Estúpidas acciones del confiado

Tiernas palabras adornaban su huida, su despedida, no era más que aviso de sus miedos. Miedos eternos.

¡Maldito mil veces!
, «hombre sin ángel», perfume de demonios.


Dejad de ser portador de penuria que a todos podéis afectar, sin discriminación alguna.

Dunas de sal sacando la humedad de sus labios, muros de mar bloqueando un corazón desesperado.

Entre abrazos en brasas, éste puede que esté en el mundo de sombras, aquél al que pertenezco.

¡Aún respiro! «He dicho», mi alma desesperada está, las enredaderas portan espinas que me apresan.

Tus traiciones hicieron que ella dejase de confiar, no en ti, no en , sino en el amor que yo sí le di.

Tú, sólo una ilusión le diste a sentir.
Lágrimas derramó,
sonrisas le saqué yo


¡Dolor y desesperación! En ella hiciste alusión, amor y compresión fue lo que de se llevó.

Después de todo, a ti te amó,
Y a me alejó por el error que persona causó.

En temor a que el pasado pueda repetirse, por amor a lo que quise y por tu culpa no pudo cumplirse.

Seré cómplice de llantos culposos, testigo de dolor presuntuoso. Amigo del dolor perenne.

Enemigo del adversario número uno, que arrasó con lo que quedaba de un alma en reposo.

Cobarde sin armadura, prometiendo rosas, mientras yo,
le bajé la luna.

Dedicado a todos aquellos quienes hirieron el corazón de alguna dama.
Bastardos sin alma destructores de esperanza, devoradores de amor puro y sincero, aniquiladores de cuerpos hermosos que ahora armados en letras serán eternos, y no como el viento, quien se llevó de ellas y sólo de ellas, las lágrimas de lamento.
 

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