Primeros arreglos y la posesión.
Al día siguiente Clarise arregló todas sus cosas para ir a la mansión, su madre había prometido pasar a recogerla y llevarle las cosas que necesitaría. Feliz se encaminó a la escuela. El tiempo pasó muy lento según Clarise, solamente quería irse lo más rápido posible.
— Clarise, toma esto es lo que necesitarás hoy — dijo Samanta una vez que el timbre de la escuela sonó anunciando el fin de la mañana. Clarise tomó todas sus cosas y espero a algunos compañeros que la acompañarían a arreglar la mansión.
— Alisa, ¿Tu llevaras los adornos? — le preguntó Clarise a una chica bajita de ojos marrones, la familia de Alisa tenía una tienda de antigüedades.
— Claro pasare primero a la tienda, mi madre junto algunas cosas que nos podrían servir, también llevaré junto con Miriam los globos y algunas cositas más. — dijo Alisa señalando a la chica a su lado.
— Esta bien. Gracias chicas. — Clarise volteo a ver a otros chicos y dijo — los veo a todos en la mansión, solo acondicionaremos el salón, esperemos que lo demás no esté tan mal, sino habrá que arreglarlo un poco. Clarise se encaminó a la salida de la escuela y vio el auto de su mamá en la entrada.
— Chicos los veo en un rato — dijo Clarise entrando en el auto y viendo a alguno de sus compañeros.
— Claro chica nos vemos — dijo Mario con desgana. Ella sabía que Mario no quería pisar esa mansión. Sonrió divertida.
El auto arrancó y se dirigió a la carretera. Llegaron en poco tiempo, la madre de Clarise se estacionó y salió del auto. Ambas se dirigieron a la cajuela para ver lo que la madre de Clarise había llevado.
— Bien te traje un trapeador, escoba, trapos, desinfectante entre otras cosas de limpieza. También traje tu bolsa de dormir y una muda de ropa. — dijo su madre enumerando cada cosa que sacaban de la cajuela.
— Gracias mamá eres genial. — dijo Clarise con una sonrisa en la cara.
— No quiero que vayan a romper algo.
— Todo está roto mamá. — dijo Clarise suspirando, su madre estaba empezando a ser algo pesada.
— Puede ser pero tienen inventariado todo. — ambas se dirigieron a la entrada, subieron las escaleras. Clarise estaba cada vez más emocionada.
Clarise abrió la puerta de madera poco a poco. Quería alargar ese momento. Cuando la puerta fue abierta de par en par pudo ver frente a ella unas enormes escaleras. En esa misma pared un enorme cuadro con tres personas en él la recibió.
A cada lado de la escalera se veían pequeñas esculturas de madera. Y en el espacio entre la escalera y la entrada había una mesa redonda, encima sólo había suciedad.
— Oh esto es genial mamá. Mira los adornos. Y esos cuadros. — Clarise cada vez estaba más emocionada, su mirada no paraba de girar para ver todo a su alrededor.
— Por eso digo que deben tener cuidado, no quiero que se dañe algo.
— Mamá tranquila lo tendremos. — esta vez Clarise no pudo negar que su madre tenía razón ese lugar merecía respeto, era hermoso. Podía imaginar cómo había sido ese lugar en sus años de esplendor, con el sol colándose por las ventanas y la risa de los niños en el patio.
— Bueno hija tengo que irme. Pasaré mañana a dejarte tu vestido y maquillaje.
— Claro mamá nos vemos mañana, gracias.
Clarise no tuvo que esperar mucho, sus compañeros llegaron cinco minutos después. Una vez que todos estaban en el recibidor Clarise sacó un plano de la propiedad, lo apoyó en la mesa que había en el centro de la entrada y se pusieron a verlo.
— Bueno según esto debemos abrir la puerta que está a la izquierda de las escaleras. — dijo Clarise a todos los chicos.
— Es ésta — dijo uno de los chicos, Clarise escucho como intentaba abrir la puerta, intentando siendo la palabra clave, ella se dirigió a él y sacó el juego de llaves que le dio Samanta.
— Antes las puertas que daban a los despachos, salones de música y baile estaban siempre cerradas con llave. — explicó Clarise a todos. Abrió la puerta y entró a la sala.
El salón de baile era enorme. Grandes ventanales había a los lados del salón. Daban una perfecta iluminación. Los vidrios estaban completos así que las hojas de los árboles no habían entrado. Había varios pilares con diseños hermosos que sostenían el techo.
Había un pequeño escenario donde Clarise estaba segura que tocaban antes las orquestas. En el techo grandes candelabros se alzaban orgullosos. Clarise estaba más que extasiada, viendo aquel lugar.
El techo del salón era de mínimo cinco o seis metros de alto, conservaba el color original de la madera. Casi nada estaba dañado. Todos cargaron los materiales que habían llevado para la limpieza y comenzaron a barrer el lugar. El salón era amplio así que cada uno se colocó en una parte mientras otros limpiaban las ventanas.
— Chicos ¿Dónde están? — se escuchó la voz de Alisa desde la entrada, uno de los chicos fue a ayudarla con las cosas que había llevado.
Cuando entraron al salón vieron las cajas llenas de cosas, todos se acercaron a ver. En las cajas encontraron algunos candelabros que podrían colgar en los pilares del salón, también había grandes cortinas, manteles y algunos cuadros. En otra de las cajas se encontraban los globos y letreros para adornar todo. Cada uno tomó algo y comenzaron con el trabajo.
Ese día fue productivo terminando bastante tarde, limpiaron todo el salón. Solo esperarían a que el hermano de Samanta llegará al día siguiente para colocar sonido y luces. Hubo algunos accidentes, algunos chicos habían subido al segundo piso para buscar algunas cosas y tuvieron que romper una de las puertas que daban al ático. Encontraron lo que necesitaban para terminar de arreglar.
Se decidió que todos dormirían en el salón de baile ya que era el único lugar con todo cerrado. Armaron las bolsas de dormir y apagaron las luces. A pesar de ser más de quince personas en el salón el frío calaba en todos. Tardaron mucho en dormir.
Clarise estaba acostada en una esquina del salón, a un lado de ella había un espejo muy viejo. Que habían planeado poner frente la esfera de espejos que llevaría Alex. Clarise se hundió más en su bolsa de dormir y se trató de acomodar. Se encontraba en un duermevela cuando comenzó a sentir que alguien la observaba, el frío se sintió más intenso y un pequeño vaho salió de su boca y nariz.
Se removió un poco inquieta, no lograba dormir ni despertar. Clarise sintió que algo se apoyaba encima de ella. Un peso se asentó en sus muñecas y su pecho se sintió pesado, le costaba respirar, abrió los ojos tanto como pudo, logró ver unos ojos color azul intenso antes de que desapareciera dentro de ella, como si la hubieran atravesado, eso fue lo último que vio antes de quedarse profundamente dormida.
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Agatha vio como personas desconocidas entraban en su casa. Podía sentir como la energía de la misma mansión estallaba en desagrado. Ella sabía que la llegada de esas personas sólo traería desgracias.
Vio cómo movían las cosas de la mansión, como limpiaban y tiraban algunas cosas de su niñez, ira invadió a Agatha cuando la puerta del ático fue tratada con dureza a tal punto de romperla.
La noche llegó al fin y con ella los chicos se preparaban para dormir, Agatha seguía enojada y quería que pagaran por entrar a la mansión. Vio a una chica, las misma que había halagado su casa y la única que defendió lo que había en ella. Se acercó y la observo dormir, el espejo de su madre estaba a un lado de la chica.
Se acostó encima de ella, sus manos tomaron las muñecas de la chica, levantó su mano derecha para tratar de tocar la mejilla pero algo la jalo hacia la chica. Los ojos de ambas se abrieron con sorpresa, Agatha pudo ver unos ojos de color verde bosque antes de adentrarse en ella, una tenue luz hizo que la piel de la chica brillara.
Antes de que todo se volviera borroso se escuchó por el salón una tenue voz que decía, sácalos de aquí.
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