CAPÍTULO 27

Lo logramos. Enoch todavía en el piso, se toca la cara lastimada. Sus heridas desaparecen de a poco.

—¿Qué sucedió?— Pregunta tragando saliva.

—Estabas poseído y despertaste a todos los zombis, eso sucedió.— Le contesta Iwin mientras avanza por el túnel.

—¿Qué tengo en la cara? ¿Cómo...?— Comienza a preguntar otra vez, desorientado.

Lo ayudo a ponerse de pie.

—¿Acaso leíste acerca de la lluvia ácida en la revista? ¿O lo escuchaste en otra leyenda? —Pregunta Kaidia irónica mientras le sostiene la espalda.

—Veo que alguien ya entendió nuestro sentido del humor.— Agrega Iwin desde lejos.

Nos miramos con Kaidia y compartimos una corta sonrisa.

—Descuida, las heridas están desapareciendo.— Le respondo a Enoch mientras se toca la cara aún algo lastimada.

Separo mi mano de la suya y noto como mis heridas se curan también.

—¿Estás bien?— Le pregunta Ray mientras me desplaza para abrazarlo.

—Estoy bien...¿y tú?— Le responde acariciándole el cabello.

Iwin está perpendicular al carril del tren y su mirada está clavada en la línea amarilla.

Me pongo de pie para dirigirme a él.

La estación subterránea tiene un par de goteras. Las que caen rozando las paredes tocan los careles y afiches. Noto entre ellas un mapa de las distintas líneas de subte, que se mueve lentamente variando las direcciones. Pestañeo un par de veces y continuo mi camino hacia Iwin, decidido a mantener mi mente calma al menos por un rato.

Cuando llego a su lado, él pone un pie y luego el otro posicionándose sobre la misma y única línea amarilla.

—Cuando hacía esto de niño, no importaba el momento, el tren siempre llegaba.— Me dice Iwin casi con una sonrisa.

Imito su sonrisa. Al segundo, suena el tren desde lejos. La sonrisa de Iwin se desvanece de a poco pero su mirada continua clavada en el otro lado del andén.

—Los barrotes no van a aguantar mucho más.— Le anuncia Kaidia a Ray y Enoch.

El tren ingresa a la estación. Imposible.

¿Alguien pidió el tren?

Pienso para mis adentros invocándolo a Iwin.

—Puede haber sido casualidad.— Responde en voz alta.

Asiento aún sin creerle mientras el tren se estaciona en frente nuestro. Los demás se acercan.

—Vamos a tener que entrar.— Nos dice Kaidia.

Los rugidos de los paradox suenan con eco y sus intentos de rasgar las puertas ahora son más fuertes.

—No me digas...— Contesta Iwin por lo bajo.

Las puertas del tren se abren de par en par. Entramos de a poco hasta que un sonido en seco con reverberación grave provoca nuestra alerta.

—¿Qué pasó?— Pregunta Kaidia.

—Las puertas.— Responde Ray.— ¡Entren!

Empujo a Iwin al sentir a los paradox tropezándose camino a nuestro encuentro.

Las puertas del tren se cierran. Los paradox chocan contra el vagón mientras nos echamos hacia el otro extremo.

—¡¿Cómo se supone que avance esta cosa?!— Pregunta Enoch entre gritos.

Los puños de los paradox golpean contra las ventanas y puertas. Pronto, la estación está repleta. Kaidia se tapa los oídos y Iwin está con la mirada fija en el piso.

—¡Iwin!— Le grito.

—¡Estoy en eso, fisgón!

El tren comienza a pitar y pronto comienza a moverse. Los paradox se despegan por el impulso y muchos caen en el andén ahora vacío. Kaidia se quita las manos de los oídos.

Todos suspiramos aliviados. Todos menos el. Él sabe que es el próximo.

El tren ingresa en la oscuridad de un túnel. Me pongo de pie y observo con detenimiento el vagón. Asientos dispuestos en ambos laterales, algunos de frente otros de costado. Vacío, imagino a las personas que antes lo llenaban. Por más de que sea parte de algún recuerdo de Iwin, tiene ese anclaje a la realidad. Esa misma realidad que recuerdo en las palabras y lo que significan, como si alguna vez y hace mucho tiempo, la hubiese visto con mis propios ojos.

Esas personas que iban al mismo lugar en el mismo espacio pero como si solo fuesen obligados, poco pueden llegar a compartir entre sí. Casi como nosotros.

Desplazo mi vista de la perfecta perspectiva en profundidad del tren para seguir los sonidos como de rasguños. Es Enoch.

—¿Qué le pasa?— Pregunta Kaidia sin dejar de observar el cuerpo tembloroso.

Ray ya está a su lado pero observa el piso con cara de pocos amigos.

—Está iniciando una conversación.— Concluye.

Los ojos de Enoch se mueven para todos lados amagando irse para atrás por completo. Toma bocanadas de aire mientras se aferra al asiento con fuerza. O al menos lo intenta. Ser médium debe doler mucho.

Me sitúo en frente de él y Iwin me imita.

Los sonidos de queja de Enoch cambian su tonalidad a una más grave. Su iris y pupila se retraen por completo, dando lugar a un blanco puro.

Silencio.

—¿Hola?— Pregunta Kaidia.

Rompiendo la tensión, Enoch toma una gran bocanada. O debería decir Caius.

Comienza a toser.

—¿Están todos bien?— Pregunta la voz de Caius a través del cuerpo de Enoch.

—¡Caius!— Exclama Kaidia con alegría. —¿Esta todo bien por allá? ¿Pasó algo?

—Estamos todos bien...¿Qué hay de ustedes?— Pregunta él.

—Estamos todos.— Contesta Ray con una ironía que Caius no llega a percibir.

—¿Dentro de cuál de sus inconscientes estamos exactamente?

—Acabamos de pasar el de Enoch...Suponemos que estamos entrando al de Iwin.— Respondo.

Iwin observa sin decir nada.

—Entonces restan tres...—comenta Caius.

—Si.— Confirmo.

—Bien. No tengo mucho tiempo pero tenía que decirles algo. ¿Recuerdan cuándo les pregunté si sabían lo que querían decir sus series de identificación?

—Si...— Respondo torciendo la duda que comienza a crecer en mi.

—Ustedes me dijeron que tenía que ver con la división y yo les señalé las letras...les dije que quería decir que eran del mismo equipo.

—¿Qué pasa con eso?

—No es tarde para echarles un vistazo.— Contesta.

—¿De que habla?— Pregunta Kaidia.

La voz de Enoch comienza a sonar en forma de queja mientras se aferra con fuerza al caño de metal. Ray le presta su brazo para que él lo tome.

—¡Caius! ¡Espera!— Le grito.

Los ojos de Enoch aparecen detrás de sus párpados.

—Ya se fue.— Contesta Ray.

Enoch inhala con fuerza y vuelve a incorporarse en su propio cuerpo.

Me pongo de pie con la mano en la nuca. ¿Cómo...?

Me acerco al cuello de Iwin.

—¿Qué te pasa?— Me pregunta.

—HX-8.22.8.13— leo entre murmuros.

Camino hacia Ray y hago lo mismo.

—SX-17.0.24

Luego, con Enoch y Kaidia.

—CX-4.13.14.2.7...O-12.8.10.0...¡Kaidia! ¿Cuál es mi letra? No importan los números— Le pregunto acercando mi nuca a sus ojos.

—A...—responde.

Trago saliva y asiento.

—La X la tenemos todos menos Kaidia, obviamente...es la primera letra de cada uno que es distinta.

—¿Qué quiere decir?— comenta Ray aún sin estar convencida.

—La X puede ser el símbolo de las divisiones— Comenta Iwin.— La mente dividida en cuatro.

—O el símbolo de CHAOS.— Agrega Enoch.

¿CHAOS? Murmuro las letras una por una: H, S, C, O...A.

—¿Qué palabra forman las letras?— Pregunta Kaidia.

—CHAOS...— Digo por lo bajo aún dejando que el entendimiento tome mi raciocinio y hable por sí solo.—CHAOS. La palabra que forman nuestras letra, es CHAOS.— Contesto, frustrado.

Todo este tiempo, juraba que ellos eran CHAOS...no nosotros.

—Imposible.— Responde Ray mientras sus ojos se mueven buscando algo más.

Un silencio suena mientras el tren sale del túnel negro para pasar de largo por una estación. Me asomo por la ventana para ver a una mujer de pelo largo de la mano con una niña de rulos dorados, ambas de espaldas. Ella corretea y salta mientras la otra trata de retenerla. Lo vuelvo a pensar, las vi antes.

—La pregunta es...—Comienza a decir Iwin mientras observa por la misma ventana que da a la estación.— Si nosotros somos CHAOS...entonces, ¿quiénes son ellos?

La mano de un niño un poco más grande se mece de lado a lado del otro lado del vidrio. Evitando verle el rostro, noto sus pies. Están sobre la línea amarilla. La niña llega corriendo y su risa resuena con eco, como si estuviésemos adentro de la cabeza de Iwin.

La niña que juega con el pequeño Iwin es Maisie y la que está con ellos, es su madre.

El abrazo que los une a los tres es lo último que llego a ver antes de volver a otro túnel oscuro.

Iwin se da la vuelta, desplomándose sobre el asiento mientras su mirada se fija en el piso. Por mucho que quiera acompañarlo, mi intención tiene un límite.

Además, su mente está bloqueada. De alguna manera sé que él también lo prefiere así.

—Ey...— dice Kaidia sentándose a mi otro lado.

—Ey.— Le respondo evitando una tímida sonrisa.

Su pelo blanco se balancea rebelde a ambos lados de sus orejas y sus ojos brillan expectantes. Su peca se ve con más claridad que nunca.

—Sé que no estuve con ustedes en el fuerte pero...Estaba pensando.

—¿Qué cosa?

Se toma un segundo y abre los ojos con más intensidad después de un largo pestañeo. Supongo que es difícil hacerle entender que me agrada su presencia en medio de semejante locura. ¿Lo habrá sospechado?

—Si todo lo que dice Caius es cierto, que estamos soñando y que tenemos que despertar juntos...¿Crees que desde que fuimos...?

—Inseminados.—Agrego.

—Inseminados—Repite haciéndose del glosario.— ¿Ellos sabían que estaríamos juntos, nosotros cinco? Quiero decir...yo no estuve en el fuerte con ustedes.— Repite.

Noto en su última frase, algo de pena, como si hubiésemos vivido y conocido más que ella o como si nuestro lazo dependiera de nuestro tiempo en el fuerte.

—Creo que siempre se suponía que formáramos parte del mismo equipo, teniendo en cuenta que fuimos inseminados...no es casualidad. Eso no existe en este mundo.— Le digo mientras ella asiente cabizbaja.— Además, estas con nosotros ahora.

Sonríe un poco y yo también. Vuelvo mi mirada al mismo punto que cada vez parece más indescifrable.

—¿Qué anda rondando por tu cabeza?—Me pregunta obligándome a salir a la superficie.

—¿Todo?— Le digo con una sonrisa.

Ella también sonríe y asiente cerrando los ojos.

—¿Además de todo?— Insiste.

De alguna manera creo que las ideas se terminan de condensar cuando uno las dice en voz alta. Quizá por eso me aterra hablarlas.

—Cuando Caius nos dijo lo de las series de identificación, verás...—Me tomo ambas manos sobre las piernas.— No nos dijo nada en realidad. Recurrió a lo que hablamos en el refugio, nos guió sin decir nada explícito ...Como un acertijo.— Me detengo por un segundo.— Como si, y no estoy diciendo que es así, sino que quizá y tan solo quizá, no pueda decirlo...

Despego la mirada del piso. Kaidia observa lo mismo que yo, quizá igual de aterrada.

—¿Cómo si él estuviese siendo visto...por ellos?

—Peor, como si estuviese siendo controlado.— Digo sin poder evitar proyectar el rostro de Hoffgärd en mi mente.

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