Capítulo 12

12. EL CADÁVER.

Era un domingo por la mañana, el silencio reinaba en cada rincón de la casa, haciéndose presente únicamente la soledad y el aburrimiento. El tiempo parecía detenerse en cada habitación vacía, sin presencia humana que consiguiera desatar la melancolía reinante.

Me encontraba recostado en mi cama con mi vista perdida en el techo. La gran mayoría había salido dejándome prácticamente solo; Erick y Harvey en estos momentos seguramente se encontraban recibiendo lecciones de manejo, Katherine y Kei se habían organizado para ayudar a la señora Parkinson con las compras, dejándonos solamente a mamá y a mí.

Mi hermano me había pedido que los acompañara, pero ahora ya no me sentía del todo seguro abandonando las paredes de nuestro hogar, no después de haberme topado la noche anterior con ese extraño sujeto, así que me negué y decidí quedarme.

De algún modo me sentía en peligro y ni siquiera sabía por qué. Nunca me había cuestionado por qué papá nos protegía tanto, hasta ahora. Sabía que recibíamos una buena suma de dinero gracias a la petrolera, lo cual hacía que quizá llamáramos la atención a ciertas personas. Pero también tenía presente que pasábamos como personas comunes, ya que nunca nos enfocábamos en exhibirnos como personas de buenos ingresos. Así que, algo no tenía sentido.

Posiblemente, una de sus razones era "mi supuesta enfermedad", que a su parecer ya había mejorado después de regresar meses atrás del psiquiátrico. Era evidente que no tenía Alzheimer, porque habían pasado poco más de dos años luego de ser diagnosticado erróneamente y aún conservaba mis recuerdos, quizá en ocasiones si olvidaba gran parte de mi entorno, pero eso sucedía cuando entraba en un tipo de trance donde imágenes ajenas llegaban a mí.

No sabía si llamarlas crisis o visiones, no después de que sucediera el incendio y que todas las imágenes que había presenciado se hubieran convertido en realidad. Erick seguía insistiendo en que solo era coincidencia y que me olvidara por completo de todo eso, por miedo a que me viera perder la cabeza, pero yo no creía que fuera una simple coincidencia. A su favor estaba, que nunca habíamos podido encontrar el cuerpo que había visto años atrás, pero de igual forma no dejaba de creer que algo insólito ocurría en mi mente.

Tenía un sinfín de preguntas sobre la protección exagerada de papá. Sin duda cuando nos visitara vería la forma de llenarme de valor y preguntarle sus razones. Quizá con esto, podría entender por qué personas ajenas a nuestra familia me conocían. Y así dejar atrás mis suposiciones de que posiblemente estuviéramos involucrados en negocios turbios o en algo peor.

Pausé mis pensamientos y recordé que a uno de mis costados se encontraba el diario que había encontrado semanas atrás en el sótano. Me di vuelta por un instante y lo tomé en mis manos regresando a mi posición. Lo había terminado de leer y no tenía ningún nombre al cual tomar como referencia para saber a quién le pertenecía. Solo tenía presente que lo había escrito una niña, una niña que había sufrido la separación de sus padres y que probablemente había vivido en esta casa.

Pase hoja tras hoja con la esperanza de encontrar algo que quizá había ignorado en mi primera lectura, pero me era difícil detectar algo inusual. Estando a punto de rendirme y soltarlo, finalmente pude notar que dos hojas se encontraban unidas entre sí, lo cual provocó que desconociera el contenido de estas. Frotando ambos lados con mis dedos, pude despegarlas y al momento de abrirlas quedé estupefacto con lo que mis ojos presenciaron.

Se trataba del dibujo de un símbolo, un símbolo que ya conocía y que por meses investigué erróneamente en busca de respuestas.

Tenía la forma de las astas de un ciervo.

La misma imagen que poseía el collar de aquel hombre que había visto suplicar por su vida.

Mi respiración de inmediato se aceleró y mi corazón latió con más fuerza aumentando mi pulso. ¿Cómo era posible? ¿Se trataba del diario de la hija que el hombre había mencionado? ¿El sujeto era real? ¿A caso mi visión había sido real?

Mi cerebro se llenó por completo de preguntas y de conspiraciones, dejándome a punto de explotar, hasta que la voz de mi madre me interrumpió trayéndome de vuelta.

— Adrián, hijo, podrías ayudarme. — Le escuché gritar desde abajo.

— Voy mamá. — Respondí con mi voz afectada por lo que había descubierto. De inmediato me puse en pie y me encaminé fuera de mi cuarto.

Bajé las escaleras con prontitud, formulando ideas y cosas que probablemente no tenían sentido, tratando de procesar lo que había descifrado. Me fui directo a la cocina, ya que al parecer de ahí había provenido la voz de mi madre, al llegar la encontré sacando unas cajas con platos y vasos rotos.

— Adrián, podrías llevarte estas cajas al sótano, por favor. — Me solicitó al notar mi presencia a su lado.

— ¿Al sótano? — Pregunté nervioso, había escuchado bien, pero realmente no me agradaba mucho la idea de ir a ese lugar y menos con lo que había pasado la última vez.

— Sí. ¿Hay algún problema? — Cuestionó al ver mi rostro inseguro y afligido, clavando mi vista fija en el contenido de las cajas.

— No, todo bien, enseguida me las llevo. — Dije saliendo del trance para luego tomarlas y posicionarlas en mis brazos.

— Gracias.

Salí de la cocina y me adentré avanzando a través del pasillo que daba con el sótano, al llegar al final de este, tiré de la pitilla que bajaba del techo y entonces apareció en el suelo. Bajé las escaleras y acomodé las cajas cerca de unos muebles que por su estado ya eran inservibles.

Estaba regresando de vuelta cuando alterné mi vista curiosa en el agujero que habíamos hecho aquella noche con Erick, retrocedí y me acerqué agachándome con mi teléfono en mano para iluminar y tratar de observar lo que fuera que hubiera abajo.

Enfoqué la linterna dentro del agujero, pero estaba tan oscuro que la luz no podía detallar los objetos que había.

Al no poder apreciar nada interesante, levanté mi cuerpo para irme de ahí, porque realmente ese no era el lugar más agradable para estar. Al dar un par de pasos hacia delante, escuché como los tablones de madera que estaban podridos terminaron rompiéndose y entonces... Caí.

Reaccioné con un fuerte grito lleno de miedo al momento que sentí que mis pasos fueron falsos. Mi tonta curiosidad me había llevado hasta ahí y ahora estaba cayendo en quién sabe qué sitio.

A los segundos sentí el golpe, choqué contra un suelo bastante impetuoso, sentí un gran dolor en el brazo derecho al momento que este impactó contra el terreno. Rodé un par de vueltas chocando mi cabeza contra una roca haciéndome gemir de dolor, al momento sentí un suplicio inigualable.

Estaba tendido en el suelo, mi brazo dolía, me llevé mi mano izquierda a la frente y entonces sentí la humedad de la sangre, mi sangre. Estaba sangrando y no tenía posibilidades de salir de ahí, ni siquiera sabía en dónde me encontraba.

Mi vista estaba borrosa, mis sentidos no estaban respondiendo bien, luché por mantenerme en sí y buscar la manera de salir, pero mi cuerpo no respondió y entonces mi vista se nubló. Había quedado inconsciente.

...

Dolor, mucho dolor, fue lo primero que sentí al despertar, no sabía cuánto tiempo había pasado, pero el dolor aún seguía ahí. Tenía los ojos entrecerrados, estaba tratando de abrirlos, pero los sentía débiles, todo mi cuerpo se encontraba débil.

Tras varios intentos, finalmente, logré abrirlos y describieron el lugar. Estaba oscuro, era poca la luz que entraba del agujero por el cual había caído. Había muchas rocas, no había señales de pavimento ni de nada moderno, era el suelo de la naturaleza.

Luché contra mi debilidad para levantar mi cuerpo, caí varias veces tratando de elevarme, pero peleé conmigo mismo para conseguirlo. Realmente estaba adolorido y no tenía las suficientes fuerzas para mantenerme firme.

Mi mano izquierda apoyó mi brazo derecho, lo sentía lánguido y no podía accionarlo, posiblemente me lo había roto.

Me afinqué en un punto y vi a mi alrededor, me encontraba como a siete metros de la superficie del sótano y no había forma de trepar, no con mi brazo así.

— ¡Mamá! ¡Mamá! ¡Mamá! — Grité fuerte haciendo pausas con la esperanza de que viniera a ayudarme.

Me surgió una tos complicada y dolorosa, haciendo que mi mano izquierda sostuviera mi pecho. Mamá no respondió, pero sin duda tenía que seguir intentado, así que grité de nuevo.

— ¡Señora Parkinson! ¡Ayúdenme! ¡Por favor, alguien! ¡Ayúdenme! — Grité de nuevo. — ¡Erick! ¡Erick! ¡Erick! — Lo llamé varias veces, pero tampoco respondió.

¿Dónde rayos estaban todos?

Buscando desesperado una salida, reaccioné que antes de caer llevaba mi teléfono conmigo, así que probablemente había caído no muy lejos de mi posición. Me apresuré a buscarlo palpando cada centímetro del suelo, ya que era difícil de ver sin mucha claridad. Tras unos minutos, finalmente lo logré encontrar, pero gran parte de él estaba dañado.

Agradecí que tras varios intentos lograra encenderlo, lo primero que hice fue buscar el número de mi hermano y llamarlo. Sonó unos segundos y tras la espera contestó.

— Hola, ¿Erick? ¿Dónde estás? — Pregunté haciendo un esfuerzo para que mi voz resultara. — Necesito que vengas pronto y me ayudes. — Aclaré la gravidez del asunto.

— Dónde estás tú, es la verdadera pregunta. Estuvimos buscándote por todas partes con mamá para ir al funeral.

¿Acaso había dicho funeral?

— ¿Funeral? ¿De qué estás hablando? — Cuestioné confundido y sorprendido.

— Adrián. — Se detuvo un momento y pude notar el miedo en su voz. — Mataron a Henry. — Soltó de repente provocando que mi piel se erizara por completo.

Embocé una risilla que hizo que me dolieran los pulmones— Estás bromeando, ¿cierto? —Cuestioné de nuevo, ya que no podía ser cierto, tenía que ser una de sus acostumbradas bromas.

— Adrián, no estoy jugando, dime dónde estás para ir a buscarte con Harvey, papá ya preguntó por ti.

¿Papá?

— Él está aqu... — No pude terminar la oración, porque algo me quitó el habla. El dolor que sentía se desvaneció, sentí el mundo desplomarse y el miedo reinó en todo mi cuerpo.

Sentí mis labios temblar y pude escuchar la manera en la que mi voz se quebró abruptamente.

— E-Eri-ck-Erick. — Tartamudeé teniendo mi vista fija en un punto. — Ha- ha- hay-algo a-a aquí. — Mi voz era un hilo de pánico.

— ¿Bueno? ¿Adrián, estás ahí? ¿Adrián? ¿Me escuchas? — Escuché antes de soltar el teléfono y dejar que este cayera al suelo.

Dejé de respirar.

Di un par de pasos hacia atrás con mucha lentitud hasta que topé contra el muro. Esto no podía ser cierto, tenía que ser una perra broma, mi vista tenía que estar mal, no podía ser real la imagen que mis ojos me ofrecían. En ese momento me sentí en peligro y todo tipo de miedo se apoderó de mí.

No estaba a salvo, no podía quedarme ni un segundo más, tenía que escapar cuanto antes.

¡Qué rayos estaba pasando!

¿Acaso era un cadáver putrefacto lo que estaba ahí, tendido en el suelo a unos cuantos metros de mí?

Sí, sí lo era.

Muerte, la muerte reinaba en ese sitio. Apreté mis ojos con fuerza con la esperanza de ver algo distinto al abrirlos, pero no fue así. No estaba equivocado, había un muerto, un muerto que estaba a tan solo unos cuantos metros de mí.

Era horrible, soltaba un hedor espantoso, gran parte de él únicamente eran huesos y en la poca carne que le quedaba; estaba repleta de gusanos. Negué varias veces con mi cabeza sin aceptar lo que estaba pasando. Lágrimas bajaban por mis mejillas, no podía ser cierto, tenía que ser una estúpida broma.

Mi respiración era complicada y agitada, sentía el corazón en la garganta y toda mi piel se encontraba erizada.

¿Cómo había pasado esto? ¿Por qué rayos había un muerto en nuestra casa? ¿Por qué aquí? ¿Acaso había caído por accidente como yo, o alguien lo había matado?

Me llevé mi mano izquierda a la cabeza en un acto de desesperación y caminé de un lado a otro. Mi cuerpo dolía, la sangre seguía fluyendo sin control y con esto me sentía cada vez más débil. Quizá iba a morir aquí y nadie lo sabría.

Me quedé de pie unos momentos, hasta que finalmente mis piernas cesaron haciéndome caer de golpe contra el suelo, empecé a sentir un gran frío extendiéndose por todo mi cuerpo. El dolor fue desapareciendo poco a poco, mis sentidos empezaron a colapsar, empezando con mi vista. Veía todo borroso haciendo que ya no pudiera detallar los objetos.

Quizá este iba a ser mi fin, así iba a morir después de todo, ya no iba a ver de nuevo la luz, ya no volvería a ver la alegría en Erick y la gentileza en mi madre. Y a papá, pues no sabría si mi muerte significaría algo en él, pero ya no estaría para descubrirlo.

Empecé a llorar con mi cabeza rozando el suelo, no quería morir, no así, no podía morir cuando apenas había empezado a conocer la libertad, cuando apenas comenzaba a descubrir cómo funcionaba el mundo exterior, no podía.

Tras varios suspiros dolorosos, mis ojos amenazaron con cerrarse, cuando de la nada escuché una voz familiar gritar.

Era él.

— ¡Adrián! ¡¿Dónde estás?! ¡Adrián! — Gritó con fuerza desesperado viniendo del pasillo que daba con el sótano. — ¡Me estás preocupando, ¿dónde rayos estás?! — Gritó de nuevo.

Erick.

— ¡Adrián! ¡Vamos amigo, ¿dónde estás?! ¡Adrián! — Una voz distinta gritó.

Harvey.

Mi rostro era una mezcla de fluidos entre sangre y lágrimas. — Erick. Por favor, ayúdame. — Soltaron mis débiles labios en un susurro, no tenía la suficiente fuerza para gritar, pero tenía que hacerlo, no podía rendirme tan fácil, no podía morir así.

Reuní toda la fuerza que me quedaba, le hice frente al miedo y al dolor, luché con toda mi debilidad por la más mínima esperanza de sobrevivir y entonces, grité.

— ¡¡¡Estoy aquí abajo!!! — Y con eso perdí el conocimiento.

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Nota de Autor: Holis!!! ¿Cómo va todo? Como que las cosas se empiezan a poner interesantes, ¿cierto? Estoy que me muero de alegría porque por fin llegamos al prólogo, fue lo primero que tuve armado y siento que corrí un gran riesgo al hacerlo, por qué no sabía de qué forma iba a llegar a él, pero siento que logré hacerlo de buena manera, así que festejemos.

Gracias por el apoyo a todos aquellos que me leen y comentan, sé que algunas veces los capítulos resultan tediosos por la información, pero a pesar de eso no me han abandonado, así que muchísimas gracias. VALEN ORO. Espero esta historia no les esté resultando aburrida, tonta, cursi y todos los sinónimos que le siguen.

No olviden en dejar sus teorías, votos y comentarios. Nos vemos en el siguiente Cap. Gracias por tu apoyo.

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