Prólogo
La brisa de primavera movía las ramas de los arboles e inundaba de un olor floral a todo el sereno bosque en esa melancólica noche.
Las pisadas del príncipe LuHan se detuvieron al divisar a aquella pequeña y bella criatura bajo la luz de la luna y las estrellas. Enterró la antorcha en el suelo y con movimientos delicados, corto una de las flores amarillas que estaban a su lado y se inclino extendiéndola. El ciervo, de tal vez menos de un año de edad, se acerco temeroso paso a paso y de un bocado le quito la flor, sonrió cuando comenzó a olfatear su mano en busca de otra más.
—¿Por qué estas solo?—Hablo acariciando las pequeñas orejas del ciervo—Es peligroso que te alejes de tu familia.
El pequeño animal se impaciento y haciéndose hacia atrás, comenzó a correr con sus delgadas patas. LuHan lo miro perderse entre los arbustos y adentrarse más en el oscuro bosque, en estos momentos él también quería hacer lo mismo y ya nunca más regresar.
El palacio estaba en un gran ajetreo, puliendo hasta el más mínimo detalle para que el heredero a la corona y la princesa del reino vecino contrajeran nupcias por la mañana y así dar inicio a la celebración que duraría días.
—Príncipe—La joven vestida con un hanfu de vividos colores lo llamó a sus espaldas.
LuHan se sintió delirante al verla, ella era la mujer más hermosa en aquella tierra plagada de sangre por las recientes guerras entre el reino de su padre y los bárbaros que querían derrocar su poder.
—Princesa, ¿qué hace aquí?—La miro con preocupación. Ella era una rosa sin espinas y no podía caminar entre la maleza rasgando sus prendas reales.
—Vengo a pedirle qué, por favor, guarde silencio y no cuente nada al rey y al príncipe. Usted sabe que aquello fue una equivocación y nada bueno saldrá si se enteran en el palacio—Bajo su afligida mirada al suelo.
Él no supo el momento exacto de cuando comenzó a amarla, tal vez fueron aquellas veces en que sus miradas se cruzaban en los pasillos del palacio, tal vez cuando la veía dar su paseo matutino por el jardín opacando a cada bella flor plantada ahí, no lo sabía. Pero cuando ella se presento en sus aposentos una noche donde la neblina era tan espesa que incluso nublo sus pensamientos y lo llevo a cometer aquel error, entonces supo del devoto amor que tenia por la princesa ya prometida.
Ella poseía unos preciosos ojos negros y su hermano, el siguiente en subir al trono, los poseía a ellos y a ella también.
—¡Yo te amo!—Elevo la voz perdiendo la formalidad en sus palabras—Pero mi corazón siente que en cualquier momento explotará si seguimos con esta farsa. No es correcto que mi hermano te despose sin saber de nuestro engaño y no es correcto que el hijo que esperas crezca al lado del que no es su padre legítimo—Termino su argumento sintiéndose consumido por un fuego inexistente.
—Yo seré la futura reina y le daré un hijo al futuro rey. Por favor, príncipe LuHan, perdóneme—Hizo una inclinación y saco una de sus manos escondidas bajo las largas mangas del hanfu y la levantó en el aire.
LuHan no comprendió ese acto y segundos después, la flecha dio justo en su corazón haciéndolo caer de rodillas. Entre las ramas de un árbol lejano, el hombre con prendas negras bajaba su arco al tener éxito.
Mientras se empapaba en su propia sangre y miraba al cielo oscuro, a las estrellas y a la luna de media noche, LuHan deseo que el dolor de la profunda herida en su pecho lo sintiera para siempre en vez del que sentía por la traición a su amor.
—No te preocupes, pronto pasará—La mujer de piel casi tan blanca como la nieve susurro en su oído haciendo un eco borroso de sus palabras.
Poco a poco, el cuerpo casi sin vida del príncipe tomo forma en un pequeño ciervo, olvidando todo sobre su vida anterior y aguardando en el tiempo futuro.
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