13; Regreso a casa
—Bien Sonic, veamos ese tobillo —escuchó decir a la equidna naranja frente suyo, quien se levantaba de su puesto— Necesito que pasemos a la camilla de atrás para poder revisarlo correctamente.
Sonic y Amy intercambiaron miradas. El cobalto se sentía ciertamente algo ansioso, no tanto por lo que estaban haciendo, sino por lo que vendría después, sabía que ya no podía arrepentirse, y tampoco quería hacerlo; él quería poder tomar un descanso, usar el tiempo como él quisiera, tener algo que le permitiese tomar distancia de la presión insoportable que sentía por el atletismo.
Sonic observó la ficha bajo sus manos, una que anteriormente la mujer frente a él le había pasado; aquel papel serviría para llevar un registro y seguimiento de su estado físico, aún y aunque ya supiera que no sufría la gravedad que pretendían transmitir en el permiso. Volvió a observar a Amy, buscando su apoyo de alguna forma.
Amy vio su mirada repleta de miedo, inseguridad, incluso algo de nerviosismo. Asintió ligeramente con su cabeza, alentándolo a confiar y a seguir a la mayor, acariciándole el brazo, en un tacto suave y cálido.
Ambos se levantaron de sus asientos, caminando hacia lo que escondía aquella pared sin cerrar detrás de sí. El erizo observó una cantidad más amplia de plantas que se hacían ver, una pequeña lámpara de lava de color azul, la camilla en medio y muchos otros muebles que sostenían elementos médicos, familiarizados con el área de la equidna, suponía.
—Aquí Sonic, por favor —señaló Tikal el inmueble en medio de la habitación, con aquella mirada tan suave y comprensiva.
—Tikal —habló Amy, entrando junto con Sonic— No tienes que atenderlo ahora, dijiste que tu turno ya había terminado.
—No es ninguna molestia —se apresuró a aclarar, haciéndole la seña al erizo azul para que se acerque de una vez. El erizo titubeó, pero obedeció poco después— Al menos, es necesario para mí asegurarme que está bien luego de lo que me contaron.
—Tikal...
—Amy —pronunció el nombre de la eriza, ahora un poco más firme— Espera en el recibidor, por favor. Ahora estoy con mi paciente —pidió, recibiendo a Sonic en la camilla.
La eriza dirigió una mirada al erizo, insegura y algo cohibida por el casi imperceptible regaño. Sonic hizo un leve movimiento de cabeza, asegurándole que estaba bien, y con esa mirada mutua de apoyo recibida entre sus ojos, Amy abandonó la pequeña habitación clínica, para sentarse en aquel sofá.
Sonic, ya sentado en la camilla, subió la pierna que correspondía a su tobillo adolorido, extendiéndola por la superficie. La equidna se posicionó a un lado de su extremidad.
—Voy a apartar un poco el pliegue de tu media y calzado para poder ver tu tobillo ¿Está bien? —avisó mirándolo, transmitiendo su calma. El cobalto no dijo nada, solo asintió aprobando su movimiento.
Para Sonic no era gran cosa que le revisaran nada, estaba acostumbrado a pasar por médicos cada tanto ya sea por su alimentación o por lesiones que se causara a lo largo de su carrera atlética, pero lo que lo hacía sentirse extrañamente inquieto, era el motivo del por qué estaban ahí, y especialmente, que Amy se ofreciera a cargar con su pedido.
—No se moleste con ella —se atrevió a hablar por fin, en un tono casi deseando no ser oído— Si ella está aquí es porque yo se lo pedí, así que...
—¿Molestarme? —interrumpió la mujer, con una sonrisa. Los fríos dedos de ella tanteando su piel, apretando ligeramente alrededor del hueso de su tobillo le causaba escalofríos— No estoy molesta Sonic ¿Qué le hace pensar eso?
—Uh... ¡Nada! Sólo... —rascó su cabeza, nervioso ante la mala imagen que pensó de la situación— Pensé que se había molestado por... la forma en que la echó —su vergüenza se esfumó en cuanto escuchó la risa provenir de la equidna, descolocándolo.
—La tuve que echar porque sino no se iba a callar nunca —explicó Tikal, colocando una de sus manos encima de su tobillo, mientras que con la otra agarró la parte inferior de la suela de su zapato— Amy se preocupa demasiado por todos, y eso al final sólo le iba a causar un estrés innecesario —continuó, presionando con su dedo índice y pulgar los costados del hueso— Si no se iba, no podría hacer mi trabajo, y aquí todos nos queremos ir temprano.
—¡Te estoy escuchando Tikal, tu pared no tiene puerta! —exclamó la voz de la rosada del otro lado de la pared, resonando en la habitación blanca.
Ambos no pudieron evitar reírse, atrapados al ser escuchados por ella. La risa de Sonic se vio interrumpida cuando su expresión cambió a uno de evidente molestia junto a un pequeño quejido, no era mucho como para arrugarse por completo, pero sí lo suficiente para fruncir un poco el ceño.
—¿Cómo te sientes, Sonic? —preguntó Tikal, quien movía su pie en círculos y luego de arriba abajo, en un circuito de movimiento constante, estudiando las expresiones del erizo— ¿Te duele?
—No, estoy bien —respondió, dejando ir un suspiro— Solo siento algo de molestia, pero no es nada muy fuerte —añadió, con una mueca casi de disgusto por la incomodidad.
—Eso veo, estoy notando donde está la molestia —Tikal apartó las manos, para agarrar una tabla con un pisapapeles, anotando algo en este— Hay rastros de que hubo una inflamación en la zona, pero como mencionaste, ya está casi recuperada. Sin embargo, no apruebo que no hayas hecho nada por tratarte esa lesión, podría haber sido una fisura —regañó sutilmente mientras seguía anotando, sin perder la dulzura en su voz— Si vuelve a suceder, vienes a mi consulta ¿De acuerdo?
—Sí, Dra. —Asintió, reacomodando su calzado y el dobles de su media, para volver a dejar colgando sus piernas desde la camilla, moviendo ligeramente el tobillo recientemente revisado— Sólo quiero descansar un poco —dejó ir de sus labios en un tono más afligido y agobiado, sintiéndose expuesto.
Tikal se detuvo de escribir, procesando las palabras que acababan de salir del erizo. Levantó la mirada un momento, viendo al chico; titubeó un poco sobre su siguiente movimiento, y, finalmente, soltó un suspiro rendido, enganchando el lápiz en la tabla y sostenerlo contra ella, dejando caer sus brazos. Lo observó con empatía y comprensión, dedicándole una sonrisa.
—Realmente quieres ese permiso ¿Eh? —se permitió confirmar los deseos del erizo, quien no dudó en afirmarlo inmediatamente— Entiendo que es porque el atletismo se ha vuelto una obligación poco disfrutable para ti —Sonic asintió— y no quisiste compartir los detalles del por qué te ves tan encadenado a esa práctica, pero me hago la idea de que algo tiene que ver esa popularidad tuya que ha estado creciendo —enfatizó la equidna con una sonrisa juguetona, el cobalto tembló ligeramente. Realmente le hacía sentir muy incómodo cuando la gente que no conocía le recordaba todo el tiempo aquella parte de su vida como figura pública.
—Sólo... espero que me pueda ayudar —manifestó en ligera súplica.
—Ten —La equidna soltó la hoja de papel que había estado sosteniendo de la tabla, extendiéndosela al erizo, quien lo agarró entre sus manos, curioso y ansioso— Sólo puedo darte un mes de reposo, si lo equilibramos con el tipo de torción que tuviste en el tobillo —explicaba, dejando sus herramientas en una mesita al costado de la camilla— Además, ahí también va escrito una receta de unos analgésicos que quisiera que tomaras cada ocho horas, así logramos controlar esas molestias que podrías tener al hacer fuerza.
Sonic tenía un conflicto consigo mismo, sin saber cómo actuar realmente. Frente a sus ojos realmente tenía el permiso medico que hace una semana atrás creía imposible de conseguir. Mordió su labio inferior, buscando contener aquella sonrisa que batallaba por formarme en sus labios. No sentía correcto alegrarse tanto por encontrar descansar a través de este medio, pero...
Simplemente, no podía evitarlo.
—No es mucho el tiempo que puedo darte, pero espero que sea suficiente para que puedas descansar y reacomodar tus ideas —Continuó Tikal, expandiendo su sonrisa. Sentía su corazón complacido de haber ayudado, enternecida ante la reacción del erizo.
Sonic la observó y con un movimiento de cabeza le agradeció, sus ojos brillaban como nunca. No podía dejar de imaginar todo lo que podría hacer con su tiempo libre, el baile, la comida chatarra, salir con sus amigos a muchos lugares, había un sinfín de posibilidades.
Se bajó de la camilla, una vez más agradeciendo a la profesional por haberle brindado este tiempo de descanso importante en su vida, que no dejaba de hacerlo sentir realizado.
Entonces, una figura rosada se apareció en el marco, con una sonrisa de absoluta emoción, contenta de poder ver al erizo empezar a definir su propio camino. Sonic devolvió la mirada, con sus ojos brillosos de emoción y esperanza.
—Lo tengo —expresó al fin, con una enorme sonrisa. Se acercó rápidamente a Amy, mostrándole el papel frente a sus ojos.
Amy silenció, con una emoción y felicidad que era difícil explicar en palabras. Le sonrió y, sin pensarlo, lo abrazo fuertemente. Un recuerdo fugaz de las palabras de Silver pasaron por su mente; De aquel día en la audición, cuando le hizo saber que estaba ayudando a Sonic a cumplir su sueño.
"Eres... un ángel"
Oh, sintió derretir su corazón, y ni siquiera sabía si era porque Sonic correspondía su abrazo con la misma fuerza, o por las hermosas palabras que Silver le había dedicado.
*
Los zapatos deportivos de Sonic y las suaves suelas con pequeño tacón de Amy resuenan contra las baldosas desgastadas de la estación de metro. Las luces fluorescentes parpadean con un leve zumbido, proyectando sombras alargadas en las paredes cubiertas de grafitis y anuncios gastados.
El invierno no estaba dando tregua, los entrenamientos de por sí ya terminaban tarde, y gracias a la consulta médica, habían demorado un poco más en salir. Por suerte, la caminata había sido cálida por la compañía de ambos, Sonic no había dejado pasar ninguna oportunidad para hablar alguna tontería, sin permitir que el silencio se posara entre ellos.
Amy por su parte, había estado abrazándose a sí misma ante la fría brisa mientras caminaban hacia la estación de metro más cercana, pero escuchar hablar a Sonic había hecho que el camino se hiciese más ameno. No quería admitir que las luces nocturnas y urbanas lo hacían ver jodidamente atractivo, a la par que su voz la encontraba tan melodiosa, tan disfrutable de escuchar.
Había mantenido sus mejillas sonrojadas hasta ahora, con un calor revoloteando dentro de su pecho, confundida. No podía obviar el hecho de que Sonic era un varón que cumplía con todas sus expectativas; era atlético, alto, carismático, energético y arriesgado.
Estaban compartiendo mucho tiempo juntos, sentía que se conectaban tan bien gracias a lo que los apasionaba, y, sin embargo, cada momento e interacción con él se sentía como un pecado con el que se atormentaba al final.
Un tormento que se basaba en no querer decepcionar a Sally. Su querida amiga, la que estaba cegada bajo su fanatismo y atracción por el erizo azul que, desgraciadamente, estaba junto a ella.
—Amy —la voz de su acompañante le sacó de su trance, haciéndola parpadear repetidas veces— Si vas a seguir ignorándome, preferiría que me digas que me calle —bromeó el cobalto, con un pequeño codazo en el costado de la rosada, juguetón.
Amy observó a su alrededor, notando que ya estaban haciendo la fila para los boletos del metro.
—Espera, ¿en qué momento...? —Amy frunció el ceño, confundida. Al parecer, se había sumergido demasiado en su adoración mental por el erizo azul y sus problemas sociales que no se percató hacia los lugares hacia los que estaba caminando.
—¿En serio? —inquirió Sonic, sorprendido por la distracción de la eriza, mientras avanzaban unos pasos— ¿En qué tanto piensas, todo bien?
—Sí, sí —Evitó la mirada, reacomodando un mechón de alguna púa rebelde al costado de su rostro— Yo... pensaba...
—¿Sí? —insistió el erizo, metiendo las manos en los bolsillos de su chaqueta deportiva roja de siempre.
—En que la primera vez que nos encontramos sin conocernos fue precisamente en un metro —mintió ocurrente, usando el recuerdo fugaz que llegó a su cabeza al oler la humedad del subterráneo, escuchando el metro, en compañía del erizo— ¿Lo recuerdas?
—Claro que sí —sonrió Sonic ante el recuerdo. Dieron un paso más, cada vez más cerca de la máquina de los boletos— Jamás olvidaré a esa figura rosa corriendo desesperadamente hacia nosotros, que espanto —se mofó, recibiendo un leve empujón de la eriza. Al momento, el turno de usar la máquina por fin había llegado.
—Te mentiría si te dijera que nunca soy así de descuidada —bromeó Amy, colocando una mano dentro de su chaqueta, y con la otra, reacomodando la correa de su bolsa sobre su hombro— En mi defensa, estaba llegando tarde a la universidad.
—¡Oh, así que ahí está la respuesta del misterio! —burló, causando las risas en ambos.
Se detuvieron frente a la máquina mientras Sonic hacía el pedido de dos boletos para el subterráneo. A su alrededor, la multitud pasa a toda prisa, algunos con mochilas pesadas, otros absortos en sus teléfonos, pero el ruido de la gente es su única música de ambiente.
—¿Acostumbras mucho a usar el metro? —se le ocurrió preguntar Amy, mientras veía como Sonic colocaba la tarjeta para pagar los boletos. No pudo evitar sonreír por la cortesía del erizo por pagar su entrada
—Me gusta mucho —respondió, esperando la impresión de los dichosos papeles de entrada— Ya sabes... poder caminar, estar en medio del ambiente urbano, me ayuda mucho a pensar y sentirme... no sé, ¿un joven más de la sociedad? —mencionó con gracia, levantando los hombros.
Tomó los boletos que ya se asomaban fuera de la máquina, y en un desliz de sus ojos, observó la pantalla de publicidad a su costado, apareciendo su rostro en algún artículo publicitado. Cerró los ojos devolviendo la mirada al frente, mostrando una mueca de disgusto.
—Al principio me gustaba todo esto de la fama ¿Sabes? Pero cuando se volvió una... cuestión de apariencias, comencé a detestarlo —confesó, alejándose de la máquina.
Amy lo miró, siguiéndolo en silencio. No quería decir nada, y aunque le gustaría poder hacer alguna pregunta, se notaba a leguas que a Sonic no le dejaba de incomodar esa parte de su vida. Igual ya se lo habían advertido varias veces antes, pero entonces pensaba: cuando eres alguien tan popular de forma nacional... ¿Cómo logras huir de ti mismo?
Caminaron a los molinetes que dirigía al metro. Pasaron sus boletos, adentrándose uno al lado del otro. Sonic no había vuelto a pronunciar palabra, su rostro se veía impasible pero Amy estaba segura de que algo batallaba dentro de él, tanto silencio de parte de él la volvía inquieta y le preocupaba no saber hasta qué punto le había afectado haberle confiado una realidad como esa a ella.
Lo había escuchado con atención, y estaba claro que desconocía el trasfondo de todo el drama que el erizo arrastraba tras de sí respecto a sus obligaciones. Sabía que su padre era un destacado atleta jubilado, que tuvo grandes años de gloria, pero le carcomía no saber si era él quien imponía sus expectativas sobre su propio hijo ¿No podía simplemente dejarlo en paz?
El olor metálico del tren se mezcla con el de comida rápida de un pequeño puesto de pretzels cerca de las escaleras mecánicas, junto con el aroma a café proveniente de otro pequeño puesto a un costado de las escaleras que conectaban con el exterior. En el aire, se escucha el eco distante de un músico callejero tocando una guitarra eléctrica desafinada.
—Tienes cara de que tienes muchas preguntas —el tono socarrón del cobalto hizo que la rosada lo mirara, ella sólo respondió con una sonrisa juguetona.
—La verdad es que sí, ya comienzas a conocerme —dijo, deteniéndose a una distancia prudente del andén, observando a la gente esperar o estar sumergida en sus teléfonos.
Amy volvió a sentir la brisa fría en su cuerpo, empezando a frotar sus brazos. Observó a su costado, encontrando el puesto de café al que siempre solía recurrir en momentos de frío desesperado como estos.
—Moriría por un café ahora mismo —expresó al aire— Oh, cómo extraño ir al South Coffe, hace mucho que no hemos vuelto a ir. Su café de caramelo es el mejor —dijo con añoranza. Observó a Sonic, sumergiéndose en aquellos días. Sus primeros encuentros.
—Es verdad. Deberíamos regresar un día de estos a beber un café —Amy arqueó una ceja, incrédula— ¿Qué? Hablo en serio, no hay día que no me arrepienta de haber rechazado esa taza.
—¿Y entonces por qué no te lo tomaste, tonto? —reclamó la rosada divertida.
—Tenía que mantener las apariencias —se excusó— ¡Me ibas a entrevistar! Se supone que soy un ejemplo para los más pequeños, no podían saber que rompo mi dieta cada vez que puedo —se mofó, apoyándose en uno de los pilares de concreto del lugar, Amy le siguió, apoyando su costado en el mismo pilar.
—En verdad deberíamos regresar —reafirmó Amy, jugando con un mechón de pelo suelto— La murciélago que nos atendía debe echarnos mucho de menos —mencionó con una sonrisa, observando al cobalto.
—¡Tienes razón! Ella jamás perdía la oportunidad de atendernos ¿verdad? —rememoró, riéndose ante la graciosa situación.
Rosa y azul rieron por un rato, y luego, el silencio volvió a reinar entre ellos, escuchando sólo el bullicio del entorno, junto con el claxon del metro que anunciaba su cercana llegada.
Se miraban cada tanto, sin decirse nada, sabían que tenían mucho que conversar y explorar sobre el otro, pero la noche no les estaba dando el suficiente tiempo de poder preguntarse todo, ni tampoco el de mantenerse acompañados el uno con el otro todo lo que quisieran.
Sentían que en ambos encontraban una amistad que era distinta a las que ya tenían.
—¿Le dirás a tu familia sobre tu licencia médica? —preguntó curiosa Amy, viendo el tren acercarse, con su flequillo moviéndose ligeramente ante la brisa que se acercaba rápidamente del andén.
—Eso planeo —respondió Sonic, ansioso.
—¿Lo tomarán bien? —ahora se mostraba más preocupada.
—Eso espero —compartió, con un toque de inseguridad en su voz.
El tren finalmente se detuvo en frente de ellos, y ninguno de los dos se dijo una palabra más. Con una impresionante sincronización, se adentraron al transporte, a la par del resto de la gente, y se sostuvieron de la varilla incrustada en medio del vagón, uno afirmándolo encima del puño del otro, a milímetros de tocarse.
Los dos erizos no dejaban de darse miradas cada tanto, ligeramente sonrientes, felices por distintos motivos, pero había uno en común que alimentaban sus corazones desde que habían comenzado a darse cuenta de su concurrencia y cómplice compañía.
Y es que estaban volviendo juntos a sus respectivos hogares, por primera vez. Sólo ellos dos, solos.
—Por cierto, Ames —habló entonces Sonic, rompiendo el silencio entre ellos. Observaba distraídamente el tablón frente suyo con las luces cambiando según la estación a las que se dirigían.
—¿Sí, Sonic? —contestó de regreso, concentrada en pasar de forma desinteresada las historias de InstaSquare.
—¿Qué sabes de una fiesta? —soltó de repente.
Amy levantó la cabeza rápidamente, confundida. Guardó su teléfono y lo miró, extrañada por la tan repentina pregunta.
—¿Ya estás planeando qué hacer en tus días libres? —respondió ella, con una sonrisa burlona. Sonic rió, negando— Conozco muchas fiestas, vas a tener que ser más específico.
—Es... bueno... —rascó su mejilla algo nervioso, no estaba muy seguro de cómo plantear el tema— Dicen que hay una fiesta... ya sabes, en algún lugar subterráneo. Luces, bailarines y mucho alcohol al parecer —describió fingiendo desinterés. Se aventuró a dar un vistazo al rostro de la eriza, sonriendo con complicidad, esperando su reacción.
Amy no tardó en conectar sus descripciones, soltando un jadeo de sorpresa, tapando sutilmente su boca con su mano libre.
—¡No me digas! ¡¿Ya te hablaron de la fiesta de artistas que hacen?! —habló con entusiasmo, dejando ver una enorme sonrisa entre sus comisuras.
Sonic observó atónito el inmenso brillo que los ojos de la eriza desbordaban, repletos de fascinación y emoción contenida. Siempre le había dado la sensación de que Amy era una chica muy juvenil, con mucho entusiasmo por hacer muchas cosas. Sin embargo, bajo el contexto tan disciplinario en que la conoció, nunca imaginó verla tan fanatizada por las fiestas.
Una faceta que le llamaba un inmenso interés por conocer.
—Algo así —dijo Sonic, fingiendo restarle importancia— Hoy en la clase mis compañeros no dejaban de hablar de eso. Suena como una fiesta bastante salvaje, me interesa —mencionó mirando de reojo a la eriza sin deshacer su sonrisa, sus ojos deslumbraban una pizca de emoción y adrenalina al decir su última palabra.
—¡Ni te imaginas! —contestó al borde de la emoción la eriza a su lado— Simplemente es el mejor evento para los artistas dentro de Mobius, las nuevas bandas revelación en vivo, todos los bailarines en un solo lugar, la música a todo dar y mucho alcohol ¡Simplemente es una locura de experiencia!
—Eso veo, al parecer tú tienes mucha ¿eh? —bromeó él, cargando su peso contra la barra de metal en medio de los dos, acercándose un poco más a la rosada.
—He ido tres veces este año, sé de lo que te hablo —sonrió con orgullo, con una sonrisa desafiante— ¿Es acaso ese tipo de fiestas una adrenalina que Maurice the Hedgehog pueda soportar? —insinuó con picardía.
—¿Bromeas? No es un tipo de lugar que ese "atleta con futuro prometedor" deba frecuentar —burló el azul— Por suerte, Sonic the Hedgehog adora la adrenalina y desea con muchas ansias asistir a esa fiesta —Indicó, señalándose a sí mismo con el pulgar. Amy soltó una gran risa, encantada de la interpretación del erizo.
—Entonces, Amy Rose estará encantada de invitar a Sonic the Hedgehog a su primera fiesta como bienvenida a ser bailarín —mencionó, inclinándose un poco hacia adelante en un ademán de reverencia. Sonic chasqueó ante su burla, sin dejar de reír.
—Vamos juntos entonces —dictaminó como promesa, a lo que ella le correspondió con una sonrisa, asintiendo.
Una nueva parada fue anunciada, con la velocidad del metro bajando rápidamente.
—Oh, aquí me bajo —anunció con una sonrisa, sacando su teléfono.
—¿Green Hills, Uh? —habló al aire Sonic, leyendo el nombre de la parada. Green Hills era una zona residencial muy famosa por las casas y departamentos— Buena zona para vivir.
—¡Y muy barata! —añadió con una sonrisa Amy, recibiendo un tirón pequeño de sus púas como acto infantil de Sonic de despedida. No dio tiempo para quejas, las puertas se abrieron en un siseo metálico, dejando entrar un golpe de brisa helada— ¡Adiós! ¡Nos coordinamos por mensaje! —Le dijo al último, señalando su celular mientras salía del metro.
Sonic sonrió complacido, meneando su mano en despedida viendo como la puerta se cerraba despacio, perdiendo la silueta de la eriza en el camino.
No pasó mucho cuando el tren volvió a retomar su rápido andar, y la vista de la estación que hace unos segundos recibió a la eriza en su superficie se perdió, dando paso a las luces que se filtraban esporádicamente por las ventanas del vagón.
Las luces de neón y los grafitis en las paredes parecían parpadear a su alrededor, como si los túneles lo incentivasen a sumergirse en un profundo trance con los sentimientos que comenzaban a desbordar de su interior.
Una mezcla de emoción y nerviosismo afloraba en su cuerpo, apretando fuertemente aquel fierro de forma involuntaria. Las expectativas por esa fiesta eran demasiado altas, y el ir con Amy que demostraba ser alguien con mucha más experiencia, lo colocaba ansioso.
Se sentía culpable porque le emocionara tanto que esa noche llegara lo más pronto posible.
*
"—Necesito quedarme en tu casa uno de estos días —"
Sonic.
"—¿Y ahora por qué, todo bien en casa? —"
Silver.
"—La verdad, es algo que voy a descubrir ahora. Necesito que me cubras ese día, luego te explico —"
Sonic.
"—En serio que me preocupas —"
Silver.
Miró el último mensaje parado tras la puerta principal. Guardó su teléfono sin responder, asumiendo que lo que le esperaba tras la puerta tenía un peso mucho mayor. Todo el tiempo mintió cuando decía que estaba preparado o dispuesto de enfrentar a sus padres bajo la decisión del descanso que había decidido tomar, porque la verdad era, que estaba jodido del miedo.
Probablemente, hace unos meses atrás, no habría sido capaz jamás de buscar formas de burlar a su padre ni mucho menos de desobedecer las órdenes y la rutina que tenía impuestas sobre él; pero desde la llegada de Amy, y su mundo dentro de la danza, su vida había dado un giro extremadamente fuerte, y con ello, el impulso de hacer lo que sea por quedarse en ese mundo, con esa vida, a pesar del terror.
Apretó en su mano el sobre de papel que traía el permiso en su bolsillo. Se sentía casi indispuesto, pero ya no había vuelta atrás, este era el camino que necesita, el descanso que merecía para encontrar su propio camino.
Abrió la puerta, y entró al recibidor. Se quitó los zapatos y los dejó en el mueble de aquel recibidor donde dejaban todos los calzados para salir. Apretó fuertemente su correa, tragando pesado, preso de la ansiedad, y se encaminó despacio hacia el interior de la casa, observando el salón principal que disipaba la oscuridad.
Su madre estaba en una de las esquinas del salón sentada frente a su caballete, absorta en el lienzo que pintaba a la luz de la chimenea; su padre, estaba sentado en el sofá dándole la espalda, revisando unos papeles.
Sonic vio la figura de su padre y la cantidad de malas reacciones y fatales destinos pasaron por su mente. Si lo pensaba bien, tal vez podía alargar la conversación para cuando fuera de día nuevamente y no se viera a su padre tan estresado.
Se dejó acobardar. Rápidamente trató de escabullirse hacia las escaleras, de puntillas, rezando por no ser notado.
—Sonic, ven aquí —la voz de su padre retumbó por la sala y el nombrado se retorció en silencio a los pies de la escaleras, maldiciendo en mudo. No había llegado a pisar ni siquiera el primer escalón.
Se sentía más enfermo que nunca, no quería escuchar el regaño, no quería escuchar sus obligaciones otra vez, no quería enfrentar nada. La idea de llegar a refugiarse en su cuarto era mucho más tentadora que avanzar en su vida.
Se sentía como un maldito adolescente en formación.
Dejó caer su bolso deportivo a los pies de los escalones y se acercó al centro del salón, dejándose ver por la tenue iluminación de la chimenea. Su madre había detenido su labor para voltear a verlo al escuchar su nombre, dejando ver su dulce sonrisa, Sonic suspiró recibiéndola con una sonrisa de regreso, la mirada comprensiva y suave de su progenitora era el mayor sedante a su ansiedad.
—Cariño, que bueno que estás en casa —mencionó ella, con una sonrisa— Llevo esperando mucho por un beso de mi hijo ¿Sabes?
Sonic dirigió una mirada rápida a su padre, esperando su reacción. La dinámica entre sus dos padres siempre fue demasiado complicada cuando está él de por medio.
A veces podía ir con su madre tranquilamente, y otras simplemente su padre buscaba acaparar toda la atención de él.
—Ya escuchaste a tu madre, Sonic —La firme voz del mayor rompió el silencio, sin levantar su mirada de los papeles frente a él.
El erizo azul sonrió agradecido, para acercarse a su madre, inclinándose hacia ella al estar a una altura más baja. Dejó un beso en la mejilla como saludo, y ella no tardó en acariciar las púas de su pequeño joven con adoración.
—Hola mamá ¿Pintas algo nuevo? —preguntó entonces, reincorporándose, observando el cuadro frente a él.
—Un pedido de una de mis amigas, creo que me está quedando muy bien ¿Qué opinas? —preguntó su madre, dejando sus pinceles.
—Como dices, te está quedando muy bien —mencionó Sonic con una sonrisa, colocando su puño en su barbilla, simulando analizar la obra— Siempre admiré mucho tu talento creativo, mamá.
—Cariño, ya deberías saber que viene de familia ser artista —contestó sosteniendo la mano de su primogénito, observándole con comprensión.
Sonic abrió levemente los labios, sintiéndose identificado con las palabras de su madre, tocándolo más profundo que en cualquier otra ocasión, como si ahora su situación influenciara a que le pegara distinto. La mirada repleta de comprensión de su madre le hacía sentir que sabía todo lo que estaba viviendo, aunque no le sorprendería, a su madre siempre se le hizo sencillo poder leerlo.
—Claro, como la abuela... —rememoró, nostálgico— aún la recuerdo cuando ella-
—Sonic —Y entonces, ahí estaba su padre, aclamando la atención— ¿Qué horas son estas de llegar? ¿Acaso no tienes consciencia?
—Jules... estamos conversando —intervino la madre.
—Necesito hablar con nuestro hijo, Aleena —Sentenció el padre.
Sonic miró a su padre con desaprobación, bajando instintivamente la cabeza poco después. Miró a su madre, casi pidiendo perdón , pero ella sólo acarició su brazo aún con la misma sonrisa, alentándolo a hablar con el mayor. El erizo azul suspiró, resignado, ahí terminaba su momento de respiro para volver a la rutina de siempre, los sermoneos de su padre.
—Se me hizo tarde nada más —contestó el cobalto con desgana, rodando los ojos.
—¿Y tarde por qué? Tus entrenamientos no acaban a esta hora —confrontó Jules, tomando un puñado de unos papeles puestos sobre la mesa, levantándose del sofá, para extenderlos hacia su hijo— ¿Me puedes explicar qué está pasando contigo últimamente?
Sonic enarcó le ceja, confundido ante el tono irritado tan repentino hacia él. Tomó entre sus manos lo que su padre le estaba extendiendo. Hojeó las hojas sin entender lo que tenía en frente, pero claramente los valores y descripciones no eran nada alentadores. Se detuvo a por fin leer el título: "Reporte semanal club de atletismo".
—¿Qué con esto? —habló mosqueado sin entender todo el ambiente de regaño que se estaba formando alrededor de él, regresando los papeles.
—Todas las marcas en rojo son por ausencias —explicó con mayor seriedad su padre, frunciendo el ceño— ¡Y la mayor parte son tuyas, Maurice!
—Pero-
—El entrenador no ha dejado de llamarme preguntando por tus ausencias, me dijo que llegaste tarde a tu último entrenamiento —interrumpió el mayor. Las consecuencias de sus actos no dejaban de ser lanzadas frente a él una tras otra y con su padre furioso se le hacía más difícil afrontarlo. Apretó los puños, ahogando un nudo, no quería seguir escuchando— ¿Por qué tu rendimiento ha bajado tanto en las últimas semanas?
—¿Tal vez porque estoy cansado? ¿Te has puesto a pensar en eso? —Contestó Sonic perdiendo de a poco la paciencia— No puedo exigirme al mismo nivel ahora mismo.
—¿Cansado de qué? —cuestionó su padre, Sonic quería huir, realmente no soportaba las confrontaciones.
—Querido, deberías escucharlo... —trató de intervenir Aleena, pero Jules levantó la mano, silenciándola, sin quitar su mirada severa sobre su hijo.
Sonic apretó sus labios, sus puños ya no toleraban la tensión. No quería ceder ante sus impulsos, pero su padre simplemente no lo ayudaba en absoluto.
Sin perder un minuto más, rebuscó en los bolsillos de su chaqueta, para sacar aquel sobre que se había vuelto su boleto de salida; algo que llevaba esperando tan ansioso poder entregárselo y así poder cerrar el tema de una vez. Puso el sobre frente a las narices de su padre, con una mirada seria y severa, luchando por no tambalear ni mostrarse vulnerable al contradecir los deseos del mayor.
El erizo de azul opaco observó incrédulo lo que Sonic le ofrecía, agarrando aquello evidentemente desconcertado.
—¿Qué es esto? —Preguntó entonces.
—La razón por la que me he estado ausentando —contestó el cobalto sin inmutarse, cruzando sus brazos— Llegué tarde por traerte eso.
—¿Un permiso médico? —Musitó entonces, con una mirada de incredulidad sobre la hoja que veía salir del sobre— ¿Qué? ¿Una lesión de tobillo?
—¡¿Qué?! —Exclamó su madre, levantándose de su asiento— ¿Una lesión Sonic? ¿Desde cuándo? —preguntó preocupada, acercándose al cobalto– Debiste decírnoslo antes.
—Ya lo sé, pero no podía decir nada hasta traer alguna prueba de que es cierto —Espetó, dirigiéndose con enfado a su padre.
—¿Hablas en serio? —habló con sorna, para volver a releer la carta— No puedo creer que te estén recetando un mes de descanso —musitó irritado.
—Pues así es —dijo Sonic— Y me imagino que entenderás que por mi lesión no puedo asistir a los entrenamientos ni a las nacionales —se apresuró a decir, buscando finiquitar lo único que quería lograr conseguir, su descanso.
—¡Inaceptable! —Vociferó su padre— ¡Las nacionales son este mes! ¿Tirarás por la borda todo lo que has entrenado para esa competencia? —reclamó el mayor.
—Pues no está en mi decisión padre. Tengo el tobillo lesionado, y no voy a competir —defendió su postura el azul.
—Es solo un tobillo, Maurice —puntualizó firme— Los grandes atletas superan este tipo de contratiempos con determinación y disciplina. ¡Nosotros los Hedgehogs somos grandes atletas! —Sonic bufó exasperado, rodando los ojos— No uses esto como excusa para olvidar el legado familiar.
—¿Y romperme por completo ignorando mi maldita lesión te parece una buena solución? ¿Eso también es parte del "Legado Familiar"? —elevó su tono Sonic, al borde de la furia. Odiaba la actitud de su padre, en serio detestaba que el orgullo del legado y su ego como estrella retirada fuese más relevante que el bienestar de su propio hijo.
¡Solo le estaba pidiendo un descanso, ni siquiera mencionaba que lo iba a abandonar!
—¡Basta de excusas! —Vociferó Jules, golpeando la mesa de centro con su palma, volviéndose a sentar. La actitud tan testaruda e irrespetuosa de su hijo lo orillaba a perder la compostura de formas que le desagradaban.
Aleena le dio la espalda y Sonic sentía su labio temblar, apretando sus puños sobre sus brazos, frustrado. La conversación iba de mal en peor y la paciencia de "Maurice" ya estaba pendiendo de un puto hilo.
—Te di esta vida para que sobresalgas, para que seas el mejor. ¡Tienes un apellido encima al que tienes que hacerle honor! ¿Entiendes? ¡Es lo mínimo que puedes darnos! —Elevó la voz su padre, buscando imponer su creencia y valores.
—¡Eso trato! —Gritó, preso del estrés y de su furia. Sonic amaba correr, en el fondo lo hacía, pero desde que había mostrado talento con el atletismo, su padre se cegó a su estrelló y la continuación del legado familiar, y eso simplemente cambió la dinámica por completo. Odiaba hablar del atletismo, odiaba que todo el tiempo fuera el único tema entre su padre y él— Estoy intentando hacer las cosas bien, pero si no me das espacio para sanar y concentrarme en otras cosas, no voy a llegar a ninguna parte —Gruñó, para soltar un profundo suspiro y cerrar sus ojos, buscando la calma.
Su padre, Jules, se mantuvo inmóvil frente a él, apretando los labios, con su ceño notable y sin inmutar. Observó a su esposa, quien se había volteado a verlo luego del reclamo de su hijo, buscando que ceda a la comprensión.
Suspiró, frotándose la sien, estresado y conflictuado. Se recostó más en el sofá, volviendo a leer la carta médica que Sonic le había entregado. No podía imaginar a su hijo fuera de las grandes ligas un mes entero, eso significaría una gran baja de rendimiento al estar sin entrenar tanto tiempo, no podía permitir perjudicarlo de esa manera ¡Estaba destinado al estrellato! Estaba siguiendo sus pasos, su hijo no poseía la suficiente madurez para entender la importante vida que le estaba dando.
Pero que podía hacer, su hijo estaba lesionado, y no podía hacerlo entrenar sin correr el riesgo de que ya no pudiese volver a correr ante el sobre esfuerzo. El legado debía seguir, como sea, y si el dichoso reposo era necesario para conseguirlo, entonces debía ceder ante ello.
—De acuerdo —mencionó rompiendo el silencio, llamando la atención de los dos seres frente a él, expectantes de su decisión— Dices que necesitas espacio para concentrarte en otras cosas, entonces ¿Cuáles serían? —Cuestionó, cruzando sus brazos manteniendo sus facciones severas.
Sonic iluminó su mirada, saboreando apresuradamente su victoria. Retuvo las ganas de formar una enorme sonrisa en su rostro al escuchar a su padre ceder a la comprensión, así que rápidamente debía formular una respuesta que le sirviera de coartada. Por suerte, Silver serviría para eso en este momento.
—Quiero equilibrar mi atención con los estudios también —declaró relamiendo sus labios, dejando caer sus brazos y llevando sus manos a su espalda— Así que, quiero utilizar ese tiempo para estudiar. Usaré el mes libre para estar en la universidad; Silver también se ofreció a pasar el tiempo conmigo ayudándome a estudiar —mintió.
Bueno, Silver todavía no lo sabía, pero se lo iba a decir más tarde de todas formas.
—¿Silver? —preguntó su padre incrédulo, soltando una corta risa irónica— ¿Tu mejor amigo te ayudará a estudiar?
—Así es —reafirmó con seguridad, aunque en el fondo rogaba porque Silver aceptara cubrirle la mentira.
Su padre lo analizó, entrecerrando los ojos, dudoso de que fueran esas realmente sus intenciones. Conocía a su hijo como la palma de su mano, y aunque no tenían la mejor relación gracias a la diferencia de motivaciones, sabía que lo que menos le importaba a Sonic eran los estudios.
Pero antes de que Jules pudiese generar alguna sólida sospecha, Aleena decidió intervenir:
—Querido —Por primera vez se acercó a su marido, sentándose a su lado y tomando su mano— Sabes que Silver y Sonic son inseparables. Que pasen más tiempo juntos ayudará a la felicidad y recuperación de tu hijo, además, los estudios también son importantes y lo sabes —explicó para voltear a ver a su hijo, a quien le hizo un pequeño guiño de complicidad.
Sonic sonrió para sus adentros, y observó a su padre; mantuvo sus manos atrás e insistió con la súplica en su rostro. Su padre no daba tregua a su mirada intensa, pero luego de un largo silencio suspiró derrotado y asintió lentamente.
—Muy bien, pero que esto no se convierta en otra distracción. Quiero ver resultados, Sonic —respondió de mala gana, para reacomodarse y volver a sus papeles, tenía demasiadas cosas pendientes para organizar como para seguir peleando por caprichos.
—Lo haré, padre. Gracias —contestó moviendo sus pies ansiosamente, tratando de ocultar su sonrisa triunfante.
Sonic se dio la vuelta rápidamente para salir del salón antes de que su padre cambie de opinión. Recogió su bolso y subió rápidamente las escaleras, sintiendo como si ese permiso de libertad fuera a esfumarse en cualquier momento si no corría lo suficientemente rápido a su cuarto.
Entró con una enorme sonrisa, lanzando el bolso a algún rincón de la habitación. Se recostó en su cama y tomó su celular rápidamente para volver a abrir el chat de Silver; un mensaje de Amy lo distrajo.
"—¿Entonces, sale fiesta la otra semana? —"
Aquello lo hizo sonreír, para cambiar de chat rápidamente para responder.
"—Ya sabes la fecha? —"
Sonic.
"—Le pregunté a un amigo cercano, le suele salir la oportunidad de ir a tocar con alguna banda para estas fiestas —"
Amy.
"—Vaya, Amy Rose tiene muchos contactos? —"
Sonic.
"—Ser periodista tiene sus ventajas, azul. La fiesta es el finde de la semana entrante, ¿qué te parece? —"
Amy.
"—Genial! No hay entrenamiento ni clases, es un día perfecto para escaparse a una fiesta —"
Sonic.
"—¿En serio? ¿Cómo te fue con tus padres? ¿Todo bien? —"
"—¿Aceptaron el permiso? —"
Amy.
"—Sí, lo aceptaron. Hubo unas discusiones fuertes al principio, pero al final logré meter buenas excusas —"
Sonic.
"—¿Y no te hicieron problema por ir a la fiesta aún y con tu "lesión"? —"
Amy.
Sonic mordió su labio, algo culpable. No podía decirle que claramente se los había ocultado, ya que seguramente le haría bajarse de la fiesta, y eso no era algo que él quería.
"—Nah, saben que lo superaré. Así que ¿Cómo nos organizamos? —"
Sonic.
Sonic no esperó a que contestara, ya que rápidamente cambió de chat al de Silver. Si quería que todo saliera bien para esa noche, debía armar muy bien su coartada, empezando por compartirle a Silver la participación a su plan, tenía que actuar rápido para tener todo listo.
"—Necesito quedarme el próximo fin de semana contigo! —"
Sonic.
"—¿QUÉ? ¿Y ahora? —"
Silver.
"—Será sólo por una noche. Se supone que voy a estar estudiando contigo —"
Sonic.
"—Espera ¿Estudiar? ¿Desde cuándo haces eso? —"
Silver.
"—Ja. Ja. Convencí a mis padres que en mi tiempo de reposo iba a ocupar mi tiempo en eso. —"
"—Pero en serio me tengo que quedar contigo una noche. Tengo una fiesta y no quiero que me descubran. Cúbreme sí? —"
Sonic.
"—ESPERAESPERA ¿FIESTA? ¿REPOSO? ¿TE DIERON TU PERMISO MÉDICO? ¿CUÁNDOOOOOO? —"
Silver.
Sonic se mofó por el desespero de Silver; al estar todo el día con Amy, se había olvidado por completo de compartir las novedades con el plateado. Pronunció un minúsculo "ups" con una sonrisa, aunque, al rato, la sonrisa se desvaneció al darse cuenta de algo.
Antes, era muy difícil que algo que él hiciera, le llegara o le resultara, se le pasara por alto en comentárselo a su mejor amigo, pero ahora...
Se mordió el dedo índice, ansioso y preocupado. ¿Estaba descuidando su amistad con Silver? No, no lo creía, se habían estado reuniendo bastante de todas formas.
¿Entonces?
¿Por qué no dejaba de sentirse inquieto al reconocer el detalle?
Otro mensaje entrante en la pantalla frente a él lo despertó de sus pensamientos, observándolo.
"—¿Por qué no vienes a mi departamento ese día y nos vamos juntos? —"
Amy.
—¡¿Qué?! —Exclamó en sorpresa, sentándose en su cama tomando el teléfono con ambas manos, abriendo sus ojos incrédulo ante el mensaje que estaba viendo.
Sintió su rostro enrojecer furiosamente al tan sólo hacerse la idea. Claro que no, la sola idea de estar con ella lo ponía nervioso, jamás se esperó que la propia Amy Rose le ofreciera reunirse en su hogar como si nada.
Chaos, tenía que hablar seriamente con ella. No podía simplemente invitar a alguien así como así a su departamento, significando que estén solos, en privado.
Maldita sea, como odiaba sentirse tan pudoroso de la nada.
Pero... Ella y él, solos...
Negó con su cabeza. Contrólate Sonic, pensó. Está bien, eran amigos que iban a una fiesta juntos ¿Cuál era el problema? Era súper normal, él se reunía con ella para irse acompañados, nada raro.
Pero el calor en sus mejillas y en su cuerpo no dejaban de hacerle saber que algo más estaba mal, haciéndolo sentir como alguien muy extraño. Le incomodaba tanto ponerse nervioso o que se formaran ideas extrañas respecto de reunirse en casa de la eriza.
Pero ¿Qué otras opciones tenían? No podía decirle que se encontraran en su casa, y tampoco a mitad de la ciudad, sería peligroso, y más aparte que ni siquiera sabía la ubicación de la fiesta.
Bien, daba igual, si algo había estado aprendiendo era a no pensar demasiado, así que eso era lo que iba a hacer.
"—Claro. Tú sabes donde es, tú mandas —"
Y con ese mensaje, dio su futuro por sellado. Ya no hay vuelta atrás, ni para arrepentirse.
*
Los días habían pasado bastante rápido, y cada uno de los erizos había continuado con su rutina sin muchas complicaciones. Sonic y Silver habían estado aprovechando las clases coincidentes para conversar y afinar los detalles del plan que el cobalto necesitaba que se llevaran acabo.
Por suerte, no fue muy complicado el poder armar algo prácticamente "funcional" para los dos. El plan era sencillo, Sonic asistiría a las clases de la universidad de aquel día con sus padres ya avisados que se quedaría con Silver esa noche. Se cambiaría en los baños del campus la ropa que llevaría para ir a la fiesta y, después, el albino se llevaría sus cosas al terminar las clases.
Evidentemente se quedaría con lo esencial, su billetera, llaves y su teléfono. Iría al lugar de encuentro para ir a la fiesta, se lo pasaría de lujo toda la noche y regresaría a la madrugada a la casa de Silver, a quien llamaría para que le abriera la puerta y despertarían al día siguiente como si hubiese sido una pijamada común y corriente, era pan comido.
Sonic era el más convencido respecto a que el plan era perfecto, Silver... no tanto, especialmente por la parte en la que lo iba a despertar en la madrugada para dejarlo entrar.
Evidentemente, para que el plateado accediera plenamente a cubrirlo de su escape, el azul tuvo que pasar un intenso y arduo interrogatorio de parte de su leal amigo, buscando conocer todo lo ocurrido para que de la nada su amigo estrella le llegara con la noticia de que iba a ir a una fiesta.
Por supuesto que Sonic, como el buen amigo que era, le contó todo, obviando claro, unos detalles que no consideraba relevantes contar...
Como que la fiesta era de la compañía y que iba ir solo con Amy, por ejemplo.
Pero qué mas daba ¿Cierto?, después de todo, Silver no tenía por qué saberlo, y si el plan resultaba como él quería, no debería haber ningún problema. Al plateado tampoco le interesaba asistir, tenía mucho trabajo encima como para salir a embriagarse, así que por esa parte también fue sencillo para Sonic el no tener que inventar excusas para ir solo.
La única condición que le puso Silver era que no llegara igual de borracho que la última fiesta a la que fue, porque en ese caso sí sería demasiado complicado hacerlo entrar en silencio.
La eriza rosa por su parte, había estado ocupando su tiempo en atender algunos proyectos de la universidad que tenía pendientes, entre esos el programa de radio que debía planificar. Ya traía algunas ideas en mente, pero todavía no lograba definir al cien por ciento la temática de lo que quería que tratara su programa.
De por sí el hecho de que tuviese que llevar un programa para una radio ella solo ya se le hacía demasiado complicado, pero si algo sabía es que de todos los temas que le gustaría hablar, había uno en particular que le llamaba más la atención y del que le transmitía mayores emociones.
Sentía que tenía un buen referente y una buena fuente de información que le aseguraba que podía llevar muy bien un programa de radio sobre deportes.
Al final, eso era lo que había estado rondando por su cabeza esos últimos días, pero el hoy era diferente. Asistió a la universidad con un conjunto casual y cómodo, pero que fuera lo suficientemente bonito.
Llevaba puesto un suéter burdeo de hombros descubiertos, donde vestía por debajo una playera de cuello alto negro ajustado sin mangas; además, vestía unos jeans azules oscuros con unos tenis negros, por supuesto, lo acompañó con una característica diadema que combinaba con su suéter.
Se había revisado mil veces frente al espejo para asegurarse de que se veía bien y que se sentía bonita, pues era un día importante que afloraba mucho nerviosismo en ella.
Se reunirían para ir a los bolos los tres, luego de mucho tiempo.
Su sonroje se hizo presente en ella nuevamente, caminando por los pasillos de la universidad en un balanceo sumergida en sus fantasías. Le ponía tan nerviosa estar con ambos juntos nuevamente, no sabía como iba a resultar el encuentro pero daba por sentado que si Sonic estaba ahí, probablemente resultaría muy divertido.
Pero con Silver, podía resultar un cuento de hadas, algo de novela. Tan caballeroso, cuidadoso y atento.
Estaba en un inmenso aprieto, no sabía qué era lo que quería. ¿Estabilidad o Intensidad? ¿Caballerosidad o diversión?
Sacudió la cabeza para soltar un bufido resignado, acomodando el bolso en el que llevaba su laptop y otros materiales de la escuela sobre su hombro. A veces realmente se sentía sumamente infantil sin siquiera saber por qué se ponía a fantasear en tener que escoger entre los dos cuando, para empezar, no tenía siquiera un solo indicio de que a Sonic le gustara ella. Se sentía como la única loca que daba por sentado que pudiera estar con cualquiera de los dos.
Sacudió su melena con cuidado, tratando de dejar ir aquellos pensamientos que la enredaban en un mundo de fantasía y líos amorosos a los que ni siquiera se estaba enfrentando. Un rugido en su estómago llamó su atención, recordándole el hecho de no haber comido nada durante la mañana.
Apresuró el paso y se encaminó a la gran cafetería que se encontraba en el centro de campus, un lugar general a los que cualquier persona que estuviese dentro del campus podía ir, independiente de su facultad.
Amy entonces ingresó, observando los enormes paneles de vidrio que decoraba cada pared al rededor de la estructura, observando a los estudiantes que daban vueltas por ahí, había llegado a buena hora antes de que se colapse de gente.
Tomó una bandeja y se formó en la fila para poder pedir su comida, y a medida que iba avanzando, se fue llenando los recipientes. De los dispensadores sacó un café helado en lata, para poder acompañar.
Se encaminó de forma despreocupada a alguna de las mesas que estuviesen cerca de los ventanales que daban a las áreas verdes bien cuidadas del campus, y encontró uno que quedaba frente a una de las entradas a la cafetería.
Se sentó y acomodó todo encima, y como si estuviese dispuesta a empezar algún laborioso trabajo, estiró sus dedos y su cuello, y así tomar alguno de los cubiertos para empezar a comer. Cada bocado le maravillaba, adoraba la comida en todas sus formas, y acompañado con los sabrosos sorbos de un café latte helado, estaba en el absoluto cielo.
Se colocó sus audífonos, comenzando a reproducir una de sus últimas canciones favoritas: Vandalize, la había descubierto luego de jugar un videojuego de mundo abierto, y desde entonces ya la tenía añadido en su lista de más reproducidos.
Mientras comía, sacó de su bolso la plantilla que el profesor les había entregado para completar y así definir el contenido del programa de radio. Lo observó con detalle tanteando el lápiz contra la mesa, pensativa.
Sabía que quería hacerlo de los deportes por Sonic, pero, ¿Qué más podía añadir sin que todo el programa se base en él? Por supuesto podría atraer mucho rating si lo incluía como tema al ser una figura relevante ahora mismo en el área, pero... ¿Cómo se sentiría Sonic al respecto? ¿Le incomodaría?
¿Siquiera aquel erizo escucha la radio? Pensó Amy para sus adentros, bufando con estrés. Suponía, en su inocencia, que no haría daño si lo mencionaba una o dos veces, después de todo, estábamos hablando de un programa sobre deportes, ¡Obviamente Maurice The Hedgehog debía ser mencionado en algún momento! Sonic lo entendería.
Comenzó a rellenar la plantilla, tarareando de vez en cuando el ritmo de la canción que retumbaba en sus orejas. Mordía su labio cada tanto al sentir la intensidad de la canción, Chaos, en serio como amaba sentir con tanta profundidad la música. Tal vez eso explique el por qué terminó siendo bailarina en primer lugar.
Entonces, observó alguna de las cosas que había escrito, como mencionar al padre de sonic y el hecho de que fuera un atleta jubilado. Sonic como símbolo de superación y perseverancia por llegar al éxito a mérito del puro esfuerzo y... bueno, sólo tenía eso para hablar de los deportes, en definitiva iba a tener que investigar mucho más.
Soltó un suspiro, rascando su nuca con la goma del lápiz, pensativa. Dejó el utensilio a un lado para tomar otro bocado de su comida, y al tomar la lata de café, levantó un poco el mentón para tomar un buen trago de aquella bebida, pero al levantar su mirada junto a la cabeza, su corazón se encogió.
Tragó con dificultad, dejando la lata a un costado. Sintió como su rostro se afligía junto a ella, frunciendo el ceño hacia arriba. Apretó los labios sintiendo como la frustración y la impotencia crecía dentro de ella, las sensaciones de la incertidumbre y de la añoranza a una amistad que adoraba con el corazón apareciendo frente a ella y aún así, sintiéndose tan incapaz de poder decir algo.
Sally había entrado frente a ella, acompañada de otras dos -asumía- amigas. Las vio encaminarse a la fila con sus bandejas para recoger también su comida, y Amy simplemente sintió como su corazón era atravesado por distintos alfileres cada vez más.
Ansiaba que la viera, que se sintiera como ella, que se acercara y le dijera algo, porque se sentía demasiado cobarde para ella acercarse, porque... tenía que asumirlo...
Si Sally no había sido capaz de nunca enviarle un mensaje desde la última vez ¿Qué le hacía creer que la recibiría para conversar?
Y sin embargo, mientras pensaba, no se percató que aquellos grandes ojos celestes ya la habían notado, estática en su posición. Las amigas que la acompañaban se adelantaron, mientras que ella sólo se quedó quieta en su posición, observando a la eriza rosa que mantenía prendada su mirada sobre ella.
Cielo y jade luchaban entre sí, manteniéndose, sin ninguna de las dos querer realizar un solo movimiento para enfrentarse, pues la vergüenza ya era mucha con el hecho de tan solo haberse encontrado luego de semanas sin hablar.
Y Amy, como siempre, rindiendo a su cobardía, se quitó los audífonos para guardarlos rápidamente, con intenciones de acomodar todo y marcharse; pero tan rápido como los guardó, de reojo observó como la figura de su amiga se acercaba a ella.
Mierda.
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¡Feliz navidad a todos! Espero lo hayan pasado increíble con sus familiares, seres queridos, personas que aman. Y para quienes pasaron por algo difícil en estas fechas también, les mando el mayor de mis abrazos y apoyo también.
¿Qué les pareció el capítulo? Espero les haya gustado mucho.
¡Perdonen por dejarlo en donde lo dejé! Pero los eventos importantes se empiezan a acumular y están cada vez más cerca de enfrentarse a muchos cambios y, sobre todo, afrontar verdades.
Que el amor empiece a florecer.
Besos y abrazos, me largo calamardo.
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