ellie, ¿puedes venir un momento? Por favor──Murmuro llamando a mí elfina.
──Ama Lie, ¿qué necesita?──Me pregunta Ellie luego de llegar con un chasquido a mí habitación. Bajó a ver a la pequeña elfina, vestida con alta costura y un pequeño moño en su cabeza, era una elfina muy coqueta.
──Quiero que tratemos de mudarnos lo más rápido posible a Londres, el lunes próximo conoceré, al fin, a Molly Weasley── Digo para que luego Ellie de un solo chasquido empaque toda mí habitación en mí maleta, que por cierto, tiene un hechizo de expansión. Desde pequeña me sigo emocionando cada vez que Ellie da un chasquido.
──Muy bien Ama Lie, informaré a los otros elfos así nos vamos──Informa para irse hacia las cocinas.
Por suerte mis padres, conservaron la casa, más bien mansión, de Godric, por lo cual viviré allí. Aunque será un lugar bastante grande, solo para mí, estaré muy poco allí pero no importa.
Pasadas, más o menos, cuatro horas, todo en mí casa está vacío, recorro nuevamente los pasillos, para recordar cada momento que pasé aquí.
Tomo mis maletas y me dirijo hacia el comedor, dónde está la chimenea. Viajaremos vía Red Flú.
──Muy bien, es hora de comenzar nuestra nueva aventura, mí amada familia── miro a cada uno de mis elfos.
Familia, es una palabra que no tengo muy en claro. Pero los elfos hicieron que esa palabra signifique algo para mí.
⚡🦁
Llegamos muy tarde a Londres y lo único que hice, fue comer y dormir.
No desarmé la maleta, ya que ese mismo día iría a la Madriguera.
Estaba tan emocionada que no me importó que Ellie me haya despertado muy temprano. Estaba que saltaba de la felicidad de poder conocer a Molly.
──Muy bien Ellie, nos veremos en unos meses, supongo, vendré para navidad así hacemos la tarta que tanto nos gusta──Dije para luego agacharme y darle un abrazo a la Elfina.
Los amaba con toda mí alma, cada Navidad hacíamos una tarta de papas y carne, que todos amaban.
Habían cuatro elfos; Ellie, que era la que más cuido de mi en mí niñez y ahora en la adolescencia. Piky, un elfo un tanto malhumorado. Triski, la más chiquita, pero que tenía el carácter fuerte. Y por último, Didi, el más mayor y cariñoso de todos.
Todos tenían nombres, de muy pequeña había decidido que quería que todos llevarán una identidad.
──Cuídense mucho, los amo familia.── Susurré para luego tomar la maleta, con cosas de la escuela y ropa, y luego me dirigí hacia la chimenea.
Agarré un puñado de polvo y murmuré mí destino.
La Madriguera.
Había dado tantas vueltas cada vez más rápido con los codos pegados al cuerpo.
Borrosas chimeneas pasaban ante mi a la velocidad de la luz, hasta que me sentí mareada y cerré los ojos.
Cuando por fin pareció que la velocidad aminoraba, estiré los brazos, a tiempo para evitar caer de bruces contra el suelo de la casa de los Weasley.
Al levantar la cabeza mí la hermosa casa de los Weasley.
Parecía como si en otro tiempo hubiera sido una gran pocilga de piedra, pero aquí y allá habían ido añadiendo tantas habitaciones que ahora la casa tenía varios pisos de altura y estaba tan torcida que parecía sostenerse en pie por arte de magia, y sospeché que así era probablemente. Cuatro o cinco chimeneas coronaban el tejado.
Cerca de la entrada, clavado en el suelo, había un letrero torcido que decía «La Madriguera»
A pesar de eso me pareció un hogar maravilloso y con olor a familia.
Tímidamente, dí un paso fuera de la chimenea y allí la ví.
Molly Weasley, era exactamente cómo me la imaginaba, pelo como el fuego y cara de querer dar abrazos a todos el mundo.
Con el rostro de asombro, la señora Weasley se acercó a hacía mi y me abrazó tiernamente.
──¡Por Merlín!, que grande y bella estás, eres exactamente igual a tu madre── Dijo Molly para luego llenarle la cara de besos── Tenía tantas ganas de volver a verte, la última vez, entrabas en mis brazos── Molly tenía rastros de lágrimas en su cara.
──¡Oh!, Señora Weasley, no llore, yo también tenía muchas ganas de conocerla, mis elfos me han hablado mucho de usted y de su familia── dije con una sonrisa que nunca iba a poder quitar de mi rostro.
──Ven pasa, te prepararé el desayuno y dime Molly no señora Weasley── Molly me dirigió hacia la cocina.
La cocina era pequeña y todo en ella estaba bastante apretujado. En el medio había una mesa de madera que se veía muy restregada, con sillas alrededor.
Me senté tímidamente, mirando a todas partes. Era la primera vez que estaba en la casa de otra persona.
El reloj de la pared de enfrente sólo tenía una manecilla y carecía de números. En el borde de la esfera había escritas cosas como «Hora del té», «Hora de dar de comer a las gallinas» y «Te estás retrasando».
Sobre la repisa de la chimenea había unos libros, libros que tenían títulos como La elaboración de queso mediante la magia, El encantamiento en la repostería o Por arte de magia: cómo preparar un banquete en un minuto. Y, a menos que hubiera escuchado mal, la vieja radio que había al lado del fregadero acababa de anunciar que a continuación emitirían el programa «La hora de las brujas, con la popular cantante hechicera Celestina Warbeck».
La señora Weasley preparaba el desayuno sin poner demasiada atención en lo que hacía, y en el rato que tardó en freír las salchichas me echó unas cuantas miradas, aunque traté de fingir que no me daba cuenta.
Lo que yo no sabía era que le traía demasiada nostalgia, que se pareciera a la persona que alguna vez llamó mejor amiga.
Camille Gryffindor esa mujer de cabello rubio, ojos celestes como el cielo y un carisma que enamoraba hasta al peor enemigo.
Tenía muchas cosas de ella y eso la entristecía.
──Muy bien cariño. Aquí tienes── Molly dejó el desayuno frente de mi.
──Muchas gracias señora Weasley──Molly me dió una mirada llena de falso reproche y diversión── Molly── corregí y comencé a devorar el desayuno.
Unos minutos más tarde comenzamos a escuchar pasos en el piso de arriba de la Madriguera y a los pocos segundos ví bajar a una chica de aproximadamente un año menor que yo. Bastante alta, cabello color pelirrojo y ojos como el mar.
──¡Oh Ginny! Mira ella es Amelie──me presenta la señora Weasley con una sonrisa en su cara.
La ahora llamada Ginny abre sus ojos bien grande y su boca cae.
──¡Oh!, ¿Eres Amelie Gryffindor?── asentí extrañada──En el colegio nos han hablado de ti, la única familiar del fundador Gryffindor── me notifica.
──¡Oh!, se me hace raro que hablen de mí, es extraño. Pero bueno. ¡Hola! Mucho gusto, soy Amelie Gryffindor y me encanta tu hogar── estiré mí mano con entusiasmo y Ginny sonriendo acepta el gesto.
──Querida eres toda una leyenda en Hogwarts, hasta hay rumores de que no existes──me dice Molly.
──En primer año me han dicho la leyenda de Amelie Gryffindor, el que la ve es bendecido hasta su muerte. Una niña de grandes bellezas y una magia tan pura como el del mismísimo Merlín── recita Ginny.
──Vaya──es lo único que sale de mí boca── Bueno no sé si verme las bendecirá o que yo tenga la magia tan pura como Merlín, pero las bendigo── bromeo haciendo reír a las dos mujeres.
⚡🦁
Pasadas la tarde entre risas y anécdotas, Ginny contándome como es el colegio de magia y hechicería, varias figuras comienzan a aparecer por la chimenea.
Primero dos chicos totalmente iguales, pero que llegaba a ver sus diferencias.
Luego otro pelirrojo un poco más bajo que los anteriores, que estaba casi segura que era el niño con el que jugaba de pequeña, anécdotas contadas por mis elfos.
A los segundos, aparece un azabache de lentes, ojos verdes y el chico más lindo que había visto alguna vez. Que casi cae de bruces contra el piso.
Es poco decir que quedé fascinada.
──¿Se lo comió?──preguntó uno de los gemelos, ansioso mientras le tendía al azabache la mano para ayudarlo a levantarse.
──Sí──respondió este poniéndose de pie──¿Qué era?.
──Caramelo longuilinguo──explicó el pelirrojo, muy contento── Los hemos inventado George y yo, y nos hemos pasado el verano buscando a alguien en quien probarlos...
El pelirrojo que estaba hablando, se calló de repente al notar mí presencia junto a sus dos hermanos mayores que habían bajado hacía unos momentos.
──Oh, hola, ehh, soy Amelie. Mucho gusto── me pusé de pie y les dí una cálida sonrisa.
Todos los presentes se quedaron hipnotizados al verme lo que hizo que me sienta un tanto incómoda.
──¿Eres Amelie Gryffindor?── preguntó un pelirrojo, asentí un poco tensa.
──Pensamos que solo eras una historia── dijo otro pelirrojo──Por cierto soy George.── se presentó.
──Yo soy Fred──Dijo el otro gemelo.
──Ron Weasley── sonrió.
──Ha-Harry Potter── dijo el azabache. El mismísimo Harry Potter, estaba frente a mí tan sonrojado que tenía miedo que explote.
──Bueno, mucho gusto── sonreí con las mejillas sonrojadas.
Luego parecieron notar la presencia de los dos pelirrojos detrás de mí.
Bill y Charlie, los dos hermanos mayores Weasley.
──¿Qué tal te va, Harry?── preguntó el más cercano a él, dirigiéndole una amplia sonrisa y tendiéndole una mano grande que Harry estrechó. Estaba llena de callos y ampollas. Aquél era Charlie, que trabajaba en Rumanía con dragones.
Su contextura era igual a la de los gemelos, y diferente de la de Ron, que era más alto y delgado. Tenía una cara ancha de expresión bonachona, con la piel curtida por el clima de Rumanía y tan llena de pecas que parecía bronceada; los brazos eran musculosos, y en uno de ellos se veía una quemadura grande y brillante.
Bill, que estaba justo al mí lado, se levantó sonriendo y también le estrechó la mano a Harry, quien se sorprendió.
Bill trabajaba para Gringotts, el banco del mundo mágico, había sido Premio Anual de Hogwarts, Bill era (no había otra palabra para definirlo) guay: era alto, tenía el pelo largo y recogido en una coleta, llevaba un colmillo de pendiente e iba vestido de manera apropiada para un concierto de rock, salvo por las botas (que, según reconocí, no eran de cuero sino de piel de dragón).
Antes de que ninguno de ellos pudiera añadir nada, se oyó un pequeño estallido y el señor Weasley apareció de pronto al lado de George.
──¡No ha tenido ninguna gracia, Fred! ¿Qué demonios le diste a ese niño muggle── vociferó el señor Weasley
──No le di nada──respondió Fred, con otra sonrisa maligna──Sólo lo dejé caer...
Ha sido culpa suya: lo cogió y se lo comió. Yo no le dije que lo hiciera.
──¡Lo dejaste caer a propósito!──vociferó nuevamente el señor Weasley──Sabías que se lo comería porque estaba a dieta...
──¿Cuánto le creció la lengua?──preguntó George, con mucho interés.
──Cuando sus padres me permitieron acortársela había alcanzado más de un metro de largo.
Harry y los Weasley interrumpieron cuando estallaron en una sonora carcajada. Y casi se me escapa una risa por tan cómica escena.
──¡No tiene gracia!──gritó el señor Weasley──¡Ese tipo de comportamiento enturbia muy seriamente las relaciones entre magos y muggles! Me paso la mitad de la vida luchando contra los malos tratos a los muggles, y resulta que mis propios hijos...
──¡No se lo dimos porque fuera muggle!──respondió Fred, indignado.
──No. Se lo dimos porque es un asqueroso bravucón──explicó George── ¿No es verdad, Harry?
──Sí, lo es──contestó Harry seriamente.
──¡Ésa no es la cuestión!──repuso enfadado el señor Weasley──Ya verán cuando se lo diga a su madre.
──¿Cuando me digas qué?──preguntó una voz tras ellos.
La señora Weasley acababa de entrar en la cocina.
La cara de todos fue un poema digno de plasmar en una hoja.
──¡Ah, hola, Harry!──dijo sonriéndole al advertir que estaba allí. Luego volvió bruscamente la mirada a su marido──. ¿Qué es lo que tienes que decirme?
Esa sería una larga tarde...
🦁⚡
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© 𝐌𝐚𝐠𝐬
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