Prólogo. Snowflake
En los últimos años me he cuestionado lo mismo una y otra vez, esperando que la respuesta llegué hasta mí de la forma en la que el mal infortunio lo ha hecho en mi vida. Siempre me pregunto si habrá alguna remota manera de que el tiempo avance más rápido, que pasen días, meses y años de la forma menos dolorosa e imperceptible posible, o sí al menos existe algún conjuro, magia o máquina que pueda manipular el tiempo.
—So Won —llaman mi nombre, pero no aparto mi mirada del gran reloj mecánico colocado en la parte superior de la pared que se encuentra paralela a mí. Escucho un bufido molesto y con un renovado e irritado tono de voz, vuelven a pronunciar mi nombre—. ¡So Won!
Ligeramente bajo mi mirada y me percato de que Yi Fan me mira con hastío desde el otro extremo de nuestro largo y costoso comedor para doce personas. Hace un rato que baje a tomar el desayuno, el cual siempre transcurre igual: Yi Fan se sienta en su lugar, se dedica a comer, a dirigirle la palabra al personal de apoyo (sólo cuando tiene alguna inconformidad), a revisar algunos documentos en su tableta electrónica, a consultar su agenda con su secretario —quien siempre se coloca junto a él como si fuera su guardaespaldas o su Consejero Real— y, finalmente, a ignorar olímpicamente mi presencia. Yo me mantengo tranquila, como lo que me sirven y de vez en cuando leo el periódico o alguno de los libros de mi biblioteca personal.
—¿Qué sucede? —pregunto con un tono falto de emoción. En respuesta, recibo otro bufido molesto. Wu Yi Fan me agrada más cuando ignora mi existencia, que me dirija la palabra es un suceso extraño y no bien recibido de mi parte.
—So Won, estoy a punto de retirarme, pero antes necesito informarte algo —dice Yi Fan. Me concentro en mirarlo de la manera más indiferente posible, esperando que no se demore para que se vaya de una buena vez. Siendo sincera, no me interesa en lo más mínimo lo que me diga, él casi nunca me habla y cuando lo hace es únicamente para reprocharme algo.
—¿Qué necesitas informarme? —pregunto con tono monótono, así como a él le desagrada, mientras doy ligeros sorbos a mi té para remarcar mi actitud despreocupada.
—Espero que cuando regrese en cuatro días estés preparada para la siguiente fase de nuestro acuerdo matrimonial —anuncia y hace una ligera seña con la mano. Su secretario se acerca hacia mí, coloca una carpeta color marrón sobre el periódico que yo leía hace unos instantes y la abre mostrando un documento.
Parece un contrato de negocios: con cláusulas, incisos, letras pequeñas y todo lo que conlleva. Es como si nos encontráramos en una junta empresarial debatiendo sobre una especie de negocio la cual, en nuestro caso, se denomina "matrimonio".
—¿Puedes decirme cuál es la siguiente fase? —Pido con poco interés, ironía y audacia. ¿Qué tipo de fase habría en un contrato matrimonial por conveniencia?, pienso.
—La siguiente fase se encuentra explícita en la cláusula tres, inciso A —contesta el secretario de Yi Fan, señalando inmediatamente un párrafo específico en el documento—. Consiste en la procreación de un primogénito que establezca la alianza entre las dos compañías empresariales involucradas en el acuerdo matrimonial.
Cuando el secretario menciona lo último, me limito a dirigirle una mirada de incredulidad a Yi Fan, obligándome a mí misma a no reaccionar ni desencajarme a raíz de lo que he escuchado.
—No estoy de acuerdo —pronuncio sin un solo titubeo, demostrando mi firmeza y mi autocontrol. Yi Fan ríe con ironía, el secretario se aleja de mí y regresa con su descarado jefe.
—Sabía que dirías algo así. No estarás de acuerdo, pero justo viajaré por negocios a Corea y haré un pequeño espacio en mi concurrida agenda para visitar a tu padre y discutir con él sobre la siguiente fase de nuestro matrimonio —advierte, con un tono sombrío y amenazador—. Hasta donde estoy enterado, él siempre ha tenido más influencia sobre ti y tus decisiones de la que yo tengo, ¿no lo crees, So Won?
—¡No involucres a mi padre en esto! —exclamo impotente, al mismo tiempo que me pongo de pie y estrello mis manos contra la mesa—. No permitiré que manipules a mi familia o a mí como se te antoje. Absolutamente nadie tiene influencia sobre mí y mis decisiones, intentarás amenazarme y forzarme a aceptar esa estúpida fase del contrato pero siempre me negaré y me mantendré luchando contra ti.
Yi Fan me mira fijo y finalmente asiente como si estuviera de acuerdo con mis palabras, como si no tuviera otra elección más que aceptar lo que yo he dicho. Tranquilamente se deshace de su servilleta de tela, la coloca sobre la mesa y se pone de pie; con la misma calma, hace sus pasos hacia mí y su secretario le da espacio. En mi lugar y sin moverme, intento calmarme, enfriar mi cabeza y seguir firme; Wu Yi Fan adora jugar sucio y a base de engaños, siempre listo para dar el golpe más bajo. Cuando se encuentra a unos centímetros de mi posición, se inclina hasta estar a la altura de mi rostro y me sostiene la mirada, sé que en la mía puede encontrar ferviente odio e ira, y yo en la suya hallo arrogancia, soberbia y una fingida tranquilidad.
—Tienes razón, So Won, trataré de manipularte, amenazarte y forzarte, y siempre estarás a la defensiva, luchando sin descanso porque así eres tú —susurra tranquilamente cerca de mí sin romper el contacto visual—. Pero de la misma manera, sé que no podrás negarte a la estúpida fase del contrato porque si lo haces la adorada compañía de tu padre caerá, y él terminará refundido en la cárcel. Así que es tu elección, querida: ver cómo tu padre pasa el resto de su vida tras las rejas sólo por tu testarudez, o cerrar la boca y aceptar tu deber en cuanto a lo que estipula el acuerdo.
Si alguien me hubiera mostrado antes lo deprimente que sería mi destino, estoy segura de que hubiera usado cualquier recurso para impedir que se cumpliera. Hubiera preferido comparecer en la soledad a vivir atada a una persona como Wu Yi Fan. Quien diría que acabaría casada con alguien tan atractivo y de una herencia estratosférica, pero con un corazón de piedra, una personalidad malévola y una mente egocéntrica.
Al final, Yi Fan se retira con aires triunfadores acompañado de su secretario, dándome la libertad de soltar mis lágrimas de impotencia, frustración y desesperación sin algún impedimento. Irremediablemente repito en mi cabeza las últimas palabras que ha dicho Yi Fan y pienso que no estoy dispuesta a callar y prestar mi cuerpo como moneda de cambio, pero mucho menos deseo ver todo el trabajo, esfuerzo y sacrificio de mi padre destruido o a él mismo en la cárcel, pagando la condena de mis decisiones.
No puedo evitar perder el control y llenarme de ira, la cual invade mi cuerpo con una sensación abrasiva y enfermiza; mi cabeza empieza a punzar y siento que de alguna manera tengo que liberarme. Y así es como, en ese arranque de ira, barro con todo lo que hay sobre la mesa: la loza fina se vuelve añicos, las costosas tazas de porcelana caen estruendosamente al suelo, los bellos floreros de cristal que adornan la mesa se estrellan contra las paredes y pronto el comedor principal se vuelve un desastre, justo como mi interior. Tomo el periódico que hace unos momentos leía y lo rompo en pedazos, imaginando que es Yi Fan. Grito del enojo que me embarga y finalmente termino llorando incontrolablemente.
Cuando ya no queda ninguna lágrima por llorar, cosa por destrozar o grito desgarrador por soltar, me desplomo en el suelo e intento abrazarme a mí misma, tratando de encontrar cordura y estabilidad. A pesar de que me tranquilizo, no puedo evitar sentirme acorralada, realmente no sé qué hacer y sinceramente tengo miedo: temo por mi padre, pero aún más por mí misma. Si mi vida ya era deprimente y desastrosa no dudo que después de concebir un hijo con Yi Fan mi vida tome un rumbo peor y que ese pobre ser humano sufra las consecuencias.
Nunca sospeché que mi vida sería de esta forma, todas mis ilusiones y sueños de niña nunca se cumplieron. Siempre me proyecté a mí misma en un cuento de hadas, en una película donde la protagonista al final obtenía la vida perfecta. Mi inocencia me impuso que cualquier persona podía ser feliz, libre de preocupaciones, sin que nunca le faltara la amistad, la familia y... el amor. Amor. Algo que hace mucho tiempo había perdido. Ni siquiera recordaba cómo se sentía ser amada o amar a alguien. Daría lo que fuera por de nuevo tener amor en mi vida. Sólo si existiera la manera de regresar a esos tiempos en los que no me faltaba ese sentimiento...
Una vez más me lleno de tristeza, un nudo en mi garganta me advierte que el llanto volverá a invadirme; no obstante, conforme bajo la mirada, diviso un gran trozo de periódico junto a mi rodilla que llama mi atención. La palabra "tiempo" parece resplandecer y sin dudarlo mucho, lo tomo y leo.
¿No puede vivir plenamente porque está arrepentido de sus acciones del pasado? ¿Su presente no lo complace del todo?
El Doctor del Tiempo puede ayudarlo. Usted regresará en el tiempo y enmendará su pasado, garantizándole el presente que desea.
Visite al Doctor del Tiempo en su templo en el poblado de Xīnqiáo en el distrito de Songjiáng, Shanghái. Para reservaciones o más información llame al 02-784-952-060
¡No deje que el tiempo sea un impedimento para vivir feliz!
Aun cuando me parece una broma o información no confiable, encuentro algo realmente maravilloso en ese simple anuncio: reconozco una señal, una segunda oportunidad del destino. Y aunque al final resulte ser una estafa creativa, no perderé la posibilidad de intentar enmendar mi vida.
⏳⏳⏳
—Gracias por traerme —le digo al chofer privado que he contratado, al mismo tiempo que bajo del automóvil.
Afuera me topo con una casa de estructura tradicional china que supuestamente es el templo del Doctor del Tiempo. Ingresó a través del gran portón de madera que se halla abierto, y dentro me encuentro con un jardín, donde pequeños arbustos con formas triangulares y de reloj de arena me reciben.
Mientras me adentro más en el jardín del templo, me encuentro con una mujer joven y bien uniformada quien me pregunta si he reservado una cita con el Doctor, cuando le contesto que sí, ella me pide que la acompañe y caminamos a través de un pasillo. Llegamos a una pequeña, tranquila y acogedora habitación la cual identifico como la recepción. Ahí hay un una sala de espera y un escritorio con una computadora; la mujer toma asiento frente al escritorio e inmediatamente me pregunta mi nombre.
—He reservado una cita a nombre de... —hago una pequeña pausa, dudando en pronunciar mi nombre coreano, mi nombre verdadero y de soltera—. Está a nombre de Kim So Young.
—¿Señorita Kim So Young? —Corrobora la recepcionista después de encontrar mi nombre en la agenda de su computadora—. Espere un momento en la sala, cuando aquella puerta se abra podrá pasar al consultorio del Doctor del Tiempo Zi Tao.
Ella señala una puerta corrediza al otro lado de la habitación, esta se encuentra pintada de negro y está decorada con el dibujo de un gran reloj de arena. Agradezco y me hago camino, con un poco de nerviosismo me siento en la sala. No pasan más de cinco minutos cuando observo que la puerta se abre desde adentro. Me pongo de pie y me acerco hacia el cuarto donde me reuniré con el Doctor del Tiempo.
Parece un consultorio normal, como los que existen en los hospitales: un escritorio, algunos estantes y repisas donde se hallan diversos libros y archiveros. No obstante, el aura llena de misterio que me recibe y el hecho de que una de las paredes de la habitación está recubierta con relojes de diferentes tamaños, colores, formas y tipos, me dice que este no es el simple consultorio de un ordinario doctor.
Sigo adentrándome hasta que me percato de la presencia de un hombre, este de frente a una pared que tiene inscripciones y símbolos chinos, y que parece ocupado con una misteriosa caja negra que se encuentra sobre una mesa. Me detengo a analizar su anatomía: el Doctor del Tiempo es muy alto y delgado, viste una camisa y un traje negro, su cabello oscuro está corto en los costados y ligeramente más largo en la coronilla, y al parecer tiene algunas perforaciones en sus orejas.
—Bienvenida, señorita Wu So Won —saluda el Doctor sin dejar de hacer lo suyo. Su voz me sorprende pero aún más cuando me percato de que me llama por mi nombre de casada.
—¿Cómo sabe mi nombre de casada? —cuestiono, ligeramente sorprendida y confundida.
—No cualquiera puede ser mi cliente así que tengo que investigar antes a aquellos que agendan una cita para verme, espero que no le moleste —responde él, volviéndose hacia mí y mirándome por primera vez—. Pero supongo que a partir de que ha hecho su reservación bajo su nombre de soltera, he de llamarla Kim So Young.
Mientras dice esto, me dedico a estudiar sus rasgos faciales. Estos congenian muy bien con su anatomía delgada; me llama la atención la forma bien definida de sus labios y que bajo sus ojos se asoman ligeras sombras, como si sufriera insomnio.
Él por fin se desocupa de la caja negra, camina hasta su escritorio y toma asiento en su elegante silla de madera oscura. Me dirige una mirada desde su puesto y extiende su mano para indicarme que realice la misma acción que él, así lo hago y lo observo más de cerca: su expresión se mantiene serena a pesar de que lo rodea esa nube de misterio.
—¿Por qué quiere recurrir a mis servicios, señorita Kim So Young? —El Doctor del Tiempo lanza la primera pregunta.
—¿No se supone que me ha investigado y que usted ya debe saberlo? —contesto con otra pregunta.
—Sí, pero es algo que yo sigo sin comprender —declara, inclinándose hacia enfrente—. Usted se graduó de una de las mejores universidades de China, está casada con el heredero de la compañía trasnacional número uno en Asia, es hija de un empresario reconocido en Corea y siempre ha tenido una vida provechosa no exenta de lujos. Me pregunto por qué una persona como usted desea manipular el tiempo.
Lo pienso detenidamente como si hubiera olvidado el motivo de mi visita, las razones que me orillan a ya no soportar mi vida y las recientes situaciones con Yi Fan (y las que me esperan dentro de dos días). Tal vez eso, ser consciente del por qué hago esto, es lo que formula mi respuesta para el Doctor.
—El motivo por el cual yo deseo manipular el tiempo es porque todas aquellas cosas que usted enlistó nunca fueron deseadas por mí. Todo sucedió cuando la compañía de mi padre estaba a punto de caer en bancarrota. De pronto, la salvación de su empresa estaba en mis manos cuando se presentó una oportunidad única, la cual al final ayudó a mi padre pero condenó quizá para siempre mi vida.
—Ahora me doy cuenta de su verdadera situación, señorita Kim So Young —responde el Doctor con un sincero tono comprensivo—. Dígame, a partir de eso, ¿a qué tiempo de su vida le gustaría regresar?
Él me dirige una mirada expectante, como si esperara por una acertada y bien reflexionada respuesta.
—Desearía regresar a mi último año de preparatoria. Exactamente dos meses antes de mi ceremonia de graduación.
»Es el momento en el que mi desgracia inició y en el que cometí acciones erróneas y tomé decisiones negativas; fue cuando renuncié a mis sueños y deseos, me alejé de mi única familia y de mis amigos después de casarme con una persona detestable. Me encasillé tanto en la idea de que debía salvar la compañía de mi padre que no me di cuenta de que me estaba cerrando ante los demás y que nunca busqué otra solución. Lo más doloroso fue que lastimé y perdí para siempre a la persona que más amaba. Nunca pude decirle cuán importante era para mí, nunca le confesé mis sentimientos y tampoco supe si los correspondía, jamás pude estar a su lado de la manera en que siempre lo deseé.
—Muy bien, creo que es algo por lo que realmente se debería regresar en el tiempo. Por último, ¿está usted completamente segura de que quiere manipular el tiempo, enmendar sus malas acciones y decisiones por un futuro más idóneo, sin importar las nuevas repercusiones implicadas? ¿Está dispuesta a renunciar a todo lo que actualmente posee y ha construido sin quejarse o desear tenerlo de vuelta?
—Estoy completamente segura de que prefiero morir antes de seguir con esta vida que nunca planeé. Haré mi mejor esfuerzo para que las cosas marchen mejor en esta ocasión y jamás desearé regresar a esta realidad.
A partir de mi muy fuerte y sincera respuesta, el Doctor Zi Tao asiente convencido con la cabeza y se pone de pie, se acerca a la pared con inscripciones y toma entre sus manos aquella caja negra con la cual estaba ocupado cuando entré; regresa a su asiento y desliza con cuidado la caja sobre el escritorio, posicionándola en el medio.
—Sí se encuentra realmente arrepentida por lo que le sucedió, su actual destino no la complace, está segura de lo que dice y se compromete a cambiar su pasado de la mejor manera posible, cuente con mi incondicional apoyo —declara él, mientras levanta la tapa de la caja y me revela lo que se halla adentro. El Doctor Zi Tao sustrae delicadamente un reloj de arena mediano, de apariencia antigua, pero precioso, junto con un collar que tiene como dije un reloj de arena similar al más grande.
—¿Qué es esto y cómo funciona? —cuestiono.
—Esto es lo que le ayudará a volver en el tiempo.
»Primero posicionaremos el reloj de manera horizontal repartiendo la arena entre las dos cámaras, esto representa la conexión entre el presente y el pasado. Posteriormente, le pincharé con una aguja el dedo índice de cada mano, y después de que yo retire las tapas, usted introducirá cada dedo en cada cámara y dejará caer una gota de sangre en cada una, esto impregnará con su propio destino la arena del reloj, como si pusiera su marca personal. Por último, regresaré el reloj a su posición original, se colocará el collar y a mi cuenta usted volteará el reloj. En el instante en que la arena empiece a caer, usted regresará al momento exacto que pidió.
Es magnífica e increíble la manera en la que puedo llegar a regresar en el tiempo. Todo el proceso que el Doctor Zi Tao ha descrito parece mágico y sencillo aunque con un resultado poderoso.
—Déjeme ver si he entendido bien, ¿sólo tengo que llevar a cabo este ritual, regresar en el tiempo, hacer las cosas bien y ya? —resumo, tratando de procesar la información dada por el Doctor.
—En pocas palabras sí —responde, no obstante, se apresura a agregar—. Pero no sólo se trata de eso. Debe ser consciente de que su tiempo es limitado: cuando el último grano de arena caiga, usted regresará al presente y será testigo del nuevo cambio que se ha realizado en su vida, todo dependiendo de su desempeño por enmendar lo que hizo mal.
»De la misma manera, usted debe ser precavida, recuerde que cambiar una acción o decisión no sólo la afecta a usted, sino a aquellos que estuvieron implicados, es por ello que siempre recomiendo que no cambie situaciones que impacten en gran medida a terceras personas. Por último, le aconsejo que sea discreta, nunca diga que ha venido del futuro porque de lo contrario será devuelta a su destino original sin derecho a ninguna alteración o nueva oportunidad; revise constantemente la cantidad de arena que le falta para regresar al presente en la versión en miniatura que está colgada en su collar. Este segura de que en algunos momentos me presentaré para revisar su proceso, aconsejarla y recordarle que la arena sigue fluyendo. ¿Está todo claro para usted, señorita Kim So Young?
Asiento con la cabeza, denotando que he entendido cada una de sus palabras.
—Correcto, entonces daremos inicio —anuncia él.
A partir de esto, el Doctor Zi Tao inicia el ritual que anteriormente me ha descrito. Únicamente después de que él me entrega el collar para que me lo ponga y me pide que posicione mi mano en la parte superior del reloj para voltearlo, es cuando soy consciente de lo que pasará con mi vida en el instante en que el primer grano de arena toque la cámara inferior.
Como si se tratara de una cinta cinematográfica, hago un recuento de todo lo que viví a partir de que me casé con Wu Yi Fan, lo que sin desearlo perdí y gané a raíz de mis decisiones. Pienso en las personas que dejé atrás: en mis amigos de la Preparatoria, en mi padre a quien había dejado de ver desde hace tres años, pero sobretodo en la persona que más amaba: Kim Jong In.
Algo en mi interior resplandece cuando pienso en él, y algo más fuerte me embarga cuando me doy cuenta de que estoy a punto de verlo de nuevo.
Cuando el Doctor del Tiempo dice "tres", giro el reloj, cierro los ojos y pronto el perpetuo invierno que residía en mí termina; los copos de nieve que representaban mi infortunio dejan de caer sobre mi vida. Por fin puedo sentir una nueva estación acercarse, mi cuerpo se relaja conforme la calidez de un sentimiento puro y hermoso me abraza, prometiéndome que todo saldrá bien.
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