CAPÍTULO 35
Abro los ojos y alzo la mirada al claro de luz que se inserta en la profundidad. Las siluetas de los sonámbulos se mueven a contraluz, luchando en vano contra la superficie helada.
Me doy la vuelta hacia abajo y comienzo a mover mis extremidades en aquella dirección. Sigo el neón azul y distingo en el camino, los cuerpos de mis compañeros.
Iwin, Ray, Kaidia y más adelante, Enoch.
Trato de apresurarme. Si es mi inconsciente soy yo quien debe encontrar el portal. Después de todo...esto es mi mente.
De la nada, algo sin rostro surge desde abajo frenando a escasos centímetros de mi cara.
Evito asustarme de más, pero consigo largar un par de burbujas de aire. Mierda.
Su cabello oscuro y largo amaga a tocarme la cara pero pronto sube dejando a la vista su condición de sirena. ¿Dónde había visto algo así antes?
La mano de Kaidia me sorprende tomando la mía para que me apure, pero ni se percata de la sirena andrógina que acaba de nadar entre nuestros cuerpos. ¿Estoy viendo cosas que nadie más ve?
Con el envión de Kaidia me las arreglo para continuar cuesta abajo. Mis pulmones me piden oxígeno.
Ya cerca del símbolo cruzado de neón, los encuentro a todos a medida que frenan en la estación submarina. Me acerco hacia el símbolo con la mano extendida, tratando de resolver lo que parece ser, mi propio acertijo.
Es casi dos veces el tamaño de mi cuerpo. Dibujo por encima las líneas, golpeo levemente, palpo buscando algún tipo de empuñadura pero nada.
Sé que nos estamos quedando sin aire. Las burbujas comienzan a brotar sin querer de nuestras narices. Nado un poco más, hacia abajo del símbolo y observo mi mano. La coloco en la parte inferior que ocupa la división Leaden.
El sector donde está mi mano pegada, se ilumina de azul. Quito la mano y las puertas se abren. Ingreso y detrás de mi, lo hacen los demás. Una vez todos adentro, la puerta se cierra y el agua, comienza a ser drenada de la recámara.
Respiramos, tosemos y volvemos a respirar.
Me quito el exceso de agua salada de mis ojos y boca.
—Por un segundo juré que no lo lograríamos.—Suelta Iwin.
—Somos dos.— Agrega Enoch.—¿Están-
Su voz deja de sonar. Los jadeos y respiraciones también se han ido.
Kaidia ríe mientras cierra los ojos, agotada. El sonido volvió. Me toco los oídos con algo de incertidumbre.
—Hubo un momento en el que— Comienza a decir ella hasta que su voz, vuelve a quebrarse en medio del silencio.
No hay nadie. Solo una luz que alumbra mi posición en medio de la más oscura negrura. Estoy solo. Pestañeo.
—...Entrar.— finaliza Kaidia.
No entiendo.
—¿Asis?— Me pregunta Ray.— ¿Estás...
Todo vuelve a desaparecer pero esta vez hay un rectángulo, un espejo. Camino hacia el y me encuentro a mí mismo reflejado en aquel espejo. Después de tanto tiempo, las diferencias son notables. Mi cabello está más alborotado que lo común y algo más largo. Mis ojos no parecen cansados a pesar de no pegar un ojo hace bastante, los rasguños cubren gran parte de mi semblante y a pesar de ser bastante menudo, noto los músculos que de a poco crecen dentro de mí.
—...ido.— Finaliza Iwin. Mis ojos intentan volver a acostumbrarse a la luz. Todos están rodeándome. — ¿Fisgón? ¿dónde...
Vuelven a desaparecer.
Esta vez en el espejo hay un niño. Exhalo mientras trato de observar su semblante ahora algo borroso. Me acerco más y noto cómo su rectángulo está algo inundado. El agua cubre parte de sus piernas desnudas y está bastante sucio. Sus ropas parecen viejas y gastadas. No es un espejo, es un vidrio y él... soy yo.
—¡Asis!— Suena en eco a lo lejos.
El niño se da la vuelta y a pesar de estar borrosa su imagen, sé que no me quita la vista de encima.
—¡No! ¡Espera!— Le grito.— ¡Vuelve!
—¡Asis!— Vuelve a sonar pero esta vez con más cercanía.
El niño me da la espalda por completo y continua su camino. Golpeo el vidrio con fuerza, lo que sea para que vuelva hacia mi pero solo logro que se quiebre, haciéndolo más difícil visualizarlo.
—¡Necesito que me ayudes!— Grito entre llanto.— ¡¡Vuelve!!
Golpeo el vidrio con enojo y logro que se rompa. En vez de encontrarme conmigo mismo del otro lado, solo hay oscuridad.
Tomo una de las piezas de vidrio y noto que ahora es espejo. Solo puedo encontrar en él parte de mi rota mirada, las lágrimas que no paran de brotar y un enorme vacío.
Aprieto el vidrio con fuerza escurriéndolo entre mis dedos. La sangre no tarda en brotar y un enorme grito, abandona mi ser.
—¡¡Asis!!— Me grita Enoch.
La negrura desaparece en un abrir y cerrar de ojos. La luz vuelve a asentarse y todos vuelven a aparecer. Estamos en la estación submarina.
Esta vez es Kaidia quien está en frente mío.
Suspiro y la abrazo con fuerza. Ella me devuelve el abrazo y con esta calidez humana, intento dejar la tristeza de lado. Se levanta una de las cuatro paredes que nos contienen pero estoy demasiado agobiado para ponerme de pie todavía.
—Sus manos...¿Qué le sucedió?— Pregunta Ray.
Noto que mis manos sangrientas llegan a tocarse en medio del abrazo. Supongo que eso si pueden verlo.
—No lo sé...Estaba en otro lugar.— Responde Enoch.
—Estás bien, Fisgón. Estamos aquí.— Me dice Iwin.
—¿Puedes ponerte de pie?— Me pregunta Kaidia al oído.
Suspiro y asiento. Recibo ayuda para lograrlo y una vez en posición erguida vuelvo a tomarme en cuenta. Avanzo.
—Vamos.— Les digo ya por cruzar la pared levantada.
Sin girarme sospecho sus miradas pero Kaidia avanza decidida y asiente. Sonidos extraños e interpuestos sin claridad alguna, irrumpen.
Vuelvo mi mirada al frente.
Estamos en un pasillo largo y vidriado en el fondo del mar. Inundado hasta la altura de nuestros tobillos y con parlantes que cuelgan del techo cóncavo. De allí provienen los sonidos.
—Iré a revisar de dónde viene la inundación.— Comenta Enoch.
Hay dibujos hechos con tiza en las paredes de vidrio, dibujos de niño...¿míos? Me acerco a tocar uno de ellos: Una mujer de la mano de un hombre y dos niños. Uno a cada lado. Una familia. Mi dedo se acerca erguido hacia ellos pero algo aparece del otro lado del vidrio causando mi estremecimiento. Es la sirena andrógina y sin cara. O quizá no. Una boca se dibuja perfectamente de oreja a oreja y se abre dejando a la vista sus filosos y largos dientes. Ruge y con su aliento, dos de los personajes se borran, desapareciendo por completo. La madre y el padre.
—¿¡Qué mierda fue eso!?— Pregunta Iwin pegado a mi.
—Parece una sirena.— Responde Kaidia.—...Enojada.
La sirena nada hacia arriba agitando su cola. La seguimos con la mirada hasta volver al centro del pasillo. Son siete de ellas y están nadando encima de nosotros.
—No sé que clase de historias escuchaban ustedes de niños pero que yo sepa las sirenas eran seres agradables y de colores.— Comenta Iwin.
—¡Miren!— Nos grita Ray un poco más adelante.
A medida que camino noto cómo los inocentes dibujos de niño se van transformando en dibujos más perturbadores, grafitis y frases de protesta.
Una vez al lado de Ray nos detenemos a observar. Está todo escrito en color rojo.
—'Muerte al nuevo orden'— Leo en voz alta.— ¿CONTROL?
—No lo sé pero aparece al menos siete veces en estas intervenciones.—Ray deposita su mirada en todos lados.—No recuerdas nada ¿cierto?
Lo pienso.
—No. Nada.— Respondo.
—¿Encontraste alguna gotera?— Le pregunta Ray a Enoch.
—No. Nada.— Responde.— ¿Vieron ya esos bichos sin cara? Me dan escalofríos.
Giro la mirada para terminar de leer algunas de las inscripciones.
'Devuélvannos a nuestros hijos', 'Nos quitaron tanto que acabaron quitándonos el miedo', 'Fuera al nuevo orden', 'No olvidamos ni perdonamos', 'Muerte al dictador', 'Libertad para el pueblo', 'La lucha finaliza con justicia'.
Se me pone la piel de gallina. Esto es lo que nos espera el otro lado, la realidad. Una realidad que para nosotros es desconocida, como un sueño lejano y para otros el tormento de todos los días.
—Maldito ¡¡CONTROL!!— Mascullo entre dientes y golpeando el vidrio.
—¡Asis, no!— Me grita Enoch corriéndome del vidrio quebrado.
La línea rota lentamente crece resquebrajándose más. No sabía que tenía tanta fuerza.
La línea no se detiene. Nos echamos hacia atrás.
—Mierda.— Comenta Iwin.
—Tenemos que salir de aquí.— Señala Ray.
Corro hacia el final del pasillo hasta llegar a otra pared metálica. Hay una palanca. Jalo de ella y la pared se abre a la mitad cuando me acerco.
—¡Vengan!— Les grito ya desde adentro.— ¡Rápido!
Los demás me siguen. Una vez todos adentro, el vidrio del pasillo se termina de quebrar permitiendo que el agua ingrese a gran velocidad.
—¡Hay que cerrar las compuertas!— Me señala Ray a los gritos.
—¡No se cómo!— Respondo mientras intento poner la palma de mi mano.
Busco algún interruptor, palanca pero nada. El agua inunda nuestro espacio.
—¡Tiene que haber alguna forma de cerrarla!— Grita Iwin.
La palanca.
—...De la misma forma que fue abierta—Pienso en voz alta.
Salgo atravesando el espacio y el agua que ya me llega a las caderas.
—¿¡Estás loco!?
—¡¡Asis, vuelve!!
Meto mis manos en el agua y jalo con fuerza en sentido contrario. Las compuertas comienzan a cerrarse.
—¡¡Rápido fisgón!!
Arrastro mi cuerpo con dificultad y nado hacia adentro. El vidrio de todo el pasillo termina por explotar. Solo alcanzo a ver las sirenas que se escurren frenéticamente entre la inundación pero las compuertas terminan por sellarse detrás de mí.
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