Capítulo Siete.

CAPÍTULO SIETE

-Señor, hemos hecho un plano detallado de la mansión de Kikwang, nuestro infiltrado nos confirmó la existencia de dos sótanos, uno para almacenar su armamento y el otro en donde mantiene a sus adquisiciones, ahí es donde está Luhan. –Siwon dejó un porta planos sobre el escritorio de Sehun para que lo abriera y revisara de lo que le estaba hablando.

-¡Joder, Siwon! Llevamos seis jodidos meses tratando de sacar a Luhan de esa mansión y nada. A saber qué le habrán hecho, conociendo a Kikwang probablemente lo ha violado, sabe que no soportaría eso. Tengo que sacarlo de ahí, me está matando todo esto.

-Lo siento, señor; sé que debe ser muy difícil para usted, Luhan no está bien, mi contacto vigila el calabozo y me dijo que hace unas semanas se negó a que se llevaran a un niño con el que comparte celda y fue violado por rebelarse.

-¡Maldita sea! Ese malnacido lo tocó, Siwon. Me las va a pagar, ¿cuándo podemos entrar en acción?

-Lo más prudente sería pasado mañana en la noche, señor. Kikwang saldrá para Ciudad de México en la madrugada a reunirse con un capo, los detalles no los tengo claros.

-Perfecto, pero no podemos confiarnos, Siwon. Puede que Kikwang llegue antes o incluso que no se vaya. Tenemos que estar preparados para todo.

-Entendido señor. Con permiso. –Siwon salió de la habitación y Sehun se dedicó a observar los planos, pudo ver la sala de exhibición en donde estuvo Luhan, también las escaleras de servicio y la entrada al sótano.

-Cada vez más cerca de ti, amor. No te rindas. –Murmuró mirando hacia el horizonte.

*

Luhan estaba recostado en la colchoneta, igual que la noche anterior, con los niños frente a él; estaban hablando de lo que querían ser cuando crecieran, y se sorprendió con sus respuestas.

-Quisiera ser abogado –dijo Jeno –para ayudar a todas esas personas que sufren de cualquier tipo de maltrato; mi padre no tuvo la condena que merecía, y no estoy de acuerdo con que cosas así sigan pasando.

-Yo quiero ser psicólogo, muchas veces la gente cae en los vicios por evadir la carga que llevan dentro, sería un punto de apoyo para esas personas e intentaría todo para lograr su desintoxicación. –explicó Hansol; Luhan sonrió con orgullo y los abrazó.

-Es muy noble lo que buscan hacer, el mundo necesita de personas honestas y éticas como ustedes.

-Gracias, Luhan. –Le respondieron.

-Luhan...

-¿Si?

-Hansol y yo estuvimos hablando mientras dormías y queríamos preguntarte algo. –Jeno se había sentado, mirándolo seriamente y retorciendo sus manos, nervioso; Hansol estaba detrás de él.

-Claro, pueden preguntar lo que quieran.

-Quisiéramos... quisiéramos preguntarte si Sehun y tú estarían dispuestos a adoptarnos si en algún momento salimos de aquí; es decir, ambos somos huérfanos y no queremos volver con servicios sociales, tú nos has cuidado todo este tiempo, incluso recibiste esa golpiza por mí; cuando llegaste todo lleno de sangre y no reaccionabas, yo... no quiero volver a verte así, Luhan; por favor, a la próxima que quieran llevarnos déjanos ir, ni siquiera puedes levantarte de la cama desde esa vez. –Jeno lloraba mientras se tiraba a los brazos del mayor, Luhan no podía caminar sin sentir dolor en su parte baja debido a que su desgarre nunca terminó de sanar.

-Shh... tranquilo, cariño, yo estaré bien y seguiré yendo a donde Kikwang las veces que haga falta si eso evita que ustedes lo vean, no merecen esto. Y con lo de tu pregunta, por supuesto que estaremos más que dispuestos en adoptarlos, sé que Sehun los amaría tanto como yo. Ven aquí Hansol, dame un abrazo también. –El otro pequeño se acercó a él y Luhan los apretó tanto como pudo, duraron en silencio un tiempo, el pelinegro empezaba a dormirse hasta que escuchó la puerta abrirse; los tres se estremecieron involuntariamente, no era hora de comer, ni de ir al baño, y su ducha fue el día anterior, ¿qué querían ahora?

-Todos, párense contra las rejas, rápido. El jefe ordenó una jornada médica así que los van a revisar. –Rápidamente, las mujeres se pusieron frente a sus rejas, muchas habían quedado embarazadas después de ser violadas por los guardias, Luhan creía que la mayoría estaban anémicas porque no podían controlar sus reglas y otras simplemente se dejaban morir de hambre. Con ayuda de Hansol y Jeno llegó, arrastrándose, a la reja justo a tiempo para ver cómo varios médicos entraron cargados de maletines e instrumental quirúrgico.

-Tenemos alrededor de doce mujeres por el momento, siete de ellas están embarazadas, las otras cinco creen estarlo porque no han menstruado en un tiempo y del otro lado tenemos a un hombre y tres menores, el hombre no se puede mover pero los jóvenes parecen estar bien. –Dijo uno de los médicos después de haber hecho un censo rápido.

-Bien, aunque esto no me agrade mucho, necesito por lo menos a tres de ustedes en cada celda con las mujeres, yo me encargaré del hombre. Tenemos que actuar rápido, nuestro tiempo es limitado. –Habló el que parecía ser el líder el equipo, los demás asintieron y se dirigieron a atender a sus pacientes.

-Veamos qué tenemos aquí... soy el doctor Kang, ¿cuál es tu nombre? –El doctor tenía una mirada amable, pero Luhan todavía tenía miedo de que lo tocara, aunque sabía que era necesario.

-Yo... yo soy Luhan. –Respondió con la voz raposa.

-Veo que no te puedes mover muy bien, ¿quisieras decirme qué fue lo que sucedió? Así puedo ayudarte.

-Tengo... tengo un desgarre anal, no sanó correctamente y pasados unos días el dolor se hizo tan fuerte que no pude moverme. –El doctor Kang asintió, pensativo, y le pidió que le dejara examinarlo, a lo que él accedió con mucha incomodidad.

-Claramente tienes un desgarre grave, pero no creo que necesite de alguna sutura; te limpiaré bien y desinfectaré la zona para prevenir alguna infección y te dejaré un ungüento para que te lo apliques si vuelves a sentir dolor. –Dicho esto, procedió a curarlo; Luhan dejó escapar unas cuantas lágrimas, algunas por dolor, otras por vergüenza. Afortunadamente, Hansol y Jeno se habían volteado para darles privacidad. Una vez terminó, le entregó la crema a Luhan, se despidió y salió de la celda, en donde los demás médicos se estaban reuniendo para ser escoltados fuera del calabozo.

La mejoría se notaba en el semblante de Luhan, ambos menores lo notaron cuando se giraron a verlo, su rostro ya no se encontraba tan pálido como antes y parecía respirar con más tranquilidad.

-¿Cómo te sientes ahora? –Preguntó Hansol mientras lo acompañaban de regreso a la colchoneta.

-Mucho mejor, lo que me hizo el doctor Kang, por mínimo que fuera, ayudó con el dolor. Ahora sólo hay que esperar a que el ungüento haga efecto. Vengan, creo que ya es hora de dormir. –Luhan les sonrió con cansancio y se acurrucaron, dejándose llevar por el sueño.

*

Los gritos en el pasillo los despertaron, Luhan se incorporó rápidamente y prestó atención a lo que decían.

-¡Muévanse, manada de imbéciles! Nos tendieron una emboscada, el jefe mandó a que evacuáramos a todas las putas que hay en el calabozo ¡YA! –Todas las puertas de todas las celdas se abrieron al mismo tiempo, dejando que la turba de hombres uniformados entrara para sacar a todas las mujeres que habían; Luhan agarró a Hansol y a Jeno con cada mano y esperó a que alguien los sacara, inmediatamente entró un hombre un poco más bajo que los demás, con el pelo negro rozándole los hombros y ojos hinchados, agarró al mayor por el cuello y empezó a empujarlo hasta la salida del calabozo.

-No se suelten niños, por favor. –Ambos pequeños se aferraron con más fuerza a los brazos de Luhan, había muchísima gente corriendo por todas partes, más de las que el pelinegro pensaba que pudieran caber en la mansión, montones de guardias arrastrando a pobres mujeres por las escaleras, otros golpeando a la servidumbre que se rehusaba a abandonar su hogar, pero también vio algunos hombres tumbar la puerta que daba acceso al sótano para escapar.

-¡Ratas desgraciadas, están traicionando a Lee Kikwang, me las van a pagar! –Kikwang estaba en una esquina, disparando a diestra y siniestra a todo lo que se moviera cerca suyo, hasta que vio a Luhan – ¡Oh, mi querido Luhan! ¿Pensabas que podías huir de mí? Tráelo para acá Heechul, y apártalo de esas dos ratas mugrosas, deshazte de ellas lo más rápido que puedas. –El hombre que lo sostenía empezó a separarlo de los niños, quienes empezaron a gritar, negándose a soltarlo.

-Soy amigo de Siwon, Luhan; ellos están intentando ingresar a la mansión ahora mismo, ve con Kikwang que yo me encargaré de los niños, prometo no hacerles daño. Sehun está viniendo por ti. –El aire escapó de sus pulmones, las lágrimas nublando su visión; Heechul fue un aliado todo este tiempo, los gritos de Hansol y Jeno taparon lo que el guardia le había dicho, por lo que el pelinegro se dejó caer en el suelo, susurrándole a sus hijos.

-Todo esto que está pasando es porque nos van a rescatar, niños. Vayan con Heechul, él los va a cuidar hasta que Sehun y yo podamos ir por ustedes; háganle caso en todo lo que él les diga y cuídense mucho, por favor. Los quiero. –Besó sus cabecitas sudadas por el terror y se acercó a Kikwang con paso trémulo.

-Veo que tomaste la decisión correcta, pequeña puta. Ahora camina, no quiero darle mi valioso tiempo al incompetente de Sehun. –El cañón del arma se clavó en las costillas de Luhan a la vez que el otro lo empujaba por una puerta que no había visto antes, atravesando un estrecho pasillo, el cual descendía ligeramente, haciéndolos salir a un pequeño garaje escondido donde una camioneta negra los esperaba –Sube, rápido.

Luhan sintió que el alma se le iba a los pies, probablemente nunca volvería a ver a Sehun si subía; lágrimas volvieron a aparecer en sus ojos –Kikwang, por favor, déjame ir. Te lo suplico...

-¡QUE SUBAS MALDITA SEA! –El pelinegro sintió el impacto de la culata de la pistola contra su pómulo antes de caer al suelo, después su cabello fue jalado hacia atrás, obligándolo a ponerse de pie mientras un hilillo de sangre bajaba por su mejilla hasta perderse en su cuello –Vas a subirte a esa puta camioneta por las buenas, o te juro que sufrirás aún más por las malas. –Kikwang lo abrazó por la cintura, clavándole su asquerosa erección en el culo a la par que acariciaba su rostro con el arma. Luhan empezó a llorar, su voz quebrándose cuando iba a suplicar nuevamente pero una voz lo interrumpió.

-Será mejor que alejes esa pistola de la cabezade mi esposo, Kikwang. Tu problema es conmigo, no con él.

Bạn đang đọc truyện trên: AzTruyen.Top