CAPÍTULO 4

¿Híbrido? ¿De que habla?

Trato de dejar de lado los nuevos interrogantes y concentrándome en los más importantes, aunque me palpo la nuca esperando a encontrar respuesta con solo tocarla.

—¿Cómo puede ser?— Comienza a preguntar Ray.

—No tengo idea. Pronto se activará en el ritual y en las pruebas.— Contesta Iwin ya más lejos de nuestro grupo y más cerca del suyo.— Puede ser de cualquier brigada...una cosa no quita a la otra.

Enoch y Ray se miran entre sí. Parecen enojados.

—Oigan, no tengo idea de que están hablando y tampoco es lo que más me interesa saber en este momento pero si ustedes lo saben, solo quiero, necesito saber al menos quien soy.— Intento explicar con calma, aunque mi voz suene quebrada por la desesperación.

—Te diré algo, niño...—Explica Enoch acercándose.— Lo sabrás mañana en el ritual de iniciación, al igual que el resto de vosotros.

—Todo se le revela a aquél que espera— Interrumpe una voz aún más grave apareciendo de la nada, como todo en este maldito lugar.

Miro al piso de manera desenfrenada intentando buscar algo que por fin se quede fijo y trato de volver a equilibrar mi respiración, como cualquier letrado terminando de hacer alguna de las rutinas antevistas.

¿Que es todo esto? ¿Por qué no pude contenerme hace un rato? Cierro los ojos con frustración rogando algo, lo que sea que me ubique o calme de alguna manera.

De pronto, siento como si descendiera.

—Letrados...— Dice la voz grave provocando que abra los ojos. ¿Qué pasó con lo de híbrido y nuestras crisis de identidad? No sé, pero efectivamente, la porción de suelo que ubicábamos se desprendió del resto para bajarnos a un subsuelo.

¡Magia!, Burlo en mi interior.

La luz centralizada en medio de la oscuridad obliga a focalizar mi atención. Éste círculo lumínico recae sobre una plataforma a la cual no tardamos en aproximarnos. El sitio es igual de frío que el resto del fuerte aunque mucho más oscuro. Algo me dice que esta vez, algunas de mis peguntas serán respondidas pero aún me pregunto que clase de demostración no puede estar iluminada de la misma forma que el resto del fuerte. Ni siquiera el área de hibernación es tan oscura.

—Hace centenares de años existían los países, las culturas, los humanos habitaban por todo el mundo. Lo que antes era la teoría evolutiva nos confirma hoy que el hombre efectivamente evolucionó de los monos, del animal en su estado más puro. Era cuestión de tiempo para que los seres humanos desarrollaran lo que los hace diferentes a los animales: La razón. La mente.

Esa voz...me recuerda a algo. Observo sus ojos entrecerrados y me detengo en su cabello rubio viejo, en las arrugas a ambos lados de sus ojos. Es adulto, a diferencia de nuestros otros guías—Un mentor. Nada en su persona me resulta familiar pero su voz, su voz avanza lentamente tomando la parte de atrás de mi memoria, como si estuviese cerca de identificarla. Desisto. El devoto silencio que se oye mientras él nos percibe a todos repara mis únicas suposiciones hasta el momento: Él es de los que saben.

—Pero así como todo lo que proviene de la naturaleza, viene, sucede...y se va. La etapa evolutiva decreció a partir del siglo XX, creando como consecuencia, nada más y nada menos que la involución humana...pero como verán, no todos aceptamos el destino que la naturaleza nos proponía. Científicos, médicos, investigadores de alto calibre nos aliamos persiguiendo la misma idea: creímos que para prevenir que toda la humanidad involucione y se convierta en animal otra vez, había que desarrollar partes de la mente que hace años no se creía siquiera poder controlar. Todo lo que ven aquí, todo lo que experimentarán, es parte de la historia de la humanidad. Todos nosotros, ustedes, son la historia misma: Están recreando la etapa evolutiva del hombre para que esta vez, se quede para siempre en Arcadia.

El hombre sonríe y avanza hacia el otro lado provocando que todos lo sigamos, bordeando la plataforma. Observo con lo poco que me permite la escasa luz, al resto de mi división y ya no hay entusiasmo ni sonrisas. Por fin— Lo estamos digiriendo.

Noto a Iwin a un letrado de distancia y me inclino hacia él llamándole la atención.

—¿Quién es este tío?— Murmuro.

—¿Tío?— Titubea evitando una risa.— Ese tío no es un tío cualquiera, fisgón. Es el Doctor Hoffgärd, la cabeza directiva de todo el puñetero fuerte.

—Somos humanos, controlar está en nuestra naturaleza.— Comienza Hoffgärd mientras se pasea de un lado a otro.— Y en nuestra naturaleza, todo está en potencia de ser. Como les he dicho recién, ustedes se encuentran en un momento culmine para toda la humanidad...o al menos la que podemos y prometimos proteger.

—¿Proteger de qué?— Pregunta una niña.

—...Y esta vez no fue el niño.— Dice Enoch por lo bajo, exponiendo una sonrisa y observándome con los ojos entrecerrados. Supongo que le divierto. De mala gana, pongo los ojos en blanco.

—Estaba esperando esa pregunta.— Sonríe Hoffgärd mientras las luces se centran con más intensidad en la plataforma y ésta desciende realizando un sonido continuo.— Lo que experimentarán aquí y ahora... es una transformación.

La plataforma sube al ritmo de un repiqueteo continuo y esta vez, lo hace con alguien sobre ella. Inmediatamente, todos se inclinan hacia atrás, con un miedo que siento obvio.

Está desnudo y en una posición fetal agachada, abrazando su extremadamente pálido cuerpo. Sus venas se bifurcan por doquier, creando una red extremadamente visible. Tembloroso observa con agonía y ahogo. A juzgar por sus genitales sé que se trata de un hombre, o al menos lo que queda de él.

—¿Qué le pasa?— Pregunto empujando a mis compañeros y adentrándome en la primera fila, sin quitarle los ojos encima.

—Fisgón, ¡Asis! no— Susurra Iwin mientras trata de arrancarme hacia dentro.

—Déjalo.— Contesta Hoffgärd con calma pero la voz demasiado grave y seca.— Está bien.— Me dice posando su mando fría sobre mi hombro.

Enoch y Iwin comparten una mirada dura y elijo eludirla. Ahora, tan cerca, podría girarme y tratar de descifrar al mentor aún más pero mis ojos me obligan a centrarme en aquél otro hombre. Ninguno de esos tres merece atención alguna. Me acerco aún más.

Su cabello largo y ojos, negros como el carbón, sobresalen entre tal palidez. Sus labios tiritan mientras parece perder la cordura. Está fuera de si.

—¿Qué le sucede?— Insisto hasta que su grito ronco me deja paralizado.

No me muevo, no consigo hacerlo. El temblor se convierte en sacudida. Los ojos comienzan a retraerse hasta desaparecer por completo, sus iris y pupila.

—¿¿Qué hacen ahí?? ¡¡Alguien, haga algo!!— Grito tratando de hacer notable mi voz entre sus quejas y llanto. ¿¡Que no ven que está sufriendo!?

Se tapa los oídos con fuerza cerrando los ojos y su grito se agudiza como el de un animal. Ahora en sus ojos, no queda blanco—son puramente negros.

La criatura se lanza sobre mí y pierdo el equilibrio cayendo hacia atrás. Un cristal que no había notado antes, nos separa a todos de él, salvándome del ataque.

Respiro aceleradamente mientras Iwin y la niña encrespada me ayudan a ponerme de pie.

—Los sonámbulos son salvajes inhumanos. Irracionales, muertos vivos.— Dice Hoffgärd mientras las luces vuelven a inundar el espacio.— Los pueden distinguir por su inconfundible palidez, ojos puramente negros, postura y conducta animal. Lo que acabaron de presenciar es la involución misma, la automática y completa pérdida de racionalidad, de aquello que nos hace humanos. Esto es en lo que se ha convertido el resto de la humanidad, en lo que se convertirían ustedes de no estar aquí. Aquí en el fuerte aprenderán a combatir todo lo involutivo que sus mentes acarrean para prevenir su propia transformación pero para dominar su mente lo primero tienen que aprender es controlarla. Y para controlarla, deberán ir desde la superficie de sus mentes hasta lo más profundo de sus sueños, donde es más difícil tener el control.— Muevo mi atención hacia la criatura quién ya camina sobre sus brazos y pies alrededor de su jaula de cristal, fuera de si.— Pero no se preocupen, no estarán solos...estaremos con ustedes y más importante; estarán entre ustedes. Después de todo, la conexión más grande entre humanos...— dice Hoffgärd dedicándome su mirada y sonrisa.— ...es mental.

Ahora se sienta, abrazándose a sí mismo y por más de que luzca monstruoso, parece tener un profundo miedo.

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