CAPÍTULO 26

—Por aquí.— Dice Enoch mientras nos guía por más pasillos laberínticos de su propio inconsciente.

La nieve cae en menor cantidad pero el frío es lo más intenso que jamás haya sentido. Los pasillos son estrechos y están rodeados de mercados y locales vacíos, todos señalados con carteles en símbolos japoneses. Unas luces naranjas y rojas son toda la calidez permisible en este lugar.

—Vaya, nunca hubiese pensado que tenías sangre japonesa.—Acota Kaidia mientras tirita.

—No tengo; sólo me fascinaban los mitos y leyendas orientales. Eran mágicas aunque a veces crudas. De vez en cuando, también me daban miedo.—Asume Enoch.

—No es momento para sentirse inseguro, viejo.— Le dice Iwin a Enoch.— Este maldito frío me está perforando los huesos.

Enoch pone los ojos en blanco y continúa su camino.

—Estas en el inconsciente de un Gythor...preocúpate por mantenerlo en sus cabales, ¿quieres?— Dice Ray.

—Supongo que tiene razón.— Dice Kaidia.— Si queremos que este lugar no estalle deberíamos preocuparnos por mantener a su amigo en armonía.

—¡Por aquí!— Señala Enoch desde más adelante.

—Como sea.—Iwin se adelanta, casi de mala gana.

Llegamos a un pequeño corral de madera y nieve donde Enoch termina de abrir lo que parece ser nuestra salida. Después de tirar un pedazo de madera con el pie se adentra en el agujero. Luego, uno por uno, le seguimos el resto.

A medida que terminamos de pasar la apertura, nos quedamos a la misma altura con la mirada abstraída en alto. Edificios enormes y enteros, una ciudad aún intacta.

—No les miren a los ojos.— Nos recuerda Kaidia.

Por vez primera los advierto entre los semáforos, los vehículos, sobre el mismo asfalto. Más de cien paradox, al menos ciento cincuenta. Parecen personas...se mueven igual que nosotros.

—¡Cuidado!— Me grita Ray mientras me tironea hacia atrás.

Un paradox casi me tumba en su acelerada caminata. Se aleja con su maletín y traje y aunque no me pueda permitir observarle el rostro, sé que sigue con la mirada pegada en nosotros.

Hay tráfico, los coches están varados. Al parecer los paradox se dirigen hacia el mismo lado.

—Vamos...— Dice Enoch asintiendo.— Sea lo que sea, se están concentrando.

—Estamos rodeados hasta el culo.— Dice Ray por lo bajo mientras me ayuda a ponerme de pie.

Caminamos bordeando la avenida principal, avanzando por las calles laterales. Hay menos de ellos aquí, pero aún así los que están nos quitan la mirada de encima.

A medida que avanzamos se escuchan sonidos específicos: gritos, pasos, sonidos más fuertes, golpes.

La nieve apenas forma parte del cemento y toldos. Hace frío pero esta vez es soportable.

Llegamos a lo que parece ser la salida de esta estrecha calle y ahora los sonidos son más fuertes.

—Parecen venir del centro de la ciudad.— Comenta Enoch.

—Están concentrados.— Agrega Iwin.

—Vamos a tener que atravesarlos.

—¿Que?— Pregunta Ray aún anonadada.

—Tiene que haber otra salida—Comienzo a decir.— Quizá si continuamos bordeando...

—Todas las calles desembocan en la avenida.— Contesta Enoch.—No hay otra salida.

—¿Has estado aquí antes, verdad?— Le pregunta Ray poniendo su mano sobre la espalda de Enoch.

Enoch asiente mordiéndose la mandíbula. Áun así, es más información de lo que habría esperado de su parte.

—No se separen.— Advierte antes de ser el primero en salir.

Le seguimos sobre la vereda, evitando tocarnos con los paradox que caminan en sentido contrario.

—¿Crees que lo que vemos depende de su estado de ánimo?— Le pregunto a Kaidia casi en murmullos quien avanza a mi mismo nivel.— Dijiste que tratáramos de mantenerlo en un estado de armonía.

—Casius lo dijo. Creo que depende de su completo estadío mental: de lo que recuerda, de lo que imagina y lo más importante, de lo que siente.— Me responde imitando mi tono de voz.

—Y de lo que le aterra...— Agrega Iwin.

Está varado frente a un puesto de revistas y diarios. Frenamos a su lado y él levanta lentamente un diario del montón. Ray nota que no los estamos siguiendo y se da la vuelta con Enoch para venir a nuestro encuentro. Alcanzo a ver una fotografía en la portada que está divida en dos: en la fracción izquierda hay carteles, humo, caras tapadas. Parece ser mucha gente amotinada. En cambio en el lado derecho hay una persona sola, un tipo de unos sesenta años con la mano en alto, saludando. Atrás suyo hay banderas, flashes y flores azules. Viste un traje del mismo azul y una sonrisa que contrasta con el claro desencanto del lado izquierdo. Cruzando el diario escrito en tinta roja dice 'Ellos mienten'.

—¿Por qué se frenaron?— Pregunta Ray.— ¿Qué sucede?

—No dice el año, supongo que es porque no existe el anclaje temporal en los sueños, pero...

—¿Pero que?— Pregunta Enoch.

—Si dice 8 de Noviembre— Contesta Iwin.

Un estruendo estalla en el cielo justo antes de que una lluvia copiosa nos toque el cuerpo de manera reiterada.

—¿Sabes que significa?— Le pregunto a Enoch alzando el volumen de mi voz para evitar que la lluvia lo tumbe.

Enoch está cabizbajo, observando el piso con la mirada perdida.

—Enoch, ¿sabes que día es este?— Iwin señala el diario.

Enoch levanta la vista y la mantiene pegada en nuestra dirección, pero detrás de nosotros.

—Cree que está sucediendo...— Dice Kaida.— Otra vez.

Ray le toma el hombro a Enoch.

—Enoch, escúchame: Estamos en tu inconsciente ¿Recuerdas?— Ray le toca ambas mejillas.— ¡Enoch!

—La lluvia...—Comienza a decir Kaidia mientras cierra el puño en el aire.—...duele.

Justo donde la gota cae, parece cristalizarse un círculo rojo y amarillo. Prestamos atención mientras la sentimos con nuestros propios dedos. La misma lastimadura hierve en nuestras pieles.

—¡Cubran su piel!—Ordena Iwin.— ¡Sobre todo sus cabezas!

Nos echamos capuchas y hasta el abrigo por encima pero la lluvia hirviendo no parece impedir que la mirada de Enoch se desvíe aún sin pestañear. Él también está afectado pero no parece interesarle.

—¡No está escuchándome!— Nos grita Ray desesperada que hasta recién intentaba llamar su atención.— Parece hipnotizado o algo.

—¡Enoch! ¡Esto no es real! ¿Me oyes?— Le grita Iwin.

Me doy la vuelta para ver lo que Enoch observa. Un tipo con impermeable negro y sombrero comienza a adentrarse en la avenida. Lleva en la mano izquierda, un paraguas también negro.

Enoch ya no le sigue solo con la mirada.

—¿Qué haces?— le grita Iwin mientras Enoch se aleja persiguiendo a este tipo.—¡Enoch!

—Si cree que es real—Grito ya de espaldas, corriendo detrás de él.—¡No va a parar!

Ray, Iwin y Kaidia se suman a mi corrida. Trato de mantener a Enoch en mi mira a medida que me introduzco en el enorme grupo de paradox. La manifestación que escuchábamos de lejos, ahora es un sonido ambiente exagerado.

—¡Por ahí!— Me señala Kaidia ya pisándome los talones en un volumen de voz bajo pero que no aguanta salir en forma de grito.

La lluvia mantiene su densidad pero parece caer con más fuerza. Los manifestantes alzan más en alto sus paraguas negros y así noto la figura de Enoch a pocos metros de distancia. Ya estamos lejos de mantener nuestra distancia con los paradox. A medida que los atravesamos y rozamos giran sus miradas hacia nosotros. Los que Enoch roza, van despertando y nos esperan con la mirada alerta.

Me doy la vuelta para confirmar que el resto está conmigo. Ray tironea del brazo de Iwin, que está atrapado entre un círculo de paradox.

—¡Se están cerrando cada vez más!—Dice Ray una vez en grupo.

—La acera.— comenta Kaidia con la mirada perdida.

De un segundo al otro, sale disparada.

Le seguimos tratando de incorporar su ritmo y pronto pisamos la acera. Hay menos de ellos aquí. La lluvia continua doliendo, como si rasgara nuestras pieles en su intento de penetrarnos.

—¿Qué estamos haciendo?— Le pregunta Iwin a medida que caminamos. Kaidia mantiene su mirada pegada al montón mientras busca.

—Hay menos de ellos en las veredas. Avanzaremos mas rápido por aquí— le contesta aún guiando el camino. Señala con el dedo.— ¡Ahí!

Sigo su dirección y pronto lo encuentro. Unas manos con lastimaduras como de ácido, un rostro con las mismas apariencias. Es Enoch y claramente, no es lluvia.

Atraviesa los paradox pasando entre ellos mientras los empuja con las manos débiles, mientras su objetivo continúa a paso rápido, con el paraguas en alto y el rostro escondido. ¿A quién persigue? Mejor dicho, ¿quién cree que es?

—Le lleva casi siete metros. Estamos a tiempo.— Confirma Iwin.

Estamos lejos de atravesar toda la masa de paradox pero el tipo de impermeable negro se desvía en sentido lateral, con la intensión de salir.

Enoch le sigue y yo a él.

—¡Asis!— Me grita Kaidia.

Una vez en medio de ellos estiro los brazos abriéndome paso entre los cuerpos de los paradox que retuercen sus cabezas, cada vez más alertas. Se comienza a alzar un viento fuerte que tira abajo mi capucha. Intento retener mis gritos del dolor que provoca la lluvia ácida sobre mi frente, cuero cabelludo y sienes. Mis manos temblorosas vuelven a acomodarla en su lugar mientras mi mirada parece nublarse cada vez más.

Llego al final y me abro paso entre el último grupo lateral de paradox. Salgo al vacío de un cruce de calles desierta. Aquí no llueve. El piso está mojado y el sol hace con él una especie de luz de siete colores y más tonalidades.

Detrás de un charco y del cruce de calles, hay un niño. Está lejos, pero puedo notar que está descalzo, sentado contra una columna bajo techo. Entre medio de nosotros, aún en el centro de la calle está Enoch y ya apenas a un par de metros está el tipo sombrero de espaldas. Camina en dirección al niño.

Enoch alza la mano para tocarlo y a su altura, detrás del niño descalzo puedo ver a uno más pequeño, escondido detrás de un montón de cartón. De alguna manera, me quedo inmóvil.

Enoch termina de alzar la mano y le toca el hombro al tipo.

—¡Enoch, no!— Le grita Ray mientras su grito termina en una tomadura de hombro violenta. Iwin corre para separarlos a ambos del paradox mientras Enoch comienza a pestañear como volviendo en sí.

El paradox se da vuelta y por primera vez, los cinco tenemos la mirada clavada en él. Suficiente para que una luz celeste como de calavera se imprima sobre su cara. En este mismo instante, un viento comienza a rugir para echarnos hacia atrás.

Nos ponemos de pie y observo, todos los paradox que marchaban juntos, ahora desvían su mirada y sistemáticamente nos observan a nosotros. El sonido cesa para convertirse en un silencio mortal. Todos, tienen la misma imagen de calavera celeste impresa en sus rostros.

Ya no hay paradox humanos, sino un profundo miedo.

—¡Corran!— Grita Kaidia.

Nos levantamos y comenzamos a correr, posando nuestra mirada aquí y allá sin saber a dónde ir.

—¡Allí!— Señala Iwin con el dedo.

Corremos hacia la boca del subte mientras los pasos como de estampida alimentan la adrenalina. No sé cómo, pero sigo corriendo.

—¡Vamos! ¡Ya, ya, ya!—Ray nos empuja uno a uno para ayudarnos a entrar.

Antes de meterme, noto al niño que estaba detrás del cartón a distancia mínima. El no parece poseído, al contrario, me observa como si nada mientras dibuja con tizas de color rojo, la pared de cartón que lo rodea.

Antes de descender por completo, giro aún más la mirada. La carrera de paradox con cara de muerte se acerca intrépida. El niño deja de observarme para seguir dibujando. No puedo sentir simpatía hacia esta criatura—No debo.

No es real, me digo a mí mismo antes de caer en otro tipo de trampa.

Me adentro en la boca del subte donde Iwin, Ray y Kaidia sostienen una puerta de barrotes de ambos lados. Me lanzo mientras ellos la cierran separádonos con éxito de esta terrible pesadilla. 

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