CAPITULO 36
Intento recuperar la respiración. Luego, me pongo de pie entre la nada de mis compañeros para unirme al silencio.
Hay cinco cápsulas vidriadas que nos rodean de forma semicircular. Cinco cápsulas que contienen nuestros mismos cuerpos, flotando en el agua, rodeados de cables y tubos.
Somos nosotros cinco. Nosotros cinco inseminados.
—Perturbador.— Comenta Iwin acercándose a su copia.
Observo lo que señala. El símbolo del círculo cruzado está escrito con aerosol rojo en la parte inferior de cada uno de nuestras cápsulas.
—Esto si lo viste antes, ¿verdad?— me pregunta Kaidia.
—¿Las cápsulas? Si. Vi decenas de letrados inseminados en el área restringida del fuerte, incluyendo a Leah...una chica que no pasó ni la semana allí antes de ser transformada en sonámbulo.— Comento.
—Vaya...parece que pasó una vida desde que abandonamos el fuerte.— Dice Ray tocando su cápsula.
—No puedo creer de lo que son capaces...sus mentores.— Dice Kaidia demasiado aterrada como para acercarse a su cápsula.
—No son nuestros mentores. Son monstruos.—Dice Enoch apoyado contra la compuerta.— Nuestros enemigos.
Me acerco a mi cápsula. La misma imagen que antes supe ver reflejada ahora está intacta. Sin rasguños, manchas ni lastimaduras. Es tan falso, tan lejos de ser real.
Un sonido de interferencia me hace doler los oídos. Todos se tocan las orejas de la misma forma.
—Tienen que morir ¿Entienden? ¡Tienen que morir!— Dice Caius a través de los parlantes pero miro alrededor y nada, no hay parlantes. Suena adentro de mi cabeza, como cuando estábamos en el fuerte.
—Algún día entenderás por qué y me recordarás el final. Solo así podremos evitar el principio.
—¿Caius?— Pregunto.
Sus frases se superponen. Los demás observan alrededor de la misma forma.
—¿Lo escuchan ustedes también?— Vuelvo a preguntar.
Kaidia asiente, Iwin también.
—...Es como si estuviese adentro de mi cabeza.— Agrega Ray con terror.
—Lo siento, de verdad lo siento.— Dice Caius.— Convénceme de todo esto, Asis. Confía en tu mente.
Una sirena comienza a sonar. Al mismo tiempo, el piso se parte en dos y comienza a retraerse hacia los costados. Debajo nuestro hay un piso subterráneo, de metal con luces rojas.
—¿¡Que está sucediendo!?— Grita Iwin.
—¡Estamos atrapados!— Grita Kaidia.
Las paredes con nuestros cuerpos dobles comienzan a acercarse hacia nosotros.
—¡Las paredes se están cerrando!— Grita Enoch.—¡Tenemos que saltar!
Observo hacia abajo nuevamente y asiento. No hay otra forma.
Salto. Observo al rededor. Paredes cubiertas con cartón y empapeladas con papel de periódico. Los focos rojos cuelgan en las esquinas del pequeño espacio.
—¡Salten!— Ordena Ray después de haber ingresado.
Observo los periódicos de izquierda a derecha: Protestas, olas de secuestros infantiles, asesinatos de civiles en las plazas. De pronto las noticias cambian drásticamente. Seguros de vida, oportunidades de bienes raíces, publicidades de universidades y escuelas privadas, descuentos en indumentaria, restaurantes de lujo.
Sacudo la cabeza. Noto que el piso le queda poco por terminar de retraerse. Kaidia salta, Iwin y Enoch lo hacen también.
La sirena no deja de sonar.
—Oigan...— Dice Ray desde otra pared.— Escuchen esto: 'Una noche más. Esta vez se han llevado a todos los niños de las zona este llegando al centro, están avanzando y rápido. Les rogamos que evacuen el centro y el sur ya que nos informan nuestras fuentes, serán las próximas áreas afectadas. Eviten las calles y utilicen los túneles. Avanzarán sin piedad y matarán a todo padre o tutor que se resista. Contacten a su agente rojo más cercano, ellos los relocalizarán. Muerte al nuevo orden, asciende la resistencia.'
—Nosotros estuvimos ahí.— Agrega Iwin mientras piensa.— A nosotros nos llevaron.
—CONTROL es el nuevo orden.— Ray me observa, dando por definida mi duda de hace un rato.
Giro observándolo todo otra vez, cada vez más seguro de a dónde pertenecemos, de qué lado estamos. ¿Cuándo podremos por fin volver a nuestro lugar en vez de fingir ser parte de algo que no somos?
De pronto, el piso que antes se retraía ahora se cierra de golpe, dejándonos atrapados en este cubículo sin salida. Una voz femenina ya reconocida por todos los que pasamos por el fuerte, comienza a ser entonada con eco desde adentro. Siento mis brazos erizarse.
—El control deberá permanecer sagrado dentro de lo más profundo de nuestros recuerdos. Alzando nuestro propósito interior que contemplado debe permanecer
en vida, paz y prosperidad.
—No otra vez...no.— Dice Iwin tapándose los oídos.
—No puede ser...— Dice Ray.— El inconsciente era el único lugar que no podían controlar.
—Son los dueños de Arcadia, y si la controlan a ella, nos controlan a nosotros. No importa en qué parte del mapa estemos. Siempre lo hicieron.—Responde Enoch.
—Era una trampa.— Digo asimilándolo.— Todo este tiempo...hicimos lo que ellos querían que hagamos.
—La extinción deberá ser prohibida para la humanidad que nosotros mismos prometimos proteger. Desde el primer momento, ahora y por siempre.
—Caius...¿Caius sabía esto?— Pregunta Kaidia.
De pronto, se abren canales desde las paredes, permitiendo el paso rápido de agua.
—No nos ha dado otra opción. Moriremos ahogados.—Conviene Iwin con la vista fija en el fluir constante de agua.
—O quizá no, quizá realmente despertemos.— Digo.
—¿Cómo estamos seguros que despertaremos y que esto no es la parte final de las pruebas?— Pregunta Ray.
—No tenemos forma de saberlo.— Contesta Enoch.—Una vez más.
—Quizá la última.—Agrega Iwin.
Enoch asiente. Por primera vez nos observo a todos como equipo y esta vez no como un equipo que no se conoce o que deja sus diferencias gobernar su relación. Esta vez puedo leer el halo de confianza que nos hila a los cinco. Esta vez estamos unidos y esa, es no es la última vez.
—¿Y ahora que?— Pregunta Kaidia.
Vuelvo a esta realidad y noto como el agua me cubre las piernas hasta la altura del ombligo.
—Rogamos que esto funcione.— Respondo.— Confiamos en nuestras mentes.
—¿Y si no funciona?— Pregunta Iwin.
Alzo la mirada y los observo uno por uno.
—...Fueron la mejor quinta que podría haber tenido.— Respondo sin poder evitar una pequeña sonrisa.
Kaidia tampoco la evita, aunque pueda leer el miedo que brota de sí. De todos nosotros.
Se observan, nos observamos. Con miedo, con esperanza, con certeza. La única que tenemos: que estamos juntos. Tomo la mano de Iwin hacia mi izquierda y la de Kaidia hacia mi derecha. Iwin toma la de Ray y Kaidia la de Enoch. Enoch y Ray cierran el círculo.
El agua llega hacia nuestros hombros y se mueve rozando mi mentón. No el de Iwin...el es más alto. Kaidia tose mientras el agua ya comienza a tocarle la boca y nariz. Toma mi mano con fuerza y la ayudo a impulsarse hacia arriba y flotar un poco...al menos hasta que nuestros cuerpos desistan.
—Que mueras bien.—Me dice Iwin arreglándoselas para mantener el humor hasta el final.
—Tu también.— Respondo antes que el agua me tape la boca, ya sin más espacio para ocupar entre el techo y el agua.
—Nos vemos en el otro lado.— Comenta Enoch antes de sumergirse sin romper el círculo.
—¡No! No...— llora Ray con incomprensión.
—¡Oye! Estaremos bien.— Le dice Iwin.— Lo prometo.
Ray asiente y respira de lado. Observo a Kaidia desde abajo del agua y desde su posición, asiente. Ya estamos listos.
Tomamos nuestras últimas bocanadas de cara al techo y me dejo sumergir.
Quisiera poder cerrar los ojos, cerrarlos y así esperar una sacudida, una bocanada del otro lado o quizá una profunda negrura pero estoy cansado de esperar.
Con la cabeza boca arriba y los ojos abiertos bajo el agua, noto por primera vez en el techo, un círculo rojo en aerosol del mismo radio que el que forman nuestros cuerpos. En medio cruzan las otras dos líneas formando el símbolo. El símbolo de un lugar que no existe, un mapa. El símbolo de una revolución.
Tengo dudas, piezas que necesitan esclarecerse. Quien es Asis, de dónde viene, qué quiere decir todo esto, por qué ahora...pero algo si es seguro: Si despierto, tengo que encontrar a Caius. Encontrarlo y recordarle el genocidio. Recordarlo para evitarlo.
Lo repaso otra vez más cómo ansiando a escribirlo de manera indeleble en aquella parte de mi que tiene un anclaje real al yo del otro mundo. Al yo de verdad.
Mi cuerpo se sacude entre espasmos que exigen aire. El agua ya esta en mi boca, nariz y cuello, colándose por mis órganos que lentamente se apagan. Pestañeo entregándome a la oscuridad mientras mi cuerpo deja de luchar por eso que puedo llamar vida o un profundo sueño; un final o un principio.
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