"A un mensaje de la desgracia"
Zane estaba al pie de las escaleras pensando en una solución. Había subido solo hasta el quitó piso, seguro de que ahí podría pensar en paz.
No era la primera vez que se le ocurría aceptar su derrota y afrontar el reto, pero debía admitir que le daba más miedo lo que pensaran los otros. Bien sabía que le molestarían por un largo tiempo con el asunto, ya casi escuchaba la voz de Jay llamarle "Dejado" o algo similar.
Era curiosa la manera en que todos sus pensamientos se concentraban en una sola persona. Estaba harto de pensar en Pixal.
Sintió que era lo peor que podía hacerse a si mismo: obligarse a tener una cita con alguien a quien no correspondía.
Hecho la cabeza hacia atrás y soltó un resoplido. Era obvio que los demás ya tendrían cita, mientras que él de algún modo se estaba escondiendo en ese mismo momento.
De mala gana se puso de pie y empujó la puerta de vuelta al pasillo principal.
Al salir, lo primero que se le ocurrió hacer era mandar un mensaje, inventando una excusa sobre que su supuesta cita estaba ocupada para no pasar por la vergüenza de decir que la única persona a la cual quería invitar ya estaba con alguien, y él de había hecho ilusiones sin saberlo.
Sacó el celular, ya con una excusa inventada, pulsó "Escribir mensaje de texto" y justo al instante, se arrepintió.
¿De verdad iba a ser tan cobarde?
Negó para si mismo, le habían pasado infinidad de cosas en los últimos días ¿todo para que a final de cuentas le tuviera miedo a algo tan absurdo?
Cayó en cuenta de que se estaba creando los miedos el mismo, por lo tanto podía superarlos....
Una chica, pensaba, alguien quien este dispuesta a hacerme un favor...
Se dio la vuelta sobre los talones, y justo cuando vio el ascensor supo que hacer.
Habitación 3-16.
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Suspiró, tenía nervios.
Estaba frente a la puerta de la habitación correcta, si su memoria no le fallaba (y rogaba por que no lo hiciera como ya era costumbre).
Miró su reloj, faltaban menos de diez minutos para las siete. Ya no había tiempo que perder. Sólo necesitaba una oportunidad, era una cita, no una propuesta de matrimonio.
Tocó la puerta. Fueron tres leves toques.
La perilla giró a la izquierda y luego la persona al otro lado la tiró hacia atrás. La puerta finalmente se abrió.
Zane trago saliva en seco.
-¿Zane?
El recién mencionado sonrió levemente.
-Eh... Hola, Adeline.
La chica peliroja traía el pelo suelto y un poco alborotado, lucía unos pantalones entallados y una blusa morada notoriamente de una talla más grande de la que usaba.
-¿Que sucede? -preguntó ella inexpresiva.
Zane ya se había imaginado que era justamente eso lo que haría las cosas más difíciles; Adeline no era muy expresiva con sus emociones además del enojo.
-Yo sólo pasaba a...
-¿Saludar? -dijo ella arqueando una deja y se apoyó en el marco de la puerta -¿a las siete pm?
-¿Si? -respondió Zane alzando los hombros.
Adeline no dejaba de verlo, de algún modo ella siempre descubría cuando él estaba mintiendo para cambiar el tema.
Zane suspiró dándose por vencido.
-Necesito que me hagas un favor...
La pelirroja abrió los ojos de la sorpresa.
-No me digas que había tarea y quieres que te la pase -exclamó de repente.
-¿Que? -agitó la cabeza -No. No, no es eso...
Adeline suspiró aliviada y se llevó una mano al pecho.
-Menos mal -le sonrió levemente más tranquila -¿De que se trata?
Zane se llevó una mano a la nuca, apenado.
-Antes de decírtelo quiero que sepas que si la respuesta es no no importa -aclaró.
-Esta bien -ella de acomodó en el marco de la puerta de nueva cuenta.
-Eh... ¿Te gustan los tacos? -dijo de repente.
La chica arqueó una ceja y se llevó la mano a la cintura.
-Si... -le respondió.
Ella lo miraba con sus ojos verdes, lo cual lo hizo acobardarse.
-Es bueno saberlo, gracias por el dato -se dió media vuelta.
-¡Zane! -exclamó obligándolo a volver.
Adeline agitó la cabeza, seguramente algo incómoda. Se cruzó de brazos manteniendo un semblante serio.
-Vamos, dime de una vez -dijo con un aire de confianza.
-Bueno... -justo en ese momento se le fueron las palabras.
-¿Y bien? -preguntó ante su silencio.
-¿Quisieras... Salir conmigo?
Adeline se sobre saltó al instante, se llevó una mano al cabello que le caía sobre el hombro.
-¿S-salir? -tartamudeó jugando con su cabello.
-Si...
-En una... ¿Cita? -ella aún sonaba sorprendida -¿con tigo?
Zane vaciló sin querer.
-Eh... Con migo y los chicos -al decir esto la pelirroja cambió la cara.
Zane ya había previsto ese problema. Ya le había quedado más que claro que Adeline y los chicos no podían ni verse en pintura, pero la chica peliroja era su unca opción ¿o no?
-¿Te refieres a tus amigos? -pronunció esa última palabra con algo de incomodidad.
-Si... Posiblemente seamos cuatro parejas... -también se sintió incómodo al decir eso último -¿Que dices?
Adeline torció la boca, mirando a otra parte. Cuando volvió a ver a Zane este ya sabía que la respuesta era un no.
-No será nada formal -se apresuró a decir -Por eso te pregunté lo de los tacos... Iremos a comer tacos, mañana por la noche... -dijo con algo de pena, pues sonaba absurdo.
-Pero...
-Te aseguro que los chicos no serán problema, ellos estarán con sus citas -agregó -Ninguno tiene novia por el momento...
-¿Que dices? -lo interrumpió de repente.
Zane agitó los brazos.
-Lo digo para que no te sientas incómoda -aclaró de inmediato -No tienes que verlo como una salida de... Parejas... Será una salida entre amigos.
Ella no había dejado de mirarlo. Se le notaba extrañada por el cambio tan drástico del ambiente. Zane se encogió de hombros, ahora si se notaba que estaba desesperado.
Adeline aún no respondía. Zane suspiró, debió saber que ella le diría que no.
-Zane... -ella no había dejado de jugar con su cabello.
-No, no importa -la interrumpió y se forzó a sonreír -No te sientes cómoda con migo, lo entiendo.
Estaba en eso de irse cuando ella volvió a hablar.
-No, espera -Lo detuvo.
Zane ya se había dado media vuelta, así que cuando se volvió a verla se encontró con una sonrisa. Ella se acercó a el, alejándose sólo un poco de la puerta.
-Si tu lo dices... Supongo que unos tacos no me vendrían mal.
Esta vez era Zane el que estaba sorprendido.
-¿Eso es un sí? -preguntó tratando de no sonreír.
-Bueno... sí -respondió.
Zane sonrió ampliamente.
-Pero es entre amigos -dijo ella de repente -sin compromisos.
-Ni uno sólo -No podía dejar de sonreir.
Por un momento quiso abrazarla, pero tubo que contenerse. Ella tampoco era muy afectiva que digamos.
-Mañana me cuentas -dijo ella y se dirigió a su habitación.
-Seguro -asintió sin dejar de verla.
-Adiós -se despidió.
Zane sólo fue capaz de hacer un gesto y quedarse parado frente a la puerta cuando ella la cerró.
Alzó los brazos.
-¡Gracias primer Maestro! -exclamó él.
Juró que podría llorar de felicidad en ese mismo momento. Lo había logrado y no podía creerlo. Tal vez era cosa de suerte, o había logrado convencer a Adeline, pero sabía que no podía estar más agradecido.
-Parece que alguien ya tiene la apuesta ganada -escuchó que le hablaban al otro lado del pasillo.
Esa voz lo bajo del cielo al suelo de su momento de gloria. Se volteó a ver de quien se trataba. Jay se le acercaba con una sonrisa.
-Supongo -dijo Zane volviendo a su humor de siempre aunque en el fondo aún estuviera con ganas de hacer una fiesta para él sólo.
Se acercó a Jay y juntos comenzaron a alejarse del pasillo.
-Menos mal -el pelirojo le dio un leve golpe en el hombro -hasta ahora parece que sólo somos tu y yo.
Zane se detuvo en seco.
-¿Como dices? -las palabras salieron solas.
Jay estaba unos pasos delante de él.
-Lo se -dijo Jay orgulloso -Parece que a Kai no le fue muy bien.
Zane se llevó una mano a la cabeza. No podía creerlo, él aseguraba era seguramente un milagro que alcanzara estar entre los tres primeros, ¿y ahora ser el segundo?
Algo no le olía muy bien.
-¿Que hay de Cole? -al instante en que preguntó quiso golpearse a si mismo.
Jay se encogió de hombros.
-No lo sé, no me a llegado ningún...
El sonido de su celular lo interrumpió.
-¿Crees que sea él? -preguntó Zane.
-No lo sé -se metió la mano al bolsillo derecho, sacó su celular y miró la pantalla -Si. Es un mensaje.
Jay abrió los ojos como platos, y se llevó una mano a la cintura.
-Ohhhhh, Shi-
-¿Que dice? -Lo interrumpió.
Jay miró la pantalla del celular, luego a Zane y de nuevo al celular.
Zane se deseperó y se lo arrebató.
"Suficiente. Estoy fuera. Venga el maldito reto"
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