12; Reflejos de ansiedad
No tenía nada que refutarle a la danza clásica, el término de que le "gustaba" era poco decir para lo que realmente causaba en él, claro que lo único que no había tomado en cuenta o, al menos, recordado con certeza, era que tenía que usar unas mallas tan apretadas.
Se miraba una y otra vez en el vestidor, se sentía confiado con este tipo de baile porque sabía que tenía un tipo de cuerpo que ayudaba mucho en su ejecución y como compañero de baile, pero no lo suficiente como para mostrar de una forma tan moldeada todo lo que eran sus partes privadas.
Una incomodidad se apoderó de él, observaba al resto de sus compañeros varones terminando de cambiarse o con el "uniforme" ya puesto, no se notaban para nada expuestos. Escudriñó buscando alguna solución o vía de escape, y notó que se colocaban varias capas de ropa encima también ¿Eso estaba permitido?
—Hola —escuchó un saludo a su costado. Un chico que aparentemente tomaba el casillero a su lado— Te veo algo inquieto ¿Ocurre algo?
Sonic hizo una mueca, indeciso de comentar su problema. Aquel chico sonaba amable, se rascó su mejilla inseguro, tal vez hacerle una pequeña consulta no sería tan grave.
—Las mallas me incomodan —compartió entonces el cobalto con desgana, vistiendo su playera blanca— pero ya me acostumbraré —añadió.
—Bueno, los atletas no usan mucho mallas apretadas ¿verdad? —Sonic lo miró inmediatamente, sorprendido de verse expuesto a lo que dedicaba puertas afuera de la compañía. El chico lo notó— ¿Por qué me miras así? No me digas que creías que nadie sabía quien eras —una pequeña risa ahogada se escapó de los labios de aquel chico, negando con la cabeza ante la ingenuidad del erizo— Que no estemos vueltos locos por tu presencia no nos hace ajenos al internet, amigo.
—Lo sé, yo... no quise... —Soltó un suspiro derrotado, sentándose en aquellas planas bancas detrás suya. Se frotó el rostro con agobio, preso de la ansiedad que le carcomía al verse rodeado de gente que no conocía.
Gente que no sabía si les caería bien.
La mascara de ser alguien seguro de sí mismo, inquebrantable, sólo estaba presente para los medios y las competencias, porque eso era, un vil campo de batalla donde pisotean al más débil. Si veía bien a su alrededor, el escenario no aparentaba ser distinto en donde se encontraba ahora.
Agarró aquellos zapatos negros de suela plana y antideslizante, que cubrían toda la forma de su pie, amarrando aquellos delgados cordones por sobre su empeine en un acto desinteresado.
—No te agobies tanto —escuchó hablar de nuevo a aquel chico, que sin percatarse seguía ahí de pie a un costado de él— Mira, aquí todos tratamos de destacarnos en algo, pero para nadie es extraño ver a alguien que quiere cambiar de dinámica —mencionó, refiriéndose al cambio de atleta a bailarín— A mí parecer, la mayoría hemos pasado por distintos deportes antes de llegar aquí —rio ante la situación, contagiando aquella risa al cobalto.
Este se sentó a un lado de él, imitando la acción de atarse los zapatos de baile.
—Si lo que te hace sentir incómodo es lo apretadas que son las mallas, colócate algún short encima —aconsejó, agarrando su botella de agua y levantándose— Ahora apresúrate que tenemos que estar ya en el salón —mencionó, comenzando a marchar a la par de algunos otros que ya estaban abandonando el vestidor.
Si aquel chico lo decía, suponía que estaba bien. Había visto a muchos antes que se estaban colocando varias capas de ropa, así que creía que no era algo extraño ni erróneo de hacer. Agarró su bolso deportivo y sacó aquellos shorts azules con blanco, que tenían un acabado holgado, que usaba mayormente para sus entrenamientos de atletismo en días de calor. Se los puso y se sintió mucho más cómodo consigo mismo, un suspiro de alivio salió de su boca luego de sentir vencido su nerviosismo e inseguridad, así que tomó rumbo a la salida del vestidor junto con los últimos que quedaban ahí mismo.
Caminó entre el largo pasillo de grandes paredes, viéndose iluminado cada tanto por ventanales de cristal que se acomodaban a cada lado del pasillo, dando paso a dejándole observar el interior de aquellos salones. Distintos grupos de bailarines ejecutando distintas clases, algunas aparentaban flexibilidad, otras acrobacias, otros parecían estilos de baile distintos al ballet, y luego...
A su costado izquierdo, el ventanal le dejó ver aquel conjunto de mujeres. Desconocía qué estaban bailando, pero se veían tan armoniosas bailando de forma tan sincronizada, sus movimientos tan fluidos, escuchando el retumbar de la música a través de sus paredes.
Una figura rosa se asomó en el centro de aquella agrupación, emergiendo desde abajo elevando sus manos, abriendo cual capullo recién nacido de una flor. Sonic observó descaradamente los músculos bien definidos que se formaban en la espalda de la eriza, los cuales fueron opacados por la pieza que empezó a ejecutar. Parecía un tipo de solo, el cuerpo de baile que la rodeaba ahora estaba quieto a cada costado de la sala mientras ella danzaba, luciendo su feminidad, su delicadeza y su elegancia.
—¡Azul! —un grito lo despertó de su trance, viéndose asustado— ¿Qué estás esperando? —regañó un compañero al azar, entrando de nuevo al salón.
El erizo azul sacudió la cabeza, carraspeando, avergonzado. Apresuró el paso hacia el salón que, para variar, se ubicaba frente al que las féminas estaban ocupando para ensayar.
Para su desgracia, Sonic se enteró poco después que no tomaban juntos sus clases, pues evidentemente Amy estaba a un nivel más elevado que él respecto a técnica. Saberlo era lo que había desembocado su ansiedad en primer lugar, sentirse solo en un lugar que desconocía, de un estilo de baile que no recordaba al cien por ciento.
Su clase correspondía a una mezcla entre principiantes e intermedios, asumiendo que sería una forma de guiar y motivar a los nuevos al ver bailarines con una técnica más avanzada y pulida que ellos. Sonic se posicionó en una de las esquinas de aquel gran salón, observando aquel intimidante espejo frente a él, que cubría la pared completa de esquina a esquina.
Amy le había prometido que luego de sus clases iban a ir a resolver el problema del dichoso papel médico, así que debía afrontar y aguantar esa clase hasta el final para alcanzar el objetivo que lo aclamaba ese día.
No había sido extremadamente diferente al tipo de entrenamiento a los que él solía asistir. Llevaron acabo ejercicios de resistencia, flexibilidad y fuerza. Uno que otros saltos que le hacían quemar sus muslos, y unos tres minutos de plancha que le quemaba el abdomen.
Tenía su trayectoria como atleta y su resistencia era muy buena, pero el nerviosismo que sentía viendo el ambiente tan tenso y serio a comparación del divertido y relajado entrenamiento de atletismo le hacía flaquear. Se sentía morir en cada instante que el profesor le dirigía una filosa y juzgadora mirada, esperando verlo caer, a él o a cualquiera en algún momento.
Pareciera que estos profesores estuvieran al acecho todo el tiempo de cualquier mínimo error.
La primera hora de clase muscular había finalizado, y con una indicación directa del maestro, todos los varones se levantaron, posicionándose en las barras que estaban atornilladas a las paredes. Ahora venía la clase de técnica.
Sonic juraba que lo que él había practicado de la danza clásica no era nada similar a los pasos y términos que ahora escuchaba, pero quién podía culparlo, sólo era un niño cuando lo había tomado por primera vez.
Tal vez era todo un campeón en resistencia, pero en técnica simplemente apestaba. Los brazos los dejaba caer constantemente, y nunca sabía definir hacia donde mirar en cada cambio de posición. El profesor lo miraba como si fuera un asqueroso chicle dejado en la barra, y honestamente si él fuera el profesor, pensaría lo mismo de él.
La secuencia de pasos técnicos a seguir en la barra el profesor las decía tan rápidamente, que sólo veía como el resto de aquellos compañeros aparentemente de nivel intermedio, imitaban las indicaciones moviendo débilmente sus pies o haciendo alusión al movimiento con sus manos. De resto, los principiantes como él sólo se miraban entre ellos, rezando por recordar todo.
Definitivamente tenía que entrenar más su cerebro si pretendía sobrevivir en aquella maldita imitación de campo militar pintada de rosa.
*
Al fin, al fin se había acabado. Cayó rendido al suelo del salón apoyando su espalda contra el frío concreto, con la respiración profundamente agitada, apenas logrando agarrar algo de aire para sus pulmones. Sentía su rostro extremadamente caliente, con un calor insoportable.
El salón estaba inundado de los jadeos y quejas de agotamiento de la gran parte de los chicos, Sonic pensaría que los más avanzados no estarían tan agotados como ellos, pero el ballet era tan traicionero que terminaba agotando la energía de hasta el más experimentado.
—Agua, agua —rogaba en desespero, sintiendo su boca extremadamente seca ante los jadeos constantes. Empezó a buscar su botella a sus costados, observando fervientemente su alrededor.
Su botella lo había dejado al otro lado del salón al entrar, apenas se podía las piernas. Chasqueó la lengua irritado y simplemente se dejó caer nuevamente sobre la pared, ya luego iría por ella, ahora sólo necesitaba descansar.
—Oye, chico nuevo —uno de sus compañeros se dirigió a él, acompañado de otro a la par, quienes se sentaron en forma de indio alrededor de él— Te ves demacrado ¿eh? Te pegó duro la clase.
Sonic cerró un poco los ojos, tratando de juzgar las intenciones. Estaba con una mentalidad algo a la defensiva por la introducción que le había hecho Amy respecto a mostrar debilidad, pero en ese instante no sabía si aquellos estaban tratando de burlarse, o sólo querer armar conversación.
—Para ustedes no es distinto al parecer —Contestó entonces Sonic, aún batallando con aquellos jadeos que aún luchaban por recuperar el aire. Aquellos varones frente a él estaban igual o peor de sudados que él, con el pelaje despeinado, y aún con el color rojo en la piel frente al calor— Y saber eso me consuela un poco— añadió, soltando una risa, en la cual se unieron aquellos dos.
—No te equivocas, todas las clases son así de brutales, así que acostúmbrate —habló el otro chico, tomando un gran sorbo de agua.
El cobalto se sintió babear en ese momento, sintiendo como su garganta se cerraba, añorando tan solo una pequeña gota de agua que calmara el jodido ardor que le estaba consumiendo. La mirada intensa del erizo azul no pasó desapercibida por aquel chico, fijándose en su botella.
—Oh —musitó en sorpresa, extendiendo su botella al erizo— si querías agua tuviste que sólo pedirla colega —comentó, recibiendo una sonrisa de profundo agradecimiento de parte del erizo, quien sin pensárselo dos veces tomó entre sus manos aquel elíxir, dando un gran trago buscando saciar su necesidad.
La barrera hostil que tenía en un principio se derrumbó rápidamente, dando paso a sólo un ambiente de confianza, sintiéndose más cómodo con su entorno, y tal vez, satisfecho por el entrenamiento.
—¿Tú eres Maurice no? —Habló entonces uno de ellos, a la par que Sonic pasaba su brazo por encima de su boca, limpiando la humedad de sus labios a la vez que devolvía la botella— Ya sabes, el atleta estrella.
—Pero él está inscrito como Sonic —se entrometió el siguiente chico, observando al cobalto curioso— A menos que seas algún tipo de gemelo —mencionó riendo ante la ocurrencia.
Sonic soltó una risa tosca, incómodo con el tema. Sin quererlo, la barrera de la desconfianza en él volvía a levantarse lentamente.
—Me llamo de las dos formas —respondió al fin, recogiendo sus piernas dejando sus rodillas frente a su rostro— Mi nombre de pila es Sonic, sólo que no lo uso en las competencias por... temas de privacidad —mintió, desviando su mirada a otra parte, buscando no cruzarse con las reacciones de sus dos compañeros.
Un "Ooh" de profundo descubrimiento escuchó en el fondo, una expresión que duró más de lo que habría imaginado. Regresó a verlos, encontrándose con ellos conversando amenamente sobre otro tema del que no tuvo tiempo de conectar.
Su burbuja de sociabilización fue interrumpida ante el sonido de una puerta abriéndose en conjunto con una cantidad de bullicio de unas voces femeninas que provenían del pasillo, fuera del salón. Sonic observó a esos dos compañeros frente suyo quienes observaban expectantes la manada de chicas que caminaban hacia donde estaban los vestidores, a través del ventanal.
El cobalto arqueó la ceja, confundido.
—Míralas —espetó con desgana uno de los varones, bufando— Tienen como media hora más de clase que nosotros y aunque salgan igual de cansadas apenas y se les ve destruidas —masculló con enfado, el compañero a su costado sólo se lanzó a reír ante la actitud tan infantil.
Sonic echó un vistazo al entorno del salón, donde todavía estaba una cantidad de varones lanzados en el suelo, otros practicando un poco, y otros que simplemente conversaban derrotados, al igual que ellos.
—¿Siempre es así? —inquirió entonces el cobalto, llamando la atención de aquellos dos— los grupos, me refiero ¿Siempre las mujeres y los hombres entrenan separados? —explicó su pregunta, tratando de obviar su evidente interés.
Ambos varones se miraron entre sí, para que una sonrisa acusadora se posara sobre sus labios, acomodándose a los costados del erizo, más apegados. Sonic por alguna razón se sintió amenazado por su repentino encarcelamiento, como si hubiese desatado alguna fuente de interés con su pregunta.
—Generalmente sí es así —respondió entonces uno, apoyando su cuerpo en la misma pared— Sólo en ocasiones puntuales se juntan ambos grupos, como la preparación de una obra o conjunto de baile para fin de año, o competencias —explicó hacia Sonic, quien asentía recibiendo la información adquirida.
—¿Por qué la pregunta? —Habló el otro haciendo que el cobalto volteara al lado contrario— ¿Acaso nuestro erizo tiene alguna chica con la que desea compartir ensayo? —Inquirió con una sonrisa pícara.
Sonic tragó pesado.
—¡Wow! Sí que le haces honor a tu rapidez —Interrumpió el otro lado, sin darle oportunidad a Sonic de poder defenderse— Llevas con suerte una semana y ya le echaste el ojo a una de las chicas.
El erizo azul se sonrojó fuertemente, reacomodando el cuello de su playera sudada cada tanto, nervioso. No sabía cómo explicar que no era precisamente esa su situación, ni mucho menos dar a entender aquello que estos dos chicos estaban mencionando.
—No, yo... —no lograba poder reacomodar sus palabras, queriendo aclarar la situación— en realidad... —los ojos atentos de ambos colegas lo colocaban aún más ansioso— sólo preguntaba por mera curiosidad, nada más —específico, rascando su cabeza, cohibido.
—Bah, patrañas —contestó uno, sentándose a lo indio nuevamente— igual, ni creas que es fácil ir y ligarte a alguna de esas chicas, esas chicas son como robots del ballet —puntualizó, recibiendo la afirmación de su otro compañero.
—Están tan concentradas en ser profesionales del baile y de ser las mejores que no les interesa que te les acerques a menos que sea para bailar —añadió aquel compañero— y el único momento fuera de la compañía que te puedes acercar a bailar con ellas es en la fiesta.
—¿"La fiesta"? —enfatizó la frase Sonic, sin entender el contexto.
—¡Sí! —respondió el otro con entusiasmo— Bueno, como eres nuevo probablemente todavía no llegabas a saberlo, pero... —se inclinó hacia él, colocando una mano al costado de su boca, indicio de contar un secreto a continuación— hay una fiesta subterránea que se lleva a cabo cada tanto, dicen que es el evento masivo de sólo puros artistas —comentó en un susurro, temeroso de ser oído.
—¿Y por qué lo dicen como si fuera un secreto? —siguió preguntando confundido— ¿no se supone que todo el mundo aquí es bailarín?
—Viejo, ¿Tú crees que el alcoholismo es parte de la dieta de uno? —expuso con sarcasmo, dejando ir una risa— es algo más o menos clandestino entre nosotros los bailarines precisamente porque los profesores no pueden enterarse. No les gusta para nada la idea de que sus alumnos se llenen de alcohol una noche entera.
—Y mucho menos nosotros los de la danza clásica —Enfatizó el otro— todo el mundo en la academia sabe de esa fiesta, no nos la perdemos nunca; el tema es que los profesores no deben de saber de ella, por eso siempre la susurramos.
Sonic entonces entendió, asintiendo con sutileza. La idea de asistir a una fiesta de ese estilo sonaba brutalmente espectacular, un ambiente de baile puro y energía al máximo. Viendo lo estricto que era el mundo de la danza clásica, sabía lo salvaje y descabellado que podía llegar a ser la reunión de muchas personas amante de la danza y, además, reprimidos de divertirse.
Y si había alcohol y otras cosas de por medio, podía imaginarse lo movido que podía llegar a ser.
No recordaba la última vez que habría asistido a una fiesta de ese estilo, más que una que otra universitaria en el pasado. La última que recordaba había ido con Silver, y se había emborrachado tanto que estuvo con jaqueca y deshidratación tres días enteros, desde entonces sus padres habían empezado a ponerle mucho ojo respecto a sus ingestas de alcohol.
Tampoco los culpaba, no quería ni recordar el estado en el que había llegado a su hogar.
—En fin, que si quieres que ellas te noten y sepan de tu existencia, esa fiesta es la oportunidad ideal para conectar con ellas —volvió a hablar uno de ellos, buscando dar por finalizado el tema.
Justo a tiempo, uno de los maestros llegó el salón, comenzando a despachar a los varones del lugar visto a que debían de realizar la limpieza y desocupar para la siguiente ronda de clases.
—Bueno, se nos acabó el tiempo —habló un chico, levantándose a la par de su compañero— fue una buena plática Sonic, nos vemos a la próxima —despidió, marchando del salón en compañía.
Sonic observó a la multitud desalojar el lugar, y este, sintiendo sus piernas entumecidas, empezó a sacudirlas de a poco para comenzar a despertarlas, levantándose por fin. Recuperó su botella de la esquina del salón y comenzó a caminar hacia los vestidores, donde coincidentemente se encontró con la eriza que iba saliendo.
Ambos se cruzaron miradas, casi en un momento dulcemente lento. Amy le propinó una sonrisa, que fue regresada casi de inmediato, y como si el tiempo volviera a su curso normal, ella desapareció de su vista una vez que el cobalto cruzara la puerta.
*
"— No te he encontrado por el campus esta última semana, he estado lleno de encargos, lo siento mucho —"
Envió aquel mensaje observando la hora, las 20:15 pm. Asumía que a esa hora Amy ya había salido de entrenar, y probablemente, Sonic también.
No conocía mucho respecto a los horarios de ensayo de los dos, aunque estaba seguro de que Sonic le había enviado algún pantallazo de lo que era su horario definido cuando le comentó entusiasmado sobre haber sido seleccionado de la audición.
La verdad, desde el principio pensó que había sido pura suerte de principiante, porque no veía para nada a Sonic teniendo cabeza para tener una buena técnica en el Ballet clásico, menos si toda su vida fue más enfocada al atletismo.
Aunque si lo veía de cierta forma, sacaba como beneficio el tener tan buena forma física.
No como él, que su vida giraba en torno a contar números, estudiar y con suerte, derrochar dinero. Bufó con molestia sacudiendo su cabeza tratando de disipar aquella nube negra de melancólicos y comparativos pensamientos que una vez más amenazaba con hacerse lugar en el final de su día.
Retomó su atención a la taza de té que tenía al costado de su portátil, girando de forma desinteresada la cuchara dentro de aquel líquido contenido. Se recostó sobre el escritorio, sintiendo una pesadez sobre sus ojos, probablemente por el cansancio y a la par, algo de desgana.
La vibración de su teléfono le llamó su atención, reincorporándose rápidamente en su silla, para observar la pantalla y leer el mensaje recibido.
"—¡No te preocupes! Igual le pregunté hace poco a Sonic sobre ti de hecho, por no haber sabido de ti —"
La respuesta de la rosada le hizo sonreír, sintiendo esa calidez dentro de su pecho por la atención recibida. Tomó un sorbo de la taza de té, relamiendo sus labios, y se dispuso a escribir un mensaje.
"—Que tierno. Hey, ya que estamos, no llegamos a concretar nuestra junta pendiente. Estaba pensando en que podríamos ir a los bolos ¿Qué te parece? —"
Llevaba tiempo queriendo ir a los bolos, pero su amigo cobalto nunca tenía tiempo para hacerlo, y bueno, para qué mentía, también pensaba que era un buen escenario para divertirse con Amy y volverse un poco más cercano.
Se consideraba un poco excluido de aquel par, pues una vez más se conectaron a través de él y ahora apenas era parte de sus planes o de la convivencia constante que tenían. Encima, que, por culpa de la carga académica, tampoco había tenido oportunidad de encontrarse a la rosada a través del campus.
Se frotó la sien con estrés, incapaz de sentir el poder de ordenar las cosas que ocurrían a su alrededor de forma beneficiosa para él. Volvió a tomar otro sorbo de té.
"—¡¿Bolos?! ¡Me hiperencanta esa idea! Hace muchísimo que no voy, estoy muy emocionada —"
Una sonrisa más se escapó de sus labios, sintiéndose algo victorioso. Ya se hacía la imagen de aquella entretenida tarde, inundada de risas, burlas, y de disfrutar la compañía del otro. Poder vivir un capítulo de su vida donde tenga a alguien con quien realizar aquel tipo de actividades que le generara alguna emoción le traía algo de consuelo y acogida a su corazón.
Miró la pantalla de su celular una vez más, buscando las palabras con las cuales contestar. Apenas había podido teclear una letra, cuando en su pantalla salió el contacto de Sonic, aclamando que contestara la llama.
Silver quedó totalmente descolocado ante la repentina e inconveniente llamada que se interponía entre él y su conversación. Rodó los ojos, descolgando la llamada y colocando el aparato a su costado.
—¿Qué-
—¡¿Por qué demonios no me invitas a mí a los bolos?! —un reclamo a viva voz del otro lado del auricular le interrumpió cualquier tipo de saludos.
El grito fue de tal nivel que tuvo que alejar el móvil de su costado, evitando así un dolor de oídos.
—¿Pero qué mosco te picó? —reclamó ahora Silver, totalmente confundido por la queja de su amigo.
—¡Leí el mensaje que le enviaste a Amy, traidor! —Un sonrojo se apoderó de todo su rostro, con la vergüenza cubriendo todo su cuerpo— ¡¿A mí me invitas a encerrarme en tu cuarto y a ella la llevas a los bolos?!
La escena de celos que le estaba armando Sonic no tenía ni pies ni cabeza, una tentación de risa quiso salir de su boca, pero toda gana de reír se esfumó cuando una posible escena cruzó por su mente.
—¡Espera! —exclamó ahora el plateado, levantándose de golpe de su asiento— En primer lugar ¡¿Por qué miras nuestros mensajes?! —un silencio se presentó del otro lado, escuchando una risa nerviosa del probable cobalto, y muy en el fondo, la voz femenina de Amy reclamando quién sabe qué cosa— Y, en segundo lugar, ¡Dime por favor que no estás diciendo todo eso frente a Amy!
—¿Y cuál es el problema si es así? —el tono burlón de su amigo lo estaba haciendo entrar en cólera, había dos cosas que no lograba soportar, el calor de la vergüenza, y que su amigo jugara con su límite— ¡Amy, saluda! —escuchó entonces, con un "déjame en paz" en respuesta de la rosada, evidentemente molesta— Bueno, no le hagas caso. Está molesta por cotillear sus mensajes.
—¡Y está en todo su derecho! —gritó, observando su puerta alerta ante el escándalo que estaba haciendo, preso de su euforia— Escucha, malnacido, creo que no estás entendiendo el maldito mensaje —masculló entre dientes, apretando el micrófono del teléfono contra su boca— es OBVIO el por qué no te estoy invitando a ti, así que hazte a un lado ¡¿Quieres?! —amenazó, al límite de la impaciencia.
—Nuh uh, nada de eso —Otra respuesta que lograba descolocar al plateado, exclamando un "¡¿Qué?!" indignado— ¡Vamos hermano! Tienes mil y otras oportunidades ¡Y lugares! ¡Pero yo hace mucho que no voy a los bolos! —suplicó, haciendo soltar un suspiro repleto de agobio de Silver— Piénsalo como una salida de amigos ¡Los tres! ¿No sería genial?
—Creo que sería una muy mala idea que nos hagamos tan amigos los tres, Maurice —puntualizó con el ceño fruncido— eso jamás termina bien, hermano.
—¿Por qué? —la ingenuidad del erizo le parecía ahora un muy mal chiste, estaba en la cuerda floja de no saber si ya el cobalto lo estaba tomando el pelo o si, directamente, no se estaba dando cuenta de la situación en la que se estaba interponiendo— ¡Por favor, Silver! Porfis, porfis, porfiiiiiiiiiis —rogó cual niño caprichoso.
Soltó un "Agh" de lo profundo de su garganta, viéndose vencido ante la presión. Probablemente lo estaba juzgando mal, tal vez no debería pasar precisamente algo malo porque se lleven bien los tres, de todos modos, aún no pasa concretamente nada.
Igual siempre habían sido sólo ellos dos, aumentar un poco el grupo no debería ser una gran amenazada, especialmente por lo conveniente que es a veces tener una chica a quien acudir.
—¡Ya déjalo en paz! —un reclamo proveniente de la otra línea llamó su atención nuevamente, escuchando esta vez a Amy. Unos ruidos en el micrófono que se asemejaban a un tipo de pelea se escucharon, para por fin recibir la clara voz de la eriza— No le hagas caso Silver, simplemente está tratando de hacerse el gracioso. No tienes que aceptar si no quieres.
—¡No estoy tratando de hacerme el gracioso, va en serio! —reclamó por detrás el cobalto.
—Amy, en realidad estoy pensando más en tu comodidad —respondió Silver, ignorando la voz del cobalto reclamando de fondo— si a ti no te molesta...
—¡Claro que no! —su respuesta no tardó en llegar— Me encantaría que tuviéramos una actividad así los tres, de por sí nos llevamos muy bien, y suena muy divertido poder tener una salida así con amigos.
Amy sonaba tan entusiasmada con la idea que, Silver no tuvo de otra que suspirar, sentándose derrotado en la silla de su escritorio nuevamente. No hacía falta pensarlo mucho, ya tenía claro cuál tenía que ser su respuesta.
—Está bien —contestó con una suave voz, junto a una falsa sonrisa como si ella pudiese verle a través del auricular— ¿Podrías regresarme con Sonic, por favor? —una afirmación de ella se escuchó, para luego escuchar los sonidos que transmitían el traspaso del móvil— Escúchame, pedazo de sinvergüenza.
—Y ahora qué —espetó molesto Sonic, por la probable negativa de su amigo— Más te vale haber pensado bien tu respuesta.
—Sabes qué, por mí prefiero que me entierren bajo tierra —contestó, con el ceño fruncido, para poco después relajar sus facciones, inhalando aire. Las carcajadas de su amigo al otro lado de la línea tomaron lugar en su mente, rememorando la importancia que tenía para él su amistad— pero está bien, creo que tienes razón con que hasta ahora no hemos hecho nada divertido los tres.
—¡Eso es! —una exclamación en celebración de su amigo lo hizo rodar los ojos, divertido— Ya ves que nos lo vamos a pasar bomba, hermano.
—Sé que sí —asumió, ahora sorbiendo más de su té, que para entonces estaba más frío que tibio— por cierto ¿Ya hiciste el reporte que teníamos que hacer? —un jadeo ahogado del erizo azul le hizo escapar una risa de su boca— La preocupación que te he dejado me parece pago suficiente por este sufrimiento que me acabas de hacer pasar.
—Te detesto —rio Sonic, despidiéndose, y finalmente la llamada había llegado a su fin.
Silver lanzó su teléfono sobre el escritorio, cerrando su portátil y cualquier otra fuente de luz frente suyo. Soltó un suspiro de resignación, de agotamiento, desparramándose sobre la silla. Nunca había suspirado tanto en un día, pero realmente que aquel erizo azul se traía encima una energía y una actitud que lograba agotar a cualquiera.
Unos toques en su puerta le hicieron voltear, encontrándose la figura de su padre en aquel marco.
—¿Qué fue todo ese escándalo? —preguntó con una sonrisa divertida, Silver sólo levantó los hombros, entre risas.
—Era Sonic, ya sabes como nos llevamos —contestó Silver, sonriendo de regreso.
*
—¡Eres un idiota, un sin vergüenza, un...! ¡Un atraviesa-límites! ¡Lo que sea! —Exclamaba enfurecida, parados a un costado del enorme recibidor de la compañía, sin nadie prestándoles atención realmente.
Ella propinaba pequeños golpes al costado del erizo, enfurecida por toda la escena que este mismo había iniciado sin ninguna consideración. Las carcajadas del erizo frente suyo la enojaba aún más, como si todo se tratara de una inocente broma ¡Cuando no lo era!
—¡Ya, ya! ¡Paz! Hago llamado a la paz —habló a su defensa el erizo azul, sosteniendo las manos de Amy— Mira el lado positivo ¡Salió un plan genial! Todos contentos.
—¡Pero el plan era para mí! Y tú husmeaste cuando regresaste del vestidor, ¡Eso es caer muy bajo Hedgehog! —Amy frunció el ceño, con una mueca de molestia. Sonic levantó los hombros en inocencia.
La rosada sacó sus manos del agarre del erizo, soltando un bufido. Se volteó de perfil cruzando sus brazos, golpeteando su suela contra el suelo en impaciencia.
—¿Cuánto más tenemos que esperar a... tu amiga? —habló Sonic, señalando la puerta detrás suya que decía en palabras grandes "Kinesióloga".
—Hasta que salga el último paciente —contestó ella con obviedad, al tiempo que la puerta se abría y dejaba ver a una chica salir— O sea, ahora mismo —mencionó, corriendo apresurada a la puerta antes de que esta se cerrara.
Sonic reaccionó de forma inmediata apenas vio a la eriza moverse, yendo detrás de ella.
Cuando entró a aquella oficina, se encontró con un cuarto de consulta. Había un pequeño recibidor en la entrada, con un escritorio, un librero, algunas plantas y un sofá. Sonic Observó la pared detrás de aquel escritorio, con un marco que daba a lo que sea que hubiese detrás.
El azul trató de husmear, inclinando un poco su cuerpo para lograr observar, llegando a identificar lo que parecía ser una camilla. Un codazo lo distrajo volviendo a su postura original.
—¡Deja de estar husmeando! —le regañó en susurro la eriza, observándole con el ceño fruncido. Sonic rio por lo bajo, algo culpable por sus impulsos poco educados.
Unos ruido se escuchaban en lo profundo de aquel cuarto detrás de aquella pared, alguien estaba murmurando por lo bajo, aparentemente sin percatarse que aquella pareja había entrado a la oficina.
Con un par de papeles a la mano, se asomó una equidna de color naranja que usaba un traje color aquamarina, con su bata de doctor por encima.
—¡Tikal! —saludó Amy, llamando la atención de la chica. Al levantar la mirada, esta sonrió inmediatamente, dejando sus papeles sobre la mesa— es un gusto poder volver a verte.
—Hola Amy —ambas se acercaron para dejarse un beso en la mejilla, como acto de saludo— hace rato que ya no te pasabas por aquí, ¿Algo te duele ahora? —cuestionó interesada, Amy negó, y Tikal vio por encima de su hombro, al erizo azul parado atrás, algo incómodo— Oh, perdón Joven, no te había visto.
—Tikal, quiero presentarte a Sonic —mencionó Amy, ahora agarrando la muñeca de Sonic para acercarlo más a aquella reunión que se estaba formando— Es un amigo mío y ha ingresado hace poco a la academia —se apresuró a contextualizar, ante la rápida mirada juguetona de la equidna frente suyo, haciéndola sonrojar un poco.
—Oh, comprendo —mencionó ella entonces, caminando hacia su escritorio, para tomar asiento, invitándolos a hacer lo mismo— Cuéntenme, ¿Qué puedo hacer por ustedes? Si es para una consulta van a tener que esperarme hasta mañana, mi jornada de consultas ya está acabada por hoy —mencionó con pesar, arreglando los papeles sobre la mesa.
—No es nada de eso, Tikal —mencionó Amy, tomando asiento frente a ella, siendo imitada por el erizo azul quien se mantenía en silencio, curioso de la situación— De hecho, vinimos para... —Amy lanzó una mirada al erizo a su costado, tratando de encontrar una seguridad en sus palabras, sin querer dudar— bueno... quería ver si nos podías hacer un favor.
Tikal entonces detuvo lo que estaba haciendo, levantando su mirada hacia la eriza, juzgándola. Entrecerró los ojos, paseando entre ambos personajes que estaban frente a ella, escudriñando las intenciones. Algo se traían entre manos y eso no le gustaba.
—¿A sí? —mencionó ella entonces, con una sonrisa, apacible y calmada— ¿Y en qué les puedo ayudar yo? —preguntó, juntando sus manos sobre la mesa.
—Bueno... —los nervios de Amy comenzaron a incrementar, algo nerviosa por la osada acción que pretendía cometer— En realidad queríamos saber si nos podías hacer un permiso médico.
La sonrisa de Tikal se fue desvaneciendo poco a poco, cambiando su expresión apacible a un ceño medianamente fruncido en preocupación. Observó al erizo azul al costado de su amiga, encogido de hombros, removiéndose en su lugar, incómodo.
Se había mantenido en silencio todo ese tiempo porque realmente no hallaba mucho que decir, tampoco sentía que existiesen palabras correctas para hacer saber lo que quería pedir. Se sentía algo incómodo por jamás haber visto a aquella doctora y que, en su primera visita, sea para pedirle que le hiciera un permiso.
—Amy —llamó con un tono más en regaño, sin perder su mirada y gestos amables— No puede ser que me busques pedir algo como eso, es más, no puedes hacer conocer algo como eso frente a cualquier amistad tuya —mencionó con preocupación, echando miradas cada tanto al erizo azul— ¿Qué pensará de mi profesionalismo entonces?
—¡Lo sé! Y perdón por pedirte algo como esto Tikal —mencionó la rosada, levantándose de su asiento con una angustia apresurada— pero Sonic es de confianza, no te juzgaría, y mucho menos vendría yo a pedírtelo si no fuese algo necesario —dijo, con una mano en el corazón.
Tikal apretó los labios, insegura. Su amor por el bienestar de los demás, junto con sus delicadas manos que permitía la recuperación de movilidad de los constantes bailarines lesionados que llegaban a su consulta, le había hecho ganarse su lugar como doctora allí, junto con la confianza que los alumnos depositaban en ella.
Amaba tanto su profesión, que le resultaba muy incómodo tener que otorgar faltas como esas, pero ese amor luchaba constantemente con el amor que, para variar, tenía por el bienestar también de los demás.
La equidna observó con cuidado al erizo azul, quien había juntado sus manos, entrelazándolas, casi en un acto de ruego; Tikal entonces, sentía que la solicitud era para aquel varón frente suyo, y no sentía que fuese por un capricho, ni por una maldad. Aquel mantenía su ceño fruncido, observando el suelo, preocupado. El señalado levantó la mirada, observándola, notándolo nervioso.
—Por favor —habló entonces Sonic, luego de todo ese tiempo en silencio— es la única solución que me queda —mencionó, casi en un ruego.
—Escúchanos y nos entenderás —sumó Amy, apoyando sus palmas sobre la mesa.
Tikal suspiró resignada, escucharlos significaría que estaba dispuesta a aceptar su pedido, y eso podía significar un problema. Sin embargo, su corazón se estrujaba de compasión al observarlos, podía sentir como realmente lo necesitaba, y confiaba en Amy.
Si ella le decía que podía confiar en él, entonces hacer un acto de compasión por segunda vez no podría ser tan grave.
—Está bien, cuéntame, Sonic —dijo, observándolo atentamente, alertando al erizo— ¿Por qué necesitas este permiso?
*
—Ese sería el pago de lo realizado durante el mes pasado —dijo su grave voz, pasándole un sobre que, imaginaba, contenía el cheque que su padre le entregaba todos los meses.
—Por este tipo de cosas amo estudiar lo mismo que tú —mencionó el plateado con una sonrisa socarrona, su padre golpeó aquel sobre encima de su cabeza, haciéndolo reír— Gracias papá —dijo entonces, tomando aquel papel de entrada al dinero entre sus manos.
—No me digas gracias, no es un regalo —corrigió el mayor— es el pago por tu trabajo como mi contador asistente, date crédito por eso —enseñó, Silver asintió con una sonrisa, agradecido de verse reconocido por su padre.
El plateado había dado por terminada la conversación, asumiendo que el pago era el único motivo por el cual su padre había decidido intervenir en su habitación. Se volteó de regreso a su escritorio dejando ahí el sobre, tratando de dar a entender que ya no tenía nada que decir.
Sin embargo, la presencia de su padre a su costado, notablemente inquieto, lo confundió por un segundo. Observó como este soltaba un largo suspiro, sentándose al bordillo de la cama que estaba detrás suya.
Silver por alguna razón, sintió un escalofrío recorriendo todo su estómago, ansioso del ambiente tan tenso que se había formado en su cuarto de la nada.
—¿Sucede algo? —habló entonces, cortando el silencio que lo encerraba en su ansiedad. Su padre carraspeó, haciendo que el de ojos dorados se volteara, girando su silla.
—Tu amigo, Sonic —habló entonces, frotando su barbilla con cansancio— estuve hablando con su padre estos últimos días, ya sabes que por el trabajo nos vemos mucho —Silver asintió, curioso de no entender el punto de la conversación— me ha estado contando sobre los preparativos que lleva sobre lo de la Gala de Beneficencia —explicó.
—Oh, entiendo —expresó Silver, captando el punto— claro, ya estamos en Octubre —rememoró— supongo que fuimos invitados nuevamente este año ¿no?
—Por supuesto hijo, somos familia —aclamó el mayor— nunca podrían no invitarnos —rio a carcajadas ante la pregunta tan obvia de su primogénito, este se encogió de hombros cohibido— en fin, aún no me confirma la fecha, pero lo más probable es que te lo avise luego durante la semana —señaló, arreglando las mangas de su camisa— por cierto, mi colega Hedgehog se ha visto últimamente preocupado por el hecho de unas nacionales que tenía Sonic durante este mismo mes.
Silver sintió como su padre le observaba algo preocupado al mencionar el tema, este suspiró con melancolía; cuando su padre le hablaba sobre Sonic y su padre, causaba siempre la misma angustia.
—¿Qué es lo que quiere saber esta vez? —Inquirió Silver al instante, haciendo una mueca de disgusto ante los problemas de comunicación parentales que traían su mejor amigo y a quien consideraba como un segundo padre.
—No ha visto a Sonic lo suficientemente preparado, le preocupa que no esté entrenando como debería —Silver se sintió tragar pesado, desviando la mirada— su entrenador le contó que se ha estado ausentando de forma periódica la última semana.
—No entiendo por qué el padre de Sonic te cuenta estas cosas —masculló con enojo Silver— si tanto le preocupa debería resolver esos asuntos con él, no meterte a ti entremedio.
—Ya sabes como son las cosas, Silver —la mención de su nombre lo avergonzó, bajando las orejas ante su temperamento. Su padre se levantó, apoyando su mano sobre su hombro en consuelo— sólo cuéntame qué pasa para poder dejar más en calma a tu tío lejano —rio.
Silver se mordió la mejilla interna, agobiado. No podía mencionar que se estaba ausentando porque ahora estaba metido en el mundo de la danza a sus espaldas, pero tampoco se sentía bien mintiéndole a su padre.
A diferencia de la familia del erizo azul, su padre y él tenían una comunicación clara, concisa y, sobre todo, honesta. Aunque en esta ocasión, tendría que faltar a eso último.
—A Sonic le duele el tobillo —soltó entonces, frotándose la sien— desde que tuvo una caída hace como... dos semanas atrás, ha estado con el tobillo resentido —expresó, provocando una expresión de análisis en su padre, quien posó su mano sobre su barbilla pensativo— supe que en uno de estos días iba a asistir al médico para que lo chequeen o algo así, la verdad es que ya no tengo más información.
Su padre asintió, complacido con la información.
—Vale, que bueno saberlo —dio a conocer complacido, sin darle mayor interés.
Un silencio volvió a posarse entre ellos. Silver veía que su padre todavía no tenía intenciones de largarse de su habitación, y eso estaba comenzando a sofocarle. ¿Qué estaba pasando el día de hoy que no paraban de llegar tensiones tras tensiones?
—¿Y ahora qué? —preguntó con fastidio a su papá, quien volvía a verse inquieto— nunca te quedas tanto en mi cuarto —bromeó, cruzando sus brazos.
Aquel erizo mayor hizo una mueca de indecisión, para chasquear la lengua con resignación. Abrió su saco, para meter su mano hacia uno de los bolsillos interiores.
—Escucha, no sabía si entregarte esto —mencionó, preocupando más al erizo por su tono serio— pero... lo vi en la entrega de revistas semanales y... —sacó un estilo de revista enrollada del interior de su saco, extendiéndola al erizo joven— pensé que quizá querrías saberlo.
Silver tragó ansioso, descruzando sus brazos para sostener con ambas manos aquel encuadernado de papel. Desenrolló aquella revista, encontrándose como portada la figura de aquella chica que pensó jamás volvería a ver.
Sus ojos ámbar se veían relucientes y serios, tal y como la primera vez que los observó. Notó que no llevaba la típica coleta alta que sostenía su pelaje como comúnmente hacía cuando se enfocaba en estudiar o debía realizar alguna tarea seria; aquí veía como sus cabellos caían sobre sus hombros, dándole un aura de elegancia, belleza y poder.
Tragó pesado, sintiendo mil pinchazos atacar contra su corazón. Una sensación de contracción constante que le cortaba su respiración cada tanto, sintiendo su boca secar.
—Es... —mordió su labio inferior que amenazaba con temblar en cualquier instante, gracias a la ansiedad. Presionó los bordes de aquella revista con un poco más de fuerza, arrugándola notablemente— Es Blaze...
—Lo siento, hijo —sintió una caricia sobre su cabeza, como un probable reconforte ante su evidente estado de desolación— ¿No has vuelto a verla?
—No —mencionó, con un tono más triste de lo que hubiera querido— No he vuelto a verla ni a hablar con ella desde que... —apretó los labios, dejando ir un suspiro por la nariz. Su padre entendió el coste emocional que significaba aún para su hijo decir aquellas palabras aún.
—¿Desde enero no es así? —Silver asintió— ya van 9 meses hijo..., me parece que es tiempo de que sanes ya.
Desvió la mirada con enojo, Silver lo sabía muy bien, y precisamente aquello era algo que lo atormentaba aún hasta esos momentos. Blaze era la mujer que más había amado en su vida, de una forma tan profunda y pasional que, para cuando las cosas terminaron, de aquella manera tan abrupta, sólo había quedado una devastadora desolación en su vida, y en su corazón.
No podía decir que no había tratado de superarla, concentrándose en sus estudios, o saliendo con chicas, pero para aquellos primeros meses, había sido una total lucha de él contra su amor dejado en las manos. Volver a ver su rostro luego de muchos meses, y sentirse como se estaba sintiendo, no hacía más que apuñalarlo más en su razón de sentirse profundamente miserable.
Sentía que no había logrado avanzar nada en su proceso de superación.
—Según leí regresó a Mobius hace menos de dos meses —rompió aquel lapso de reflexión su progenitor— no me habías contado que se había ido.
Silver abrió los ojos, sorprendido. No sabía cómo reaccionar en realidad, porque precisamente él no lo sabía; hasta esos instantes, el siempre desconoció los motivos que tuvo la gata para terminar su relación con él, y luego simplemente se esfumó de su vida de la nada.
Ahora, claramente, le caía como agua fría enterarse a través de su padre y de una patética revista que, al parecer, su insuperable amor había estado fuera del país.
Y él simplemente nunca tuvo idea.
—Quizá, si la vida lo permite un tiempo de estos... —volvió a hablar el mayor ante la ausencia de respuesta de su hijo. Acarició por detrás de la oreja de su hijo, haciendo llamado a la calma en el torbellino que probablemente estaba desatado dentro de él— tú y ella puedan por fin aclarar las cosas —dijo cual susurro al viento, un tono tan suave y reconfortante que causó un vuelco en el corazón del plateado.
Un vuelco que había penetrado lo más profundo de su sensibilidad; una punzada en el mismo sector que hizo que sus ojos se humedecieran, y entonces sintió como una sensación comenzaba a inundar su corazón y su mente, una muy peligrosa semilla había sido plantada con sus palabras.
La semilla de la esperanza.
Silver apretó sus manos con fuerza, arrugando la revista por completo, mordiéndose el labio sumido en un constante temor.
Nadie podía saber que todavía no la había superado.
Estimadxs! Muy buenas noches (al menos aquí)
Quiero comentar, primer que nada, que hoy es un día muy emotivo para mí, pues hoy he acabado mi carrera. 4 largos años han pasado desde que inicié esta etapa y ahora, la he dado por finalizada, convirtiéndome prontamente en una honorable profesional, si así la vida me lo permite.
Como ustedes son parte de mi vida, me causaba mucho entusiasmo poder compartírselos y poder compartir junto a ustedes esta felicidad y a la par, tristeza, por el fin de esta etapa.
Pareciera hasta un mal chiste, pues inicié este libro junto con Amnesia cuando ingresé al primer año de mi carrera, y ahora, regresé con mi carrera simplemente terminada.
Los agradezco por haber compartido conmigo, al menos, en este corto periodo.
Ahora, ¡dejando los sentimentalismos! este capítulo me ha encantado escribirlo. Quise hacerlo mucho más largo porque necesitaba poder incluir muchos desarrollos y avances de la historia y nuestros protagonistas dentro de esta.
¡Se vienen muchos eventos importantes para la historia! ¿Cómo afectará cada uno de los acontecimientos a nuestros queridos erizos? Se viene todo un resurgir de sentimientos, confusiones y enredos amorosos que puede que termine acomplejando, desquiciando y desesperando a más de uno de ustedes, jajaja.
Hacía ratito que no incluía en un capítulo el escenario de la compañía nuevamente, así que ahora era el momento de enseñarlo desde su interior, y por supuesto, ahora con nuestro erizo azul enfrentándose a ese complicado mundo.
Pudimos observar el lado vulnerable del confianzudo atleta que nos presentaron al principio, pero ahora, dudando de todas sus capacidades al enfrentarse a un mundo del que ni siquiera lograba recordar con exactitud.
Los roces entre Sonic y Amy son más constantes, y eso le vuelve complicado el camino a Silver. Sin quererlo, poco a poco los que eran unidos se han estado separando, sólo para juntar a aquellos que ya estaban separados.
Hablando de separados, el amor pasado de Silver amenaza con volver a aparecer en su mente, nuestra amada (¿o no?) Blaze. Por el momento es desconocida la razón por la que terminaron su relación, especialmente si Silver profesaba tanto amor, ¿entonces qué sucedió? Quédense en el libro que, les prometo, prontamente todo será aclarado.
Ansío traerles la continuación de esto, pero como saben, tengo que actualizar otra novela a la par (auxilio).
Por favor, ¡dejenme varios comentarios! Amo leer sus apreciaciones todo el tiempo, leer lo que piensan, sientes, creen y opinan. No hacen más que llenar mi corazón de motivación y amor! Así que dejenme comentarios, que siempre se los estaré leyendo.
Sin nada más que decir, besos y abrazos.
Me largo calamardo.
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