04; Interrogación

—Hola. —escuchó su melodiosa y complaciente voz saludarla, recibiéndose con un beso en la mejilla como saludo, y así permitirse sentarse frente a ella.— Lamento la tardanza... —continuó, deshaciéndose de la mochila que habría acarreado desde su salida, posándola a un lado suyo— ¿Está todo bien?

No supo responder en el momento, una colonia masculina había inundado sus fosas nasales cuando éste se había acercado y sólo se limitó a sonreír en lo que ordenaba sus ideas.

—Hola, no- digo, ¡Sí! —contestó eufórica con una sonrisa boba, causando una sonrisa amigable pero una facción confundida por su actitud al erizo frente suyo— Discúlpame, es sólo que es algo tan urgente...

—Entonces vamos al grano. —pidió jugando con una servilleta que estaba colocada formalmente en un recipiente.

Amy se vio sorprendida ante el poco interés del erizo en prolongar su encuentro, y por alguna razón muy en el fondo se sintió decepcionada; pero por supuesto, era algo lógico dado que estaba hablando con una celebridad y el erizo no tenía razones para permanecer junto a ella. Asintió levemente para tomar su aparato electrónico y buscar la grabadora, dispuesta a comentar su propósito.

Entreabrió aunque sea un milímetro sus labios cuando la murciélago había llegado a un lado de ellos, dejándoles sus respectivos cafés a cada uno y una media luna de regalo.

—¡Provecho! —deseó, alejándose, murmurando parafraseos de felicidad declarándolos una pareja ideal.

—¡Y-Yo no sabía si vendrías! —se excusó al notar el rostro reclamando respuestas al tener aquella taza de café frente suyo.— Desconocía lo que podría pedir para hacer tiempo así que yo...

—¡Wow! ¿Ésto es café? —le interrumpió maravillado un erizo que olfateaba el aroma endulzado del bebestible— No puede ser café único, huele muy bien. —comentaba, para arriesgarse a consumir un sorbo del líquido que le abrazaba en su calor toda su garganta, sonriendo con satisfacción.

—Oh, me alegro que te gustara. —sonrió enternecida ante las actitudes infantiles de su compañero.— No, es café de caramelo. Es bastante delicioso. —aseguró tomando de su taza de porcelana de igual manera, observándole con cautela.

Una expresión de pánico se instauró en el cobalto terminando de ingerir otro sorbo que había tomado de la bebida. Carraspeó dejando el utencilio sobre su pequeño plato y sonrió con incomodidad.

—¿De caramelo? —repitió sin querer creerlo. Fue testigo del movimiento dudoso afirmativo de la fémina delante suyo, y apenas persivió eso suspiró con resignación y con sus dedos movió a un lado la taza en un ademán de rechazar totalmente el pedido de la eriza.— Gracias por el detalle. —comentó, en un intento de que no se malinterpretase su acción.

No quería pensar en dar explicaciones del por qué de su actitud ni adquirir los indicios de alza de insulina que podrían mostrarse si se tomaba aunque sea una taza de ese delicioso café. La tentación le incentivaba y quería agradecerle a la eriza por el gesto, porque en efecto, sabía delicioso. Sin embargo tenía que cuidar sus subiditas de peso y sus altos estándares de azúcar, pues hacia mucho tiempo se lo habían prohibido porque era la imagen a seguir de muchos jóvenes más pequeños que él, lo cual, le parecía ridículo llegar a extremos de no poder darse un gusto.

La eriza por su lado observó fijamente los movimientos del erizo, en especial al apartar la taza de café, se sintió en una humillación total. Tal vez no era su culpa que le desagrade el caramelo, ¿Cómo saberlo? Pero estaba hecho, y ya había quedado plasmado en sus interacciones, y temía que divulgara a través de sus contactos que "una eriza rosa tuvo la poca dignidad de ofrecerme un café y yo le derribé lo poco que le quedaba".

Se entristeció ante la idea de haber cometido ese mísero error, y esperaba que el cobalto no hiciese comentario al respecto en el diario.

—¿No le gustó? —Se atrevió a preguntar jugando con sus dedos en un acto nervioso, la ansiedad la estaba consumiendo— Lo siento, si desea puedo pedir otro de su gusto y...

—No, no es eso. —se apresuró a decir deteniendo el movimiento ansioso de sus manos— es sólo que no suelo consumir azúcar. Yo lo pago todo. —se ofreció quitando su mano para sonreír ampliamente y de paso, sacar de su mochila una botella que parecía contener agua con rodajas de naranja flotando en su interior— Entonces, ¿Respecto al tema que nos reune...?

"Claro, es deportista, cómo va a consumir azúcar. Tonta."

—¡Oh! Sí. —se reincorporó para consumir un poco más de su café.— Mañana debo entregar un ensayo respecto a un tema que haya sido fenómeno juvenil últimamente, y... —su oración se mantuvo suspendida en el aire observando la expresión del deportista frente suyo, quien pareció demostrar hacia dónde iba su punto— El punto es... que si es posible que puedas contarme un poco sobre ti y tus logros para poder hacerlo...

—Ya. Entiendo. —cortó colocando sus manos en sus bolsillos con un ceño levemente fruncido— Si decidiste escribir sobre mí, ¿Por qué no me buscaste por internet? —sugirió.

La realidad era que en realidad a ella no se le había ocurrido. De hecho, ni siquiera se había cuestionado si su superación se destacaba tanto como para ser tendencia en internet.

Se removió un poco incómoda ante la mirada fija de su oponente, y tomando otro sorbo de su café se dio un segundo para relajarse.

—No lo hice, por que... si tenía la oportunidad de plantarme frente a ti a conversar... —contestó— ¿Por qué no?

Se mantuvo observándola durante una fracción de segundo para consumir un poco de su bebida. Le causaba una sensación extraña el fundamento que su contraria le había entregado pues, era un poco ilógico. ¿Quién pediría una charla presencial para escribir de algo que fácilmente puede encontrar por internet? ¿Existiría otra razón?

—Entonces... ¿Va a ayudarme? —pidió, llevándolo nuevamente a tierra firme, lejos de sus pensamientos.

—Claro. —contestó, sonriendo ante el rostro de la eriza que segundos antes era de súplica, se transformaba en un alivio indeseado.

La eriza asintió sacando una libreta y un bolígrafo, y de esa manera comenzar a reproducir la grabadora.

*

—...y de esa manera conseguí llegar a ser uno de los cinco mejores atletas en forma nacional. —Concluyó, percatándose de cómo la eriza asentía mientras garabateaba en su libreta la sesión de interrogatorio que podía asumir duró al rededor de cuarenta y cinco minutos.— ¿Hay otra pregunta? —se atrevió a preguntar, observando cómo la botella plástica que antes portaba su bebestible con proteína estaba a unas cuantas gotas de desvanecerse al completo.

—No. —contestó inmediatamente, levantando su mirada guardando su bolígrafo— ésa fue la última, gracias. —se adelantó a agradecer guardando todos sus artilugios con intenciones de pagar y retirarse, pues no tenía deseos de continuar haciendo perder el tiempo al deportista frente a él. 

Percatado de sus acciones, rememoró la razón del por qué había decidido reunirse con ella principalmente y al ser consciente de ello, la observó levantarse de su lugar.

—¡Espera! —le detuvo, tomando su muñeca instándole a que volviese a tomar asiento.— No puedes irte aún.

—¿Qué sucede? —respondió en cuestionamiento, volviendo a tomar lugar frente a él con confusión.

—Una academia. Me hablaste de una, quiero saber un poco más de ella. —explicó intentando escuadriñar entre los conocimientos de la muchacha, quien más que responderle, se dedicó a observarlo con una expresión confundida en su rostro.

—Lo siento, ¿Pero por qué…?

—¿Vas a continuar interrogándome? —le interrumpió soltando su agarre, la eriza rosa bajó su mirada avergonzada ante la brusquedad de tono del joven azul.— Yo respondí tu cuestionario. Me parece correcto hacer lo mismo por mí. —pidió, ésta vez buscando la mirada de la de orbes esmeralda.

Amy levantó su mirada sorprendida ante la insistente necesidad del erizo de conocer más respecto a su segunda vida en el mundo de la danza. Jugó con sus dedos y carraspeó, para asentir en conjunto con un suspiro que dejaba ir toda excusa en resignación.

—De acuerdo. —accedió— siempre y cuando… me expliques el porqué la insistencia. —condicionó con una sonrisa, disfrutando del rostro indignado del cobalto frente suyo.

Bufó, detestaba la idea de tener que admitir frente a una desconocida su oculto amor por la danza, aunque fuese sólo una fantasía frustrada. De mala gana extendió su palma dispuesto a aceptar la condición, le hervía mucho más conocer que mentir no le serviría de mucho, pues la hembra frente suyo dejaba notar sus dotes para averiguar de buena manera todo aquello que no le era convincente.

—Hecho. —contestó, sintiendo el tacto de la dama frente suyo al estrechar su mano con la suya, y no pudo evitar sonreírle con brabonería.

—Hola, ¿Les retiro los platos? —escucharon un tercer tono perteneciente a la murciélago que estaba a un lado de la mesa observándoles insinuosa.

Observaron expectantes sus manos estrechadas y se distanciaron rápidamente, aceptando la proposición de la camarera que en segundos retiró todos los trastos sucios que ocupaban la mesa.

—Disculpa. —le interrumpió la labor el cobalto— ¿A qué hora cierran? —se atrevió a cuestionar, sorprendiendo a la eriza rosa quien no parecía entender las intenciones del erizo.

—Oh, tenemos mucho tiempo aún, solemos cerrar a media noche. —informó con una sonrisa.

—oh, ya y… ¿Podrías traerme la carta otra vez? —pidió, recibiendo una respuesta afirmativa por ello.

En cuanto la murciélago se marchó, Amy se dedicó a observar confundida la acción del ojiverde frente suyo, ¿Qué pretendía hacer? ¿Retenerla ahí y hacerla callar por algo al respecto?

—No me mires como si fuera a secuestrarte. —se adelantó a decir el individuo recibiendo la carta, observando su contenido— Sólo pido algo para pasar el tiempo en lo que charlamos, me muero de hambre.

—¿Planeas hacer tu cuestionario tan largo? —le refutó, observando su teléfono y dos mensajes enviados por distintos remitentes que ella ya conocía.— Ya van a ser las nueve de la noche y…

—Oye. Dijiste que tu coso de la universidad debías hacerlo llegar mañana a medianoche, ¿No? —le rememoró con ansiedad, siendo testigo de la dudosa acción afirmativa realizada por su cabeza ante su pregunta— ¡Bien! Entonces no hay problemas en que nos quedemos hasta la media noche conversando si es necesario. —demandó observando apaciblemente la carta de aquella cafetería.

La ojiesmeralda por su parte quedó estática, ¿En qué momento aquel erizo se hizo el demandante de la situación? Peor aún, ¿En qué momento los roles interrogatorios se habían volteado de esa manera?

Tanteó la superficie de madera con sus dedos en un intento de controlar su impaciencia, pues le descolocaba observar cómo el erizo se mantenía aún observando la carta. ¿Qué le costaba decidirse?

—Bien, ¿Piensas platicarme del tema de tu danza? —retomó el tema inicial arqueando la ceja en cuestión.

Se sintió expuesta ante la intensa mirada que el cobalto mantenía fija en ella, tragó saliva con dificultad al serciorarse que él realmente estaba esperando que hablase al respecto. Carraspeó y apoyó sus manos sobre la mesa, entrecruzando sus dedos.

—¿Qué quieres saber? —inquirió entonces, abriéndose a la posibilidad de que él le preguntase lo que quisiera

Sonic se acomodó en el asiento enderezando su postura, iba a preguntar sin antes pedir el alimento por el cual se había decidido que para sorpresa de la eriza, había decidido por ella también.

—Bien, retomemos. —indicó— ¿Cuántos años llevas en esa compañía?

—10 años aproximadamente. —contestó.

—¿Es una gran compañía o una creciente?

—La más codiciada dentro de nuestra nación, entre las mejores diez. —explicó, con una sonrisa que expresaba lo orgullosa que se sentía respecto a la charla sobre su segundo hogar.

—¿Hombres?

—una gran cantidad, aunque de a poco van disminuyendo.

—¿Y eso por qué?

—no lo sé, la frustración o el poco tiempo. El ballet no es una disciplina sencilla.

—¿Sólo hacen ballet allí? —quiso saber, apoyándose sobre sus codos, observando el movimiento negativo de la fémina.

—Todos los estilos. A veces la directora hace elencos con sus mejores bailarines para hacer distintos estilos de baile con el mismo grupo divididos por edad, para eventos como giras o campeonatos. —explicaba moviendo sus manos con un poco de ansiedad. Esperaba poder explicarse lo mejor posible y saciar la extraña necesidad de curosear del macho frente suyo.— De hecho, hace poco dio anuncio de-

—¿Cómo puedo entrar? —lanzó la pregunta de repente, acallándola de forma inmediata instalándose un silencio que sólo les permitía sentir la tensión.

Le observó con ojos abiertos de par en par. Jade con verde se observaban con intensidad y podría jurar que había un poco de preocupación en aquellas ventanas del alma del de tez morena.

—¿P-Por qué quieres entrar? —tartamudeó regañándose mentalmente ante tal acto de vulnerabilidad.— E-Eres deportista de atletismo, no tendrás tiempo para… —suspendió sus palabras en el aire, notando cómo aquel individuo frente suyo bajar la mirada.

Llegó a sentirse un poco culpable, desconocía si en el fondo había otras razones por las cuales hiciera pensar a él; una estrella en lo que hace, cambiarse de disciplina.

—No me gusta atletismo. —contestó por fin, sin poder levantar su mirada— por ello en cierta parte, tengo esperanzas de que puedas ayudarme a entrar en esa compañía. —argumentó para observarla por fin, una sonrisa se instaló en sus comisuras, suplicándole que acceda y no haga más preguntas al respecto.

Le carcomía los labios cuestionarle la razón del por qué, pero sabía que eso no causaría un final feliz a esa charla.

Para salvar el momento llegó el pedido del cobalto por los dos, dejándoles una ración de chilidogs con hotcakes frente a Amy. Agradecieron e instintivamente, ambos se observaron cuestionando las reacciones del otro.

—Algo me dice que tengo rostro de que devoro mucha comida. —Comentó con gracia observando aquel plato de 3 hot cakes, quienes desbordaban la miel y salsa de caramelo que le habrían aplicado encima.

—Al contrario, considero que comes bastante poco. —contestó con una sonrisa, para comenzar a devorar unos cuántos chilidogs. Amy enarcó la ceja divertida ante la cantidad de comida que había pedido, siendo que había sido capaz de rechazar un simple café de caramelo.

Su comentario, ¿Se habría derivado tal vez, porque le había observado su figura?

Negó con la cabeza ante tan absurdo pensamiento, las hormonas se estaban alborotando dentro de su ser por el simple hecho de estar frente a una celebridad nacional. Nada fuera de lo normal.

—Entonsheshf… —Pronunció con dificultad el cobalto intentando ingerir la comida que tenía en la boca, disculpándose ante su mala educación sacando una que otra risa a la hembra— ¿Qué debo hacer para ingresar a la zona de baile?

Amy sonrió divertida y subió los hombros, dejando a un consternado muchacho que no entendía sus acciones. A continuación, sacó un bolígrafo y en una servilleta se dispuso a introducir su número telefónico, arrastrando la tela hasta dejarlo frente a él.

—Te lo explicaré mejor mañana a la primera hora que tengas disponible. —Informó, con la idea de mañana aclarar más profundamente el plan ideado de audiciones con su directora y después de ese entonces, darle la noticia al cobalto.

—Pero…

—Ya debo irme, ya sabes, tengo clases mañana. —Se apresuró a decir, dejando una considerable cantidad de dinero sobre la mesa, despidiéndose seguidamente de retirarse del local.

Aquel que fue abandonado se mantuvo con la palabra en la boca, incluso, había llegado a desvanecerse su apetito. Observó los aperitivos frente a la mesa y bufó ante el desperdicio, ni siquiera había tocado sus hot cakes.

Tomó entre sus manos aquel pedazo de papel de material ecológico que ella había utilizado para darle su contacto. Tanteó un momento el suelo con la suela de su calzado y finalmente, se levantó dejando la otra parte del dinero sobre la mesa. Iba a darle a entender a esa chica que él no se iba a desprender muy fácil de ella.

Salió del metro frotando detrás de su nuca con cansancio. Su cuerpo dolía en demasía y además, aquel estúpido erizo le había privado de tres horas de sueño de su horario normal.

Atravesó la calle con un bostezo y llegando al edificio, revisó el buzón de correos correspondiente a su piso, y sólo tenía una carta de la cuenta del agua y una de su madre, que insistía en escribirle.

—Es verdad… —murmuró para sí misma, rememorando cuántas veces aplazó escribirle a su madre por la falta de tiempo.

No tomó más importancia al asunto y, saludando al personal, se dirigió rápidamente a su piso escaleras arriba. Y llegado al tercero, introdujo la llave a su vivienda y se encerró en esas cuatro paredes que mantenían la decoración que ella misma se había dedicado a atender.

Dejó su mochila en el asiento frente al escritorio y se deshizo de sus ropas, reemplazándolas por ropajes de dormir. Sin muchos más ánimos se recostó bajo sus cobijas y se dedicó a dar una última revisada a su aparato electrónico.

Un mensaje de Silver y de Sally en cuestión esperaban por ser tomados en cuenta para responder:

“—Amy, ¿Dónde diablos estás? No te he logrado ver en todo el día. Tengo miedo de que te hayas casado con alguien y yo ni me entero. 🤯”

Rió ante las ocurrencias de su amiga, respondiendo un simple 'estoy bien' y que había desaparecido por —supuestos— ensayos de su compañía.

No tenía claro si comentarle respecto a su encuentro con el deportista de seudónimo Maurice. Algo no le cuadraba ante las extrañas distracciones de su mejor amiga frente a su imagen y a pesar de que fuese algo imaginado por su subconsciente, prefería no arriesgarse a causar un mal entendido hasta tener las cosas claras.

No obtuvo respuesta de parte de la ardilla al haber enviado su mensaje, por lo que lo obvió y se dirigió al otro chat que correspondía al albino y, al parecer, mejor amigo del deportista.

"—Hola, Rose. ¿Ya terminaste con tu cita? 💭"

Sonrió ante la idea, y en unos segundos, pudo apreciar cómo su contacto se manifestaba como online, y poco después, un nuevo mensaje apareció en el chat.

“—Perdona la insistencia. Me preocupo de que el infeliz no haya sido muy bruto contigo. ☃️”

Leyó el mensaje, y se sintió enternecida ante la preocupación y atención que el erizo albino le estaba entregando. Suspiró, y se dedicó a redactar su mensaje de forma apacible, imaginándose el futuro encuentro que le había prometido a él. Un escalofrío recorrió su columna ante la lejana idea de que eso ocurra.

"— No te preocupes. Todo estuvo bien, sólo fue una charla de negocios. 🌸”

Respondió, apagando el aparato electrónico con la idea de que él no continuaría mensajeándole, pues ya había cumplido su propósito.

Se masajeó la sien y, antes de poder realizar cualquier cosa, su teléfono volvió a vibrar señalándole que un nuevo mensaje le había llegado.

"—Me alegro de eso. Espero que tu reporte cumpla con nuestro trato. ;) "

Aquello le hizo sonrojar sin explicación alguna. Apagó el aparato y lo dejó en su mesón, en busca de poder quitar ideas ilusas de su cabeza.

Lo que le había dicho a su amiga tenía razón y cierto peso. Estar soltera por tanto tiempo le estaba afectando la cordura.

Terminado: 08 de Septiembre 2019
Publicado: 15 de Julio 2020

HEEEEEEY 🎈

NUEVA ACTUALIZACIÓN BEIBEEES 🥺 Y ésta vez presenciamos la charla que tuvieron nuestros protas respecto a aquel tema que los envuelve y, Órale, ya tienen nuevo encuentro :0

Silver está involucrándose poco a poco en la vida de Amy y al parecer, no desiste en el contacto. ¿Lograrán ejecutar el trato?

¿Qué pasará con Sally?

Nos vemos en los sig. Capítulos. 🙆

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