Capítulo 50
Baji Keisuke mantuvo su furiosa y penetrante mirada sobre la figura del Shiba mayor. La llegada de las pandillas más problemáticas de Tokyo, no le habia importado en lo mínimo. Era comprensible que su atención no estuviese puesta en aquellas personas, sus sentimientos eran más importante en ese momento. El golpe en su estómago aún dolía, Taiju lo había sofocado debido a ello, ahora se encontraba respirando con dificultad en los brazos de Mitsuya.
" Maldito Shiba que se atrevió a ponerme las manos encima". Por otro lado, Taiju había evitado mirar al chico de colmillos. Había defendido a su hermano por impulso, pero no sentía arrepentimiento alguno, y por ello, miraba sus puños. Luego su mirada fue llevada hasta donde se encontraba su hermano menor. Hakkai tosía, había olvidado tomar aire durante los golpes que Baji le dió minutos atrás, a pesar del dolor en su cuerpo, no se dejó debilitar por nada del mundo, no debía, él debía ser valiente.
— ¿Que mierdas hacen ustedes aquí? — escupió con amargura la pelinegra. La oscuridad invadió la luz de sus ojos, su mirada se volvió feroz como la de un lobo cuando sus ojos miraron al albino líder de Teijuku.
Izana Kurokawa sonrió con arrogancia y maldad, había hecho su entrada digna de un rey que había conquistado miles de imperios en el mundo. Por supuesto que aquello no le gusto a la pelinegra quien se puso más furiosa y amenazante. Izana abrio su boca, y poco después la cerró para anchar más su sonrisa.
Pero ¿Por que ellos estabas ahí?
Poco después recordó lo sucedido hace unos días, cuando la disputa entre las pandillas se hizo más grande, donde también las grandes leyendas tuvieron su fuerte presencia en el territorio de Black Dragons. Frunció su ceño, todo esto le olía mal, su corazón sentía el mal presentemiento.
Ima miro todo el área, hasta que su mirada paro en Baji Keisuke y Hakkai Shiba, este último estaba en el suelo con grandes moretones en el rostro, con una respiración agitada; la cuál no era tanta como para preocuparse, aún así no pudo evitar gruñir en silencio.
Izana ladeó su cabeza hacia atrás, su sonrisa arrogante y maldosa no abandonaron sus labios, sus ojos violeta miraron a los ojos púrpura cuando volvió a mirarlo, su sonrisa se hizo más grande.
— Lo mismo te pregunto, Ima.
La pelinegra gruño con irritación con el ceño fruncido. No tenía intención de responderle a Izana Kurokawa, además que el muy imbécil solo se estaba burlando de ella. Muchos eran concientes sobre el disgusto que Ima tenía sobre el albino, así como la envidia que había en su corazón cuando se trataba de este y su relación con Shinchiro. Más eso, a nadie de Teijuku le importaba, al albino tampoco, para él era un juguete más con el que podía jugar, aquellos sentimientos de ella en él, podía aprovecharlos.
— ¿Acaso de nuevo te metes en los problemas que no son tuyos, Ima? — dijo una voz detrás de Izana. Aquella voz hizo tensar el cuerpo de la pelinegra, al instante sus ojos se posaron sobre la silueta que entraba en la iglesia.
Su mandíbula se tenso, y apretó sus dientes. Para el colmo, tenía que venir él, Maradame Shion; la persona que había hecho de su vida un infierno.
— No me sorprende que todo haya salido mal. Tu presencia provoca que se desate el infierno.
Manjiro miro de reojo a la chica, no reaccionó cuando miro sus ojos temblar o cuando su cuerpo se tenso. Mantuvo su margen sobre la situación, aunque la preocupación de su corazón no la oculto. Aún seguía desconcertado por la mirada que Baji había tenido hace minutos atrás.
El sonido de grandes pasos acercándose hasta donde Ima se encontraba, oscureció sus ojos grises. El cuerpo de la chica se tenso aún más, sus piernas se sintieron débiles. Ima mordió su labio cuando sintió la respiración de Shion sobre su oreja.
— Vete — le ordenó. Ima no respondió por unos segundos, lo que provocó que Shion llevará sus manos hasta el cabello de está — He dicho, vete.
Ima trago grueso, no le importo el dolor en su garganta. Movió su cabeza de izquierda a derecha sin decir una palabra, el chico frunció el ceño y empuño su mano derecha con el cabello de la chica en esta. La pelinegra mordió más su labio, la sangre comenzó a recorrer su comisura, y siguió negando. Algunos de los miembros de Touma miraron la escena, Takemicchi con ayuda de Draken, se puso de pie decidido en ir a intervenir. Más la sorpresa se la llevaron todos cuando una patada aplastó la cabeza del villano.
Ima abrió los ojos con asombro al igual que algunos de los espectadores. El silencio reino en el área, Manjiro mantuvo su mirada fría en el enemigo. Aquel golpe había dejado inconciente a Maradame, lo que hizo temer a los subordinados menores de aquella fuerza.
— Nadie, además de mí, puede tocar lo que es mío — declaró Mikey. Su mirada fría se posó sobre Izana, este último sonrío.
El rubio cenizo se giro, miro a la chica y estiró su mano para que ella la tomara. Pero no lo hizo, en cambio golpeó su mano y lo miro con furia, no estaba enojada con él, sinó con ella por su debilidad tan flaqueante. Ella esperaba salir de ese problema ella sola, más no espero que Sano Manjiro intervendría en el.
— No necesito que me salves, podía salir de este problema yo sola — gruño. Manjiro miro su mano golpeada en silencio, luego la miro y bajo su mano. Ima se quedó tiesa como una estatua.
— Solo te he salvado por qué eres amiga de Takemicchi. No podía dejarlo arriesgarse más, menos por alguien como tú — Murmuró. El corazón de Ima se estrujó, más no demostró aquel dolor de su corazón ante la mirada del comandante de Touma.
Manjiro la miro por unos segundos más antes de girar y caminar hacia Baji. Ima lo miro, luego miro a Izana quien le sonreía con burla. El peliblanco camino hasta ella en silencio, se inclino sobre su oído y susurró unas palabras.
— Nadie necesita a alguien débil.
Por impulso, Ima lanzo un golpe contra Izana. Más este, tomo su puño y dobló su brazo, llevo su mano libre hasta los labios contrarios para silenciar sus jadeos dolorosos.
— Deberías saber ya lo débil que eres, Ima — exclamó en su oído. La chica trato de safarse de aquel agarre, pero su fuerza no era del mismo nivel que la del chico. No pudo hacer nada más, hasta que él decidió soltarla en el momento que un chico de uniforme blanco, corrió hasta Taiju.
Imadiatamente, la pelinegra miro al albino. La sonrisa que le dedico, hizo que sus ojos se abrieran con miedo, algo habian hecho los de Teijuku para aparecer ahí. Su mirada paro en el subordinado de Taiju, quien abrió los ojos con asombro y apretó los puños con furia. Su intensa figura se volvió aún más potente más de lo que ya era.
— ¿Quién fue? — pregunto Taiju. La mirada de Touma se posó en la figura del Shiba. Ima también lo miro con nerviosismo, podría no estar cuerda debido a la debilidad que mostró hace minutos. Pero no podía abandonar a Taiju y a la pandilla como si no le importará.
Shion tenía razón, su presencia desataba el infierno. Ella misma lo sabía, sabía que debía proteger a quienes quería sin importar sí ese problema era suyo o no. Ran, miro a su hermana en silencio, al igual que Ran, Rindou también lo hizo. El dúo de hermanos habían visto la escena que Maradame había hecho con su hermana. Ambos querían defenderla, pero al igual que ella, ambos no podían meterse en un problema que no tenia que ver con ellos.
El trío Haitani había tenido una experiencia difícil, lo que hizo que ese trauma los llevará solo a defender sus propios problemas o el de sus personas queridas. Pero Ima era distinta, ella no se metía en ningún problema que no fuese los suyos, aunque estuviera presente, solo miraba el problema y dejaba que avanzará, eso era así mucho antes de que Hanagaki apareciera en la vida de su hermana. Cuando lo conocío, comenzó a meterse en cada problema o situación, arriesgando incluso su vida. Claro que para el dúo Haitani, aquello era difícil, ver a su hermana siendo golpeada o hospitalizada. Pensar en eso, solo querían golpear a quien fuera que le hiciese daño. Pero después recordaban la situación en la que estaban actualmente; ahora cada uno por su lado.
— Hermano — lo llamo Rindou. La mirada del menor era salvaje y venenosa, la realidad es que ambos hermanos se estaban conteniendo desde que vieron a Maradame agredir a su hermana. Y ahora que Sano había usado palabras crueles en su contra, luchaban por no lanzarse en ese instante.
— Sólo espera — Murmuró el mayor. Una sonrisa malvada se instaló en sus labios, lamió estos con sed.
— F-fue.. Teijuku.. — contestó el subordinado de Shiba Taiju. La mirada de aquel comandante paseó por las personas espectadoras, hasta que paró en Izana Kurokawa. Aquel tipo le sonrió con arrogancia y burla, sin dudar el comandante de Black Dragons camino hasta el con pasos pesados.
En ese instante, Ima se movió. Camino con los puños apretados en dirección de Taiju. No iba a permitir, nuevamente no iba a permitir que la muerte de alguien fuese en vano. Izana la miro, lo que por un momento, la hizo tensarse en su camino, Kurokawa sonrió en su dirección y a los segundos, miro como Kakucho se acercaba con potencia a Taiju.
El dúo Haitani, y Touma. Miraron aquella futura pelea que estaba por iniciar, pero solo Sano llevo su mirada a la Haitani que miraba preocupada a Taiju, lo que hizo que un chasquido saliera de su lengua. "Quedate quieta, maldita sea". Conforme pasaban los segundos, Ima fue acelerando más y más sus pasos hasta que comenzó a correr hacia Kakucho.
En cámara lenta, la escena que siguió después, se hizo. Haitani salto justo a unos pasos de llegar a Kakucho, sin embargo, Kurokawa se movió a su velocidad y lanzo una patada giratoria sobre el estómago de la chica, provocando que fuese lanzada un par de metros.
— ¡Ima!
— ¡Hermana!
Varios gritos se escucharon como fondo en los oídos de la chica. Sentía que todo el aire se le salía, así como sentía como todo lo que escuchaba era tan lejano y pitidos. Aquel golpe había dolido como el ardor de un fuego azul, su cuerpo se sientio entumido a causa del fuerte golpe. Más, no se dejó vencer. Se levantó con las fuerzas que le quedaban, aunque el dolor en su estómago era intenso, no se dejó vencer
Ella era fuerte.
Ella debía salvar a Taiju.
Y de nuevo, aquel brillo lleno de determinación, volvió a sus ojos.
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