15; Los Bolos II

Llevaban sus buenas horas dentro de la bolera, y el grupo de tres lo estaba disfrutando como nunca, a pesar de las leves tensiones que se sumergían entre ellos, como un vil recordatorio de lo que constantemente trataban de ocultar, de olvidar, de simplemente no enfrentar.

Amy se colocó frente a la pista, ajustándose la posición mientras evaluaba la trayectoria. Su lengua asomó ligeramente por la comisura de sus labios, señal inequívoca de su concentración. Sonic, sentado cerca, no pudo evitar sonreír al verla tan decidida.

—¿Seguro que sabes cómo hacerlo, Ames? —bromeó Sonic desde su asiento, apoyando un brazo en el respaldo con aire relajado.

Amy giró la cabeza para mirarlo, levantando una ceja con desafío.

—¿Tienes dudas? —preguntó, su tono juguetón.

—Sólo digo que, si necesitas un tutorial rápido, puedo darlo —respondió Sonic con una sonrisa ladeada.

—Oh, ¿en serio? —respondió volteándose por completo, con la bola apoyada entre su brazo y su cadera— ¿Me va a enseñar el que recién aprendió a jugar hace tan sólo unas horas?

—¿En serio crees que yo era tan malo? Sólo preparaba el terreno para hacerlos bajar la guardia, ¡Se llama estrategia! —Sonic apeló a sus tropiezos del principio, sonriéndole con galantería, con una mirada coqueta sobre ella de forma natural, casi sin quererlo.

—Ya es suficiente —interrumpió Silver, que observaba desde un costado, visiblemente irritado por el intercambio entre los dos— Deja de distraerla, lleva media hora con la bola encima.

Sonic sacó la lengua como gesto de burla hacia Silver, quien intercambió insultos con él. Amy rodó los ojos, ignorándolos, y volvió a enfocarse en la pista. Respiró hondo, dio un par de pasos hacia adelante y lanzó la bola con toda la fuerza que pudo reunir.

La bola avanzó, zigzagueando ligeramente antes de golpear los pines, derribando solo la mitad. Amy frunció los labios, claramente insatisfecha con el resultado, pero al mismo tiempo riendo por su torpeza.

—¡No estuvo tan mal para ser una de mis pocas jugadas! —dijo mientras se giraba hacia ellos, alzando las manos en señal de victoria.

—¡Bien hecho Amy! Eres muy buena —celebró Silver levantando su lata como brindis, tomando un trago poco después.

Amy le dedicó una sonrisa enternecida por sus ánimos. Sonic rodó los ojos exasperado y se puso de pie, aplaudiendo con exageración, dejando a Amy con una expresión de consternación al romper su ola de pensamientos.

—Un espectáculo impresionante —bromeó, inclinándose como si aplaudiera a una estrella en un escenario—. Aunque creo que podrías necesitar un poco más de práctica.

Amy le lanzó una mirada entrecerrada, pero su sonrisa la delataba.

—¿Otra vez con eso? Es como nuestra tercera ronda y sigo viendo algunos 0 en tu tabla de puntaje.

—Si no me distrajeras anotaría Strike todo el tiempo —respondió Sonic, dándole un rápido guiño antes de avanzar hacia la pista.

Amy lo siguió con la mirada, sus ojos brillantes de entusiasmo por aquel guiño recibido de él. Era distinto, completamente distinto. Con Silver se sentía profundamente enternecida, pero con sólo ese pequeño gesto de Sonic sintió su corazón tamborilear sin control, y eso no estaba bien, para nada bien.

Silver chasqueó la lengua, ya no soportaba el descarado espectáculo que Sonic realizaba contra él.

—Ya está, ¿Sonic, todavía quieres otra pizza? —habló en voz alta, levantándose con sus facciones levemente irritadas.

—¡Por supuesto! —exclamó él sin mirarlo, pues estaba ocupado escogiendo una bola de entre todas, alguna que sea tan llamativa como él.

—Espera, ¿a dónde vas? —interrumpió su andar Amy, tendiéndole la tableta de la mesa— Puedes pedirlo por aquí, no tienes que irte.

—No Amy, está bien, necesito estirar las piernas —contestó con una sonrisa suave, para luego observar de reojo la silueta del azul— además, me cansé de verle la cara a este tipejo, ya regreso.

Sonic largó una carcajada al escucharlo referirse a él de esa manera, sin salir de la pista. Amy lo vio alejarse, y soltó un suspiro resignado. Odiaba sentir que estaba pasando por alto algo que se sentía tan obvio entre sus dos amigos, pero no lograba conectar el qué.

Mientras el cobalto preparaba su tiro, Amy se sentó nuevamente en uno de los sofás de cuero, observándolo con una mezcla de diversión y, a la vez, cansancio.

—¿Siempre tienes que ser tan competitivo? —preguntó Amy, cruzando las piernas y apoyando el mentón en una mano.

Sonic se giró ligeramente hacia ella, sosteniendo la bola con una sola mano como si no pesara nada.

—¿Yo? ¿Competitivo? —replicó, fingiendo estar ofendido—. No sé de qué hablas.

Amy se rio entre dientes, negando con la cabeza.

—Claro que no —dijo, su tono sarcástico—. Por eso le lanzas esos comentarios a Silver cada vez que tiene el turno.

Sonic miró hacia la pista, lanzando la bola con aparente despreocupación. El golpe fue preciso y derribó todos los pines, obteniendo un strike perfecto. Sonic se giró hacia Amy con una sonrisa triunfante.

—¿Ves? No es competitividad, es... talento natural —respondió, encogiéndose de hombros con falsa modestia.

Amy hizo bolita una servilleta sucia que le lanzó desde la mesa, Sonic lo atrapó con facilidad en el aire.

—Eres imposible —dijo ella, entre risas.

Sonic le sonrió y volvió a su asiento, esta vez sentándose justo a su lado. Por un momento, ambos guardaron silencio, disfrutando de la ligera tensión que se había formado entre ellos. Sonic lanzaba la servilleta que había atrapado anteriormente en el aire, mientras Amy bebía de su refresco, evitando el contacto visual.

Su ansia y nerviosismo era demasiado notable por mucho que quisiese actuar natural. La lata temblaba ligeramente por el pulso de su mano, y Sonic no necesitaba decirle nada para que Amy sintiera su rostro enrojecer con rapidez, sólo el simple hecho de que estuviera sentado a su lado.

Tan cerca, lo suficiente para poder sentir el olor de su perfume. Un olor que percibió tan dulce pero a la vez tan varonil. Si seguía un minuto más a su lado, sentía que probablemente iba a enloquecer.

—Amy —dijo Sonic de repente, su tono más suave.

Ella se sobresaltó, para dejar la lata sobre sus piernas, mirándolo.

—¿Qué pasa?

Sonic se encogió de hombros, desviando la mirada por un momento antes de responder, pasando su dedo por la punta de su nariz.

—Solo quería decir que... ha sido divertido pasar el rato contigo. —comenzó, carraspeando un poco al extender un brazo por detrás del respaldo— Tú y yo sabemos lo caótico que han sido las últimas semanas... mi lesión, la compañía, los estudios...; Esta salida ha sido indudablemente lo más divertido que he tenido en días, así que... gracias por venir.

Amy lo miró con una mezcla de sorpresa y calidez, su sonrisa suavizándose. Se encogió un poco de hombros con la fina línea curva marcada en su rostro, y sus mejillas sonrojadas.

—A mí también me ha gustado, Sonic —dijo, su voz llena de sinceridad—. Aunque... debo admitir que ustedes dos son un poco intensos cuando están juntos.

Sonic soltó una risa breve, frotándose la nuca.

—Sí, bueno... supongo que Silver y yo tenemos una especie de dinámica única. —admitió, algo avergonzado por el poco autocontrol que han demostrado tener.

Amy asintió, inclinándose un poco hacia él, sin dejar de reír por sus expresiones.

—Dinámica única, seguro. Aunque deberían relajarse un poco. Esto no es una competencia. —comentó, chocando su hombro con el suyo como un leve y simpático empujón.

Sonic la miró a los ojos, perdiéndose un instante en su mirada antes de sonreír, inclinándose hacia ella también, involuntariamente.

—Quizás tienes razón. Tal vez podamos cambiar las reglas la próxima vez.

—¿Próxima vez? —preguntó Amy, alzando una ceja con una sonrisa.

—Claro. Si me sigues aguantando, digo.

Amy rió suavemente, tratando de acomodar torpemente una de sus púas rebeldes que no había logrado quedar bien sujeto por su diadema, sin poder quitar sus ojos de encima de él.

Le desconcentraba demasiado lo cerca que estaban, tanto como para sentir su calor corporal transmitirse al costado de ella. Apretó sus labios y formó un puño en una de sus manos, luchando con todas sus fuerzas internas de no verse tentada a bajar su mirada.

—No creo que sea tan difícil. —confesó con la voz algo temblorosa por el esfuerzo interno.

Sonic relamió sus labios, sus manos ardían por moverse, acercarla, darle un fin a esa tensión tortuosa que los envolvía cada vez que estaban tan cerca.

Gruñó por lo bajo alejándose, sabía que Silver estaba actuando como un patán y que lo que sea que planeaba hacer no eran por las razones correctas; pero hasta que pudiese confirmarlo, no podía jugarle sucio a su mejor amigo. Amy "disque le gustaba", y no debía insinuarse.

—¿Sonic? —le llamó.

—Es tu turno de jugar, no dejes esperando a la consola que sino la partida va a terminar —bromeó él, para señalar con el mentón la pista.

Amy algo confundida dirigió su mirada a la pista, y luego volvió hacia él. No parecía que Sonic tuviese intenciones de volver a acercarse, así que sólo le quedaba iniciar su partida.

Estaba lista para su siguiente tiro, aunque inexplicablemente desanimada. Se colocó frente a la pista con una bola entre las manos, ajustándose de nuevo a la postura que consideraba correcta. Sonic, que observaba desde su asiento, no pudo evitar notar que su enfoque estaba ligeramente desviado.

—¿Qué haces? —preguntó, con una sonrisa burlona.

Amy se giró para mirarlo.

—Estoy preparándome para mi tiro, maestro de los bolos.

—¿Me recuerdas cuando fue la última vez que jugaste bolos? —inquirió con una sonrisa, barriéndola con la mirada.

—¿Algún problema, erizo? —preguntó con una sonrisa ladina.

—Ninguno en particular —dijo Sonic con una risa breve—. Excepto que tu postura está completamente mal.

Amy alzó una ceja, para luego mirar su cuerpo, tratando de encontrar el problema. Sonic no le daba respiro, pues sintió su rostro enrojecer de nuevo, sólo por la vergüenza.

—¿Y ahora me lo dices? ¡Llevamos tres rondas, Sonic!

Este se rió, levantándose de su lugar y caminando hacia ella con un aire de superioridad fingida.

Sonic se colocó detrás de ella con una sonrisa astuta, inclinándose un poco para alcanzar sus brazos.

—Déjame ayudarte. —susurró.

Amy se tensó levemente al sentir su cercanía, sin decir nada. Sintió su corazón tamborileando salvajemente, con terror a ser escuchado por el exterior ante la intensidad de sus latidos.

El calor subió por su cuerpo, sintiendo el abdomen de él sostenerse contra su espalda, con sus orejas moviéndose involuntariamente con cada choque de la respiración de él.

Sonic tomó suavemente sus codos, ignorando todas las sensaciones que causaba en la eriza, ajustando la posición de sus brazos mientras hablaba con un tono ligero.

—Primero, mantén los codos más cerca del cuerpo. Así evitarás que la bola se desvíe.

Amy asintió, aunque la ligera tensión en sus músculos delataba que no estaba completamente concentrada en el tiro.

—Y no te inclines tanto hacia adelante. Tienes que mantener el equilibrio.

Amy sintió como la presionaba más contra él, arreglando ligeramente su postura levantándola levemente. La de ojos jade de milagro no había flaqueado de las piernas.

—¿El equilibrio? —murmuró Amy, tratando de alivianar su tensión—. ¿Esto es un juego de bolos o una clase de yoga?

Sonic se rió, sus manos todavía ajustando la posición de sus brazos, apretando un poco más su agarre.

—Es un arte, Ames. Si vas a jugar, hazlo bien. —dijo, alejando un poco su rostro para inclinarse más a su costado, buscando su mirada.

La cercanía era casi palpable. Para Amy, su calor y el leve roce de sus manos en sus brazos hacía que sus pensamientos revolotearan sin control. Por un momento, el tiempo pareció detenerse cuando ella cedió a su mirada, mientras ambos se daban cuenta de la proximidad, pero ninguno mencionó nada.

—Bien, ahora intenta —dijo Sonic, dando un pequeño paso hacia atrás para darle espacio.

Amy parpadeó varias veces antes de regresar su mirada al lugar donde estaba. Respiró hondo, tratando de concentrarse, y lanzó la bola. Esta vez, golpeó todos los pines, logrando un strike impecable.

—¡Eso estuvo mucho mejor! —exclamó Sonic, levantando una mano para darle un "high-five".

Amy soltó un grito de emoción, volteando a mirarlo con una sonrisa radiante y chocó su mano con entusiasmo.

—¡Eso es! Solo necesitaba a un buen maestro. —felicitó con su enorme sonrisa.

Sonic negó con la cabeza, soltando un suspiro de satisfacción mientras trataba de disfrutar en lo posible la imagen de su sonrisa.

—¿Solo "bueno"? —se regocijó con altanería.

Amy se rió, dándole un pequeño empujón en el hombro, alejándolo un poco.

—No te emociones demasiado, Sonic.

—¿Qué están haciendo? —la voz de Silver arremetió contra el ambiente. Haciendo que ambos se giren.

Silver había regresado con el plato de pizza en sus manos. Lo dejó sobre la mesa para mirar a Amy, y luego voltear su mirada a Sonic, a quien arqueó la ceja buscando una explicación que esperaba proviniera de él.

Sonic se sintió algo amenazado, sintiéndose juzgado por lo que sea que hizo durante su ausencia.

—¡Hice un Strike! ¡Mira! —intervino Amy a la guerra de miradas, para tironear la camisa de él señalando la pantalla de las puntuaciones.

Silver entonces se distrajo con ella, con ambos intercambiando palabras y conversando entre risas.

Sonic se mantuvo al margen, resoplando. Pasó su mano por su rostro, en un gesto de cansancio.

—Oye —la voz de su mejor amigo le hizo levantar su mirada. Recibiéndolo con una sonrisa, apuntando tras él la pizza que yacía en la espera— Tomemos un descanso y comamos ¿bien?

Sonic sonrió entonces, sintiendo como si pudiese permitirse relajarse luego de un buen rato. Agradecía que a veces Silver lograra tener la capacidad de recobrar la compostura, y dejar su rivalidad como un punto aparte.

*

Amy volvió a su asiento luego de haber ido a por un vaso de agua, tanto refresco la iba a terminar haciendo sentir inflada como un globo.

Su sonrisa aún brillaba por la divertida interacción, pero mientras miraba a Sonic y Silver discutiendo de nuevo por las puntuaciones, una punzada de culpa comenzó a instalarse en su pecho.

Por un momento, todo lo demás pareció desvanecerse. En su mente, la imagen de Sally apareció como un recordatorio constante. Habían hablado ese mismo día temprano, intentando reparar la amistad que se había distanciado, pero Amy no había mencionado esta salida. No porque quisiera esconderlo, sino porque temía lo que significaba.

Empezando porque su amistad se había arruinado por tener en secreto sus encuentros con Sonic y la incomodidad que eso le generaba con Sally, y ahora... Estaba haciendo exactamente lo mismo y para peor.

"Esto no está bien" pensó, mirando a Sonic con algo de inquietud. Él estaba tan despreocupado, tan lleno de vida, con esa sonrisa que parecía capaz de iluminar cualquier lugar. Pero esa misma luz hacía que su corazón revoloteara de una manera que no podía ignorar. Cada interacción con él, cada broma, cada momento de cercanía... todo era como un recordatorio constante de lo que no debería estar sintiendo.

Mientras Sonic se reía de algo que Silver le decía, Amy apretó los labios y miró hacia otro lado.

"Esto no es justo para Sally" pensó, sintiendo el peso de su lealtad hacia su amiga. Sally había dejado claro cuánto le importaba Sonic, cuánto lo admiraba, temiendo para ella misma que esa admiración rayara en algo más. Y aquí estaba Amy, compartiendo risas, complicidad y momentos que sabía que Sally moriría por tener.

De la nada sintió como toda la realidad le caía como un peso extra sobre sus hombros, impidiendo que pudiera seguir disfrutando el momento. Apretó el vaso de agua entre sus manos, dejando que su mente ansiosa inundara su corazón con aquellos sentimientos de tristeza que no había permitido que la atormentaran hasta ahora.

¿Por qué? ¿Por qué Sally tuvo que verlo a él? ¿Por qué Sonic la confundía? ¿Por qué debía sentirse tan bien estar con él? ¿Por qué no podía simplemente vivir algo que no se sintiera incorrecto?

—¿Amy? —la voz de Sonic interrumpió sus pensamientos, sacándola de su burbuja.

—¿Eh? —parpadeó, volviendo a mirar a Sonic, que ahora la observaba con una mezcla de curiosidad y preocupación.

—Estábamos diciendo que es tu turno —dijo, señalando la pista con la cabeza—. ¿Todo bien?

"Por favor, no te preocupes por mí. No hagas esto más difícil" Pensó ella.

Amy tragó saliva y asintió rápidamente, intentando recomponerse. Sus hombros tensos no permitieron que pudiera disimularlo al completo.

—Sí, claro. Solo estaba pensando en cómo no quiero quiero seguir siendo humillada por ustedes. —mintió, esforzándose descomunalmente por formar la mejor de sus sonrisas.

Silver levantó una ceja, escéptico, mientras Sonic se cruzaba de brazos con un mohín de inconformidad. Ambos ya conocían de memoria las genuinas sonrisas de la rosada, y estaba claro que lo que ella estaba tratando de dibujar en su rostro no era una de ellas.

—¿Pensando en eso? —repitió Sonic, claramente sin creérselo.

—Por supuesto —respondió Amy manteniendo la extraña curva, levantándose para tomar la bola de bolos.

Mientras se dirigía a la pista, intentó enfocarse en el juego, pero la culpa seguía pesando en su mente. Ni siquiera intentó lanzar bien, solo lo hizo para cumplir con su turno. Lo lanzó con tan nulo esfuerzo que ambos chicos quedaron confundidos por el desgano de la eriza por el juego.

¿Ya se había cansado? No la culparían, llevaban como mucho cinco horas ahí encerrados, la tarde se les había hecho fugaz.

Pero ese pensamiento estaba lejos de ser la realidad de lo que realmente vivía dando vueltas en la cabeza de Amy. De vuelta en su asiento tras lanzar su tiro, ella dejó que los sonidos del local llenaran el silencio en su mente. Silver estaba ocupado discutiendo con Sonic algún tiro de suerte, y mientras ellos seguían charlando y continuando con el juego, Amy mordía más sus uñas víctima de la ansiedad.

Los momentos recientes con Sally estaban frescos en su memoria. Las palabras de su amiga, llenas de una vulnerabilidad que pocas veces mostraba, resonaban en su mente. "Todavía no le he contado esto. ¿Cómo lo tomaría? ¿Me odiaría si supiera que me siento así cuando estoy con él?"

Ya no podía seguir ignorándolo. Cada vez que Sonic se acercaba demasiado, cada vez que le dirigía una mirada cálida o hacía una broma que solo ella entendía, la tensión entre ellos se hacía más evidente. Y lo peor de todo era que le gustaba.

Amy bajó la mirada, sus dedos jugando con el borde de su vaso de agua. La culpa se mezclaba con una creciente confusión sobre sus propios sentimientos. Sentía que ocurría algo entre ella y Sonic, pero no había certeza alguna, las señales eran tan poco claras, ¿Valía la pena poner en riesgo su amistad con Sally por algo que ni siquiera prometía ser seguro?

De repente, sintió una mano en su hombro. Levantó la vista rápidamente y se encontró con los ojos de Sonic, quien a pesar de tener una postura relajada, se veía con sus facciones notablemente preocupadas.

—¿Seguro que todo está bien? —preguntó, esta vez con un tono más suave. Amy trató de hablar, pero sólo apretó sus labios en respuesta.— Si es por el juego, no te preocupes. No importa cuánto pienses, igual voy a ganar.

La broma sacó una risa genuina de Amy, y cuando ella volvió a abrir sus ojos tras reír, observó por encima del hombro de Sonic el semblante de Silver, quien observaba preocupado hacia su dirección, con una sombra de tristeza.

Y cuando ella regresó su mirada a Sonic, se sintió afligida, y sabía que si se quedaba un segundo más, rompería a llorar.

—Lo siento —atinó a decir, levantándose de golpe del asiento, provocando que Sonic la soltara— he tomado demasiado refresco hoy y... necesito ir al baño —comunicó, para dar la vuelta y empezar a caminar.

No quería dar más explicaciones, no quería seguir preocupando a nadie, y no quería seguir viendo rostros decepcionados por esperar algo más de ella. Debía calmarse, y para lograr eso, necesitaba estar a solas.

Amy había desaparecido tras la puerta del baño, dejando un silencio incómodo entre Sonic y Silver. El aire, antes cargado de risas y pequeños gestos amistosos, ahora se volvía pesado, casi como si cada respiración se sintiera forzada. Sonic miró el lugar vacío de Amy en el sofá y luego desvió la mirada hacia Silver, quien se había sentado, recorriendo con un dedo el borde de la lata de refresco, perdido en la sombra de la decepción.

El silencio se alargaba, y con cada segundo, parecía llenarse de palabras no dichas. Sonic dio un vistazo a la pantalla de las puntuaciones, observando el nombre de Silver titilar anunciando su turno. Finalmente, rompió el hielo con su típico tono despreocupado.

—¿Qué? ¿Se te acabaron las ganas de competir? Pensé que ibas a pedirme la revancha.

Silver levantó la mirada, sus ojos dorados llenos de algo que no podía definirse como simple frustración. Había una mezcla de enojo, cansancio y algo más profundo, algo más de su propio ser: inseguridad.

—¿Competir? —repitió, su tono mucho más bajo, pero lleno de tensión—. ¿Me ves con ánimo de eso?

Sonic alzó una ceja confundido por su extraño cambio de humor tan tenso. Apoyó uno de sus puños en su cadera, mientras que la otra lo apoyaba contra la mesa, soportando su peso.

—No sé, tú dime. Desde que llegamos, parece que todo lo conviertes en un desafío. —escupió con fastidio.

Silver dejó escapar una risa amarga, frotando su sien con uno de sus dedos.

—¿Sabes qué? Estoy harto de esto. Ya aguanté demasiado.

—¿Qué quieres decir? —preguntó Sonic, aunque su tono ligero estaba comenzando a tensarse.

Silver se inclinó hacia adelante, apoyando los codos en la mesa y fijando sus ojos en los de Sonic.

—Digo que no entiendes lo que es estar siempre detrás de alguien como tú. No entiendes lo que es intentar alcanzar a alguien que siempre va un paso adelante, que siempre es el centro de atención.

Sonic abrió la boca para responder, pero las palabras murieron en su garganta. No era la primera vez que escuchaba algo así, sabía de las inseguridades que habían nacido en el plateado gracias a él, pero ahora que lo escuchaba provenir de su boca, le calaba más profundo de lo que imaginaba.

—Silver... —comenzó, pero el erizo plateado lo interrumpió.

—No. Déjame terminar. —Su voz temblaba ligeramente, pero no por miedo, sino por la intensidad de sus emociones—. Tú no entiendes lo que es esforzarte tanto para sentir que nunca es suficiente. Y ahora... ahora que estaba tan cerca, ni siquiera me dejas tener esto.

—¿Esto? —repitió Sonic, confuso.

—Amy. —El nombre flotó entre ellos como una carga pesada. Silver lo dijo con una mezcla de ternura y frustración, como si solo admitirlo le costara un esfuerzo titánico—. Me gusta, Sonic. Y lo más doloroso es que lo sabes. ¿Cuántas veces más debo decirlo en voz alta?

Sonic se tensó, su postura relajada desapareciendo, corrigiendo su peso ahora de nuevo entre sus dos pies. Pero en lugar de responder de inmediato, desvió la mirada hacia la puerta del baño, como si esperara que Amy regresara en ese preciso momento y los interrumpiera.

—Silver... —intentó otra vez, pero en su descuido el plateado ya estaba de pie, sus puños apretados y su mirada fija en él.

—¿Por qué no admites de una puta vez que te gusta también? —espetó Silver, su voz subiendo un poco. No había nadie cerca que pudiera escuchar, pero incluso si lo hubiera, parecía que no le importaría—. Estoy cansado de que me veas la cara de estúpido, fingiendo que no me doy cuenta de cómo la miras, cómo la haces reír. ¿Qué te pasa? ¿Disfrutas burlarte de mí?

Aquel reclamo lo golpeó cual verdad expuesta. Sonic lo miró directamente, su mandíbula apretada. Eso no era cierto, no podía serlo.

—No sé de qué estás hablando.

—¿En serio? ¿Eso es lo mejor que tienes? —Silver soltó una risa sarcástica, dando un paso hacia él.— Entonces, ¿por qué no te haces a un lado? ¿Por qué no me dejas acercarme a ella de verdad?

Sonic apretó los puños manteniendo su posición, enfrentándolo con una mirada que ya no era burlona ni despreocupada. Era seria, incluso dura.

—¿Y qué te hace pensar que necesito hacerme a un lado? Amy no es un trofeo, Silver. No puedes simplemente decidir que te gusta y esperar que todo el mundo se aparte.

¿Qué se creía este imbécil? Pensaba Silver. El comentario hizo que apretara los dientes, pero no retrocedió. No podía venir y decirle algo como eso cuando el que vivía apartándolo de todo ¡Era  él! No podía sorprenderse, jamás debió creer que Sonic respetaría lo que sentía por Amy y se haría a un lado, después de todo, el azul siempre quería acaparar todo.

Esa siempre fue la dinámica de su amistad. La maldita costumbre.

—¡Sabías que quería venir con ella! —exclamó, señalándolo con un dedo—. Era una salida entre los dos, y tú lo sabías. Pero aun así decidiste meterte.

—¿Y qué querías que hiciera? —preguntó Sonic, con una mezcla de sarcasmo y genuina curiosidad—. ¿Quedarme en casa y pretender que nunca lo escuché? ¿O, mejor aún, dejarte aquí solo con Amy para que la "impresiones"?

Silver golpeó la mesa suavemente con los nudillos, sus ojos brillando con frustración.

—Exactamente. Eso es lo que deberías haber hecho, Sonic. Pero no, aquí estás, metiéndote donde no te llaman y arruinándolo todo.

—Porque soy su amigo. —Sonic mantuvo su mirada fija en él, su voz más baja pero cargada de significado—. Y si piensas que necesito pedirte permiso para pasar tiempo con ella, entonces no entiendes nada.

—¡No se trata de eso! —gritó Silver, su frustración finalmente explotando—. Se trata de que tú siempre... siempre tienes que estar ahí, acaparando todo. Incluso cuando sabes que no es tu lugar.

Sonic dio un paso hacia él, su voz bajando hasta convertirse en un murmullo amenazante.
—¿Y tú crees que es tu lugar?

Su respiración pareció detenerse un segundo, manteniéndose de pie frente a Sonic.

Silver sintió su corazón doler ante la pregunta. No, definitivamente no sabía si era ese su lugar. No sabía si era Amy eso que anhelaba, pero ¿Qué otras opciones tenía? ¿Por qué debía echarse para atrás?

Había descargado parte de lo que llevaba dentro, pero el peso de sus emociones seguía presionándolo. Sonic, por su parte, seguía en su lugar, su semblante imperturbable pero con una tensión evidente en su postura.

—No me has respondido, Sonic —dijo Silver, con un tono más bajo pero cargado de reproche—. Si no te importa Amy, ¿por qué no te has hecho a un lado? ¿Por qué tienes que estar siempre entre ella y yo? —murmuró bajando su mirada a su costado.

El silencio de Sonic fue como un golpe en el estómago para Silver. Lo interpretó como una confesión muda, como si las palabras que no salían confirmaran lo que ya sospechaba.

—¿Sabes qué es lo peor de todo? —continuó Silver, avanzando un paso hacia él—. Que ni siquiera lo admites. Te pones la armadura, te interpones entre ella y yo ¡Y luego finges que no te importa! ¡Danos un jodido respiro! —exclamó frente a él, levantando sus manos en un gesto exasperado.

—Eso no es verdad. —La voz de Sonic, aunque baja, tenía un filo que cortaba el aire entre ellos.

—¿Ah, no? —Silver se cruzó de brazos, inclinándose ligeramente hacia él—. Entonces explícame, Sonic. Explícame por qué actúas como si quisieras protegerla, como si fueras el único que puede hacerla feliz.

Sonic apartó la mirada por un instante, su mandíbula apretándose mientras trataba de contener lo que sentía. Había algo en las palabras de Silver que golpeaba cerca de casa, algo que no estaba listo para confrontar.

—Será porque yo no estoy jugando con sus sentimientos —dijo finalmente, su voz controlada pero firme, dando un paso, con su mirada clava en la de él sintiendo el salto de las chispas de la confrontación—. Y no permitiré la lastimes. Amy no merece eso.

Silver dejó escapar una carcajada amarga.
—Wow. Eres tan jodidamente leal con tus amistades, Sonic. —espetó como un mal chiste vista la situación el erizo plateado.

Tan graciosamente irónica que tenían la etiqueta de mejores amigos colgando de un hilo.

—Silver, detente —advirtió Sonic, alzando un poco la voz.

—¡Sé honesto conmigo de una vez! —gritó Silver, su frustración explotando de nuevo—. No puedes boicotear a tu mejor amigo, tratando de marcar tu territorio con una chica. Y ni siquiera tener el valor de admitir por qué. ¡Sólo admite el por qué! —exigió fuera de control.

El comentario hizo que Sonic apretara los puños. Había algo en la forma en que Silver lo decía, en cómo lo acusaba, que encendía una chispa de enojo en su interior.

Observó a los costados, el ruido de las bolas de bolos chocando contra los pinos constantemente, los vasos, las risas adolescente, y el sonido ambiente en general impedía que la discusión pudiera percibirse o siquiera escucharse como lo que era, una discusión.

Pero si no lograba controlar la situación, fácilmente podía escalar a algo más que el uso de las palabras.

—Silver, mírate. Estás tan obsesionado conmigo que no ves lo que realmente está pasando.

—Y una mierda, esto es simplemente sencillo. Hazte a un lado y fin de la discusión, deja de interponerte.

—¿O sino qué? —dijo Sonic, su tono subiendo mientras daba un paso hacia Silver—. Hablas como si fueras el único que tiene derecho a sentir algo por ella, pero la ves sólo como una sustituta, alguien a quien usar para olvidarte de Blaze.

La mención de su nombre fue como un puñetazo en el pecho para Silver. Su rostro palideció por un momento antes de endurecerse nuevamente.

—No metas a Blaze en esto —advirtió, su voz peligrosamente baja—. Esto no tiene nada que ver con ella.

—¿De verdad? —replicó Sonic, sin retroceder—. Yo lo sé, Silver. Me lo has dicho hasta el cansancio, no puedes superarla, así que ahora estás usando a Amy como si fuera un premio de consolación.

Silver apretó los dientes, cara a cara con quien siempre fue su mejor amigo, ambos tensos como si estuvieran a punto de estallar.

—Cierra la boca. —comandó el albino.

—Todo esto, toda esta "atracción" que dices sentir por Amy, es pura mierda Silver. Admítelo ya —continuó.

—No te atrevas a decir eso —advirtió Silver, retrocediendo un paso, temblando de furia.

—Te conozco, Silver. Este... —hizo un gesto vago con sus manos, señalándolo completo— Este no eres tú.

Silver se detuvo. Detuvo su respiración, detuvo su ira, detuvo sus pasos. Su ira se transformaba poco a poco en frustración, y luego, en una desolación completa. Una caída libre al vacío de la insatisfacción de perder otra vez.

—Lo que siento por Amy es real. —Ignoró, apretando los puños bajando su tono, para ladear su rostro.

—Entonces demuéstralo —replicó Sonic, su voz baja pero cargada de intensidad—. Porque hasta ahora, todo lo que has hecho es tratar de demostrar que puedes ganarme, no que realmente la quieres.

Las palabras de Sonic golpearon a Silver como una bofetada, haciéndolo retroceder una vez más. Era verdad, en el fondo lo sabía. Había una parte de él que había estado luchando por competir con Sonic, que había usado a Amy como una forma de probarse a sí mismo, como una distracción para obviar su corazón herido y aferrado al pasado.

Pero estaba convencido en que era un paso que debía dar. Decidió en que iba a intentarlo con ella. Blaze ya no estaba, pero Amy sí. Entonces, ¿Qué estaba mal? Sólo veía un ganar. Ganar sobre Sonic, ganar sobre su dolor, ganar sobre su sombra. Y además, la superación de su corazón roto.

—Lo demostraré —sentenció Silver con firmeza en su tono, dejando ir un suspiro soltando sus puños— Pero... antes de hacerlo, necesito volver a preguntarlo —Lo miró de nuevo, cruzando sus brazos, su semblante más calmado pero manteniendo su seriedad gélida de costumbre— ¿Qué haces aquí si no sientes nada por ella?

Sonic abrió la boca para responder, pero las palabras se quedaron atrapadas en su garganta. Había algo que no podía negar, algo que lo había estado carcomiendo desde el principio. Silver lo vio en su rostro, en la forma en que sus ojos esquivaban los suyos por un breve instante.

—Ya te lo dije —habló por fin Sonic, sin mirarlo— Soy su amigo, nada más.

Silver elevó un poco las cejas, sorprendido de que aquel erizo azul tuviese el descaro de mantener su mentira hasta el final. No podía ser tan sinvergüenza de acusarlo de ser alguien deshonesto cuando él era incapaz de ser honesto consigo mismo.

Así que si ninguno iba a admitir la verdad, Silver no se sentiría culpable por concretar lo que haría ahora, pues acababa de confirmar que, según el propio Sonic, no había sentimientos que pudiesen ser dañados.

—Bien. —respondió Silver, dejando caer sus brazos, soltando un suspiro— Si esa es tu posición, entonces no tendrás problema con que la invite a salir.

El silencio que siguió fue ensordecedor, tan pesado que parecía haber silenciado todo el boliche. Sonic lo sintió como una presión en el pecho, como si el aire se hubiera vuelto más denso de repente. Sus manos, que hasta ese momento sólo se mantenían en puños, temblaron ligeramente de forma inconsciente. Silver lo miraba, esperando alguna reacción, alguna palabra, pero lo único que obtuvo fue un rostro inexpresivo y unos ojos que parecían mirar a través de él.

—¿Nada que decir? —preguntó Silver, alzando una ceja, con un tono que bordeaba la provocación—. Vaya, en serio pensé que tendrías alguna objeción, pero supongo que estaba equivocado.

Sonic apretó la mandíbula. Una parte de él quería gritar, quería detener a Silver antes de que cometiera lo que él consideraba un error. Pero, ¿con qué derecho podía hacerlo? Había sido él quien, una y otra vez, insistía en que no tenía sentimientos por Amy, que eran solo amigos. Decir algo ahora sería una contradicción, una que Silver no dudaría en señalar.

No lo habría afirmado con tanta obstinación si hubiera sabido que el plan de Silver era invitarla a salir desde el principio; Ahora, estaba con las manos atadas.

—No es mi decisión —dijo, su tono tan bajo que casi sonó como un murmullo frustrado.

—Exacto —replicó Silver, dando un paso hacia él, su voz más firme—. No lo es. Así que se mi mejor amigo otra vez y déjame estar con ella.

Sonic sintió que algo dentro de él se rompía con esas palabras, pero lo ocultó bien, moviendo sus manos temblorosas a los bolsillos de su chaqueta y manteniendo su expresión neutral.

—Haz lo que quieras —dijo, su tono un poco más frío esta vez—. Solo asegúrate de no hacer algo de lo que te arrepientas después.

Silver sonrió, pero era una sonrisa cargada de amargura, de algo que parecía decir "Eso debería decirlo yo". Dio un paso hacia la consola de juego, deslizando la tarjeta que finalizó la sesión de juego. Miró de reojo los baños, viendo por fin salir a Amy quien arrastraba un semblante de desosiego y de evidente cansancio.

Sonic se mantenía de pie en medio de la zona de juego de ellos, y con la pantalla indicando que la sesión se había cerrado, Silver se acercó a su costado, apoyando su mano en su hombro.

—Sabes, Sonic —susurró suavemente el plateado, con su agarre firme en el hombro del cobalto— Si realmente no sientes nada por Amy, entonces deberías estar feliz por ella, por los dos. Por lo menos, yo estoy dispuesto a atreverme e intentarlo con ella.

Y con eso, Silver se alejó de él, dejándolo atrás mientras se acercaba a recibir a Amy.

El erizo azul se quedó inmóvil por un momento, sus pensamientos un torbellino caótico. Las palabras de Silver lo golpeaban una y otra vez, como si se reprodujeran en un bucle infinito en su mente. Se dejó caer sofá más cercano, pasando una mano por sus púas mientras cerraba los ojos con fuerza.

—¿Qué estoy haciendo? —murmuró para sí mismo, su voz apenas audible.

Sabía que debía estar feliz por Amy, pero en lugar de eso, todo lo que sentía era un profundo malestar, una mezcla de celos, rabia y una tristeza que no podía explicar. Era como si algo en su interior estuviera luchando por salir, algo que había mantenido reprimido durante demasiado tiempo.

¿En serio eso era lo que necesitaba? ¿Saber que estaba entre un "sí" o "No" como respuesta de Amy a la proposición de salir de Silver para admitir lo que sentía?

Jugar con Silver era peligroso, y sabía que él lo provocaba de esa forma porque no le fue honesto, porque hizo sentir a Silver como un estúpido al ocultarle en su cara los verdaderos sentimientos que tenía por Amy y, aún así, prefirió negarlo hasta el final.

Sólo deseaba con todas sus fuerzas que, si es real lo que sentía con Amy, ella le dijera que no.

*

Amy caminó a paso lento, aún perdida en sus pensamientos, tratando de apaciguar la sensación del torbellino de sentimientos que la habían agobiado hace un rato. El bullicio del local de bolos se sentía distante, como si estuviera en otro mundo. Entonces, una voz suave la sacó de su ensimismamiento.

—Hey, ¿todo bien? —Vio a Silver acercarse, con una expresión que se esforzaba por parecer despreocupada pero que dejaba entrever su genuina preocupación.

Amy lo miró, notando la ausencia del cobalto a su lado. Su forma de hablar contrastaba con el carácter que había estado mostrando frente a Sonic. Silver parecía diferente ahora, más sereno, casi vulnerable.

—Sí, estoy bien —respondió Amy, aunque su tono la delataba.

Silver mantuvo su mirada en ella, y dejó escapar una pequeña risa. Se acercó un poco más, para apoyar su mano en su hombro en un acto de reconforte.

—Si algo dentro de la zona de juego te incomodó, lo siento mucho —dijo Silver— Se nota que hay algo que te atormentó de un momento a otro, pero si no quieres hablar de eso, está bien. Solo... quería asegurarme de que te sintieras cómoda.

Amy suspiró, y en un desliz trató de visualizar tras el erizo plateado para poder observar la silueta del erizo azul, quien se le veía inerte sobre el sofá, en un semblante sofocado. Arrugó un poco la frente, preocupada. ¿Cómo podía preguntar por él sin ser demasiado obvia en su interés?

—Gracias, Silver. Es solo que... —se detuvo, buscando las palabras correctas. ¿Cómo podía explicarle lo que sentía sin delatar demasiado?—. Supongo que ha sido un día extraño.

—Ni que lo digas —Apoyó Silver con una pequeña sonrisa, para dejar el hombro de la eriza ocultando sus manos en los bolsillos de su pantalón—. De hecho, pensé que esta salida sería más... tranquila, pero creo que Sonic y yo hemos hecho un buen trabajo complicándolo todo.

Amy rió suavemente, el peso de sus pensamientos aligerándose un poco.

—Definitivamente tienen una dinámica... interesante —Comentó con una sonrisa leve, para volver a ver de reojo movimiento de parte del cobalto— ¿Él está bien?

Silver abandonó su expresión suave, dando paso a su sorpresa. Se volteó para ver a Sonic levantado del asiento, recogiendo algunas latas, dejando entrever la intención de irse sin despedirse.

—Sí, o bueno, lo estará —contestó vagamente, para regresar su mirada a Amy, quien se mantuvo esperando más detalle. Él suspiró— Su padre lo llamó mientras estabas en el baño. Como podrás imaginar, no siempre son para cosas buenas —mintió— es mejor darle su espacio por el momento.

—Entiendo. Entonces, creo que lo mejor es despedirme —anunció Amy, comenzando a andar.

—Espera —intervino, atrapando el brazo de la eriza.

Amy se volteó a verlo, algo consternada por su repentina acción. Silver tenía un semblante firme, con su agarre sin titubear, sin embargo, tenía su mirada desviada.

Déjalo ir —dijo de pronto. Amy abrió sus ojos con sorpresa ante la petición— Por favor, necesito hablar contigo.

Por alguna razón, aquello le cayó como ladrillo al suelo. Volteó a ver rápidamente detrás de ella, observando al silueta del erizo azul que no parecía voltear a verlos en ningún momento, marchándose, cada vez más lejos.

El corazón de ella en segundos ardió, un dolor y ansiedad aguda que le exigía ir a por él. Despedirse, preguntarle como estaba, caminar juntos a casa. Un agarre más fuerte volvió su mirada hacia quien le retenía, un pequeño jalón de parte de él que le insistía en que se quedara a escucharlo.

Amy sintió que, si lo hacía, algo importante iba a suceder, y esa sensación en el ambiente le aterraba.

"—¿Por qué no lo intentas con él? "

Abrió su boca, consternada. La voz de su madre retumbó en su cabeza.

Aflojó el tirón de su brazo, acomodando poco a poco su posición, dejando de estar en contra del agarre que Silver insistía en tener sobre ella.

"—Maurice es lo único en lo que puedo pensar hoy en día..."

Mordió su labio inferior, con la ansiedad consumiendo su corazón y su ser ante la voz de Sally que ahora se apoderaba de sus pensamientos. Finalmente cedió ante la petición de Silver, acercándose un paso. Tenía que quedarse.

"—Estoy muy emocionada, espero que veles por mi felicidad"

Silver inclinó la cabeza y dejó ir una sonrisa triunfal, entendiendo por sus acciones que se estaba quedando, por él.

—Amy...

La pronunciación de su nombre le hizo regresar de su inmersión, volviendo a encontrarse con las iris doradas de su contrario. Tragó pesado, frunciendo su ceño, preocupada.

Él se dedicó a estudiarla por un momento antes de hablar, con un tono más sincero esta vez. Dejó ir su brazo, complacido.

—Para ser honesto, cuando pensé en esta salida, tenía otra idea en mente.

Amy lo miró, intrigada.

—¿Otra idea? —preguntó, confundida— ¿A qué te refieres?

Silver se inclinó ligeramente hacia ella, con una sonrisa un poco más cálida. 

—Yo... Quería que fuera una oportunidad para que tú y yo pudiéramos pasar más tiempo juntos. Solos. Ya sabes, sin que alguien más estuviera... interfiriendo.

Amy abrió los ojos con sorpresa, en pánico, sin saber cómo afrontar lo siguiente. Pero antes de siquiera detenerlo, Silver continuó antes de que pudiera responder.

—No quiero que pienses que estoy diciendo esto por mero capricho o algo así. Es solo que... desde que empezamos a hablar más, siento que hay algo especial contigo. Algo que no quiero ignorar —Hizo una pausa, relamiendo sus labios ansioso. Frotó su brazo

Sus pupilas se contrajeron, y su corazón pareció detenerse. Sudó en frío, no quería escucharlo, quería detenerlo. Ese nerviosismo que él mostraba, esa timidez...

—Haces latir mi corazón, Amy.

Finalmente sintió aquel nudo en el estómago, ese ahogamiento en el borde de su garganta. Las palabras de Silver viajaron por sus oídos, eran dulces, genuinas, y por un momento, sintió que tal vez él tenía razón.

Sonic nunca había sido tan claro ni directo con ella. Su corazón aún latía rápido cuando pensaba en él, pero el conflicto con Sally y su propia confusión lo hacían todo más complicado.

Trató de abrir la boca, articular alguna palabra. Hablar, pero todo quedaba desvanecido entre sus cuerdas vocales.

—No tienes que decir nada ahora —evitó Silver con suavidad—. Solo quería que supieras lo que siento. Si quieres intentarlo, me encantaría que pudiéramos salir más seguido, poder... distraernos de los problemas, divertirnos y pasar tiempo juntos. Ya sabes, sin que Sonic esté de por medio.

Amy miró a Silver a los ojos, notando la sinceridad en ellos. ¿Salir para distraerse?

Sentía un nudo que no podía ignorar, presenciar la valentía del plateado confesando lo que eran sus sentimientos le hizo pensar instintivamente en el erizo azul. El erizo que hacía que su corazón y su cuerpo reaccionaran sólo con su mirada.

Llevó ambas manos a su pecho, había algo en la manera en que Sonic brillaba incluso en las cosas más simples que la atraía como un imán. Y por supuesto, ella no tendría problema en admitir que lo que sentía era un enamoramiento pleno, pero entonces pensó en Sally y el código de amigas que habían construido con los años. No podía ignorar lo que ella le había compartido que sentía por Sonic, y menos aún sabiendo que Sally no sabía de la conexión que ella y Sonic habían empezado a formar.

Prestó nuevamente atención a la invitación de Silver, algo en su interior le decía que esto era lo correcto. Silver estaba mostrando interés real por ella, ofreciéndole una oportunidad de distraerse de los sentimientos contradictorios que tenía por Sonic y de preservar su amistad con Sally.

Una vez más, como si fuera un complot del destino por incentivarle a aceptar de una vez, la voz de su madre la transportó a aquel momento cual recuerdo vivo:

"—¿Por qué no lo intentas con él? (...) Te preocupa que te estés encontrando con el interés de tu amiga, pero el mejor amigo te demuestra el interés y te da la atención que podrías necesitar. ¿Por qué no concentras todo ese temor y lo conviertes en una oportunidad de permitir que las cosas surjan entre ese chico y tú?"

Sus manos y su labio temblaron de a poco, con su mirada puesta con intensidad sobre el erizo plateado. Era claro lo que tenía que responder, todo señalaba que tenía que hacerlo, por ella, por su amiga, por el código de amistad.

—¿Amy? —Silver volvió a llamarla, extrañado del silencio persistente de la rosada.

"Aventúrate a conocer las respuestas de lo que podría suceder y disfruta el momento. Deja de preocuparte por los demás."

No puedo complicar más las cosas, pensó Amy, intentando calmar el torbellino de emociones, con una determinación que no estaba segura de si quería sentir.

Finalmente, asintió con una leve sonrisa.

—Está bien, Silver. Podemos intentarlo. —respondió al fin, bajando su mirada.

Silver sonrió ampliamente, como si un peso se hubiera levantado de sus hombros.

—¿En serio? —preguntó, incrédulo ante su respuesta, entusiasmado de ser aceptado.

Se acercó rápidamente a ella, tomándola de los hombros. Se sentía glorioso, aliviado, triunfante; ¿Quién podría haberlo imaginado? Amy Rose había sido aquella que, luego de mucho tiempo, por fin lo había escogido, caído ante él. Su ego se sentía en aflore.

Amy, por su parte, se sentía tan tensa ante su tacto, bajo mucha presión en pocos segundos. No consideró lo intenso que sentiría la reacción de él, por lo que posicionó las manos sobre su pecho, tratando de mantener su distancia.

—Sí, pero con una condición —declaró. La sonrisa de Silver se congeló, sorprendido.

—¿Condición? —repitió sin entender, alejándose nuevamente, con una mueca.

—No sé a qué tipo de "salir" te refieres pero, para que quede claro, sólo será algo casual —enfatizó en "casual".

Silver hizo silencio unos segundos, tratando de procesarlo. Nuevamente, otra mueca de disgusto. No era lo que imaginaba, pero si era con tal de tenerla a su lado, imaginaba que al final sería como lo mismo, sólo que sin etiquetas.

—O sea... ¿Nada de relación formal? —consultó, buscando aclarar lo que suponía.

—Nada formal.

Resopló, pero levantó los hombros, indiferente. A esas alturas daba igual, estaba confiado que, a medida que pasaran tiempo juntos, sería tan encantador con ella que terminaría haciéndola cambiar de opinión. No importaba mucho realmente.

—De acuerdo, si eso es lo que te hace sentir cómoda, por mí no hay problema. —Silver sonrió con galantería, ofreciéndole su mano para despedir el local— Prometo cuidarte y respetarte de todas formas.

Amy lo observó un instante, para cerrar sus ojos. Tomó su mano, cohibida por las dulces palabras del erizo. Aquel gesto era como la firma de un contrato. La venta de su alma por la felicidad de los demás, por no decepcionar a nadie.

No decepcionar a Silver, no decepcionar a Sally. No comprometer a Sonic.

Permitió que la calidez y el firme agarre de su mano amortiguara su tormento interno, aunque fuera por un instante. En la antigüedad, la gente se casaba por compromiso y lograba enamorarse en el transcurso.

Aunque sean tiempos distintos, la lógica no tendría por qué ser diferente ahora.

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Mi genuina reacción mientras escribía el capítulo:

¡Por fin tengo Tumblr! Y seguirán viendo reacciones, ilustraciones, mini spoilers de los siguientes caps, etc, por esa cuenta. Encuentrenme como ene-posting o ene-posting.tumblr.com

continuemos:

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Esto va a volverse un completo desastre y eso es lo más desgarrador y divertido JAJAJA.

¡NO ME MATEN! Sé que esto se ve DEMASIADO MAL, pero prometo que todo tiene una razón de ser! Estuve casi que lloraba escribiendo lo último con el estómago acalambrado de los nervios, pero prometo que vale completamente la pena.

Lo peor que puede suceder, es meterte en algo para escapar de tus problemas, de lo que es muy obvio y evidente. Pero siempre, para el ser humano, lo más difícil es confrontar los errores, los sentimientos, a tus amigos, y la incertidumbre de no tener todo claro.

Mientras más tratamos de huir de los problemas, más grandes se vuelven después. Y eso es lo que exactamente Silver y Amy van a descubrir. ¯\_(ᵕ—ᴗ—)_/¯

¿Todos estamos de acuerdo de que para empezar es culpa de la mamá de Amy por aconsejarle a andar con otro chico namás para evitarle problemas? JAJAJA

Espero que este capítulo haya podido resolverle muchas cosas, y que les haya generado muchas otras. ¡La expectativa de lo que suceda con todos nuestros personajes están a la vuelta de la esquina! Y con ello, toda la explosión de sentimentalismos y presiones externas sobre ellos.

Las expectativas son los mayores enemigos de esta historia.

¡Comenten qué les pareció! JAJAJA, en serio ansío poder leerlos. ¡Nos vemos a la próxima!

Besos y abrazos, me largo calamardo.

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