Cuatro campanadas

Aquí estoy
con ansias de crear,
carcome el alcance de mi poder
éste poder que no he controlar.

Ojalá la noche no tuviese fin
así escribiría por la eternidad
la madrugada me seduce
sabe de mi deleite por el silencio.

Logro escucharme con claridad
algo que no concibo
cuándo la luz abarca
y la calma es inexistente.

Allí en la oscuridad indómita
dónde mis susurros son gritos
y el lamento conversación antigua
escribo, creo, dueño de mí me hallo.

Por primera vez la penumbra
no lleva nombre, sólo un sentir,
una emoción, un sentimiento
nos lleva a nosotros hechos musa.

Aquí estoy
desenvolviendo mi lápiz
desabrochado las hojas blancas
desbordando mi ser.

Me vestí de gala para salir hoy,
me cubrí de letras escritas
me bañé en versos narrados
me coloqué perfume a poesía.

Cuatro campanadas reclamando
como suyo cada cruce de laberinto
todos los caminos sin salidas
palpando dentro de mí.

Y la musa indócil me abarca
recostado en mi lecho
un desdén de ti y de mí
y muto a imbécil

Juguetea la angustia
y la ansiedad crónica
me empuja a buscar
figuras en mi techo espeso.

Ésta noche de insomnio
anhela caja de cedro
pero éstas letras proclaman
un sol sin nubes, un buen día.

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